Borja Oubiña y el síndrome Valerón
Muchas veces las historias que rodean al fútbol son universales. Los protagonistas son distintos y las aficiones y entornos creen que las aventuras o desventuras que atraviesan son especiales, pero eso ocurre en contadas ocasiones. Es el caso del debate que rodea a Borja Oubiña, visto mil veces, siempre polémico. Sin ir más lejos, recuerda al vivido durante casi tres años unos kilómetros más al norte. Oubiña puede estar viviendo su particular síndrome Valerón, aquel que afecta al mejor jugador y símbolo de un equipo cuando le cuesta encontrar minutos de juego, normalmente por culpa de un malvado entrenador que priva a la afición (y sobre todo a los compañeros de juego) del talento de un futbolista excepcional.
Pocas veces o nunca se pregunta quienes atienden al debate si las razones del entrenador son de peso. Tampoco es el objeto de este post clarificarlo. Oubiña ha sido cruelmente castigado por las lesiones en el momento más brillante de su carrera, cuando había dado el salto a la Premier y alcanzado la internacionalidad en el puesto de mayor relevancia de la selección española. Con mucho tesón y paciencia, el vigués se ha rehabilitado si no al 100%, sí lo suficiente como para que su cuerpo le sostenga y permita desplegar las virtudes no relacionadas con el físico: visión de juego, pase largo, buen trato del balón, capacidad de asociarse…
Pero resulta que Oubiña no juega. La afición se pregunta por qué un centrocampista de su talento tiene dificultades para rascar minutos ante jugadores de un perfil más bajo, como lo era López Garai y lo sigue siendo Bustos. Una situación similar se vivía en A Coruña con Valerón, el último resquicio de la categoría Champions en una plantilla devaluada, igualmente disminuido por el crujido de sus rodillas. La afición blanquiazul se tiraba de los pelos cuando veía que jugadores menores al lado del Flaco, como Juan Rodríguez o Desmarets, ocupaban la mediapunta, el lugar reservado para el talento de Valerón. La culpa, por supuesto, era de Lotina. “Valerón nos daba unas cosas y nos quitaba otras. En un momento dado me dije: «No hacemos ocasiones». Y busqué esa solución. Asumí más riesgos”, explicó el de Meñaca al terminar la temporada, sobre por qué no usó a Valerón y recurrió a él al final de la Liga.
Ahora el señalado es Herrera. El técnico del Celta no se ha mostrado demasiado entusiasmado con la posibilidad de tener a Oubiña disponible. “El fútbol con Borja o Bustos no variará mucho si los equipos son del estilo del Valladolid”, decía recientemente Herrera en una entrevista a La Voz, aunque sin especificar lo que quiere decir jugar como el Pucela. Ese tipo de afirmaciones se unen a algunas justificaciones vagas para la escasa continuidad de Oubiña en las alineaciones: “Si decido que Borja juegue tres o cuatro partidos seguidos no va a haber ningún problema, ninguno. Pero es bueno para él que después de esos partidos pueda descansar uno. Es bueno y recomendable para él porque además tenemos jugadores que pueden hacerlo igual de bien que él”.
Parte de la crítica y de la afición le reprochan a Herrera no ya las apariciones intermitentes de Oubiña en el equipo, sino que supuestamente le haya castigado por el error defensivo que le costó el empate al Celta contra el Elche. El partido contra el Valladolid tampoco dejó a nadie satisfecho. Hubo división de opiniones sobre la actuación de Oubiña. Para algunos se notó su alineación al lado de Insa en un perfil más combinativo, y subrayan que tras ser sustituido Borja, Bustos perdió el balón del gol del triunfo visitante. También se podría decir que el torrente de llegadas del Celta en la segunda parte llegó sin Oubiña en el campo. El diseño del Celta, un equipo más dotado para el contraataque que para la elaboración, perjudica a Oubiña, poco cualificado para el robo que da pie a las contras, y limitado para llevar el ritmo del partido porque a su equipo le va la directa.
El caso Oubiña se diferencia del de Valerón por un pequeño detalle: el vigués tiene que jugar 15 partidos oficiales para que su contrato no pueda ser rescindido. Por lo demás, las similitudes son claras. Incluida la parte que uno menos se esperaba por el carácter (al menos de cara al público, que es el que conozco) de ambos: se han convertido en líderes fuera del campo, sus opiniones son las más escuchadas y saben lanzar el mensaje oportuno hacia el exterior, muchas veces un mensaje que no coincide del todo con el oficial de sus respectivos clubes, o con el que la masa quiere escuchar. Será la clarividencia de quien ha sufrido más fuera que dentro del terreno de juego.
Celta
















