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¡¡¡Extra!!! Concurso heroico

Escrito por Rubén Santamarta
1 de diciembre de 2012 a las 16:42h

Desde esta semana está ya en las librerías El heróe 2, punto final a una de las mejores obras de los últimos 5 años. Y David Rubín anda ya de gira para presentarlo, empezando por Madrid: Expocómic, FNAC… Luego llegará Barcelona y el miércoles primera presentación en Galicia. Será en Alita, en A Coruña. Y en colaboración con la buena gente de esta librería (que está de décimo aniversario, por cierto), en la BDteca sorteamos dos ejemplares de la última obra de Rubín. La mecánica es tan sencilla que sonroja contarla: solo tenéis que comentar que es lo que más os gustó de El héroe 1. Sin más. Y a esperar por el premio. El miércoles, último día para participar.

¡Suerte a todos!

¿El mejor cómic de la historia?

Escrito por Rubén Santamarta
25 de noviembre de 2012 a las 23:52h

Así es, según los lectores de la publicación francesa L’Express. Una opinión subjetiva, claro, y ellos mismos lo dicen, pero significativa porque viene de un lugar en el el cómic es una expresión cultural muy tomada en cuenta. No digo de masas, pero…

En la lista de L’Express están otros 9 tebeos esenciales. A Tintín en el Tibet, de ese señor tan añorado llamado Hergé, le siguen esa joya-de-obligada-lectura llamada Maus, de Art Spiegelman; y La Balada del Mar Salado, de mi adorado Corto Maltés, digo, Hugo Pratt. Estos dos sí estarían seguro en mi podio particular. El primero me gustó, fue de las primeras obras que leí de Tintín, pero admito que no fue de las que me dejó huella. La elección sorprende.

En la lista con los 10 primeros de la lista francesa. hay solo 3 obras no europeas, que son norteamericanas. ¿Y Japón? La relación completa la puedes ver aquí.  Aparecen otras predilecciones personales como La ascensión del gran mal, de David B, o Watchmen, de Moore y Gibbons. Y no sé si algún Tintín se colocaría entre mis 10 predilectos… Tal vez Las joyas de la Castafiore o Tintín y Los Pícaros. Con perdón.

 

Sobre el vaho de la memoria

Escrito por Rubén Santamarta
19 de noviembre de 2012 a las 22:03h

A partir de este boceto, perpetrado hace unos 6 años en un hotel de Corea del Sur, nació Ardalén de la mano de Miguelanxo Prado. El cómic llega esta semana a las librerías. Kiko da Silva dice que es un libro incluso mejor que Trazo de tiza. Y si lo dice alguien que sabe tanto de tebeos… Puedes comprobar la calidad de este trabajo pasándote por aquí y leyendo sus 40 primeras páginas.

Tuve la inmensa suerte de leer Ardalén hace ya dos semanas, una cortesía que nunca agradeceré suficiente. Y con ese material escribí estas líneas en el Culturas de La Voz de Galicia:

El debate que sirve de excusa para presentar Ardalén es apasionante, y conviene empezar por esto: somos lo que somos porque recordamos, porque tenemos la seguridad (inconsciente) de que al levantarnos seguiremos sabiendo quién somos. Porque intuimos que todo eso, la memoria, es inalterable. Es nuestra. Pero ¿sería posible asimilar los recuerdos de otra persona? ¿No es cierto que si, por lo que sea, recordásemos lo que olvidamos, y olvidamos lo que recordamos, nos convertiríamos en otra persona?

Sobre ese asiento, el de la memoria, el de los recuerdos, acomoda Miguelanxo Prado la obra más extensa, tal vez más compleja y mejor ejecutada de su carrera. Regresa el dibujante coruñés a su género, el cómic, tras su muy personal apuesta cinematográfica, De profundis, un largometraje de animación que se emparenta mucho con este Ardalén, sobre todo en las incursiones en el mar que tan bien sabe desarrollar Prado.

Desde el 2004 no publicaba nada nuevo el también director de Viñetas desde o Atlántico. Su último lanzamiento en dibujo fue aquel La mansión de los Pampín que se llevó el premio a la mejor obra en el Salón de Barcelona. Ardalén, que ha supuesto cuatro años de desarrollo, nada tiene que ver con aquella premonitoria fábula sobre la especulación inmobiliaria. Y viene además con una novedad: es la primera vez que Prado verá su obra publicada, a un mismo tiempo, en gallego (la lengua en la que se expresa habitualmente) y castellano. Ambas llegan a la librería este 20 de noviembre. Publican, respectivamente, El Patito Editorial y Norma. Hasta la fecha lo normal era leer cualquier estreno de Prado en francés antes que en gallego. Se ha puesto fin a la paradoja. El resto de traducciones, media docena ya firmadas, y que el dibujante está haciendo manualmente en su casa (para reproducir la tipografía diferente que emplea para cada personaje) no estarán hasta la primavera.

Ardalén es un trabajo lleno de matices, de esquinas por las que parece que se escapa el relato. Con desconexiones que chocan pero que al final conforman todo el cuadro. Arranca con un extraño, pero bello, poema visual de cuatro páginas sobre unos paisajes que inspirados certeramente en Os Ancares (Lugo), donde se ambienta una obra que va viajando por Cuba, Venezuela y A Coruña desde mediados del siglo pasado. Habla ese poema de la quietud del mar y de la facilidad que tiene para devorar barcos y hombres, y su significado no se termina de entender hasta llegar a las últimas páginas.

Por el medio aparece una historia de investigación personal, la de una joven, Sabela, que trata de reconstruir (sin saber muy bien por qué) la vida de su abuelo tras emigrar a América, volver y regresar de nuevo al Caribe, sin que hubiera más pistas sobre su paradero. Una historia, esta de la emigración fallida, en la que se reconocerán muchos hogares. Las pistas de Sabela la llevan a una aldea por la zona de Noceda en la que conocerá a Fidel, un tipo anciano que, dicen, es el único que se fue a ultramar.

Pero su memoria, aparentemente, no está para mucha arqueología. La relación que a partir de su encuentro tejen Sabela y Fidel lleva a tres tiempos diferentes: presente, pasado y ficción. Y es en el tercero cuando vuela la imaginación del anciano y cuando la obra alcanza su pico emocional. Y Prado, su cumbre creativa. Las imágenes de salas de estar convertidas en un acuario, las secuencias de bailes imaginados o del paso de enormes ballenas por un prado tienen una fuerza estremecedora, deudoras del movimiento del realismo mágico. La trama se mueve así con soltura entre la realidad y la ficción, con una sucesión de personajes secundarios muy bien caracterizados, con diálogos estupendos y un acabado apenas perceptible, sin estridencias cromáticas, y una variada composición de planos.

Hay tres tiempos narrativos en Ardalén (nombre inventado de una especie de viento que cruza océanos), y pausas entre capítulos en los que se cuela un breve ensayo sobre la memoria, una entrevista, un tratado sobre ballenas… Y un conjunto de documentos (documentos de naufragios, resúmenes meteorológicos, cartas de la emigración, billetes de pasaje a América…).

El juego es el mismo que en Trazo de tiza: se deja en manos del lector el peso de cerrar la historia. Todo con la verosimilitud, empaque dramático y justificación narrativa suficientes para que uno se haga su propia composición y vaya reconstruyendo el complejo hipotálamo de Fidel, siempre a punto de evaporarse.

¿El mejor cómic de Prado? Opinen

El primer manga español

Escrito por Rubén Santamarta
2 de noviembre de 2012 a las 20:48h

El hallazgo lo acaba de revelar Antonio Martín, de Tebeosfera, y el artículo completo se puede leer aquí durante el salón temático de Barcelona. Esto tiene más de 80 años. ¿Quién sabía entonces qué cosa era eso del manga? Sinceramente, no soy de los que tienen este género entre sus preferencias. Pero siempre me ha gustado la arqueología bibliográfica.

En breve en las librerías…

Escrito por Rubén Santamarta
31 de octubre de 2012 a las 15:48h

Esta es la carta de presentación, la portada, de la segunda parte de El Héroe, el mayor trabajo hasta la fecha de David Rubín. Deslumbró con la primera parte, y no se espera menos de la segunda. Lleva meses dejándose las uñas el tipo en este cómic y la primera parte acaba de salir al mercado europeo.

Astiberri, que, como (casi) siempre edita a David, acaba de mandar el tocho a la imprenta. El día 30 de noviembre lo tendrán en sus librerías. Paguen por ello. Merecerá, mucho, la pena. Esto dice Craig Thompson, autor de las sobresalientes (y también cómic-río) Habibi y Blankets: “Estas páginas se perciben como inmensas, expansivas y cinéticas. Palpitan y resplandecen. En el trazo de su pincel, los personajes clásicos reciben nuevas voces, que suenan a la vez ruidosas y peligrosas, eróticas y urgentes; relevantes”.

Cómic y cooperación

Escrito por Rubén Santamarta
19 de octubre de 2012 a las 20:00h

Esta es una reseña que hace unos meses escribí para la revista de Médicos Sin Fronteras porque se me ocurrió que dos de los tebeos que había leído recientemente explicaban muy muy bien qué hacen, y por qué es tan importante su trabajo, las ONG sobre el terreno. Por aquí os dejé hace tiempo un trabajo de Moebius sobre otra organización humanitaria, la Cruz Roja.

El texto, al final, se quedó en algo más breve. Este es el original:

Hay muchas maneras de acercarse al trabajo que desde hace 40 años desarrolla Medicos Sin Fronteras. Dan cuenta de ello los medios de comunicación, esta misma revista que tiene usted entre sus manos, y también el cómic. El llamado noveno arte lleva unos años acercándose con tino a la realidad social. Y ahora lo hace también al mundo de la cooperación con dos trabajos muy recomendables y muy didácticos. Son El fotógrafo (editado por Sins Entido) del francés Didier Lefèvre, y Crónicas de Jerusalén (Astiberri) del canadiense Guy Delisle.

En ambas novelas gráficas (lo cierto es que habría que añadir que esto pasa en cualquier obra de Delisle) se acerca al público, con detalle, conocimiento y precisión, el trabajo de MSF. Y con el añadido de hacerlo desde ópticas, espacios y momentos diferentes: El fotógrafo recupera una intervención de la organización a mediados los años 80 en Afganistán. Crónicas de Jerusalén explica el día a día, ya en este siglo XXI, entre israelíes y palestinos. Coinciden ambos en utilizar la primera persona en su relato, una fórmula que permite acercarse mejor a las reflexiones de sus protagonistas sobre los problemas, retos y soluciones que ofrecen las instituciones humanitarias.

Los dos trabajos, con una ejecución artística impecable (cada uno a su modo) revelan, de forma paralela a sus historias mas personales, la evolución de MSF, desde los problemas para cruzar una frontera y llevar cargamento con mucho rudimento cuando la cooperacion era vista como algo casi extraterrestre; hasta la profesionalización del sector y el reparto del trabajo por áreas. Con sus ventajas y con sus inconvenientes.

El fotógrafo es un libro largo en el que se mezclan imagen real (fotografías) y dibujada para conformar un relato trepidante que engarza muy bien con el concepto más convencional de ayuda: auxiliar a quien lo necesita, superando los retos (terreno, guerra, hambre, frío…) que se pongan por delante.

Crónicas de Jerusalén toca otros ámbitos, quizá más presentes hoy, como las dificultades geopolíticas y sociales que se encuentra un expatriado. Con un punto de humor, que siempre se agradece. Y, como en El fotógrafo, con una nada disimulada denuncia sobre lo que se ve en esos territorios en conflicto muchos veces olvidados. Ver, contar y actuar.

Esto tiene ya 50 años

Escrito por Rubén Santamarta
17 de octubre de 2012 a las 23:05h

Y forma parte de los libros que rescataría de un incendio con urgencia. El cumpleaños lo recordaba estos días Juan Díaz Canales, genio contemporáneo del cómic. En junio de 1962 Alberto Breccia y Héctor Germán Oesterheld (que venían de fracasar con algunas historietas previas) comenzaban a publicar Mort Cinder en la revista argentina Misterix, por la que desfilaron, entre otros, Hugo Pratt y Solano López. Eran años de esplendor económico en el cono sur americano. También en el cómic, y propicia algunas de las mejores obras del género.

La serie se desarrolló hasta marzo de 1964, con una estructura similar, apenas 4, 6 páginas por historieta, a veces editado de forma vertical, otras, apaisado. Y con dos personajes esenciales: Ezra Winston, un anticuario británico, y un personaje ficcionado, Mort Cinder, un tipo llegado de no se sabe dónde, un hombre eterno, que con los objetos de la tienda de Winston va reconstruyendo la Historia, con episodios que dice haber vivido directamente. El guion de Oesterheld, que estaba en un momento profesional delicado (problemas económicos frente a excelencia creativa) es soberbio, con un retrato humano e histórico impecable. Eso no envejece. Podría hacerlo la parte técnica, el dibujo. Pero, 50 años después, sigue impresionando el pulso de Breccia, sus texturas, sus sombras, sus profundidades… Obliga a perderse mucho en cada secuencia, a mirar con detalle, y a apreciar la evolución de una historieta que va avanzando y madurando para evitar convertirse en algo previsible. Si os interesa la obra, os recomiendo que paséis por aquí.

Es Mort Cinder una de esas obras (como El Eternauta, Maus, Blueberry, Tintín, Corto Maltés, Watchmen o Paracuellos, así, sin pararme demasiado a pensar) imprescindibles. Aunque esta, lamentablemente, es difícil de encontrar hoy en una librería… La imagen superior es de la última edición integral que conozco en España, de Planeta de Agostini.

El «crowdfunding» llega al cómic

Escrito por Rubén Santamarta
13 de octubre de 2012 a las 18:09h

Y algunos os preguntaréis (yo mismo lo hice), ¿qué es eso del crowdfunding? Resumiendo, es una forma de donación con el que financiar la creación artística en estos tiempos en los que abundan las buenas ideas, pero escasea el dinero. Es algo así como un micromecenazgo que lleva funcionando unos cuantos años a través de varias plataformas, y que ha llegado también al cómic.

Mariano Casas, que es uno de los tipos más inquietos en la edición de cómic (ha explorado varias soluciones para editar sus trabajos, incluyendo, claro, la de colgarlos gratis en Internet), acaba de poner en marcha su proyecto de crowdfunding con el que espera obtener unos 4.500 euros con los que financiar su, dice, proyecto más ambicioso: El Club del Miedo. La imagen superior es la primera de las 220 páginas que tendrá cuando vea la luz, si todo sale bien, en el 2013.

Mariano resume así su obra: «El Club del Miedo es la historia de Miguel, un niño que huye de sus padres, entre los que acaba de presenciar una fuerte discusión. Miguel es un niño peculiar, con una poderosa (y peligrosa) imaginación que le hace a veces distorsionar la realidad. Huye también de estas malas pasadas que le juega su percepción, en las que percibe como horribles monstruos y estampas de destrucción todas aquellas cosas que teme o desconoce. En su particular odisea, Miguel conocerá a todo tipo de personajes, algunos reales y otros creados por él mismo, hasta que llegará a un insólito lugar, una nave abandonada donde unos aún más insólitos (y muy reales) personajes también viven, o lo intentan, en un mundo imaginario de historias fantásticas que ellos mismos se cuentan. Estos personajes no solo ya no huyen del sueño de la razón ni de sus monstruos, sino que han hecho de ellos un bálsamo inmejorable para enfrentarse a los monstruos y los golpes de la propia vida. Forman un increible, único y particular club: el Club del Miedo».

Por ahora ha conseguido, más o menos, la mitad de esa cantidad. Si estás interesado en colaborar, solo tienes que pasar por aquí (no tardas ni 5 minutos), donde, además, tienes más información del proyecto y de quién está detrás. Las aportaciones, desde 12 euros con regalo de cómic incluido.