He ido a un hospital de visita y, en consecuencia, estoy enfermo. En pleno delirio de ibuprofeno, me he dado cuenta de que llevo sin escribir una semana, y me he cogido a mí mismo de la pechera y me he forzado a poner algo, de cuya coherencia no estoy muy convencido.
-El fútbol, al menos en Europa, es una institución (a falta de una palabra más precisa para abarcar su signficado) muy tradicional y ligada a sentimientos casi ancestrales. Por eso su necesaria vertiente empresarial muchas veces se da de bruces contra una realidad intangible que le hace fracasar. Es el caso de la iniciativa de la LFP de premiar la celebración de gol más original. Este verano Internet ha visto con curiosidad de espectador de zoológico cómo unos futbolistas islandeses se devanaban los sesos por ser estrellas más en YouTube que en el campo. Al respecto de la propuesta de la LFP, no tengo nada más que decir que lo que se afirma aquí. Y añado: el patrocinio del concurso viene de la misma empresa que provocó que al último fichaje del Pontevedra lo presentaran en un restaurante de comida rápida y con la camiseta, no de su equipo, sino de la marca de hamburguesas. Son cosas que chocan con las tradiciones futboleras de toda la vida. Y con el buen gusto también.
-Sobre el estreno liguero del Dépor, ya tan lejano en el tiempo, me quedé con un detalle que pude apreciar por mi rara oportunidad de presenciar un partido en Riazor estrenando mi butaca de socio. Adrián tuvo uno de sus días de Curro Romero pasado por un matiz melancólico. Cayó con sentido hacia la banda derecha donde sus mejores socios, Urreta y Míchel, dejaron detallitos de buen gusto, combinaciones rápidas y con sentido. Luego se arrancó con dos regates vertiginosos en la línea de fondo, hacia el interior del área, y un chut que Leo Franco despejó con dudas al interior del área. Más tarde, entró en modo tristón, con una novedad: Se pegó dos o tres carreras furibundas en busca de balones imposibles, presionando a los zagueros y portero maños, casi siempre con escaso resultado. Levantó los aplausos de la grada. Cuando fue sustituido en el segundo tiempo, minutos después de haber tocado su último balón, la tribuna se puso en pie para saludar su esfuerzo. Había hecho lo mismo o menos que en otros partidos, pero salió ovacionado. Son las cosas que a veces no entiendo de esto del fútbol.
-Sé que es tan injusto y fútil que no merece la pena ni ponerlo, pero Dioni marcó el otro día contra el Vecindario un buen gol de delantero que se puede ver al final de este vídeo. Por cierto, un jugador canario casi marca un gol desde el medio del campo que también merece ser visto:
-El Celta jugó ya dos partidos de Liga: en el segundo marcó en 25 minutos tres goles con toda la efectividad que le faltó en el primero. Ambos encuentros estuvieron protagonizados por un futbolista: Dani Abalo. El extremo ha arrancado la temporada sacudiéndose la zozobra de la época Eusebio. Apuntaba a jugador de Primera y sobrado, pero entró en una escalada de irregularidad propia e impuesta: titular, suplente, grada, suplente, titular, mal partido, regular partido, alguno bueno. Recién cumplidos los 23 años, esperemos su confirmación. Él reconoce que tenía mucho que mejorar. El talento efervescente de Iago Aspas (para lo bueno y para lo malo) le hizo ocupar un segundo plano en el escalafón celeste. Ha comenzado la temporada reclamando sus galones.
-Por último, el baloncesto. He estado bastante desconectado del Mundial de Turquía. El juego de España tampoco ha ayudado mucho. No he podido ver el cruce de octavos con Grecia, pero las sensaciones que transmiten las crónicas fueron mejores. España tiene un problema soterrado que es el físico. Muchos de sus puntales están limitados en su capacidad atlética o con molestias puntuales que mitigan su impacto. Más allá de la ausencia de Pau Gasol o problemas de esquema. El tiempo dirá si España se queda lejos de sus objetivos o se convierte en uno de esos equipos-Rocky, que se dejan golpear al inicio de la peli para luego remontar contra pronóstico (¿?) y dejar al rival con cara de tonto por haberse confiado. De Serbia preocupan muchas cosas. Son un año mayores que los que perdieron la final del Europeo, tienen los triples de Tripkovic (qué haría sin los chicos de Jugones, que me avisan de que no está en el Mundial…), la fuerza de Perovic, el genio de Teodosic, el lanzamiento de sillas de Krstic… Un gran equipo, pero España tiene que ganarse el derecho a la única derrota que no se consideraría un fracaso: la de Estados Unidos en la final.
Baloncesto español, Celta, Deportivo, General