Los árbitros y Marc Jackson
-El Dépor continúa sabiendo sufrir. Es la mejor definición que se me ocurre para un equipo sacudido en el ánimo, al límite en lo físico y perseguido por las lesiones. Sigue preocupando la ceguera de Adrián de cara a al gol (ya no es que no marque, es que no dispara), pero si el equipo supera este bache (10 puntos de 27 posibles convalida como bache, ¿no?) la cosa promete. Entre otras cosas, porque Riki ya aporta y Guardado y Sergio lo harán en breve, y porque el calendario depara citas propicias en Riazor. Todos los implicados en el descenso visitarán A Coruña: Xerez, Almería, Zaragoza, Valladolid y Tenerife. El Dépor debe asegurar esos puntos.
Pero después del empate en Málaga, empieza a cundir entre algunos la sombra de las actuaciones arbitrales. A mí no me gusta especular sobre estas historias. El Dépor ha sufrido mala suerte y fatalidades en forma de lesiones, pero quejarse de los árbitros es un recurso de desesperación, y el equipo aún no está en ésas. Otra cosa es que Mateu Lahoz, después de su exhibición en Copa del Rey, fuese el más adecuado para dirigir otro partido en Liga. Echando la vista atrás, aparte de las polémicas de Riki (en Getafe y contra el Sporting en Riazor), un posible penalti a Pablo Álvarez contra el Valencia en Copa, y la caída de Bodipo en Sevilla que podría ser expulsión, no se me ocurren grandes robos que debatir. ¿Podéis ayudarme y sugerir más casos?
-Por la mañana, me tocó disfrutar y sufrir en Santiago. Disfrutar porque el ambiente que se vive en el Multiusos es especial, muy recomendable para cualquiera aunque no sea aficionado al Obradoiro (y si me apuras, ni al baloncesto). Sufrir porque perdió. Y además, por presenciar el adiós de Marc Jackson. He de decir que fui de los primeros en apuntarse a la teoría de que algo raro pasaba. Problemas internos, personales, o una mezcla de ambos. Pero parece ser que no. Que la renuncia del estadounidense es un caso de autocrítica brutal. Es posible que el propio jugador sea consciente de sus actuales limitaciones, las que aún le permiten seguir siendo un gigante ofensivo (como demostró este domingo, imparable para el mermado juego interior del Caja Laboral) pero que quedan a la vista de cualquier espectador cuando el balón le queda suelto por debajo de la cintura.
La rueda de prensa de hoy redundó en esta versión y las lágrimas de gente del club la barnizan de realidad. Podía encontrarse otra solución a costa quizás de otorgarle unos beneficios que crearían desequilibrios en el vestuario (Jackson dice que no podía con el ritmo de entrenar en doble sesión casi todos los días de la semana). ¿Una orquestada maniobra de maquillaje de un problema deportivo y extradeportivo, o un ejercicio de honestidad profesional con escasos precedentes en los últimos tiempos? Me inclino por lo segundo.


