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El Contragolpe

La magia de las emociones convertidas en fútbol

11 de mayo de 2011 a las 16:29

La última semana vivida en A Coruña es una de las mejores muestras para explicar una de las mayores paradojas del mundo del fútbol. Cómo el componente emocional que rodea al deporte cambia el devenir de algo que muchos se empeñan en convertir en negocio. Las sociedades anónimas han permitido la entrada en los clubes de presidentes exitosos en otros ámbitos empresariales, ya fuera la venta de ladrillos, de billetes de avión o cualquier otro nicho de negocio. Llegan ilusionados al club de turno, ya sea el de sus amores o uno de conveniencia, convencidos de que su saber hacer con las cuentas y los dineros llevarán a la entidad deportiva a un éxito similar al de su empresa.

Suelen poner el dinero donde hace falta, comprar la mano de obra más adecuada y bajo las órdenes de alguien cualificado que mande a sus nuevos empleados, normalmente avalado por un currículum profesional a prueba de cualquier criba de personal. Pero a la hora de la verdad, proyectos que sobre el papel de un plan de negocio bien elaborado tienen todas las bazas para triunfar suelen caer por algo intangible. El entrenador apuesta por un juego que no le gusta a la afición y esta se pone de uñas. Un jugador empieza a ser visible en la noche de la ciudad y los seguidores se ponen de uñas. O simplemente las entradas le parecen demasiado caras y los hinchas protestan y crean mal ambiente.

El factor emocional del fútbol, algo con lo que hasta alguien tan sagaz como Florentino Pérez no ha contado en muchos de sus proyectos, ha ejercido algo parecido a la magia en las últimas semanas en A Coruña. Los seguidores blanquiazules se han rebelado contra el destino del equipo, cuyos números goleadores y como visitante desafían a toda lógica de supervivencia en Primera división, cuyas sensaciones sobre el campo amenazaban con el encefalograma plano y cuya enfermería se empeñaba en poner todas las zancadillas posibles. La afición respondió a los llamados del club y del equipo y obró el milagro que convierte el juego en algo distinto, algo que huye de matemáticas y certezas. Llenó un estadio que sólo bramaba contra Madrid y Barcelona, protagonizó uno de las salidas más emotivas de la historia reciente del Deportivo en Gijón, y llenó entrenamientos con cánticos que emocionaron tanto a jugadores como periodistas que lo vivieron en directo.

Quizás ese influjo es el que explique también la vuelta del mejor Valerón. Un futbolista único cuyas actuaciones como la del partido contra el Athletic, tan portentosas como esporádicas, provocaron un debate al final de la temporada pasada similar al que hoy podréis escuchar en cualquier radio o conversación entre amigos. A falta de dos partidos y con la permanencia en juego, entrar en debates sobre por qué Valerón no jugó más o por qué el Flaco no jugó siempre así cuando fue titular en otras ocasiones es totalmente secundario. Confiemos en que una conjunción de factores (el momento de forma y anímico de un jugador especial, la apuesta de Lotina por un sistema que lo abrigue, dos socios dignos en Adrián y Riki) sigan dando los frutos necesarios para evitar más sufrimiento. Y, sobre todo, alimenten más aún la ilusión del deportivismo, que pase lo que pase en el desenlace de la Liga, habrá ganado algo en el proceso que no encuentra lugar en ningún balance contable.

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Deportivo, Liga española
Escrito por Miguel Piñeiro 3 Comentarios
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3 respuestas a “La magia de las emociones convertidas en fútbol”

Sr. P
mayo 11th, 2011 a las 20:41

Buf, menudos dos últimos post que te has marcado, Miguel. Llenos de cordura y atacando directamente la fibra (la sensible). Quizás es porque uno anda de por sí hipersensibilizado… Una vez más, gracias por una grata lectura.

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Miguel Piñeiro
mayo 11th, 2011 a las 20:47

Estamos un poco bizcochones, sí :)

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