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El Contragolpe

La esperanza Juan Domínguez

31 de mayo de 2011 a las 17:01

José Luis Oltra adquirió un compromiso tempranero nada más aterrizar en A Coruña: la de apostar por el juego ofensivo y de toque. El anuncio ha desatado una ola de optimismo entre un sector de la afición, que espera el regreso de lo más parecido al jogo bonito (?) a Riazor, y de paso lo utiliza para atizarle a Lotina, convertido el valenciano  en una especie de antítesis de lo que representaba el vasco, un punching ball para el deportivismo en las últimas horas. El tiempo dirá si la promesa que Oltra hizo en sus primeros minutos como blanquiazul se vuelve después en su contra o fue una firme declaración de propósitos que se hicieron realidad.

Seguramente eso dependerá de la configuración de la plantilla, la principal incógnita que rodea al Deportivo en la temporada de su regreso a la Segunda división, un año apasionante en el que a la urgencia del ascenso se une el hecho de que el Dépor será el club al que todos querrán ganar y al que recibirán de uñas allá donde vaya. El equipo quedará formado en función del conocimiento de la categoría, que sugiera las piezas adecuadas para competir en un entorno desconocido, y de las posibilidades económicas del club para alcanzar esas piezas y mantener otras que ya tiene.

Juan Domínguez

Foto: Benito Ordóñez

Y tanto salgan mejor o peor esas dos variables, hay una tercera que será socorrida por la afición y llenará horas de debate en las radios: el papel de la cantera. Muchos esperan que, con la pérdida de la categoría, se le puedan dar más opciones a gente de la casa a los que ya no se les pondría como excusa ante su falta de minutos la exigencia de Primera división. El club no tardó en renovar a Rochela poco después del descenso. Los nombres del central fabrilista, de Seoane y de Álex Bergantiños fueron los primeros en sonar como los llamados a tener un papel más protagonista en la temporada que entra.

Pero si alguien en necesidad de consejo me preguntase (?), diría que el canterano que está llamado a tener un año importante en Segunda se llama Juan Domínguez. A fin de cuentas, es el único que ha formado parte del primer equipo toda la temporada, el 14º jugador en minutos disputados. Rochela y Seoane vienen con el estigma de un descenso doloroso con el Fabril a Tercera división. El central está avalado desde hace años por su rol en las selecciones españolas, y muchos esperan su salto definitivo al primer equipo. Seoane fue sacrificado tras aquella funesta noche en el Calderón, y pagó los platos rotos de una nefasta planificación en la sucesión de Filipe Luis. Y Álex Bergantiños ha acumulado experiencia en Segunda, pero también ha salido de equipos potentes (Xerez y Granada) en los que no ha conseguido establecerse.

El Dépor ganará en identidad (algo que no es baladí, como se vio en el tramo final de la temporada con la identificación de la afición) y en compromiso, eso que se le supone a los canteranos, como a los soldados la valentía. Pero la realidad es que el ascenso va a ser una exigencia y los de la casa tendrán que demostrar que están para aceptar el reto. Y aún por encima, se espera que no desentonen en un equipo al que su entrenador le va a exigir fútbol. Es la gran oportunidad de Juan Domínguez para dar el paso adelante en carácter y reclamar la titularidad para la que le predestina lo que deja intuir su talento. El naronés no es un desconocido para nadie (una ventaja respecto al típico canterano de cara al entrenador recién contratado) y Oltra llega con el compromiso, sin que nadie le pidiese que lo hiciese, de jugar el tipo de fútbol que puede exponer las virtudes de un tipo como Juan Domínguez.

Empezó la temporada lesionado con sus misteriosos problemas de tobillo, pero eso no le impidió jugar en total 20 partidos de Liga. La Segunda división y la apuesta futbolística de Oltra puede ser una oportunidad para que se defina en el césped. No pareció que Lotina a se acabase de decidir entre situar a Domínguez como mediapunta clásico o en el centro del campo, y en el tramo final de temporada le penalizó tener que ocupar un espacio extraño con la vuelta de Valerón al equipo. Es difícil que ningún fichaje me pueda ilusionar más de cara a la próxima temporada que la posibilidad de ver a un Juan Domínguez protagonista de un equipo con vocación ofensiva. Ojalá responda.

Deportistas gallegos, Deportivo
Escrito por Miguel Piñeiro 8 Comentarios
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La rebeldía contra la autocomplacencia

29 de mayo de 2011 a las 15:58

El Barcelona ganó en Wembley algo más que su cuarta Copa de Europa. Mucho se ha escrito sobre el ciclo mágico iniciado en el mismo verde hace casi 20 años, de la influencia decisiva de Cruyff para cambiar el rumbo futbolístico de una institución centenaria. Pero al destrozar y empequeñecer a un titán europeo como el Manchester United, empleando para ello quizás su obra maestra futbolística, el cénit de un equipo que ya ha dejado exhibiciones para la historia, el Barcelona de Guardiola ha conseguido de paso dos cosas: asentar definitivamente su sitio en la historia de este deporte, y, sobre todo, consumar la rebeldía de un grupo de jugadores único contra la famosa autocomplacencia.

Ese demonio que consumió a un equipo que parece lejano en el tiempo y menor en comparación con el actual. El conformismo acabó de manera súbita con el Barça de Rijkaard, un grupo que logró cotas de brillantez similares al actual, que se coronó con una Champions, que puso las bases del actual Barcelona recuperando la autoestima de Xavi e introduciendo poco a poco a Iniesta y a Messi. Aquel equipo al que se le suponía un recorrido mayor se vio cercenado, entre otras cosas, por el amor de Ronaldinho a las actividades extradeportivas y al amplio kilometraje de un Deco pasado de vueltas. La sonrisa del astro brasileño se fue apagando de manera frustrante para los que observaban desde fuera cómo el mayor talento de su generación y parte de las anteriores se desperdiciaba en fastos nocturnos.

Xavi y Puyol fueron testigos directos de aquello, y Guardiola debió aferrarse a esas historias para no permitir que volviera a pasar. Ayuda que Messi estaba en proceso de formación como persona, que Pep dedició sacrificar a jugadores que pudieran tener esos mismos tics dañinos, y sobre todo el empuje de un grupo que parece no conformarse con entrar en la historia, sino que se empeña en seguir haciéndola. Ayuda sobre todo el tener un modelo futbolístico definido hasta el extremo, que permite encarar a los rivales sin preocuparse tanto de ellos como ellos tienen que hacerlo de ti. En la final, Ferguson fue víctima de un debate que Guardiola no tenía que afrontar: el escocés tuvo que meditar entre ser fiel a lo habitual en el United, o tirar de la manta hacia atrás para cubrirse. Se quedó a medias, más cerca de lo primero que de lo segundo, y naufragó, penalizado por un centro del campo lacio, sin el músculo suficiente ni el talento necesario.

Supongo que esa lucha contra la autocomplacencia es la verdadera carcoma de Guardiola, el motivo de mayor peso que explique el agotamiento mental que tanto aduce el técnico para poner siempre el interrogante sobre la duración de su estadía en el banquillo azulgrana. Evitar la relajación de un equipo dos veces campeón de Europa y tres de España, colmado de elogios por la aristrocacia del fútbol mundial, es la labor principal de Guardiola: otros tienen que preocuparse de como frenar al rival, o de encontrar un estilo de juego.

Barcelona
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Valerón y las lágrimas del descenso

22 de mayo de 2011 a las 11:05

Valerón se quedó solo en el centro del campo. Su cuerpo enjuto doblado sobre su cadera, los hombros más caídos que de costumbre. Se enjuga las lágrimas con la camiseta interior, empapada ya antes por el sudor finalmente inútil de 95 minutos de agonía. Mira hacia las gradas donde 35.000 personas le agradecen el esfuerzo del partido y de las últimas jornadas. El último gran mito del deportivismo mira hacia atrás, donde queda la Primera división, sus años más gloriosos y los de un equipo que, como el Flaco, llora un fracaso.

El Deportivo cae a Segunda 20 años después. Durante ese tiempo, se han logrado títulos, se han ganado partidos imposibles, se ha podido con monstruos antes inabordables. Pero yo prefiero quedarme con las sensaciones imborrables de ese período de tiempo. Algunos de los mejores momentos de mi juventud tuvieron Riazor como escenario, y como yo, toda una generación de aficionados que maduraron con el equipo y descubrieron la autoestima de amar unos colores sin necesidad de adoptar otros de fuera. Quizás esos pequeños detalles (la imagen fija de la infancia con los banderines de plástico blanquiazul, la risa incontenible de pura felicidad tras un hat trick de Bebeto en apenas 45 minutos, el sonido seco del larguero silenciando un estadio tras recibir un impacto de Matthias Sammer, ver a pie de campo con tu padre una improbable remontada europea) valgan más que un trozo de metal. Evocar esas sensaciones es lo que provoca la congoja en estos momentos.

El final de una época dorada lo marca un descenso tras el que muchas cosas cambiarán, unas por necesidad y otras por el propio peso de la situación deportiva. Se abre una época de incertidumbre económica, institucional y a nivel de equipo donde sólo queda una certeza: el apoyo incondicional de la afición, modélica hasta el final (salvo los lamentables incidentes a la salida del estadio de jugadores y periodistas que unos pocos protagonizaron). Y, aunque el dolor haga que esta afirmación sea un poco fría en medio de la emoción reinante, también será un proceso interesante: confeccionar un equipo competitivo en Segunda es un trabajo arduo de planificación y de conocimiento de la categoría, un reto para el Dépor, que será el equipo al que todos querrán ganar la temporada que viene.

Algunas de estas cosas habrán pasado por la cabeza y el corazón de Valerón cuando buscaba consuelo en el centro del campo de Riazor, donde él mismo transmitió esas sensaciones grabadas a fuego en las mentes impresionables de algún joven aficionado al fútbol; donde él mismo sonrió con la pura felicidad de quien disfruta simplemente con el juego; donde finalmente lloró las lágrimas del descenso, encarnando mejor que nadie la gloria y la decepción de un ciclo maravilloso de 20 años. Y espero también que la esperanza de un retorno lo más rápido posible.

Deportivo, Liga española
Escrito por Miguel Piñeiro 35 Comentarios
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Una oración para el Dépor

20 de mayo de 2011 a las 14:10

Quedan poco más de 24 horas para el desenlace de la Liga, con el Deportivo jugándose la vida. Poco más se puede añadir a estas alturas, poco más se puede ensayar o inventar que no se haya hecho en las otras 37 jornadas. Sobre el campo una misión sencilla de formular: ganar un simple partido de fútbol.

Por eso no importa tanto el rival como el propio Dépor. En una situación de angustia donde la ansiedad tiene todas las papeletas de aparecer (salvo un gol tempranero del Dépor), lo de menos debería ser tener enfrente al Valencia, al Brasil de los 70 o a los Harlem Globetrotters. Lo dije en el anterior post, en el twitter y a cualquiera que me quisiera escuchar: pensar en lo ocurrido hace 17 años sólo añade más carga emocional a la plantilla y a una afición que lleva semanas sobreexcitada. Aquello fue lo más doloroso que nadie podría imaginar respecto a un partido de fútbol. Pero yo creo que la cuentas quedaron saldadas. Al año siguiente el Dépor le ganó al Valencia la Copa del Rey, y por si no fuera bastante, hasta Mauro Silva les marcó un gol (CORRECCIÓN: Eso fue la temporada del penalti de Djukic). Años más tarde, el mejor Valencia de la historia (campeón de Liga, dos finales de Champions, etc.) perdió en la Supercopa contra el Dépor por un global de 4-0 en los dos partidos.

Mucho ha cambiado todo desde entonces. Aquel Valencia de hace 17 años era muy diferente al actual. Tenía un núcleo duro de jugadores de la casa, valencianos, más identificados con el club, seguramente más abordables como grupo a la hora de negociar la prima a terceros que luego reconocieron haber cobrado. El Valencia de hoy no tiene ese perfil, ni el de equipo canchero de los Cañizares, Ayala, Marchena, Baraja, Carboni… No veo a Mathieu o a Stankevicius con esas ganas de hacer la puñeta, más allá de cumplir con su trabajo. Las referencias a aquel 14 de mayo de 1994 se hicieron inevitables. Pero hay otra cita en mayo, el 19 de ese mes del año 2000, a cuyo espíritu prefiero aferrarme. Por si acaso, formulemos una pequeña oración para que el Dépor sea imparable, nos maraville a todos el sábado y reclame el lugar que le corresponde. En Primera división.

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Escrito por Miguel Piñeiro 4 Comentarios
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La manta y el miedo

16 de mayo de 2011 a las 10:20

El conformismo siempre fue un problema para una parte de la afición y crítica del Dépor. Lo ha sido en los momentos de gloria y lo sigue siendo en las vacas no ya flacas, sino anoréxicas. Arsenio escuchó los insultos más groseros aun a pesar de casi ganar una Liga y ser campeón de Copa del Rey, por sus planteamientos casi siempre precavidos. De Irureta, la opinión de un amplio sector del deportivismo lo situará como un tipo que ganó la Liga, pero menos mal, porque es lo mínimo que podría haber hecho.

A Lotina le juzgaron hace mucho tiempo y el partido de ayer en el Camp Nou no va a ayudar a que muchos revisen la sentencia. La actuación del Deportivo ante un Barça de caras renovadas ha vuelto a dar argumentos a los que le acusan de falta de ambición, de racanería, de no tener nivel para Primera división y de malgastar el potencial de su plantilla. Un debate absolutamente estéril a estas alturas de la vida, cuando luchas desesperadamente por mantenerla. El Dépor fue en Barcelona un equipo ordenado, que no concedió más que una clara ocasión de gol y asustó con dos de Valerón y Xisco las escasa veces que salió de su campo con el balón controlado.

La famosa manta del fútbol quedó reflejada como pocas veces en el Camp Nou. El Dépor, a los 70 minutos de juego, estaba al borde del sofoco. Los primeros planos de los jugadores mostraban un cansancio extremo para un equipo que con la pelota era incapaz de dar tres pases. El Barça careció de desequilibrio a pesar de que los automatismos hacían que los chavales del Barça B y los suplentes mantuviesen el rigor formal del juego del equipo titular. Sólo rompió cuando Alves entró al campo y amenazó con cambiar de ritmo. Pero el Dépor tuvo que perseguir la pelota, poco dotado como está para robarla, ante un equipo que la tuvo el 80% de tiempo. Cualquiera (y yo el primero) que estuviese viendo el partido pensaba que si el Dépor pusiese algo más, podría hacer daño. El Barça acabó con una defensa formada por Bartra y Fontás en el centro, y el cuajo de un equipo con nombres tan poco habituales no parecía el mismo de siempre.

Un gol era la permanencia casi segura, pero para un equipo asfixiado de correr, parecía una quimera. Aunque desde el banquillo los cambios mandaron las señales oportunas (relevaron Guardado, Xisco y Riki, ojo), el equipo no tuvo el fuelle para tratar de ganar, salvo la ocasión aislada del final que Xisco no pudo convertir. La misma sensación que desde la televisión nos pedía a muchos que fueran a por el partido pudo ser la misma que paralizó a los jugadores y les hizo pensar que el punto no era tan mala idea: el miedo, unos a no ganar viendo los resultados en otros campos, y otros a no perder. El empate hasta parece lógico. Sobre todo viendo que ninguno de los implicados en la lucha por evitar el descenso fue capaz de ganar a domicilio esta jornada.

El panorama ahora no puede ser más simple. Hay que ganar al Valencia en Riazor, al abrigo de la afición, en la cita más trascendente de los últimos 20 años y quizás más allá. Sé que será imposible, pero me gustaría que el rival fuese lo de menos. El partido en sí ya tiene una carga de responsabilidad y emocional lo suficientemente grande como para aún encima añadirle el peso histórico de lo ocurrido en 1994.

Deportivo, Liga española
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Otro fecha de mayo para la historia

14 de mayo de 2011 a las 20:18

Pase lo que pase en los dos partidos de Liga que quedan, el mes de mayo volverá a entrar en la historia del Deportivo de La Coruña. Si se mantiene en Primera o si desciende, por la trascendencia enorme para la entidad de una cosa o la contraria; y de cualquier manera, la movilización de su afición pasará directamente a ocupar una de las mejores páginas de la trayectoria reciente del club. El mes de mayo ha dejado efemérides clave en los últimos años del deportivismo, como éstas. Os dejo cuatro casi de memoria, si se os ocurren más las voy añadiendo al post:

-19 de mayo del 2000: El Deportivo se proclama campeón de Liga. Menos de 9 años después de regresar a Primera división, el equipo de Irureta conquistaba ante el Espanyol el título que le había sido esquivo y que le asegura un lugar de honor en la historia del fútbol español.

-5 de mayo del 2004: El Deportivo alcanza su tope europeo al empatar sin goles con el Oporto en el partido de vuelta de las semifinales de la Champions. La eliminatoria del «He’s my friend» y que (por desgracia, visto lo visto) resultó pionera del show Mourinho en España. Hasta en eso el Dépor ha marcado tendencia…

-26 de mayo de 1996: El último partido de Bebeto con la camiseta del Deportivo. El delantero que enganchó a toda una generación al equipo coruñés y lo situó en el mapa del mundo futbolístico. Fue en la última jornada de Liga, en Riazor contra el Barça, y marcó 2 goles. En el Barça, por cierto, anotó Guardiola de falta, quizás el único de su carrera…

-14 de mayo de 1994: El penalti de Djukic. No hace falta decir nada más.

Deportivo, Liga española
Escrito por Miguel Piñeiro 3 Comentarios
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