¿Por qué, Mourinho?
Por mucho que ahora se empeñen en quitarle hierro al asunto, el Madrid-Barcelona no era un partido más (si es que alguna vez lo es). Los 80.000 seguidores blancos que llenaban el Bernabéu y los millones que lo veían por televisión querían sangre: está muy bien eso de ser líder de la Liga con una ventaja cómoda, pero el momento de creerse de verdad que le puedes mojar la oreja al cacareado mejor equipo del mundo está ahí y no se puede desaprovechar. El Madrid tenía la oportunidad casi única de plasmar al fin el cambio de mando en el campeonato español matando dos pájaros de un tiro: hacer visible ante el mejor rival el gran momento de forma y fútbol del equipo blanco y, de paso, alejar al Barça a una distancia casi insalvable.
En este panorama de euforia contenida deseando ser expresada (diez victorias consecutivas en Liga, una fase previa de la Champions impecable), el eje del actual proyecto del Real Madrid toma una serie de decisiones cuanto menos arriesgadas, que a la larga se tornaron difícilmente justificables. José Mourinho, el elegido para devolver los títulos al club más poderoso del planeta, rompe algunos de los automatismos que habían convertido a su Madrid en una apisonadora de contragolpe y, ocasionalmente, fútbol de toque que se había mostrado intratable. Coentrão y Lass Diarrá son nombres más o menos habituales en las alineaciones de Mourinho, pero ninguno de los dos jugó donde venía haciéndolo en los últimos encuentros. ¿Por qué Mourinho varió tanto las constantes de un equipo que no es que funcionase, sino que resultaba por momentos arrollador?
Uno tiene la impresión de que el madridismo se desvive por mirarle de tú a tú al Barcelona. Eso no lo logró el título del Copa del Rey. Ni siquiera una victoria pírrica o un empate con la sensación de que el equipo culé fuera superior bastaría para reafirmar la actual clasificación de Liga. Al Madrid le va bien siendo primero, pero el sábado tenía la oportunidad de ser el mejor. Lo cual es una diferencia muy grande. La alineación de Coentrão en el lateral derecho y la importancia que recibe Lass en el eje de ese equipo se me antojan un peaje demasiado alto para el Madrid. Y lo pagó. Desconozco por qué Mourinho optó por el luso en ese puesto, pero es evidente que fue el flanco más débil de su equipo. Lo del centro del campo tiene difícil solución porque Mourinho ya ha probado todo para ahogar esa zona del Barça pero no le ha funcionado nada. Lo que quizás no ha pensado es por qué en todos los partidos contra el Barcelona (o en la gran mayoría) su mejor centrocampista (Xabi Alonso) queda totalmente difuminado.
Coentrão fue un fracaso, Lass no fue un factor, y el segundo máximo goleador del equipo, Higuaín, fue el último de los tres cambios. Por algún motivo, Mourinho se quedó con las pruebas que hizo ante el Sporting (el luso de lateral y el galo de mediocentro) y no con las que hizo ante el Valencia (trivote, por mucho que lo rebautizase como triángulo de presión alta). El caso es que le fue mal. Ni siquiera con un partido con un diseño pintiparado (gol tempranero para un equipo que goza a la contra) le benefició. Le volvieron a robar la pelota, se vio rebasado por fútbol y agotado en lo físico y esta vez ese maquillaje de las carencias llamado pegada le traicionó.
Desconozco cómo reaccionará el madridismo ante lo que me pareció una sobreactuación de su entrenador. El Madrid parecía en condiciones de disputarle el partido al Barcelona desde una posición de mayor confianza pero volvió a retroceder. La afición blanca se quedó sin saber si su equipo, al rendimiento que venía mostrando y con las armas que se había forjado en un arranque de temporada brillante, estaba en condiciones al fin de voltear al Barcelona en el torneo más difícil, la Liga. Para el exterior, la explicación fue la suerte. Pero ¿y de puertas hacia dentro? La pregunta es para Mou: ¿Por qué?
Barcelona, Liga española, Racing de Ferrol










