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Cómic y cooperación

viernes, octubre 19th, 2012

Esta es una reseña que hace unos meses escribí para la revista de Médicos Sin Fronteras porque se me ocurrió que dos de los tebeos que había leído recientemente explicaban muy muy bien qué hacen, y por qué es tan importante su trabajo, las ONG sobre el terreno. Por aquí os dejé hace tiempo un trabajo de Moebius sobre otra organización humanitaria, la Cruz Roja.

El texto, al final, se quedó en algo más breve. Este es el original:

Hay muchas maneras de acercarse al trabajo que desde hace 40 años desarrolla Medicos Sin Fronteras. Dan cuenta de ello los medios de comunicación, esta misma revista que tiene usted entre sus manos, y también el cómic. El llamado noveno arte lleva unos años acercándose con tino a la realidad social. Y ahora lo hace también al mundo de la cooperación con dos trabajos muy recomendables y muy didácticos. Son El fotógrafo (editado por Sins Entido) del francés Didier Lefèvre, y Crónicas de Jerusalén (Astiberri) del canadiense Guy Delisle.

En ambas novelas gráficas (lo cierto es que habría que añadir que esto pasa en cualquier obra de Delisle) se acerca al público, con detalle, conocimiento y precisión, el trabajo de MSF. Y con el añadido de hacerlo desde ópticas, espacios y momentos diferentes: El fotógrafo recupera una intervención de la organización a mediados los años 80 en Afganistán. Crónicas de Jerusalén explica el día a día, ya en este siglo XXI, entre israelíes y palestinos. Coinciden ambos en utilizar la primera persona en su relato, una fórmula que permite acercarse mejor a las reflexiones de sus protagonistas sobre los problemas, retos y soluciones que ofrecen las instituciones humanitarias.

Los dos trabajos, con una ejecución artística impecable (cada uno a su modo) revelan, de forma paralela a sus historias mas personales, la evolución de MSF, desde los problemas para cruzar una frontera y llevar cargamento con mucho rudimento cuando la cooperacion era vista como algo casi extraterrestre; hasta la profesionalización del sector y el reparto del trabajo por áreas. Con sus ventajas y con sus inconvenientes.

El fotógrafo es un libro largo en el que se mezclan imagen real (fotografías) y dibujada para conformar un relato trepidante que engarza muy bien con el concepto más convencional de ayuda: auxiliar a quien lo necesita, superando los retos (terreno, guerra, hambre, frío…) que se pongan por delante.

Crónicas de Jerusalén toca otros ámbitos, quizá más presentes hoy, como las dificultades geopolíticas y sociales que se encuentra un expatriado. Con un punto de humor, que siempre se agradece. Y, como en El fotógrafo, con una nada disimulada denuncia sobre lo que se ve en esos territorios en conflicto muchos veces olvidados. Ver, contar y actuar.

El conflicto desde arriba

sábado, febrero 18th, 2012

Admito que solo con solo ver la portada del último trabajo de Guy Delisle me entró una pereza terrible. Otro relato de vivencias personales, con ese toque de humor e incluso algo de surrealismo, que este tipo ya no entregó con sus estancias en Corea del Norte, China o Birmania. Didácticas, sin duda. Pero, al fin y al cabo, ¿qué podía contar ahora sobre Jerusalén y el conflicto arabe-israelí que no sepamos por decenas de blogs, informaciones diarias y libros mejor o peor documentados? Quizá el único morbo era saber qué posición adoptaría aquí ante una crisis tan polarizada. El libro del canadiense errante durmió varias semanas en la estantería de lecturas pendientes.

El premio que le dieron hace unas semanas en Angouleme al mejor cómic del 2011 me llevó a pensar que, cómo otras muchas veces, tal vez que estaba equivocado. El tebeo lo he devorado en unas horas. Es una joya, didáctico, entretenido, sorprendente. Porque vuelve con la película de siempre, sí, esa que tan buen resultado le da: contar, casi sin querer, su día a día en una situación de conflicto (acompaña allá donde va a su mujer, administrativa en Médicos Sin Fronteras) donde es difícil permanecer ajeno, pero donde te pueden suceder episodios cotidianos, cercanos, que no llegan a través de los medios de comunicación. En sus anteriores tres trabajos biográficos (por el medio tiene ese estupendo cómic mudo llamado Luis va a la playa), Delisle aportaba algo muy valioso: información sobre lugares donde es difícil saber lo que sucede, por veto a la libre información. En el caso de Jerusalén, hay información fácil de encontrar, mucha, pero muy desordenada y muy parcial. Aquí el dibujante hace lo que mejor sabe: simplemente contar, sin valorar, optando por lo que se oye y ve en la calle, por lo que le cuentan sus amigos, con sus conflictos diarios y con sus contradicciones, esas que van desde la cooperación internacional hasta la posición que adopta en asuntos religiosos.

Este Crónicas de Jerusalén, nacido como un blog, es un libro estupendo para librarse de perjuicios, para no pensar que en Oriente Medio es todo negro o blanco, que no solo hay buenos o malos, y que hay un problema de enormes dimensiones en una franja tan diminuta de tierra. Aparte, constituye en algunas secuencias -como todos sus libros, se trata de una compilación de breves historias, de 4 a 6 páginas, a modo de diario- una estupenda guía de viajes, de cafés, de parques infantiles, de iglesias, mezquitas… Y sin patrocinio alguno. Y sin demagogias.

 

En la puta calle

viernes, mayo 7th, 2010

Hace años, en una de mis últimas prácticas antes de acabar la carrera, me hice un reportaje sobre la gente que vivía en la calle, los que dormían refugiados en portales o en los bajos del estadio de Riazor, los que comían en la cocina económica de Santiago, los que se quedaban pidiendo durante horas por las calles de la zona vieja compostelana… De una mayoría me asombró que, aun viendo una cámara, sonreían y pedían salir alegres. De otros, su silencio. Lo titulé «Vivo en la puta calle».

miguel

Miguel, 15 años en la calle me ha traido esos recuerdos. El cómic de Miguel Fuster es un ejercicio soberbio de sinceridad, de exploración de sus tres lustros tirado por Barcelona, por los montes alejados de la ciudad buscando calor, medigando para comprar un cartón de vino, los miedos a la noche, la gente que se quedó por el camino… Miguel se retrata sin complejos, como un tipo perdido, alcoholizado, olvidado, pero aún consciente de su situación. Un dibujante al que le pasó de lado al suerte y que acabó junto a yonkis y tipos enloquecidos. ¿Cuándo se convierte uno en un vagabundo? La obra, además de su valor documental, tiene un tratamiento estético acertado, cuatro trazos, borrones casi, para describir a personajes y paisajes urbanos. Hay muchas, demasiadas, sombras, pero un halo de cierto optimismo conjugado con monólogos largos, a veces excesivamente poéticos. La credibilidad es lo mejor de este álbum que acaba de sacar Glénat.

miguel_interior

Actualización: aquí puedes leer entera la reseña de esta obra en el suplemento Culturas.