Sueños y realidades
Me pasé el domingo con la peor de las pesadillas del aficionado al deporte. Ver partidos desde las 12.30 hasta la noche, pero trabajando sin poder disfrutarlo del todo. Buscar un hilo de análisis comenzando en Santiago con el Obradoiro y acabando con el Madrid en el Camp Nou es tan difícil como injusto mirando a los presupuestos, pero es lo único que se me ocurre hoy para actualizar el blog.
El Obradoiro es un sueño hecho realidad que no puede terminar mal. Nadie exige más que trabajo, y el resto lo completan el orgullo de los profesionales y la pasión de la afición. Ver en persona a un equipo sobrepasado en talento y físico por el Valencia, llevar el partido hasta sus últimas consecuencias y ceder sólo por 6 es digno de admirar. Por eso Curro Segura no se calló al exigir compromiso a quien no lo tuvo y también reconoció algo que se apreciaba a simple vista en la pista. El Valencia ganaba todos sus emparejamientos por físico (“Ellos, cuando hacían cambios en todos los bloqueos, a nosotros se nos hacía de noche “, dijo) y a partir de ahí encontró a un tirador en estado de gracia, Rafa Martínez.
Otro sueño es el el Dépor. La última vez que el equipo se apretaba en la clasificación contra los puestos de Liga de Campeones se discutía en A Coruña sobre si Valerón o Djalminha, Tristán y Makaay tenían un sano pique por marcar goles y Luque protestaba por no querer jugar en el puesto en el que ahora se siente más cómodo. No me atrevo a pensar lo que pueda pasar si el equipo termina la primera vuelta en las mismas latitudes clasificatorias, o si consigue no perder con el Barça en el Camp Nou. Del partido de Santander, a pesar del sufrimiento, saco una conclusión: el Dépor se encuentra cómodo con el vértigo. Mejoró cuando cambió de ritmo en la segunda parte, después de una primera en la que el equipo pareció un poco partido con los tres de arriba un tanto aislados.
Luego vino el clásico. Yo llegué a él agotado y no pude disfrutar de un partido que según todas las versiones fue maravilloso. Pero el pospartido reveló sobre todo la realidad del Madrid. El equipo más grande del mundo, el que más se ha gastado, ¿contentándose con una victoria moral? No me lo creo. El Madrid parece vivir más allá de su realidad. La del Camp Nou fue una victoria moral en la misma medida que el partido contra el Zúrich fue una derrota moral. El resultado es lo de menos cuando se trata del Madrid, que carece de identidad. Y sobre el Barcelona, sin tener que repetir los elogios unánimes a Puyol, me quedo con Ibrahimovic. Se encargó de que ni siquiera Casillas se acordase de Etoo. Me reafirmo en lo que mantuve siempre: el sueco es mucho mejor.
Baloncesto español, Barcelona, Deportivo, Liga española, Real Madrid












