Doctor Leo y Míster Messi
Ayer, ante el Racing de Santander, Leo Messi volvió a demostrar que hoy por hoy es el mejor del mundo. Regaló dos golazos que pusieron en pie a la afición no culé de El Sardinero. Pero cada jugadón de La Pulga, cada eslalon de derecha a izquierda (su marca de la casa), cada zurdazo a la escuadra, es una heridita que abre en la afición de Argentina, al otro lado del Atlántico.
Porque allí esperan a Messi como el nuevo mesías. Porque su rendimiento con la albiceleste no es el mismo, ni de lejos, que el que tiene en Barcelona. Esto se ha hecho más palpable tras las dos decepcionantes derrotas de Argentina contra Brasil y Paraguay, que ha puesto al equipo de Maradona contra las cuerdas en la clasificación por el Mundial de Sudáfrica 2010. Y de esas derrotas, Messi no salió bien parado.
Un jugador con dos caras. La brillante y sonriente en España, la gris y amargada con su selección. Por eso, la repercusión de sus goles al Racing no fue la habitual. Fue algo más. En un artículo del periódico argentino La Nación, se dice:
«Hay gente que lleva una doble vida sin que nadie se entere. A Lionel Messi, el fútbol lo expone públicamente a una doble vida, que divide los comentarios de muchísima gente por el contraste entre su existencia con la camiseta de Barcelona y la que lo muestra con la del seleccionado».
Muchos señalan lo obvio a primera vista. Que el sistema del Barcelona facilita mucho las cosas a Messi, comparado con el caos que impera en Argentina desde que Maradona es seleccionador. Lo dice Verón: «En Barcelona, cuando Messi tiene la pelota, los compañeros le pasan por todos lados. Tiene muchas opciones». Sobre su relación con El Pelusa también se ha hablado, pero Messi siempre dijo que era perfecta, tanto en lo personal como en lo deportivo. Aún así, no dejan de sorprender declaraciones como las hechas hoy mismo en Barcelona: «Guardiola me dio una gran confianza en lo futbolístico y en la parte humana, no sólo conmigo sino con toda la plantilla. Es un buen compañero para todos y esto es muy bueno».
Lo cierto es que una parte de la afición la ha tomado con Messi, al que achacan su pobre rendimiento en los últimos partidos con la selección a una falta de compromiso con la camiseta albiceleste. En otro artículo de La Nación, lo defienden:
«En los últimos partidos de la selección (…) impotente, juega al solitario y busca recorridos entre heroicos y absurdos. Pero ¿es su culpa o rehén de un equipo sin un plan? No hay dudas, pero Maradona no lo corrige. (…) Si se cruzaran Barcelona y la Argentina en un imaginario partido, ganaría Barcelona. Con Messi o sin él, porque el secreto catalán es un magnífico equipo que, además, cuenta con un crack. Pero incluso sin él, el espíritu colectivo es suficiente garantía».
Quizás la clave de todo esto la dé el propio Messi, en una entrevista a una radio de su Rosario natal, con amplio eco en Argentina:
«No hay que buscar más mierda. Hay que estar unidos para sacar esto adelante. (…) Es difícil ir a la selección. Es distinto entrenar todos los días que juntarnos diez, quince días y jugar dos partidos. (…) Yo daría lo que fuese por rendir de la misma manera en el Barcelona que en la Selección. (…) Yo solo no voy a ganar un partido. Es responsabilidad de todos».
Quizás no vaya en el carácter de Messi ser el líder que devuelva el cetro mundial a Argentina. Si hacemos la comparación chusca con el Mesías, él sería Brian en la película de los Monthy Python. Mientras, nosotros aquí disfrutamos de lo lindo.
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