El Dépor está ahí para volver a la segunda escena europea en la Copa de la UEFA. La fase de grupos es casi como la competición oficial, después de ese penoso y cansino recorrido de Intertoto más dos rondas de infarto (sobre todo, lo del Brann, con esos penaltis ante un equipo realmente inferior).
Hay ilusión en los seguidores deportivistas por saber qué esperar del Dépor otra vez en Europa. Yo, particularmente, veo los beneficios de estar en Europa (obvios, la publicidad, el prestigio si se avanza, etc.) pero sigo mostrando mis dudas sobre el rendimiento económico de la competición y, sobre todo, sobre el efecto en el físico de la plantilla. Pero eso, ante el subidón de ganar en Moscú, una plaza mítica, supongo que pasa a un segundo plano.
En cualquier caso, a mí la UEFA me despierta tres nombres propios: Gaudino, Ricken, Givarch. El Dépor no pasó nunca de octavos pero de diferentes formas. Maurizio Gaudino, un tío que parecía no haberse lavado el pelo nunca, cercenó la ilusión de la primera participación europea de los coruñeses por un inoportuno resbalón de Djukic, en uno de aquellos regates siendo el último hombre, al borde del infarto, que aquella vez falló el serbio. Fue también la eliminatoria la de un animal conocido como Yeboah, que luego hizo carrera en Inglaterra, y la de la contractura por el frío de Bebeto en Frankfurt. Después de aquello, aún encima, el Eintracht cayó en picado, y ahora es un equipo ascensor.
Luego topamos con el Borussia Dortmund, en una de las eliminatorias más emocionantes que recuerdo, y donde presencié en vivo dos de los mejores momentos futboleros de mi vida: un trallazo espectacular de Sammer que dio en el palo y sonó como si el mundo se hubiese partido en dos (recuerdo un compañero del colegio intentando imitar durante los recreos de tres meses el modo en que el alemán le pegó al balón en aquella falta), y el gol de Bebeto que le dio el triunfo al Dépor y que anda por YouTube en las compilaciones de los mejores goles del brasileño. Luego está Ricken, que marcó en la prórroga de la vuelta en ese infierno que era el Westfalenstadion, lo único destacable que hizo en su carrera el que entonces era prometedor jugador alemán. Por lo menos, el Borussia (aunque ahora esté pasando por dificultades y recurra a extravagantes campañas para recaudar fondos) sería poco después campeón de la Copa de Europa…
Y luego está la menos glamurosa derrota ante el Auxerre en la temporada aciaga de Luizao y compañía, donde el delantero que nos apartó de la UEFA fue el nefasto Givarch, al que incomprensibles rumores situaban un año sí y otro también en la órbita del Dépor a pesar de que Francia se levantaba en armas cada vez que asomaba por la selección.
Debería hacerme mirar que me acuerde de nombres asosiados a cabreo y frustración adolescente. Pero son de esos que salen en las conversaciones futboleras de cuando en cuando. Como el amigo Djorkaeff. Pero eso era la Recopa, ya era otra historia…
Deportivo, Fútbol internacional