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La Voz de Galicia
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El Contragolpe

Sorpresas, dramas y un favorito en la NBA

26 de diciembre de 2011 a las 19:06

La NBA es apasionante. Será la cosa de la madrugada, del vicio de las estadísticas institucionalizado desde hace décadas (ahora que el fútbol se suma y aparecen datos de pases y esas cosas: es demasiado tarde, os llevan años de ventaja), o simplemente de venta de producto. Incluso se hace imperdible cuando no se juega: ¿cuántos espectáculos deportivos o no pueden presumir de capitalizar la atención de miles de aficionados aun cuando esté parado? Y el período de fichajes, a pesar de que a veces su jerga sea incomprensible (amnistías, cláusulas intraducibles…), se convirtió en una locura tan atractiva como el día final del período de fichajes de la Liga inglesa, sólo que durante tres semanas seguidas.

Otra cosa apasionante de la NBA (?): mis previsiones de la temporada, que deben servir para apostar por exactamente lo contrario a lo que diga.

-La sorpresa: Todo el mundo espera que los Clippers sean la sorpresa de la NBA. Y posiblemente lo sean, acaben siendo un equipo de play offs y den más de un susto. ¿Tanto como para ser campeones? Si hubiesen mantenido a Eric Gordon, quizás. En cualquier caso, ya no veo a los Clippers ya como un sleeper, un equipo oculto dispuesto a dar la campanada. Es imposible serlo cuando tu quinteto titular tiene a Chris Paul y a Blake Griffin. Ya no puedes aspirar a ser el equipo revelación como fue en su momento Oklahoma. Serás otra cosa, no sé si ya obligado a ganar, pero muy cerca de estarlo. A pesar de las dudas que algunos muestran sobre la salud de Paul y su rodilla dañada, cualquier cosa que no sea meterse entre los ocho mejores y avanzar al menos una ronda será visto como una fatalidad para los Clippers. Han vendido los asientos para toda la temporada en apenas horas tras el traspaso del base. Es una presión a la que la franquicia pobre de Los Ángeles no estaba acostumbrado. Veremos cómo sale. Así que habrá que buscar la sorpresa en otros equipos que jueguen atractivo pero sin grandes aspiraciones (Houston, quizás; Indiana Pacers; en último caso Minnesota), equipos bien trabajados para los que play offs sea un premio (Milwaukee, Utah Jazz) o equipos con aspiraciones de play off que acaben dando algo más de lo que se espera (Knicks y Grizzlies).

-El drama: Volvemos a Los Ángeles. Los Lakers tienen toda la pinta de convertirse en la historia de la temporada, y no precisamente con final feliz. Kobe Bryant está mayor y su cuerpo no le responde ni la mitad de lo que solía. El cuarto mejor jugador del equipo es Josh McRoberts y posiblemente sea el tercer mejor jugador en cuanto Andrew Bynum sufra su cupo de lesiones por temporada. Traspasaron a Odom por nada y sus bases son Dereck Fisher y Steve Blake. Sobre Pau Gasol cayó la peor de las sombras para un jugador NBA: la de un tío que ya ha sido amortizado para un proyecto cortoplacista (aprovechar los años que le quedaban en la reserva a Bryant). Ser situado constantemente en los rumorología de traspasos para obtener bien a Paul o a Howard con el fin de estirar el baloncesto de Kobe habla de una trituradora de carne. Es así de crudo el tema. Eso no quiere decir que los Lakers se saquen otra buena temporada y den un susto grande en las últimas rondas de play off. Creo que debería mediar un traspaso para que eso sucediera.

-El favorito: Me voy a tirar a la piscina (o no, no sé). No van a ganar la NBA ni Dallas ni Miami. Los Mavericks tienen como pívot titular a Brendan Haywood y eso no es bueno. Vince Carter será una rémora y aunque me equivoqué flagrantemente la temporada pasada y pedí disculpas por ello, los actores de reparto de Nowitzki son un año más viejos y un anillo más ricos. En cuanto a Miami, siguen siendo el mismo equipo del año pasado, al menos sobre el papel. Siguen sin tener un base de garantías no ya para dirigir su juego, sino para detener al base rival. Carecen de un pívot contundente y añaden dudas a su trío de estrellas, porque Chris Bosh quedó retratado como el lado frágil del triángulo, LeBron tiene el estigma de su desaparición en los momentos claves y Wade necesita más espacio para maniobrar. El mejor equipo al contraataque, por encima incluso del Real Madrid. Pero están a un paso de convertirse en los nuevos Houston Rockets de finales de los 90. ¿Ah, que no dije mi favorito y el párrafo se titulaba así? No os lo voy a poner tan fácil…

-Oklahoma City Thunder: Vale, de acuerdo. Los voy a señalar a ellos. Que Dios les asista. Kevin Durant es difícilmente parable, pueden correr y jugar en estático, tienen fuerza en el juego interior, son jóvenes en una temporada de ritmo explosivo… Mi principal duda sobre ellos: Russell Westbrook, que me parece uno de los jugadores más sobrevalorados de la última hornada de la NBA. Así que veo a los jóvenes Thunder luchando por el título y si pudiera elegir, que fuera contra los Bulls, posiblemente el equipo mejor construido desde ya y para el futuro de los próximos 3-4 años. Lo tienen todo, o casi todo, traduciendo ese casi por un banquillo un poco corto. Y Derrick Rose es un jugador para una época, ayudado por un talento innato, un físico portentoso y, sobre todo, una actitud apocada lejos de los estándares marcados por los LeBron y similares. Aún así: no pondría todo mi dinero en una casa de apuestas británicas a que los  Thunder se llevan el anillo, pero si tengo que decir uno (casi por eliminación de otras opciones más seguras), me quedo con ellos. Por encima de todo, creo que es una temporada muy poco convencional, marcada por su raro inicio en fechas navideñas y un calendario congestionado. Creo que pocas cosas responderán a la lógica en este año de NBA. En ese contexto, puede que hasta este post pase por algo normal…

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Escrito por Miguel Piñeiro 3 Comentarios
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Puntadas en lugar de melodías

18 de diciembre de 2011 a las 19:08

Los bostezos son menos trascendentes cuando quien los produce son el equipo que quieres que gane. Pierden peso cuando el objetivo final es mucho más urgente que el medio por el que lo consigues. No sé si el deportivismo lo ve de igual manera. Al equipo coruñés se le exige el ascenso. Directo, para más señas. Para lograrlo, no sólo le basta ser resolutivo y con destellos de juego en Riazor. Tiene que sumar lejos. Y eso le cuesta horrores. Pero en las últimas jornadas lo ha conseguido. De sus últimas cinco salidas, ha sacado dos victorias, dos empates y una derrota por la mínima. ¿El coste de esa producción? Un par de bostezos.

Posiblemente se le puede exigir más al Deportivo en cuanto a juego. Pero siempre teniendo presente el objetivo único y  final en mente, hay cosas que han mejorado para lograrlo. Oltra hizo popular lo de tocar la tecla adecuada, pero más que componer nuevas melodías, ha dado puntadas para afinar al equipo. Puede seguir haciéndolo y Ayoze está en boca de todos. Pero sus pequeñas costuras han funcionado. El relevo de Jesús Vázquez por Juan Domínguez ha dado más fútbol al Dépor y ha aumentado el rol de Álex Bergantiños. La paulatina incorporación de Borja supone mayor solidez. Y la titularidad de Zé Castro es un éxito que muchos llevábamos tiempo esperando por la calidad del jugador (sólo ateniéndonos a lo futbolístico).

Desde que el luso ocupa el centro de la defensa junto a Colotto, el Dépor ha encajado dos goles en cuatro partidos y ha mantenido a cero su portería en dos ocasiones en los mismos partidos. Algo tendrá que ver. Sin renunciar a su idea de fútbol, el Deportivo ha asentado sus bases. Ha empezado a encajar menos goles (6 en los últimos 6 partidos, 16 en los anteriores 12), y su mayor amplitud de plantilla por la curación de los enfermos le permite optar siempre por los que mejor están. Quizás a Oltra le traicione su compromiso inicial del buen juego y el imponerse por el toque demostrando que el Dépor es el equipo superior. Poco o nada de eso se vio en Las Palmas. Pero si la tendencia de las últimas jornadas a domicilio continúa, mientras la línea en Riazor permanece inalterable, el objetivo del ascenso directo se acerca un poquito más cada semana. Entonces (y sólo entonces), los decepcionados desaparecerán. Ya lo decía Billy.

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La estampa del zurdo

13 de diciembre de 2011 a las 17:43

El mundo del rugbi y del deporte en general perdió a una de esas estrellas que surgen cada cierto tiempo y cuyo resplandor trasciende el ámbito más inmediato de su disciplina. Jonny Wilkinson, el capitán de la selección inglesa de rugbi, se convirtió en una estrella global de este deporte, no importaba si entendías algo del juego del balón ovalado o no. Esa capacidad de fascinación que unos años antes había ejercido también Jonah Lomu. Yo no soy aficionado al rugbi ni en Mundiales ni en el Seis Naciones, pero me hago una idea de la dimensión de Wilkinson a través de periodistas como Fermín de La Calle que sí lo son, y dicen cosas como ésta:

Para profanos: la dimensión d Wilkinson. Llevó a una gran England al título 2003 y a una mediocre a la final 2007. Como Maradona en 86 y 90
@ASFerminDLCalle
Fermín De La Calle

El caso es que revisando fotos, encontré la típica imagen de Wilkinson, a punto de patear un golpe de castigo con su zurda, el gesto que tantos éxitos le dieron a él y a Inglaterra. E inmediatamente se me vino otra imagen a la cabeza:

K. Ludbrook / X. Castro

Posiblemente esto sea una locura. Me recordó a Fran, otra estampa de zurdo perfecta. Siempre me pareció que pocas figuras recuerdan al fútbol más clásico que la de O Neno disponiéndose a lanzar uno de sus centros. Entiendo perfectamente que, por ejemplo, el blog Diarios de Fútbol optase por la silueta de Mauro Silva (al estilo de la de Jerry West en la NBA) para identificar su centro de reunión de aficionados al balompié, por todo lo que representó el brasileño. Pero a mí siempre me llenó la retina la estampa arqueada, con el vientre casi redondo como un jugador de futbolín, que componía Fran al golpear. Será porque yo, como zurdo, nunca fui capaz de imitarle.

General
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El utillero

12 de diciembre de 2011 a las 19:39

[Nueva entrega de la aventura de Dani Cancela desde el fútbol de Hong Kong]


El otro día leí este artículo que Santiago Solari escribió sobre la vida del futbolista.  Entre muchas historias en la que todo jugador  se puede ver reflejado, (sea de primer nivel o anónimo, que los sacrificios son los mismos aunque con réditos mucho menores) me llamó la atención una frase: el privilegio del futbolista es que solo se tiene que preocupar de su rendimiento. Todo lo demás, se lo dan hecho. Y me acordé de esa figura. El utillero. La persona que en cada club se encarga de que al jugador no le falte de nada.

Es verdad que dependiendo del nivel al que juegues, sus funciones varían, pero en todo caso, su trabajo es que a ti no te falte de nada. Y no siempre se lo agradecemos lo suficiente. Parece, según mi experiencia, que el utillero es algún tipo de raza propia, portador de un gen que le predestina a pasar la vida entre lavadoras, camisetas, botas y vestuarios. Son tipos curiosos, la mayoría de las veces gruñones que a cada cosa que les pides ponen diez millones de trabas, para acabar haciéndola con la mayor diligencia. Que nunca opinan de fútbol, y que son una fuente de anécdotas inagotable.

Un utillero del Deportivo me contó un día que lavando el coche de un futbolista se encontró con un sobre que tenía varios millones de pesetas, que cuando devolvió al propietario ni siquiera había echado en falta. Eran tiempos en los que en el parking de Abegondo se agolpaban los Ferrraris, Porches y todoterrenos de alta gama, alrededor del incombustible Seat Toledo de Irureta, y de los utilitarios de estos currantes de los vestuarios. Y es que esa es otra de sus características: (me refiero a los de los equipos de primer nivel) son personas que viven rodeados del lujo pero a los que el lujo les es completamente ajeno.

A lo largo de mi carrera, me he topado con muchos encargados de material. Con alguno, como con Miguel o Fino, utilleros de las categorías inferiores del Dépor, sigo teniendo contacto cada vez que vamos a Coruña. Con otros, como el gran Güi de Fuenlabrada, desgraciadamente ya no puedo, porque falleció durante aquella temporada. Pero de todos guardo un grato recuerdo. Un caso especial es el de los Cabo de Lugo.

Si habéis visto algún partido de la fase de ascenso del club rojiblanco, sabéis de quien hablo: el tipo que alentaba a la grada a ritmo de AC/ DC. Pues él y su hijo conforman el tándem de encargados de todo. Desde que no te falte de nada en el vestuario hasta que el campo esté perfectamente cortado y regado cada día. Un club familiar que tiene a una familia a cargo de esta importante tarea. Cuadra. Y es un caso especial porque pocas veces ponen malas caras. Y eso que los jugadores a veces somos un poco toca pelotas. Que si las medias cortadas porque estoy más cómodo, que si calcetines finos o gordos, piratas, manga corta o larga, camiseta térmica, que si echo champú en el jacuzzi para hacer la gracia y la espuma inunda el vestuario… Y todo lo hacen, porque su trabajo es ese, que al futbolista no le falte de nada.

Y aquí, a diez mil kilómetros de distancia, descubres que el gen ese es universal. Que trasciende fronteras y continentes, y en el Kitchee tenemos al utillero más prototípico que te puedas echar a la cara. Bo Lee (aunque nosotros le llamamos Poket). Un señor de 67 años, a pesar de que aparente más, que no habla ni gota de inglés. Que le digas lo que le digas te dice «tomorrow tomorrow» porque es lo que dice cuando no te entiende, y que se pasa el día gruñendo por todo. Que no sé si opina de fútbol o no, porque lo que sabe él de inglés es lo que se yo de chino, y que es, como todos los utilleros que tuve en la vida, un auténtico fenómeno.

Dani Cancela
Escrito por Miguel Piñeiro Comentar
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¿Por qué, Mourinho?

11 de diciembre de 2011 a las 20:05

Por mucho que ahora se empeñen en quitarle hierro al asunto, el Madrid-Barcelona no era un partido más (si es que alguna vez lo es). Los 80.000 seguidores blancos que llenaban el Bernabéu y los millones que lo veían por televisión querían sangre: está muy bien eso de ser líder de la Liga con una ventaja cómoda, pero el momento de creerse de verdad que le puedes mojar la oreja al cacareado mejor equipo del mundo está ahí y no se puede desaprovechar. El Madrid tenía la oportunidad casi única de plasmar al fin el cambio de mando en el campeonato español matando dos pájaros de un tiro: hacer visible ante el mejor rival el gran momento de forma y fútbol del equipo blanco y, de paso, alejar al Barça a una distancia casi insalvable.

En este panorama de euforia contenida deseando ser expresada (diez victorias consecutivas en Liga, una fase previa de la Champions impecable), el eje del actual proyecto del Real Madrid toma una serie de decisiones cuanto menos arriesgadas, que a la larga se tornaron difícilmente justificables. José Mourinho, el elegido para devolver los títulos al club más poderoso del planeta, rompe algunos de los automatismos que habían convertido a su Madrid en una apisonadora de contragolpe y, ocasionalmente, fútbol de toque que se había mostrado intratable. Coentrão y Lass Diarrá son nombres más o menos habituales en las alineaciones de Mourinho, pero ninguno de los dos jugó donde venía haciéndolo en los últimos encuentros. ¿Por qué Mourinho varió tanto las constantes de un equipo que no es que funcionase, sino que resultaba por momentos arrollador?

Uno tiene la impresión de que el madridismo se desvive por mirarle de tú a tú al Barcelona. Eso no lo logró el título del Copa del Rey. Ni siquiera una victoria pírrica o un empate con la sensación de que el equipo culé fuera superior bastaría para reafirmar la actual clasificación de Liga. Al Madrid le va bien siendo primero, pero el sábado tenía la oportunidad de ser el mejor. Lo cual es una diferencia muy grande. La alineación de Coentrão en el lateral derecho y la importancia que recibe Lass en el eje de ese equipo se me antojan un peaje demasiado alto para el Madrid. Y lo pagó. Desconozco por qué Mourinho optó por el luso en ese puesto, pero es evidente que fue el flanco más débil de su equipo. Lo del centro del campo tiene difícil solución porque Mourinho ya ha probado todo para ahogar esa zona del Barça pero no le ha funcionado nada. Lo que quizás no ha pensado es por qué en todos los partidos contra el Barcelona (o en la gran mayoría) su mejor centrocampista (Xabi Alonso) queda totalmente difuminado.

Coentrão fue un fracaso, Lass no fue un factor, y el segundo máximo goleador del equipo, Higuaín, fue el último de los tres cambios. Por algún motivo, Mourinho se quedó con las pruebas que hizo ante el Sporting (el luso de lateral y el galo de mediocentro) y no con las que hizo ante el Valencia (trivote, por mucho que lo rebautizase como triángulo de presión alta). El caso es que le fue mal. Ni siquiera con un partido con un diseño pintiparado (gol tempranero para un equipo que goza a la contra) le benefició. Le volvieron a robar la pelota, se vio rebasado por fútbol  y agotado en lo físico y esta vez ese maquillaje de las carencias llamado pegada le traicionó.

Desconozco cómo reaccionará el madridismo ante lo que me pareció una sobreactuación de su entrenador. El Madrid parecía en condiciones de disputarle el partido al Barcelona desde una posición de mayor confianza pero volvió a retroceder. La afición blanca se quedó sin saber si su equipo, al rendimiento que venía mostrando y con las armas que se había forjado en un arranque de temporada brillante, estaba en condiciones al fin de voltear al Barcelona en el torneo más difícil, la Liga. Para el exterior, la explicación fue la suerte. Pero ¿y de puertas hacia dentro? La pregunta es para Mou: ¿Por qué?

Barcelona, Liga española, Racing de Ferrol
Escrito por Miguel Piñeiro 12 Comentarios
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Rivaldo y la mirada envidiosa del Palmeiras

6 de diciembre de 2011 a las 11:00

El Campeonato Brasileño tiene campeón desde hace unos días. El Corinthians completó su renacimiento después de un breve paso por la Segunda división y se proclamó campeón nacional en un país donde los torneos estatales son casi tan celebrados como el que engloba al país sudamericano. El triunfo del Timão es el séptimo de un club de São Paulo en las últimas diez ediciones del Brasileirão. Hay alegrías para todos los grandes clubes paulistas, menos para uno: el Palmeiras, el gran rival del campeón, que ni siquiera pudo aguarle la fiesta en el último partido de Liga en el más pasional de los derbis paulistas.

Santos, São Paulo y el propio Corinthians han conquistado Brasil en la última década (sólo Flamengo, Fluminense y Cruzeiro rompieron la hegemonía paulista), mientras el Palmeiras observa con envidia el éxito de sus (más que vecinos) enconados enemigos. Esta pequeña parte de la historia del fútbol brasileño está intimamente relacionada con el Deportivo de La Coruña: la última vez que el Verdão fue campeón nacional un enjuto mediapunta, desgarbado y con un bigotillo pasado de moda comandaba el equipo. Era Rivaldo. En 1994, el Palmeiras completaba quizás su ciclo más brillante de su historia moderna. Ganaba sendos dobletes en 1993 y 1994 de Brasileirão y Campeonato Paulista. Al mando, Vanderlei Luxemburgo, el encargado para gestionar en el campo el proyecto que el patrocinio poderoso económicamente de Parmalat elevó a los altares. Rivaldo apuntaló el equipo en 1994, cuando ya brillaban en Palmeiras nombres como Roberto Carlos, Edmundo, Evair y un lateral derecho llamado Mazinho, al que pronto acomodaron en el centro del campo.

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El bienio de dominio absoluto se quebró cuando Luxemburgo salió del equipo y lo sustituyó Carlos Alberto Silva, el que terminaría siendo entrenador del Deportivo tras la destitución de Toshack. Regresó Luxemburgo y el Palmeiras dominó en São Paulo. Acumuló nombres en un equipo que sumó a Cafú, Müller, Flavio Conceição, Luizão y Djalminha. Marcó más de 100 goles en la temporada de 1996. La calidad del vídeo no es la mejor, pero en esta goleada uno se hace a la idea de lo que fue juntar a esos jugadores y lo que alguien en el Dépor soñó con poder traer a Europa.

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Pero la vocación del Palmeiras era vender. Exportó a Europa todo lo que tenía. La lista de traspasos multimillonarios es interminable. Uno de sus principales clientes fue el Dépor: Rivaldo, Djalma, Flavio, Luizão, César Sampaio… El fútbol de aquel Palmeiras enamoró al país. El Verdão resurgió a finales de siglo cuando conquistó por primera y única Libertadores. Fue bajo el mandato de Luiz Felipe Scolari, cuando el patrón era bien distinto. Para el recuerdo quedarán la irreverencia de Djalminha y Edmundo, los laterales más ofensivos de la historia en Cafú y Roberto Carlos, la figura de Rivaldo o la jerarquía de Sampaio y Mazinho. Y ahora más que nunca, cuando sólo el Palmeiras pone ojos tristes entre los paulistas del Brasileirão.

Fútbol internacional
Escrito por Miguel Piñeiro 1 Comentario
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