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Entradas para la categoría ‘Reseñas’

¿El mejor cómic de la historia?

domingo, noviembre 25th, 2012

Así es, según los lectores de la publicación francesa L’Express. Una opinión subjetiva, claro, y ellos mismos lo dicen, pero significativa porque viene de un lugar en el el cómic es una expresión cultural muy tomada en cuenta. No digo de masas, pero…

En la lista de L’Express están otros 9 tebeos esenciales. A Tintín en el Tibet, de ese señor tan añorado llamado Hergé, le siguen esa joya-de-obligada-lectura llamada Maus, de Art Spiegelman; y La Balada del Mar Salado, de mi adorado Corto Maltés, digo, Hugo Pratt. Estos dos sí estarían seguro en mi podio particular. El primero me gustó, fue de las primeras obras que leí de Tintín, pero admito que no fue de las que me dejó huella. La elección sorprende.

En la lista con los 10 primeros de la lista francesa. hay solo 3 obras no europeas, que son norteamericanas. ¿Y Japón? La relación completa la puedes ver aquí.  Aparecen otras predilecciones personales como La ascensión del gran mal, de David B, o Watchmen, de Moore y Gibbons. Y no sé si algún Tintín se colocaría entre mis 10 predilectos… Tal vez Las joyas de la Castafiore o Tintín y Los Pícaros. Con perdón.

 

Sobre el vaho de la memoria

lunes, noviembre 19th, 2012

A partir de este boceto, perpetrado hace unos 6 años en un hotel de Corea del Sur, nació Ardalén de la mano de Miguelanxo Prado. El cómic llega esta semana a las librerías. Kiko da Silva dice que es un libro incluso mejor que Trazo de tiza. Y si lo dice alguien que sabe tanto de tebeos… Puedes comprobar la calidad de este trabajo pasándote por aquí y leyendo sus 40 primeras páginas.

Tuve la inmensa suerte de leer Ardalén hace ya dos semanas, una cortesía que nunca agradeceré suficiente. Y con ese material escribí estas líneas en el Culturas de La Voz de Galicia:

El debate que sirve de excusa para presentar Ardalén es apasionante, y conviene empezar por esto: somos lo que somos porque recordamos, porque tenemos la seguridad (inconsciente) de que al levantarnos seguiremos sabiendo quién somos. Porque intuimos que todo eso, la memoria, es inalterable. Es nuestra. Pero ¿sería posible asimilar los recuerdos de otra persona? ¿No es cierto que si, por lo que sea, recordásemos lo que olvidamos, y olvidamos lo que recordamos, nos convertiríamos en otra persona?

Sobre ese asiento, el de la memoria, el de los recuerdos, acomoda Miguelanxo Prado la obra más extensa, tal vez más compleja y mejor ejecutada de su carrera. Regresa el dibujante coruñés a su género, el cómic, tras su muy personal apuesta cinematográfica, De profundis, un largometraje de animación que se emparenta mucho con este Ardalén, sobre todo en las incursiones en el mar que tan bien sabe desarrollar Prado.

Desde el 2004 no publicaba nada nuevo el también director de Viñetas desde o Atlántico. Su último lanzamiento en dibujo fue aquel La mansión de los Pampín que se llevó el premio a la mejor obra en el Salón de Barcelona. Ardalén, que ha supuesto cuatro años de desarrollo, nada tiene que ver con aquella premonitoria fábula sobre la especulación inmobiliaria. Y viene además con una novedad: es la primera vez que Prado verá su obra publicada, a un mismo tiempo, en gallego (la lengua en la que se expresa habitualmente) y castellano. Ambas llegan a la librería este 20 de noviembre. Publican, respectivamente, El Patito Editorial y Norma. Hasta la fecha lo normal era leer cualquier estreno de Prado en francés antes que en gallego. Se ha puesto fin a la paradoja. El resto de traducciones, media docena ya firmadas, y que el dibujante está haciendo manualmente en su casa (para reproducir la tipografía diferente que emplea para cada personaje) no estarán hasta la primavera.

Ardalén es un trabajo lleno de matices, de esquinas por las que parece que se escapa el relato. Con desconexiones que chocan pero que al final conforman todo el cuadro. Arranca con un extraño, pero bello, poema visual de cuatro páginas sobre unos paisajes que inspirados certeramente en Os Ancares (Lugo), donde se ambienta una obra que va viajando por Cuba, Venezuela y A Coruña desde mediados del siglo pasado. Habla ese poema de la quietud del mar y de la facilidad que tiene para devorar barcos y hombres, y su significado no se termina de entender hasta llegar a las últimas páginas.

Por el medio aparece una historia de investigación personal, la de una joven, Sabela, que trata de reconstruir (sin saber muy bien por qué) la vida de su abuelo tras emigrar a América, volver y regresar de nuevo al Caribe, sin que hubiera más pistas sobre su paradero. Una historia, esta de la emigración fallida, en la que se reconocerán muchos hogares. Las pistas de Sabela la llevan a una aldea por la zona de Noceda en la que conocerá a Fidel, un tipo anciano que, dicen, es el único que se fue a ultramar.

Pero su memoria, aparentemente, no está para mucha arqueología. La relación que a partir de su encuentro tejen Sabela y Fidel lleva a tres tiempos diferentes: presente, pasado y ficción. Y es en el tercero cuando vuela la imaginación del anciano y cuando la obra alcanza su pico emocional. Y Prado, su cumbre creativa. Las imágenes de salas de estar convertidas en un acuario, las secuencias de bailes imaginados o del paso de enormes ballenas por un prado tienen una fuerza estremecedora, deudoras del movimiento del realismo mágico. La trama se mueve así con soltura entre la realidad y la ficción, con una sucesión de personajes secundarios muy bien caracterizados, con diálogos estupendos y un acabado apenas perceptible, sin estridencias cromáticas, y una variada composición de planos.

Hay tres tiempos narrativos en Ardalén (nombre inventado de una especie de viento que cruza océanos), y pausas entre capítulos en los que se cuela un breve ensayo sobre la memoria, una entrevista, un tratado sobre ballenas… Y un conjunto de documentos (documentos de naufragios, resúmenes meteorológicos, cartas de la emigración, billetes de pasaje a América…).

El juego es el mismo que en Trazo de tiza: se deja en manos del lector el peso de cerrar la historia. Todo con la verosimilitud, empaque dramático y justificación narrativa suficientes para que uno se haga su propia composición y vaya reconstruyendo el complejo hipotálamo de Fidel, siempre a punto de evaporarse.

¿El mejor cómic de Prado? Opinen

Cómic y cooperación

viernes, octubre 19th, 2012

Esta es una reseña que hace unos meses escribí para la revista de Médicos Sin Fronteras porque se me ocurrió que dos de los tebeos que había leído recientemente explicaban muy muy bien qué hacen, y por qué es tan importante su trabajo, las ONG sobre el terreno. Por aquí os dejé hace tiempo un trabajo de Moebius sobre otra organización humanitaria, la Cruz Roja.

El texto, al final, se quedó en algo más breve. Este es el original:

Hay muchas maneras de acercarse al trabajo que desde hace 40 años desarrolla Medicos Sin Fronteras. Dan cuenta de ello los medios de comunicación, esta misma revista que tiene usted entre sus manos, y también el cómic. El llamado noveno arte lleva unos años acercándose con tino a la realidad social. Y ahora lo hace también al mundo de la cooperación con dos trabajos muy recomendables y muy didácticos. Son El fotógrafo (editado por Sins Entido) del francés Didier Lefèvre, y Crónicas de Jerusalén (Astiberri) del canadiense Guy Delisle.

En ambas novelas gráficas (lo cierto es que habría que añadir que esto pasa en cualquier obra de Delisle) se acerca al público, con detalle, conocimiento y precisión, el trabajo de MSF. Y con el añadido de hacerlo desde ópticas, espacios y momentos diferentes: El fotógrafo recupera una intervención de la organización a mediados los años 80 en Afganistán. Crónicas de Jerusalén explica el día a día, ya en este siglo XXI, entre israelíes y palestinos. Coinciden ambos en utilizar la primera persona en su relato, una fórmula que permite acercarse mejor a las reflexiones de sus protagonistas sobre los problemas, retos y soluciones que ofrecen las instituciones humanitarias.

Los dos trabajos, con una ejecución artística impecable (cada uno a su modo) revelan, de forma paralela a sus historias mas personales, la evolución de MSF, desde los problemas para cruzar una frontera y llevar cargamento con mucho rudimento cuando la cooperacion era vista como algo casi extraterrestre; hasta la profesionalización del sector y el reparto del trabajo por áreas. Con sus ventajas y con sus inconvenientes.

El fotógrafo es un libro largo en el que se mezclan imagen real (fotografías) y dibujada para conformar un relato trepidante que engarza muy bien con el concepto más convencional de ayuda: auxiliar a quien lo necesita, superando los retos (terreno, guerra, hambre, frío…) que se pongan por delante.

Crónicas de Jerusalén toca otros ámbitos, quizá más presentes hoy, como las dificultades geopolíticas y sociales que se encuentra un expatriado. Con un punto de humor, que siempre se agradece. Y, como en El fotógrafo, con una nada disimulada denuncia sobre lo que se ve en esos territorios en conflicto muchos veces olvidados. Ver, contar y actuar.

Esto tiene ya 50 años

miércoles, octubre 17th, 2012

Y forma parte de los libros que rescataría de un incendio con urgencia. El cumpleaños lo recordaba estos días Juan Díaz Canales, genio contemporáneo del cómic. En junio de 1962 Alberto Breccia y Héctor Germán Oesterheld (que venían de fracasar con algunas historietas previas) comenzaban a publicar Mort Cinder en la revista argentina Misterix, por la que desfilaron, entre otros, Hugo Pratt y Solano López. Eran años de esplendor económico en el cono sur americano. También en el cómic, y propicia algunas de las mejores obras del género.

La serie se desarrolló hasta marzo de 1964, con una estructura similar, apenas 4, 6 páginas por historieta, a veces editado de forma vertical, otras, apaisado. Y con dos personajes esenciales: Ezra Winston, un anticuario británico, y un personaje ficcionado, Mort Cinder, un tipo llegado de no se sabe dónde, un hombre eterno, que con los objetos de la tienda de Winston va reconstruyendo la Historia, con episodios que dice haber vivido directamente. El guion de Oesterheld, que estaba en un momento profesional delicado (problemas económicos frente a excelencia creativa) es soberbio, con un retrato humano e histórico impecable. Eso no envejece. Podría hacerlo la parte técnica, el dibujo. Pero, 50 años después, sigue impresionando el pulso de Breccia, sus texturas, sus sombras, sus profundidades… Obliga a perderse mucho en cada secuencia, a mirar con detalle, y a apreciar la evolución de una historieta que va avanzando y madurando para evitar convertirse en algo previsible. Si os interesa la obra, os recomiendo que paséis por aquí.

Es Mort Cinder una de esas obras (como El Eternauta, Maus, Blueberry, Tintín, Corto Maltés, Watchmen o Paracuellos, así, sin pararme demasiado a pensar) imprescindibles. Aunque esta, lamentablemente, es difícil de encontrar hoy en una librería… La imagen superior es de la última edición integral que conozco en España, de Planeta de Agostini.

Otro tipo de Bloomsday

sábado, junio 16th, 2012

Hoy es Bloomsday. Para los que no hemos leído el Ulises de James Joyce (y no nos da vergüenza decirlo) el 16 de junio es una jornada más en el apacible calendario de días huecos. Para muchos que, en cambio, sí lo han hecho se trata de una jornada global de exaltación, recuerdo y excursión en torno a Leopoldo Bloom, protagonista de aquella novela del irlandés.

Por pura ignorancia, carezco de motivación para celebrar el Bloomsday. Pero hay encima de mi mesa, entre 18 cómics pendientes de reseñar, un trabajo estupendo sobre Joyce. Y ya saben aquello de la ocasión y el oportunismo…

La ruta Joyce de Alfonso Zapico es un trabajo sumamente entretenido, ligero, ameno, ágil, con toques de humor, y que sirve de alternativa guía de viajes por las ciudades que conformaron el imaginario de Joyce: Dublín, Trieste, París y Zurich. En cada uno de esos territorios hay un rastro de aquel extraño irlandés. Zapico, sin quererlo, hace un triple trabajo: expone la vida de Joyce, cuenta sus propios avatares como viajero mochilero, y compone una guía por 4 urbes a las que saca mucho jugo, evitando estereotipos, encontrándose con amigos, y apuntando con sorna donde están las propias lagunas de la ruta Joyce. Porque no todas las ciudades han sabido (o querido) preservar la memoria de aquel autor.

El dibujante asturiano, por cierto, se documenta bien sobre Joyce. Dublinés, su anterior trabajo, también en Astiberri, ya daba abundantes puntadas. Un trabajo más formal que este, una especie de continuación o making-off del anterior. No se lo pierdan. Y luego lean a Joyce. Yo igual me pongo a ello.

Releer Trazo de tiza / xiz

viernes, junio 1st, 2012

A los dibujantes gallegos no les extraña (aunque sé que a muchos les aburre ya la cuestión) que en medio de una entrevista se les interrogue por la influencia de Miguelanxo Prado, uno de los mejores creadores de cómic en Europa, pero cuya ascendencia en el nuevo cómic gallego es, podemos decir, algo limitada. Prado es un dibujante soberbio, uno de los tipos con una producción más variopinta y personal, un fenómeno global. Pero de tamaña proyección internacional que, al igual que en el apunte anterior, le ha faltado, curiosamente, llegar más en su territorio y, sobre todo, poder leerse en el idioma en el que él tan bien se expresa: el gallego. Hace unos años, El Patito Editorial inició la recuperación de las obras de Prado hasta llegar ahora a su cumbre:

La publicación en gallego de este Trazo de xiz, y la nueva edición que acaba de presentar Norma (su editorial en España), son la excusa perfecta para recuperar uno de los 10 mejores tebeos que he leído en toda mi vida (y he leído algo más de 10), un trabajo complejo, extraño, dibujado con sumo tacto (naturaleza, paisajes, pasajes…) y con un final abierto, de varias aristas, y en un tiempo indefinido. Un único escenario (una diminuta isla) y un grupo de adultos que guardan muchos secretos. Es una de las mejores inversiones que puedes hacer para tu biblioteca.

Prado prepara ahora (esperemos que al fin para acabar el 2012) Ardalén. Una ambiciosa novela gráfica sobre la memoria, las familias, los recuerdos. Recuerda algo a esa perla de hace 20 años que se mantiene hoy igualmente rompedora. Las nuevas ediciones recuperan algunas apreciaciones personales de Prado, bocetos, dibujos pensados para portadas, otros diseños y perspectivas de personajes y hasta alguna señal sobre botánica y animales varios (las siempre presentes gaviotas).

Un par de apuntes finales: Exposición sobre Prado en el fabuloso Garaxe Hermético, y un tebeo gratis: A mansión dos Pampín, premio en el Salón de BCN e irónica denuncia sobre la especulación inmobiliaria.

 

Los flojos cómics del 15-M

domingo, mayo 13th, 2012

La exageradamente llamada Spanish revolution pilló por sorpresa a casi todo el mundo. Era difícil de explicar, de entender, de contextualizar y, sobre todo, de adivinar el futuro que tenía por delante. Un año después, la vuelta de miles de personas a la calle reivindicando, nuevamente, un cambio individual y global, demuestra que el 15-M no fue flor de unos meses. A ese voluntarioso y extraordinario movimiento le dio nombre un libro, Indignaos, del francés Stephane Hessel, y tras él surgieron otros muchos trabajos, algunos más panfletos que ensayos con cierto afán de perdurar.

La mayoría de cómics editados al calor de ese movimiento forman parte de la primera categoría. Las viñetas no han logrado captar aún, en una buena obra, todo lo que el 15-M significa. Las tres obras que tuve oportunidad de leer tras el pasado verano, surgidas cuando el movimiento de los indignados estaba muy presente, me dejaron frío. Tanto que terminé por regalarlas a alguien que seguro que las apreciaba mejor. Os dejo aquí lo que escribí de aquellos trabajos hace ya 9 meses (sigo pensando lo mismo):

Era cuestión de tiempo que el movimiento del 15-M llegara al cómic, el medio más cercano para buena parte de los miembros de este heterogéneo colectivo. Las obras que las editoriales han sacado estas últimas semanas revelan una cierta urgencia —se nota en varias erratas—, bien por la necesidad de evitar que esto quede en el olvido, bien por el propio interés de las editoriales ante la magnitud social, mediática y política que ha tomado el asunto.
Comparten Cuaderno de Sol (la única de un solo autor), la propia Yes We Camp! (el título se lo da una de las consignas más repetidas de los acampados) y Revolution Complex virtudes como la ironía, la reflexión, la crónica, el compromiso… Pero también vicios como un exceso de complacencia y polaridad: los buenos están a un lado (acampados) y los malos, al otro (policía, medios de comunicación, políticos y banqueros). Se sale de su lectura con una buena dosis de información, pero sin una imagen clara y completa sobre la spanish revolution. Quizá por la propia heterodoxia del movimiento, con múltiples aristas. Pese al notable elenco de nombres que pasan por estas obras (más de 60), no hay respuesta a unas dudas para el lego en este fenómeno: ¿cómo nace el 15-M?, ¿de dónde parte la idea? y, sobre todo, ¿qué va a ser de todo esto? A los indignados se les presupone, y así lo han demostrado, una gran imaginación, audacia y descaro para responder a los retos que presenta el cambiante siglo XXI en que es difícil encontrar acomodo.

Revolution Complex, una obra colectiva, responde a esa misma premisa. De los nacidas al calor del 15-M, es el cómic más atrevido a nivel artístico, y el más homogéneo en su resultado. Hay desde ridiculizantes historias sobre los activistas prosistema —¿qué pasaría si fueran los ricos los que acamparan?, se preguntaron con irreverencia Pepe Larraz, Miguel Ángel Vázquez y Jordi Pastor— hasta entrevistas, aparentemente reales del italiano Stassi (un tipo muy comprometido políticamente) que hace doméstico el 15-M. Muy reseñables son las tiras de Artur Laperla y Marcos Prior, en la mejor tradición de la viñeta de prensa. Un descubrimiento. Prior, junto a Homs, firma además una soberbia secuencia sobre el nacimiento del odio, de la venganza y de la rencilla que empaña la sociedad contemporánea. El tamiz en blanco y negro de todas las páginas le aporta, además un cierto toque fanzine, muy propio del tema.

Yes We Camp! (en el enlace lo puedes leer íntegro) comparte el espíritu colectivo, sin protagonismos individuales (seña propia del 15-M), con miniensayos entre las historietas, y nombres muy reconocidos e ilustres: Paco Roca (casi siempre excepcional, aunque flojea aquí), Pere Joan, Eduard Punset, Miguel Gallardo, Carlos Giménez… Y gratos descubrimientos como Ximo Abadía o Pere Mejan. Quizá por esa amalgama de nombres hay demasiadas diferencias, lugares comunes y el resultado no es nada redondo.

La más floja es Cuaderno de Sol. Enrique Flores tenía mimbres para hacer una obra estupenda. Es un buen dibujante, y su implicación en el 15-M, tras días enteros en la Puerta del Sol, le debería permitir hacer algo mejor que esta apología. La obra es una sucesión inconexa de viñetas de difícil lectura —se entiende, porque las hizo sobre el terreno—, confusas, con demasiado ruido y excesivamente complacientes. Le falta, además, algo a lo que Flores habría podido llegar con naturalidad: sentimiento. Aunque igual esa era su intención.

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Economía para estúpidos

jueves, mayo 10th, 2012

Hay gente que se ha propuesto seriamente explicarnos qué nos está pasando, sin darle rodeos y sin dárselas de nuevo economista (esos que son expertos en predecir el pasado). Y es necesario tener algunas pautas muy claras para entender muchas de las historias que se leen a diario en los periódicos desde que se inició esta pendiente (en agosto se cumplirán 5 años del primer toque de atención). Hay ensayos bien jugosos en las librerías. Particularmente a mí se me aclararon algunas dudas tras leer Hay alternativas; Huy! Por qué todo el mundo debe a todo el mundo y nadie puede pagar; y Grietas del sistema. Se explican muy bien los motivos por los que el planeta se va por el fregadero, y se apuntan soluciones fáciles e entender, y posibles.

En el cómic hay algún outsider que también trata de explicar, a su manera, lo que ocurre en el mundo. Poco después de que aflorara el 15M se editaron varios cómics con resultados diversos: desde infantiles odas hasta ensayos dibujados muy atinados (en otro momento haremos un resumen). Y en medio de todo ello aparece Aleix Saló. Un creador sin proponérselo, con una cabeza muy bien amueblada que fue capaz de resumir a la perfección la burbuja inmobiliaria con este vídeo (y, paralelamente, cómic): Españistán: este país se va a la mierda (y razón no le ha faltado)

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El tipo no debió de quedarse tranquilo con este trabajo y ahora llega la continuación. Españistán tenía lagunas, un dibujo que no convencía, y argumentos conocidos y algo ligeros. Simiocracia, su segundo trabajo, es mejor. Igual de sencillo, con un ritmo tremendo, pero llegando algo más allá en su explicación de la crisis, con sorna, con gracia, y con muy mala leche en el fondo, recordando cómo entre los dos grandes partidos han ido creando una burbuja a su medida, y con los medios jugando un papel a veces idiotizante, desmontando las verdades asumidas y, sobre todo, preguntándose sin parar el por qué de cada situación, medida o decisión. Simiocracia es un trabajo para despertarse y, si uno le hace mucho caso, para irse a las calles con ganas de… Con ganas, cuando menos, de no acabar como el tipo de la portada de este libro. Recomendable.