Suele pasar en los partidos decisivos de eliminatorias largas. Hay dos opciones: el equipo que necesita ganar lo consigue estirando sus opciones a pesar de ir por detrás en la serie, o bien se desintegra a la primera adversidad, se atenaza y acaba cediendo de mala manera. Normalmente de paliza.
Fue lo que le pasó a Lakers el año pasado ante Celtics. Los Orlando Magic disimularon en los minutos finales una victoria sin discusión del equipo de Los Ángeles, que ventiló el título de la NBA con su mejor partido de la final. Bastó un segundo cuarto explosivo de Ariza para desmoralizar a los Magic, presos de sus errores en el triple y la inferioridad en el rebote que lideró un Howard empequeñezido. Luego, la constancia de las estrellas de Lakers hizo el resto.
Se cumple la triple cita con la historia que gestionaba el partido. La de Kobe Bryant, Phil Jackson y Pau Gasol. Veo en mi biblioteca el libro de Phil Jackson “The Last Season”, donde el técnico decía barbaridades de Kobe Bryant, “imposible de entrenar” lo más suave. Cinco años más tarde, ambos se funden en un abrazo con miradas de pastel. Kobe jugó su mejor partido en el quinto y definitivo, anotando cuando tuvo la opción, forzando pocos tiros, distribuyendo el balón e incluso taponando. No acaparó el protagonismo y con eso se lo ganó. Consiguió al fin su anillo de campeón sin Shaquille O’Neal, pero descubrió que sin Gasol, Odom, Fisher y Ariza (los cuatro absolutamente decisivos en la serie) no lo hubiera ganado. Ahora, con 4 campeonatos, un MVP de la Liga y otro de las FInales, tiene definitivamente su sitio entre los 10 mejores de la historia.
De la mano siempre de Phil Jackson. Desde ya el entrenador más laureado de la historia. Un personaje que no desata precisamente simpatías entre sus compañeros de profesión. Lo miran con recelo, por su actitud distante con muchos de ellos, por el hecho de que se siente en una silla especial por sus problemas de espalda que lo eleva como si estuviera en un trono, por sus mensajes sin tapujos a los árbitros… Pero 10 anillos son 10 anillos. Que un entrenador consigue entrar en la leyenda al mismo nivel que Jordan, O’Neal y Bryant, es algo que te hace pensar.
Y el tercero que hace historia es Pau Gasol. Historia del deporte español, que sigue en estado de gracia (súmese a los éxitos del fútbol, Nadal, ciclistas varios, etc.) Ha estado espectacular en ataque, más de 18 puntos con 60% de acierto, 9 rebotes, casi 2 tapones, sólo 1 pérdida de balón por partido. Pero ha marcado diferencias en defensa, conteniendo cuando le tocó a un Dwight Howard al que aún le queda mucho para poder ser dominante como arma ofensiva. Se saca Pau el sambenito de blando, confirmando sin embargo algo que mosquea mucho cuando le ves jugar. Esa sensación que tienes en muchos de sus partidos, digamos, menos intensos: que si quiere defender bien, puede.
Desde luego, en estas finales ha querido. Es difícil saber en qué lugar el primer anillo de campeón de la NBA para un español se sitúa en el ránking histórico del baloncesto patrio. ¿Más importante que el campeonato del mundo de Japón? ¿Entre las platas olímpicas de Los Ángeles 84 y la última de Pekín? Difícil saberlo. Pero supongo que este reconocimiento singular, un título de aura mítica hasta ahora inalcanzable para el deporte español, le significará en la historia como el jugador que cambió el destino del baloncesto en este país.
PD: Semejanzas y diferencias con las celebraciones del fútbol en Europa. En la NBA, es impensable que los jugadores manteen a su entrenador. Abrazos, apretones de mano caballerosos, y gorras de béisbol que quedan ridículas a quienes obviamente no nacieron para llevarlas: Phil Jackson y Pau Gasol.
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