La Voz de Galicia lavozdegalicia.es - blogs | Inmobiliaria | Empleo | Mercadillo

Más Ford

Escrito por César Casal
29 de abril de 2008 a las 13:30h

Vuelvo a Ford. O sigo con Ford y su trilogía sobre el hombre de clase media americano. Esa prosa morosa, por lenta. Esa manera de convertir cada párrafo en un fresco para desnudar la existencia de cualquiera. La vida pasa o sucede y las relaciones se suceden o pasan. Y Richar Ford nos lo cuenta con elegancia. Como una crónica de la punta del iceberg de los corazones helados. Y nos enseña también algo que olvidamos con frecuencia hasta que el terremoto nos sacude: que una vida se apaga como la luz de una vela. Solo hace falta un fatal soplido del azar. Que salga tu número en la lotería incierta.

Barras y estrellas

Escrito por César Casal
16 de abril de 2008 a las 20:52h

No me gusta Bush. No me gusta el beisbol. Pero hay momentos en los que el país de las barras y estrellas es muy grande. Richard Ford ha publicado la tercera entrega de la vida de su periodista deportivo y agente inmobiliario. Es la hora de la vejez, del cáncer en la próstata. Están todos los rituales norteamericano y esa prosa de Ford que nos corroe poco a poco como una corriente subterránea y que nos hunde en el fango de la melancolía. La vida es asombrosa y paradójica, escribe con razón. Dejo el libro y veo una película. Perdición, del dios Wilder. El cine negro, contado por un genio. La película gana en velocidad. Los diálogos son fuego cruzado. Todo está medido. Ay, esas frases que quedan de los grandes libros y las grandes películas. Como aquella actriz que tentaba a su amigo:

-Los pianos usados suenan mejor.

La soledad de las vocales

Escrito por César Casal
7 de abril de 2008 a las 16:07h

Leo un libro de Chesi, de José María Pérez Alvárez, sí, también llamado Chesi. Un libro, raro, raro, muy raro, pero un ejemplar que me reconcilia con la lectura. Se titula La soledad de las vocales y ha merecido el tercer premio Bruguera de Novela. Esther Tusquets le dio el premio con los ojos abiertos, como jurado único. Este autor que saltó a los periódicos por sufrir un presunto plagio de Bryce Echenique es uno de los auténticos. Juan Goytisolo aplaudió en su día otra de sus novelas, Nembrot. Tiene mucho que ver con Lobo Antunes o con algunos de los libros de Cela. Es como ellos un hipnótico verbal. Un pirotécnico de la lengua y de la soledad. El inquilino de una pensión cuenta su vida. Está en una pensión a la que se le caen las letras del letrero. Está en la habitación de una pensión en la que antes se suicidó una mujer, que se le aparece. Se pregunta dónde quedó el hombre que desayunaba café y tenía ilusiones, ahora que solo desayuna guisqui y que colecciona desilusiones. Bebe en los bancos de los parques y mira a la gente. Hay que tener cuidado con mirar mucho a la gente porque podemos darnos cuenta de que son insectos.

El tobillo y el ascensor

Escrito por César Casal
4 de abril de 2008 a las 16:56h

Calor. Mucho calor. Demasiado. Hace un día de verano en el inicio de la primavera y hay que trabajar. La luz del sol a tope. Tienes que llevar a la niña al médico porque le duele el tobillo. Esguince. Tú, preocupado. La niña, feliz.

-Cómo no voy a ir a clase. Quiero ir a clase con  la venda. Me tienen que ver mis amigos.

Es más: en el médico quería una escayola.

-Una venda de las duras, como la que le pusieron a Juan.

Decía me duele mucho y luego se delataba cuando se aburría y se ponía a correr en el hospital hasta la máquina de café. Te tranquilizas cuando te dicen que no es nada. Y recuerdas como a ti te encantaba que te firmasen y escribiesen cosas en las escayolas que tuviste cuando chaval. Hasta jugaste al fútbol en el recreo con una en el pie. En fin.

Llegas a casa. Tu otro hijo. Este, de dos años. Abres la puerta y mientras recoges juguetes por aquí y por allá le dices con toda la naturalidad:

-Llama al ascensor.

El niño ya llega al botón de llamada. Pero su reacción es maravillosa. Nada de botones. Te reconcilia con la primavera y dinamita la astenia. Aplica la lógica que nos revientan con la edad. El pequeño, que ya entiende frases y que van soltando las suyas, te hace caso y, claro, llama al ascensor:

-Ascensor, ven.

Nacionalismos

Escrito por César Casal
3 de abril de 2008 a las 19:41h

Me llega este correo por un artículo que escribí en galego, en las páginas de La Voz, sobre la indudable tradición galeguista que tiene la ciudad de A Coruña. Por su interés lo reproduzco tal cual, el correo.

Estou farta dun nacionalismo que corre cara aos cantiis. O nacionalismo ten que ser semente, intelixente. Buscar a razón desde o corazón. Nunca pólvora e magnolias para odiar. Castelao non pode ser un tiro seco ao aire. Un paxaro morto. O cu dun saco. Son A. Zimmer, unha muller acollida en Québec e parida noutro recuncho do mundo, na Galiza. Son nai de tres fillos e ninguén me vai a dar leccións. Tampouco eu quero dalas. O nacionalismo é un sentimento, e cos sentimentos non se xoga. Ser nacionalista é un xeito de ser e estar no mundo. En Québec ou na Coruña. E o idioma é un cáliz, a sacra forma. En Québec ou na Coruña.

Primavera absurda

Escrito por César Casal
2 de abril de 2008 a las 18:55h

Y volver a escribir. Volver a escribir una tarde, a cualquier hora. Los dedos, fríos. Los dedos, que se calientan sobre las teclas. Y piensas en chicas de tu juventud. Aquella chica, morena, con unos ojos que te miraban y no se iban. Con unos ojos que se quedaron para siempre. Aquella otra chica, pelirroja, muy enamorada de ti, de ti que no eras nadie, que eras lo peor que se puede ser, un cara. Y piensas que los recuerdos no calientan el corazón. Son solo estériles imágenes que no calientan nada. Miras hacia el cuarto vacío del fondo. Ya no hay ruido de niños. Ya tus hijos son mayores. Son niños mayores. Tienen sus vidas y nunca te vienen a ver. Para qué. Quién quiere ver a un saco de huesos. Quién quiere estar frente a una piel arrugada. Una lástima, una persona que solo cuenta las horas que le faltan para la ceniza. Envejecer es un oficio triste. Y a tu lado, el sofá grande, en el que siempre echaba la siesta tu mujer. Ella se fue hace ya un año. Y parece que todavía ves el hueco de su cuerpo en el sofá. El hueco de su cadáver lo ves ahí y ni una furtiva lágrima. Al fondo la televisión encendida, una hora tras otra, con su hojarasca vacía. Hacerse mayor consiste en agonizar en cámara lenta. En boquear sin ilusiones, sentado en una butaca. Viendo como las horas se suicidan un día tras otro desde los ventanales. Y encima el mar de Arrakeen, furioso, muy furioso. Todos los viejos deberíamos de morir ahogados en ese caldo enloquecido. Y ya se te pasaron las ganas de escribir. Las ganas de teclear la música muda de tu vida, de tu muerte, soy un viejosolo.
P.D. Cada vez que no vamos a ver a nuestros mayores los asesinamos y nos asesinamos un poco.

Adivina, adivinanza

Escrito por César Casal
1 de abril de 2008 a las 13:57h

Escritor. Tenía gatos y metáforas de fuego. Publican ahora un inédito para paladear. Utilizaba las palabras como metales preciosos. Era un vanidoso insoportable. Pero eso no es una pista, porque la mayoría de los autores tiene sobredosis de vanidad. Y los mata la glucosa del poder. Sabía que la vida es un paseo por el filo de la muerte, hasta que te cortas y se acabó. Su obra no tiene argumento. O el argumento era él. Sabía que Cortázar decía que los gatos son gratis. Compartía con JRJ el algodón de Platero. Y intuía que la depresión solo es una forma de explicarse. Cómo la escritura solo es una manera de masturbarse. Coleccionaba mujeres, pero solo amaba a una. Era un autor que entusiasmaba o sus libros se utilizaban para escupir sobre ellos. Pertenecía a una cuadra como todos los escritores con firma en este país de cainitas. Creía en Neruda y en todos los poemas de amor y las canciones desesperadas. Leía bajo las lágrimas del sauce.

Un conto: as tesoiras xigantes de Raichu

Escrito por César Casal
24 de marzo de 2008 a las 19:23h

Para a Madriña do Ceo, de Ramón Loureiro
E entón Raichu saíu co seu pai da man. O pai tiña a sensación cando collía a man da súa filla que estaba amarrándose ao cabo dunha cometa. Era moito o que se ría coa nena. Os dous xuntos subiron ao coche e fóronse á praia. Era inverno en Arrakeen. As praias cando é inverno en Arrakeen están preciosas. Os días azuis, a pesar da friaxe, son gloriosos. Coma se o aire fose máis transparente que nunca. Aparcaron o coche, á beira das naves, e foron camiñando cara ao areal. Cruzáronse con varios cans que correteaban e cun par de namorados que se bicaban.
-Imos tirar moitas pedras, mil pedras, papá.
-As que queiras.
-Entón imos tirar corenta mil pedras, dígocho, papá.
-Nooon (con cara de dor). Tantas nooon que logo teño maniotas nos brazos.
E Raichu ríase como nunca, esa risa de campanillas que anuncia bonanza. Elixiron as pedras.
-As negras, non, que son feas, dixo a nena.
Colleron pedras brancas, con pintas grises. Pedras brancas, con todo tipo de pintas. E estiveron tanto tempo lanzando pedras ao mar que moi pronto se formou unha illa fronte a eles. Os dous quedaron moi sorprendidos. Onde había mar, había agora un montículo de pedras que brillaban como diamantes baixo o sol invernal. Non se podían crer o que vían. Entón Raichu non o dubidou e díxolle ao seu pai:
-Imos, papá. Seguro que é a illa dun pirata. Si, a illa de Pata de Pau ou do Capitán Garfio.
Raichu sempre dicía o de capitán Garfio porque sabía que o seu pai botábase a tremer cando o nomeaba.
-Capitán Garfio, non, por favor, non que me dá moito medo.
A nena ríase, traste, e animáballe a cruzar ata a illa. O pai detívoa e díxolle:
-Pero como chegamos á illa se non temos unha barca?
A nena pensou e pensou e deseguido atopou a solución.
-Falarei coa miña madriña e direille que nos poña alí. Ela pódeo conseguir todo. Non o esquezas.
A nena pediulle o teléfono móbil e sacou a súa axenda pequena, de cor rosa, a mellor cor do mundo, para chamar á súa madriña. O fada madriña lle solucionou o problema de chegar ata a illa.
-Estás co teu pai nunha praia e queredes chegar a unha illa. Non hai dificultade que non supere a imaxinación. Colle un puñado de area na túa man, pecha os ollos e pronuncia as palabras máxicas: salacatum, dominecum, trastoledum. Pronúncialas tres veces e a area que tes na túa man converterase en po de nube.
Así o fixo a nena, co seu puño cheo de area e os ollos pechados, pronunciou as tres palabras:
-Salacatum, dominecum, trastoledum.
E, claro, a area converteuse en po de nube ao segundo. Botou o po de nube nos pés do seu pai e dela mesma e de súpeto notaron como se elevaban uns metros sobre a praia. Os dous estaban sorprendidos e mortos de risa. Levantáronse uns metros do chan e os cans que había polo areal tolearon detrás deles, pero pai e filla aprenderon a mover os seus pés de tal xeito que se os abrían un pouco era coma se esquiasen polo aire.
-É divertidísimo, Raichu. A túa madriña tiña razón.
-Claro, a miña madriña nunca falla. Non ves que ten caracolas de mar no seu pelo.
Pai e filla sobrevoaron a auga e chegaron á illa que nacera pedra a pedra. Vista desde arriba, era só unha chea de pedras. Pero, como todo, de cerca, pareceulles fermosa, como un pequeno país. E aínda brillaba como un tesouro baixo o sol fatigado de marzo.
-Mira, como brilla. É como o meu colar de princesa.
De súpeto xurdiu un remolino terrible de debaixo do mar, á beira da illa levantouse unha mole de auga, coma se ao mar lle nacera unha montaña. Era Poseidón, o deus do mar, que estaba moi enfadado porque lle deron cunha das súas pedras na cabeza. Tiña un chichón horrible.
-Mirade, o que fixestes, desgraciados, dixo cunha voz estraña, coma se as palabras saísen dunha caverna mariña.
-Quero unha reparación, berrou embravecido.
Raichu, que era moi atrevida, mirou para o seu pai e non dubidou en tomar a palabra.
-Mira, non che enfades. Foi sen querer e pídoche perdón. Só queriamos xogar e fixemos esta illa. Agora eu traía ao meu pai para que vise que na illa non está o capitán Garfio porque lle ten moito medo e, se non o ve cos seus propios ollos, pasaría toda a noite sen durmir.
A Poseidón encantoulle que a nena pedise desculpas tan rápido. Como a nena caeulle ben, preguntoulle o seu nome:
-Cal é o teu nome?
-Raichu, contestou ela.
-Pois dende agora, dixo Poseidón, está illa será a illa de Raichu e nela poderás atopar un xoguete máxico. Que xoguete gustaríache?
-Gustaríame moito unhas tesoiras moi grandes para cortar cartolinas de cores. Unhas tesoiras moi grandes, pero que non me fagan dano.
-Túas son, dixo Poseidón, á vez que se mergullaba outra vez na auga como unha morea de golfiños.
Raichu estaba moi contenta, moi pero que moi contenta. Díxolle ao seu pai que mirase na illa e os dous viron como había unhas tesoiras xigantes sobre as pedras, unhas tesoiras moi bonitas, coas puntas redondeadas e cun lazo rosa enorme. A cor favorita de Raichu.
Raichu dixo:
-Mira, a aventura ten un bo final. Mira, na illa non está o capitán Garfio e ti poderás durmir e o único que hai son as tesoiras que soñei. Imos collelas antes de que se nos acabe o po de nube dos pés e non podamos volver a terra.
E así fixeron. Entre os dous tomaron a tesoira e regresaron á area. Logo colleron de novo o coche e, como a tesoira non lles cabía, atárona sobre o teito co lazo rosa. Cando chegaron a casa, a mamá de Raichu non se podía crer o que vía. Era a tesoira máis bonita do mundo E Raichu xa puido durante semanas recortar os seus debuxos en cartolinas de cores. Recortou nubes, soles, e tamén castelos. A mamá díxolle:
-Non ves Raichu, traballaches con moitas pedras e fixeches unha illa e logo fuches valente para pedir perdón. Non che deixaches asustar e fuches sincera. Así conseguiches o premio que tanto desexabas.
-Mamá, quéroche corenta mil oitocentos elefantes como Horton, contestou Raichu, pensando xa no baño quentiño que se ía a dar e na barba de espuma que lle faría ao seu pai. Raichu que, ademais dunhas tesoiras xigantes, xa tiña, tan cativa, unha illa co seu nome. 

El gobernador y la prostituta

Escrito por César Casal
13 de marzo de 2008 a las 13:59h

Hoy en las webs no se pincha otra noticia. Las cosas como son. Todo el mundo dice que ve los documentales de la 2, pero la mayoría los utiliza como somnífero para la siesta. Y los canales de pago se forran a vender porno. El morbo nos puede. Ya se conoce a la chica que contrató el gobernador de Nueva York. En Estados Unidos es un escándalo sin precedentes. Tienen una doble o triple moral. Asesinan a medio Irak, pero les parece terrorífico que un gobernador haya podido mentirle a su familia y a sus ciudadanos. Él ya pidió perdón y dimitió. Más bien, se inmoló en público con su mujer al lado. Otro show muy yanqui. Seré bueno, trataré de honrar a mi familia, etcétera. No sé si el tipo cometió un delito de blanqueo de dinero, pero lo que sí tengo claro es que, por mí, los políticos y los que no lo son de cintura para abajo pueden hacer lo que les dé la gana. No me parecen más fiables por ser eunucos o cartujos.

Aquí tenéis el enlace con la página de la chica en la que dice que ser una loca de la música.

Aquí tenéis a la chica.

prostituta.jpg

gobernador.jpg

Iván, el terrible

Escrito por César Casal
12 de marzo de 2008 a las 14:29h

Imagen de previsualización de YouTube

Escribe ecuaciones con errores. Fórmulas que no funcionan. O sea, canciones impuras como la vida misma. Temas imperfectos que clavan el alma con un alfiler en el corcho de las emociones. Una hemorragia creativa. Además multiplica su talento hasta el infinito y más allá con su hermano Amaro. Los dos tienen muchas tablas, náufragos de los escenarios. Iván Ferreiro lo ha vuelto a hacer: el disco redondo, un donut que alimenta los corazones solitarios. Saldrá a la venta este mes, pero ya se puede escuchar en su blog. Iván, el terrible, edita Mentiroso mentiroso, y los Grammys se le van a quedar cortos. Está en el mejor momento de su carrera hacia todas las esquinas. Hay, por las canciones, pedazos rotos. Se aprieta para cantar el corazón, no el cinturón. Increíble declaración de amor De mi pandero: «Me gusta comer con las manos y cocinar para ti. Bailar las palabras». Habla de pactos infinitos, bajo un cielo de hojas azules. Hay que beberse la noche y pisar charcos, dice. Iván  no es políticamente correcto, menos mal. Es una potencia. Se pregunta «¿Dónde está el tiempo perdido?», ese que nunca nadie nos va a devolver. Iván vive en Madrid, entre semana, a ritmo de madrileño. Y los fines de semana no falla en Val Miñor, frente a la acuarela del mar. Es un tipo especial que se ha encontrado a sí mismo en el surco de una canción. Y tiene ese timbre de voz que abre puertas blindadas.

ojd