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El Contragolpe

Mourinho: el ruido y el metal

28 de abril de 2011 a las 16:01

Creo que nadie tenía esto calculado. La inaudita serie de enfrentamientos entre Real Madrid y Barcelona se planteaba como un enorme espectáculo futbolístico y mediático. Un mes de locura para los aficionados al deporte, que colonizaría cada espacio de nuestras vidas, te importase el resultado o no, pero que independientemente de los colores que apoyes sería recordado como el mes en que los dos equipos más grandes del planeta se enfrentasen hasta cuatro veces, con todo lo que eso implica: Messi y Cristiano, la posibilidad de ajustes tácticos, la fuerza mental de ambos equipos testada…

Al final, aunque quede un partido por jugarse, nada de eso ha importado. En algún momento alguien ha perdido el control de la situación, y lo que estaba llamado a ser un evento deportivo destinado al recuerdo por el juego, entrará en los anales por la fealdad, la tensión, la bronca. Algo que a algunos le hace perder la fe en el fútbol, y a que a la mayoría simplemente asquea. No tengo intención de dilucidar responsabilidades, ya que todos tienen una importante cuota. El comportamiento en el campo de la mayoría de jugadores durante estos tres clásicos ha sido de todo menos edificante. Y Guardiola decepcionó a algunos al entrar en el terreno de la crítica estrictamente personal contra Mourinho en la rueda de prensa previa al duelo del miércoles.

Pero la figura central de la polémica por la que será recordada esta locura de cuatro partidos es Mourinho. No por sus palabras, ni por su actitud, ni por su extralimitación al insinuar amaños históricos a favor del Barça.El ruido ha acompañado al entrenador del Real Madrid desde su llegada, de hecho es una de sus señas de identidad en toda su carrera. Eso no ha sido novedad ni lo será. Forma parte de su personaje, esa fachada irritante para el 90% de los que no son aficionados del equipo que dirige. Porque yo quiero pensar que es un personaje…

No. El problema de Mourinho no es su ruido. Es el darse de bruces con algo que, al mismo tiempo, es lo que le trajo al Madrid y es lo que lo puede acabar echando: la urgencia por ganar, por dominar el fútbol español y europeo. Esa prisa que no entiende de proyectos y pisotea jugadores y/o entrenadores a cualquier precio. Mourinho es garantía de éxito allá donde vaya. La razón es sencilla: es un técnico prodigioso que exige plantillas al mismo nivel de su competitividad. En esas circunstancias, exprime el potencial del grupo humano mejor que nadie. Hace de un equipo un ejército de soldados obedientes. Es un competidor excelso, imprime a sus equipos de un carácter ganador de autoestima fuera de lo normal.

Pero al Madrid eso no le basta. Cualquier equipo de los que Mourinho haya entrenado (Oporto, Inter o Chelsea) consideraría exitosa para sus estándares históricos una temporada en la que ganase la Copa a su mayor rival, fuese segundo en la Liga por detrás solo de su mayor rival, y cediese con honor en las semifinales de la Champions. Pero en el Real Madrid, me da la sensación de que no es así. Mourinho logró algo de metal con lo que amortiguar todo el ruido que ha generado con la Copa del Rey, pero tiene dos problemas: dudo mucho de que el madridismo califique como buena una temporada con ese título y, sobre todo, surgirán las dudas de si todas las polémicas, todas las sospechas que Mourinho ha lanzado, toda la animadversión que ha generado con sus actos (y que en definitiva, socavan la imagen del club) han valido la pena.

Mucho se ha escrito sobre el planteamiento de “equipo pequeño” del Madrid. Que si tiene plantilla para más. O sobre el supuesto plan que Mourinho tenía preparado con Kaká antes de la rigurosísima expulsión de Pepe. Esas son opciones de fútbol, debate que enriquece y al que el entrenador ha rehuido toda la temporada. Muchos creen que la afición del Madrid repudian que su equipo salga temeroso en su propio campo contra el Barça. Soy de la opinión, sin embargo, de que sea cual sea el club, la consideración entre los aficionados de determinado sistema de juego es tan buena como los títulos que depare. En eso Mourinho también puede encontrar otra grieta.

El ruido lo ha tapado todo, incluso el recurso al currículum del club más laureado de la historia. Si hay un equipo capaz de remontar una eliminatoria europea con 0-2 en contra y en cancha ajena, ése es el Real Madrid, capaz de lo imposible en medio del ambiente más hostil. Guardiola lo ha dicho muchas veces: el carácter del Madrid no lo tiene nadie más. No hubo nada de eso tras el partido del miércoles. Lo más a lo que llegó Mou tras lanzar insinuaciones sobre UNICEF y aplicar su particular sentido de la memoria selectiva fue a decir que la semifinal estaba decidida. Y si así es, si el Madrid cae en Europa, el trabajo que Mourinho ha llevado a cabo haciendo mejor a su equipo corre el riesgo de quedar en el olvido, víctima del mismo ruido que el portugués se encargó de alimentar.

Real Madrid
Escrito por Miguel Piñeiro 7 Comentarios
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Canción triste de Balaídos

23 de abril de 2011 a las 21:33

Volví a ver al Celta después de casi un mes, entre vacaciones y circunstancias varias. Pensé que, después de ganar en Albacete, algo habría cambiado, si no en el fútbol del equipo, sí en las cabezas de los jugadores. Un refuerzo psicológico para afrontar el tramo final con fuerzas renovadas. Lamentablemente, estaba equivocado. El Celta sigue sin recuperar la pulsión de la primera vuelta, y se ha instalado en la mediocridad que le aboca a sufrir hasta con el rival más insospechado.

Lo peor de todo es que ha recuperado el peor vicio de la etapa Eusebio: fracasar en Balaídos. Todo el trabajo de ilusionar a la afición, de tratarde devolverla a las gradas del estadio celeste, y ahora enfrentar una racha de cinco partidos sin vencer en casa, que aleja al Celta de los puestos de ascenso directo. Supongo que eso es un síntoma de lo que se atisbaba incluso en el mejor momento de los de Paco Herrera: llevar la iniciativa nunca ha sido el punto fuerte de este equipo, y a la que los rivales le han cogido el punto, sumado a los defectos propios, ha provocado ese atasco en casa. La alineación de Paco Herrera ante la Ponferradina no invitaba precisamente al optimismo. Un centro del campo más desprotegido de lo habitual y sin capacidad de crear, laterales frágiles (Hugo Mallo en recuperación, Murillo fuera de sitio), Abalo fuera de sintonía, sin Trashorras…

¿Las buenas noticias? El gran momento de forma de Michu, que David Rodríguez vuelve a estar en racha, que Mallo ha cogido minutos de rodaje (posiblemente, el Celta sea el equipo que más dependiente de sus laterales que recuerdo en los últimos años)… Y poco más. El Celta necesita reagruparse y volver a la alegría del comienzo. Desconozco si el estado físico de la plantilla lo permitirá. Pero al menos volver a alegrar a un Balaídos en depresión, que necesita un estímulo para volver a meter al equipo directamente donde corresponde:

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Escrito por Miguel Piñeiro 2 Comentarios
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A por el último legado de Tristán

20 de abril de 2011 a las 20:05

La victoria balsámica del Deportivo sobre el Racing de Santander dejó varias imágenes para el recuerdo. La afición entregadísima como en las mejores noches europeas, Morel cabalgando por la banda izquierda, Valerón jugando 90 minutos… Pero nadie podría esperarse hace unos meses que el equipo de Lotina iba a vencer 2-0 con sendos tantos de sus delanteros (aún encima de cabeza). Y mucho menos todavía que esa circunstancia de la capacidad definitoria de los puntas sea la clave de dos victorias consecutivas.

El gran momento de forma de Lassad (aparte de los goles) y la aparente entrada en una de sus venas goleadoras de Xisco son las mejores noticias que un equipo necesitado de puntos y normalmente carente de fútbol podría esperar en el tramo final del campeonato. En un Dépor que sigue a la cola de los goles anotados, esas miniexplosiones realizadoras parecen poco más que el advenimiento de un Ronaldo en potencia. No sé si como para acabar con el debate de los delanteros, como dijo Xisco, pero sí para aflojar un botón del cinturón. Tapado el filón de los centrales (fue evidente ante Málaga y Racing cómo Rondón y Colsa, respectivamente, se afanaban en frenar a Colotto en el segundo palo durante las jugadas de estrategia), la aparición de Xisco y Lassad resultan impagables.

Y empujan al plantel actual de delanteros del Deportivo de La Coruña a situarse en posición de superar el legado de la última temporada de Diego Tristán como delantero blanquiazul. A los Xisco, Lassad, Adrián, Riki y Sand (si es que juega) les quedan 4 golitos para convertirse en el mejor grupo de arietes en las últimas 6 temporadas, desde que Tristán llegase a los 11 goles en la 2005/2006. Entonces, Arizmendi (2), Rubén Castro (3)  Taborda (1) y Xisco (1) elevaron la cifra de los delanteros del Dépor a los 18 goles, una cantidad que no ha sido superada desde entonces.

Esta temporada, los récords personales de Adrián y Lassad en Primera división (5 cada uno) han impulsado la mejoría de los registros anotadores, aún modestos si tenemos en cuenta que Adrián y Lassad son los pichichis más rácanos de los 20 equipos de Primera división. Pero el rendimiento que el conjunto de Lotina exprime a cada gol los hacen más relevantes si cabe. La temporada pasada, Adrián (4), Lassad (2), Riki (8) y Mista (1) se quedaron en 15, uno más en la 2008/2009 (con la aportación inestimable de Omar Bravo y Bodipo). Habrá quien piense al leer esto que el que no se consuela es porque no quiere, pero para el Dépor 4 goles más de sus delanteros, además de romper una marca más o menos trascendente, puede suponer una gran diferencia en la clasificación.

Deportivo, Liga española
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Madera azul y blanca

19 de abril de 2011 a las 15:12

[Entrega especial de Dani Cancela desde Hong Kong, explicando su sentimiento deportivista tras el éxito reciente del equipo coruñés]

Antes de empezar a escribir nada os diré que no soy yo el que habla, sino mi morriña. Y es que tras casi diez meses fuera, las ganas de estar en la ciudad de uno son grandes. Sobre todo si esa ciudad es A Coruña. Y ojo, que no me canso de repetir que estamos viviendo un año inolvidable, y que si queremos volver, es solo para ver a mucha gente a la que echamos de menos y para cargar las pilas para estar aquí durante más tiempo.

Bueno, a lo que iba: Yo soy blanquiazul. Deportivista desde que tengo uso de la razón, y ya voy para 30 años, así que no soy sospechoso de haberme subido al carro del Super Dépor a golpe de éxitos. Además, practicante. He estado en los buenos y en los malos momentos vividos por el equipo sentado en las gradas de Riazor, desde las extintas  lateral de marcador (donde vi a David marcarle un gol memorable al Atlético de Madrid bajo un enorme aguacero) o especial niños, a preferencia, a la que años atrás iba acompañando a mi padre. Allí, en aquella grada donde la crítica siempre primaba al aliento, viví el paso de un modesto equipo de segunda división, a un grande de la liga española. Desde allí recuerdo celebrar un gol de Jose Ramón al Levante en Segunda División como si fuese el de Makaay al Espanyol años después. Allí, a pesar de que casi nos tenemos que marchar porque el tejado empezó a arder, nos dejamos la garganta con los dos goles de Stoja al Murcia el día que por fin pudimos decir que esta ciudad tenía un equipo de Primera.

Desde aquel domingo, fueron más los momentos buenos que los malos, aunque alguno hubo. También allí vi fallar a Djuckic el penalty más famoso de la historia.  Fui en uno de los trenes de los Blues a Madrid el día del titulus interruptus” y me vine empapado y frustrado por no poder ver por fin a mi equipo levantar el título que se merecía y que ganó tres días después. Celebré como el que más la liga que se nos debía y, ya desde el fondo nuevo, ese que sustituyó al marcador gigante objetivo de los centros de Recarte, vi entrar a Deco en el área. Y como todo el estadio, supe que César le haría penalti y que nuestro camino a Gelsenkirchen se acababa allí.

E incluso me casé con una mujer que por su comunión pidió como regalo un Questra (qué gran balón, ya no los hacen como aquéllos…)  y el uniforme del Dépor. Para que luego me digan que el destino no es caprichoso. Por no hablar de los muchos años vistiendo esa camiseta en las categorías inferiores…

Hoy el equipo pelea por cotas menos brillantes, pero igual o más importantes que las de entonces para el futuro del club. Y todos los que durante todos esos años llenamos la plaza de Cuatro Caminos para apuntarnos las medallas de los triunfos, tenemos el deber moral de seguir apoyándolo. Ahora que la Liga entra en su momento más decisivo, se me hace más cuesta arriba no poder estar allí cada domingo, y vivir el día a día del equipo. Escuchar los debates y discusiones sobre quien tiene o deja de tener la culpa. Ahora, desde la distancia, el sentimiento blanquiazul aflora con más intensidad. Tengo más ganas que nunca de ir al estadio, y sueño, en un futuro, con ser mi mujer y yo los que llevemos a nuestro hijo de la mano a Riazor, como hizo mi padre conmigo tantas veces. Y no concibo que no sea en Primera, aunque después de lo visto este último domingo, tengo menos dudas. Ver al estadio casi lleno, la gente implicada, apretando y disfrutando hizo que me diera cuenta de que este equipo no está solo, y que tiene mucho recorrido. Un recorrido al que nos queremos reincorporar algún día..

P.D. Las cosas por aquí siguen bien. Esta semana ganamos nuestro partido de liga frente al Tuen Mun (3-0) y sólo nos separan dos peldaños del campeonato. Ojalá en tres semanas (este fin de semana no hay liga) pueda contaros lo que se siente ganando una liga. Que ya me toca.

Dani Cancela
Escrito por Miguel Piñeiro 4 Comentarios
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Dépor: Lo más parecido a la felicidad

17 de abril de 2011 a las 19:36

Un estadio de aspecto lozano, la gente haciendo la ola, caras de alegría en la afición, jugadores emocionados saludando desde el centro del campo… No, el Dépor no ha ganado otro título. Fue un solvente triunfo ante el Racing de Santander, que deja al equipo al borde de la permanencia. Lo más parecido a la felicidad que se ha visto en Riazor en algún tiempo. Ayudaron las decisiones populares (¿populistas?) de Lotina al dar a la masa lo que reclamaba: un equipo más ofensivo, cambios más ofensivos todavía a pesar de ir ganando, Valerón durante 90 minutos…

¿Tuvo todo eso verdadera influencia en el juego? Realmente, a mí no me lo pareció. La victoria del Dépor semejó responder a una conjunción de hechos: la pizca necesaria de suerte, el derrumbe moral del Racing de Santander, la inesperada aportación de los dos laterales (Manuel Pablo dio el centro del primer gol, el sorprendente Morel tuvo una buena cuota del segundo) y, sobre todo, el acierto de dos delanteros en un gran momento de forma. Nadie podría prever en el desarrollo de la temporada que el Dépor ganase sin sufrimiento y con dos goles de sus puntas, la línea más criticada de la plantilla. Sobre todo, después de una primera parte que, en líneas generales, no difirió mucho de lo que se vio una semana antes en Málaga.

Lassad fue el jugador dinámico, asociativo, de gran zancada e, increíblemente, remate de cabeza que muchas veces apunta y pocas concreta. Y Xisco parece haber entrado en uno de esos momentos de gracia goleadora que le valieron una pequeña fortuna en la nómina del Newcastle. A estas alturas de la película, que tus delanteros marquen goles es el mejor salvavidas posible. Mucho más que el modelo futbolístico, del que el Dépor sigue careciendo, alinee a quien alinee el entrenador. Se produjese como se produjese, el triunfo del Dépor dejó a Riazor en un estado etéreo de felicidad, flotando de alegría. Algo así como lo que genera esta canción:

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NBA: ¿Unos play offs con guión fijado?

16 de abril de 2011 a las 16:45

Últimamente he tenido la NBA abandonada. Por motivos que no vienen al caso explicar aquí, no he tenido tanto tiempo para invertir madrugadas insomnes en ver partidos de Liga regular. Y, sinceramente, lo que he llegado a ver más lo que he leído a posteriori no me indicaban una gran temporada de baloncesto. Me dio la sensación de que la fase inicial del torneo fue un tanto intrascendente, con los grandes equipos más cómodos que nunca, con sus puestos de privilegio (ventaja de campo) asegurados casi de antemano, salvo que cometieran errores tremendamente garrafales. No fue así, y por eso poco me preocupan las señales preocupantes de Heat o Lakers, por ejemplo. De ahí que las noticias fueran las agradables sorpresas, como el inesperado éxito de Chicago.

Los Bulls fueron el mejor equipo de la fase regular, algo con lo que nadie contaba. Derrick Rose se confirmó como una super estrella de la NBA, algo que sí era mucho más previsible. ¿Llegarán lejos en el play off? Le favorece el cuadro para enfilar la final de Conferencia. Indiana no parece un rival para meter en problemas a los de Thibodeau, y se enfrentarían al vencedor de la serie entre Orlando y Atlanta, probablemente unos Magic que, después del inexplicable traspaso por Gilbert Arenas, no resultan tan imponentes, a pesar de la mejor temporada a nivel estadísitco de Dwight Howard.

Miami Heat fue el culebrón de la temporada. Su trío de estrellas alumbró la Conferencia Este y amenazó con un súbito cambio de poder en la NBA. Pero la mezcla LeBron, Wade y Bosh no maravilló. Al tercero se le vio fuera de lugar en muchos partidos, huérfano de su rol de estrella que monopolizaba en Toronto. La falta de un base de garantías y de un hombre alto que ayudase en el rebote lastró a los de Spoelstra, cuya escasez de currículum pareció ponerle en el disparadero por su aparente falta de autoridad ante las grandes estrellas. Sin asombrar al mundo, Miami fue segundo en el Este, después de una convincente victoria sobre Boston Celtics en el final de temporada. ¿Qué pasará en play offs? Difícilmente los jóvenes y ya con los deberes hechos esta temporada Sixers le plantearán serios problemas. Lo contrario sería un síntoma lamentable para Miami.

Su verdadero test vendría en semifinales de conferencia. Con el vencedor del Knicks-Celtics, la eliminatoria más atractiva del Este a nivel deportivo, y casi la más vistosa de toda la NBA a nivel de mercado. Nueva York vivió un sueño de grandeza con la llegada de Carmelo Anthony para unirse a Stoudemire, pero cedió demasiado en el camino: Gallinari, Chandler y, sobre todo, Raymond Felton, lo más parecido a un base que han visto en el Madison en años. La plantilla se ha hecho corta y depende demasiado de sus dos estrellas. Por contra, los Celtics son mayores, tienen menos dureza interior con el traspaso de Perkins por Krstic y cerró la Regular Season con resultados mediocres. Pero si hay un equipo con capacidad para jugar como tal y con sentido para percibir la importancia del momento, es el de Boston.

Mientras, en el Oeste, el mejor fue San Antonio pero todos miran a los Lakers. El equipo angelino dejó momentos preocupantes durante la temporada regular, lagunas de concentración, sensación de dejarse llevar. No parecía haber motivación en ser los primeros de la Conferencia. Le ayudó que por detrás Dallas Mavericks llegase justito de talento y un vacío de poder en el resto del Oeste. Los Lakers deberían ganar plácidamente a unos Hornets sin David West lesionado y con Chris Paul fuera de onda esta temporada. Puede encontrarse  con más problemas en las semifinales. El vencedor del Dallas-Portland ya es una cosa más seria, pero ni la constancia de Nowitzki ni el espectacular quinteto titular de los Blazers deberían llevar a Gasol y compañía a más de 6 partidos.

Todo parece inclinarse en el Oeste a una final San Antonio Spurs-Lakers. Los de Popovich son el equipo de baloncesto más académico de la NBA. No importa que sus dos mejores jugadores superen ampliamente la treintena y que Parker esté llegando a ella. Ni que los secundarios (Neal, Hill, Bonner, Blair) den la impresión de que serían más secundarios todavía en otros equipos. Siempre rinden y soltaron una temporad de 60 victorias. Los Grizzlies no parecen ser un obstáculo en la primera ronda y el más que probable duelo con Oklahoma City Thunder podría ser uno de los más apasionantes de todo el play off. De ahí podría salir la gran sorpresa de unos play off cuyo guión parece bastante fijado de antemano.

NBA
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