No puedo esperar a ver un dúo Salinas-Obregón siendo arbitrado por Mariano Mariano. Algunas cosas directamente no deberían suceder. Los ex futbolistas que para bien o para mal han marcado tu época de enamoramiento definitivo con el fútbol tienen que ser más consecuentes.
Porque Salinas, Julio, nos ha marcado. Como Vicente Celeiro. Ese tipo de futbolistas que sacan de ti lo peor en un estadio de fútbol o en casa delante de la tele. Eso forma parte del aprendizaje. Creía que Julio no podría caer más bajo que esos lamentables anuncios que protagoniza junto a Andrés Montes. Ahora lo veremos en la selección de momentos eternos de Mira quién baila, como ese de Carmen Sevilla bailando hip hop (lo siento, no he encontrado vídeo).
Luego está el gen Salinas del sentido del espectáculo, el mismo que llevó a Patxi Salinas a dejarse caer por La Isla de los Famosos. Como seguidor deportivista, he de reconocer que la presencia de Patxi (por cierto, según parece, muy colega de Aranzubia) me resultaba bastante antipática, pero la perspectiva de que le pudiera dar un hachazo a Karmele (o a cualquier otro concrusante, integrante del equipo de Telecinco o algún oriundo de la isla despistado) me atraía bastante.
Por supuesto, el colmo de Julio Salinas es que bailase como los malditos ángeles, con elegancia, agilidad y coordinación. Excatamente todo lo que parecía faltarle como futbolista, que luego te hacía la jugada imposible del milenio. Me hace gracia que Peter Crouch es lo más parecido a Salinas en la actualidad, y también se hizo famoso por querer bailar al celebrar goles. Hasta la Reina le pidió que dejara de hacerlo.
Poco después de que Cazorla le marcara al Dépor, recibo un mensaje en el móvil de mi colega Miguel. Me esperaba algún comentario sobre el fútbol, pero lo que me encontré fue un exabrupto contra Contador por la etapa de la Vuelta y su comportamiento con Ezequiel Mosquera.
Y como me urge también hoy a comentarlo, obedezco. Y me duele decirle que comparto sólo en cierta medida su cabreo. A ver. Es obvio que Contador no dio un relevo y que le interesaba hacerlo para acabar de una vez con todas con Sastre y Valverde. También es obvio que no dejó ganar a Mosquera y que después reconoció que lo habría hecho con Valverde. Y que todo sucede cuando Alberto se había quejado amargamente de que Valverde no le había dado relevos en la primera etapa de Pirineos, sobre todo cuando al final el de Caisse d’Epargne le esprintó sobre la línea de meta.
¿Hizo lo mismo Contador con Mosquera? No del todo. Le dio un hachazo a kilómetro y medio de meta y, como dijo el gallego en delcaraciones a EFE, «lo hizo a toda leche». No es lo mismo que esprintar a cien metros de la llegada después de chupar rueda cinco kilómetros. Podríamos pedirle a Contador que tuviese una clase y un estilo de los que marcan época y permitiese a Mosquera lucir el trabajo excepcional que había hecho, pero es indiscutible que es el más fuerte y lo quiso demostrar.
Lo realmente chusco para mí es lo de Leipheimer, que sí le dio el único relevo a Mosquera sobre la línea de meta para robarle los segundos de la bonificación y sin ningún tipo de sentido. Eso sí que es rastrero y demuestra poco estilo, una vez que la etapa ya estaba decidida. Todo esto sólo se explica porque Contador y Leipheimer no se fían uno del otro y aspiran a robarse mutuamente el triunfo final.
Y como leí en un comentario de un lector en Marca, se da una preciosa curiosidad en esto del ciclismo. En una de las etapas más bonitas que recuerdo, Miguel Indurain ataca en la etapa que termina en Lieja, en 1995. Destroza al pelotón en uno de los repechos que salpican Bélgica, y sólo le aguanta un corredor que se pone al rebufo de la moto navarra camino de otra victoria. Así 25 kilómetros, para al final superar a Miguelón en el esprint. El tío era Johan Bryunnel, el jefe de Contador y Leipheimer.
Se me olvidaba: Pino ayer dejó clara en El Larguero que la queja es por no dar relevos para llegar al podio toda vez que Ezequiel se sacó de encima a sus rivales y, como Bruynnel dice que no tiene la Vuelta ganada, terminar de ganarla:
Mi primera reacción a la marcha de Robinho fue: “El Madrid se lo merece”. Me parece indignante que un club que ha dado la tabarra para llevarse a Cristiano Ronaldo, que ha conseguido que el Manchester United se queje a la FIFA, después patalee cuando uno de sus jugadores tiene un comportamiento muy similar al que el propio Madrid provocó en Ronaldo.
Luego está lo que implica que un jugador que aspira a ser el mejor del mundo se marche al Manchester City, un equpo respetable como cualquier otro pero que no aspira a nada desde hace décadas. Es, a otra escala, lo mismo que hizo Luque cuando se fue a Newcastle porque en A Coruña no se sentía valorado. Robinho me decepciona. Me gusta como jugador y creo que cuando Robben se lesione (todos sabemos que eso va a pasar), el Madrid lo va a echar mucho de menos.
Y luego está la reflexión de Arsene Wenger. Dice el técnico del Arsenal que las macroinversiones foráneas en clubes extranjeros corren el riesgo de desvirtuar competiciones y desplazar sentimientos y aficiones. Y de paso, multiplica la sensación de que el fútbol en general y los jugadores en particular son mercancía. Para muestra, menciona Wenger y yo os lo muestro el lapsus de un Robinho al que, o le da igual la camiseta con tal de que le paguen, o se esperaba otro desenlace para salir de Madrid:
Que alguien me explique, de paso, lo del helicóptero. De todas formas, no deja de ser irónico que Wenger haga esta para mí acertada reflexión, dirigiendo como dirige la parcela técnica de un Arsenal que juega en el Emirates Stadium y tiene publicidad de Fly Emirates en su camiseta.
Ya es oficial. Lance Armstrong volverá a correr de manera profesional la temporada que viene. Tendrá 37 años para su tercer retorno. El primero, del mundo de los casi muertos, el segundo al de los ciclistas, y este tercero… Será una especie de tour recaudatorio, según sus explicaciones, para fondos de investigación sobre el cáncer. Si Armstrong, que parece tener un sentido del espectáculo y de la épica bastante desarrollado, fuera coherente, empezaría su nueva andadura en Galicia, donde empezó su camino de idas y venidas.
Me alegro de que Armstrong ponga la determinación de un juvenil en algo tan quimérico como ganar un octavo Tour a sus años, en vez de ir por ahí tirándole los tejos a actrices de medio pelo que podrían ser sus hijas. Pero su retorno, casi seguramente al Astana donde manda su compinche Johan Bruynnel, me hace ponerme en la piel de Alberto Contador, al que todos señalan como el mejor ciclista del momento.
Más allá de que Armstrong le discuta o no el rol de líder, está el tema inevitable del dopaje. Y es que tenemos que recordar que Contador no corrió el Tour de Francia porque la carrera no quería a su equipo sospechoso de meterse de todo, tras los escándalos de Vinokourov y media plantilla en el 2007. Y ahora Contador podría verse en el mismo equipo que la pieza mayor que los franceses no han podido cazar en sus controles.
Pero, si la magnética presencia de Armstrong, cuyo única motivación real que se sostenga para volver es hacer historia ganando el Tour, le permite al Astana participar en la carrera francesa, ¿qué cara se le va a quedar a Contador? Es algo así como la versión bruta de no poder entrar en una discoteca solo, pero sí si vas del brazo de una muchacha de buen ver.
Para aquellos que no seguimos el golf, aquí van los hechos. El colombiano Camilo Villegas ha ganado su primer título en el circuito profesional. Es el primer golfista de su país en ganar un torneo de la PGA, y a sus 26 años se le presenta un gran futuro por delante. Es muy amigo de Sergio García, según dicen, y se ha formado, gracia sa una beca, en Estados Unidos donde destacó en el circuito uiniversitario (sabes que el golf es masivo en Estados Unidos cuando hay torneos universitarios).
Bueno, para mí Camilo Villegas, haga lo que haga en su carrera deportiva, será siempre este tipo:
Vi esta foto en el PGA Championship y me quedé impresionado. Estoy 100% convencido de que no encontraría a ningún entrenador de golf o jugador en su defecto que me afirmase que esa postura de acróbata es totalmente necesaria para inspeccionar un green. A Villegas le ha servido para ser conocido como el hombre araña. Villegas es un jugador atípico en un mundillo cuanto menos curioso. El colombiano destaca por estar cachas (¿es un deportista, no?), de manera que ha salido en esas revistas para hombres con tíos desnudos en la portada, sobre fitness y demás. Claro que ahora que hasta periodistas protagonizan esas revistas… Bueno, que divago. Y además Villegas viste raro y tiene pose.
Por un lado, son cosas que se agradecen en un deporte al que Tiger (además de acrecentar su leyenda, impacto mediático, publicitario, etc.) le ha dado más aspecto atlético, después de las imágenes que dejaban jugadores como Colin Montgomerie o, ya exagerando, John Daly. A lo mejor a Villegas se le va un poco la mano en su contorsionismo y en su pose. Ni tanto ni tan poco como aquí a la derecha el gran Miguel Ángel Jiménez, que más parece estar celebrando la expansión empresarial de su negocio por el sureste asiático tirando unas bolas con sus colegas de palos el fin de semana. Había otra foto de la misma sesión (era durante unos entrenamientos para el British Open) del andaluz hablando, al mismo tiempo que fimaba su puro, por el móvil. Me cae genial Miguel Ángel Jiménez.