Son distintos: un dÃa con luz y una noche estrellada. Donde Raichu es inquieta, Rasec es una balsa. Donde Raichu es deriva. Rasec parece un pilar. Raichu es imprevista, tempestuosa, cálida, radiante, una centella, fugaz y duerme como un muerto. Rasec es tranquilo, pausado, calma, bondad, sonrisa frente a risa, pero duerme con un ojo abierto. Como un centinela de guardia. El sueño que tiene uno encaja en el carácter del otro. Son las extrañas combinaciones de la ciencia genética. Raichu es morena, oscura, casi zaÃna. Rasec tira a rubio. Los dos tienen los ojos achinados de la madre. Los dos tienen el carácter de la madre. Se paran con todos, hablan con todos. No huyen el encuentro. Les va la gente, la calle. Donde uno es silencio, la otra es llanto. Donde uno es sonrisa beatÃfica, la otra es risa histriónica. A él le encanta la fruta, ella no la prueba. Una fabula, el otro exige. Una es abstracta e inventa nubes donde no las hay. El otro quiere algo concreto, como con una mira telescópica. Selecciona un objetivo y no se pierde en mil naderÃas. Raichu vive de las naderÃas. Raichu es una colección de climas. Rasec es la paz de un oasis, el verano entre dos inviernos.
A los dos los quiero con locura. A Rasec lo cojo y lo pongo a mi lado, los dos en el sofá bajo una manta. Y muerde el cinturón y chupa el móvil. Y rompe el periódico. Y quiere comérselo. Y todo la hace con una extraña armonÃa. Sin alzar la voz, sin alterarse ni alterar. A Raichu le pido un beso y me lo da zalamera. Como quien otorga un privilegio y piensa ya en la recompensa que va a pedir a cambio. A Raichu le gusta el rosa.
-Mis colores favoritos son el rosa, y el amarillo, y el azul, y el rojo y el verde. Esos son mis colores favoritos.
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Arrakeen es una ciudad en ningún sitio, peraltada sobre el mar. Es una ciudad al norte, como cualquier otro lugar al norte. Es bello y hermoso. Es un sitio de nieblas en el que luce el sol. Está frente al océano, y en medio del océano. Arrakeen es un lugar para vivir y para morir. Como todos. Un escritor dijo que Arrakeen es la cubierta de un trasatlántico de lujo. No le sé. Arrakeen para mà es un escenario para escribir.
Iam es el lugar en el que trabajar. Está en las afueras de Arrakeen y es un lugar para ir y trabajar. Tiene un molino de viento. Junto a él te sientes como un quijote más. Tiene una laguna con unos patos enormes. Tiene un central térmica. Y una playa con dunas. Y mar abierto, un horizonte de sal.
Ikachu es un hombre sin brújula, perdido. Un hombre de los que se sienten en las rocas y miran durante horas el mar como quien pierde los ojos en una hoguera o en una tormenta. Ikachu tiene familia. Un padre que se llama Squirtle. Y una hermana que se llama Skitty. Y unos hijos, que se llaman Raichu y el pequeño. Y un hermano, rubio. Son las sagradas familias, de las que también se habla en este blog disperso.
Y están los seres humanos por todas partes, que se dividen en Charmander y en Balbasaur. Ya hablaré de ellos.
Y está Erg, que es el páramo, y Carthag, que es la ciudad santa.
P.D. Lee este post mientras escuchas a Micah P. Hison and The Opera Circuit, una voz rota lo justo y una guitarra necesaria. Asà lo escribà yo.
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Te arrastras hasta Iam. Allà está la prisión. El cielo está velado por las nubes. No es verano. Nunca va a ser verano. Sólo tuviste el intermedio de la noche de las hogueras. Ardió la playa. Ardió la ciudad. Fue una maravilla. Y la niña con los ojos abiertos como platos. Y la niña que descubrió el fuego como hace miles de millones de años. Y las olas que lamÃan la arena.
Y ella:
-Quiero una alga. Quiero una alga.
Y el trozo de alga que, húmeda, palpitada en su mano de crÃa.
Te gustó ir hasta allÃ. Otra vez en un barrio de Arrakeen. Las rocas, la torre a los lejos. Miles de personas en las playas con el fuego entre ceja y ceja. Y saltaste la hoguera con la niña.
-Tienes que pedir un deseo.
-Vale lo pido. Pero no lo digo. No lo digo, para que se cumpla.
Y, después del intermedio de la fiesta, otra vez la rueda del molino radiactivo. Otra vez frente al ordenador. Huyes de la prisión por la ventana del ordenador.
Neptuno tarda 165 años en dar una vuelta alrededor del sol y permanece doce años en cada signo. El tiempo es relativo. Y tú escapas de tu tiempo de hoy por la ventana del ordenador. Saltas por esta ventana y te vas al lado de tu hijo, el pequeño. Esa sonrisa de conquistador, esos ojos en fuga, esa piel morena. Pequeño pÃcaro que sonrÃe y te desarma. Eres su padre y es normal que levites al mirarlo.
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Algún dÃa escribiré un libro con esta dedicatoria:
Gracias por enseñarme a amar y a odiar, por este orden.
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Hoy un poema, que hace mucho sol
Secta
Caballero Bonald
«Me asomo a un mundo numerado y veo
La secta envilecida de los hijos
De quienes ya eran hijos del oprobio.
Solapan sus linajes con cosméticos,
Pero aun asà no pueden
Encubrir esa abyecta condición de gregarios
Que sustenta su fe.
Se llaman
Como sus gentes se llamaron,
Nombres trucados de homicidas, nombres
Hereditarios de secuaces
De soldadescas y de clerecÃas.
Son los mismos
Que siguen solazándose
Con las soflamas de los patriotas
Y empuñan de continuo estandartes y cruces
Con que emular a sus mayores,
Mientras avanza por las avenidas
Un cortejo triunfal de bienpensantes.
LÃbrate, compañero,
De esas iglesias y esos mentecatos».
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…fue horrible. Me dijo cuánto me costarÃa quitarme ese tatoo. Y me eché a llorar. Desapareció de mi vida y creÃa que me morÃa. Ni mensajes de móvil, ni llamadas. Nada de nada. Me sentà otra vez huérfana. El hombre que me habÃa rescatado en sus brazos de esta Galicia extraña se habÃa esfumado. Pero volvió y volvió a ser todo lindo. Es lo que tienen los reencuentros. Me pidió con palabras dulces que me borrase el tatuaje. Y yo quise darle una sorpresa. Fui y me puse debajo de gracias a mi novio por existir. Su nombre. Gracias a mi novio Iván por existir. Eso fue lo que hice.
Y le dije que nos fuésemos a vivir juntos. En este verano loco, un verano en el que no paraba de llover.
Y él se enfadó muchÃsimo. Me levantó la mano. Dijo que era absurda. Que me borrase todo. Que con el nombre era todavÃa peor. Que él pagaba lo que costase. Se lo prometà para que se calmase. Siempre me tocan los hombres peores. Atraigo a los hombres malos. No sabÃa si hacerle caso. Le querÃa tanto. Y entonces le vi. Estaba en el parque con una mujer. Una mujer a la que le decÃa cariño. HabÃa un niño pequeño, que los dos levantaban en brazos. Un niño pequeño que cogÃa las manos de mi chico y la mujer y lo levantaban en alto. Todos reÃan, felices. CreÃa que me morÃa. Me querÃa morir. Sólo morir.
Volvà a donde el tatuaje y le dije que me borrase todo y que encima me pintase un pájaro enorme, un pájaro tan grande que me permitiese echarme a volar. Irme de esta ciudad, de este paÃs. Volar y volar lejos de los hombres que sólo saben mentir. Una mentira tras otra.
Y lo escribo porque una amiga me dijo que si lo escribÃa me desharÃa de esta historia y de ese hombre que tanto me hizo sufrir.
P.D: Un corazón roto sólo reparte pedazos.
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Encuentro estos papeles escritos sobre el banco de un parque. Están arrugados. La letra corre rápida por los folios, como un arrebato:
Maldigo el dÃa en que lo conocÃ. Me engañó desde el primer momento. Enganchaba una mentira en otra. Una sobre otra. Sin parar. Me deslumbró con su labia. Con su pelo engominado. Me dijo que estaba separado. QuerÃa dudar, pero me miraba con unos ojos increÃbles. Yo necesitaba cariño. Trabajo limpiando casas. Y lo conocà en un bar por la noche. Me dijo que era vendedor. Viajante, que recorrÃa Galicia para vender sus productos. No me di cuenta que yo fui un producto más de usar y tirar. Me enamoré de él. Estoy fuera de mi paÃs. Soy de El Salvador y pensé que él era distinto. Me trataba lindo. Con mucho cariño. Siempre me decÃa que estaba guapa, que era muy linda, princesa. Me enamoré como una loca. Lo veÃa de cuando en cuando. Cada vez necesitaba más verlo. Y verlo. Tenerlo en mis brazos. Era como un niño en mis brazos. Me enamoré tanto que me tatué en el hombro. Gracias a mi novio por existir.
Se lo enseñé como un regalo que le hacÃa. Pero él reaccionó mal. No le gustó. Fue la primera vez que me habló mal. Antes me habÃa dicho que iba a coger un piso conmigo. Que dejase de vivir con mis compañeras. Que me ayudarÃa a pagar un piso y que él dormirÃa allÃ, cuando no estuviese de viaje. Siempre hacÃamos el amor en el coche, en su coche. Lo del piso me ilusionó y me lancé a hacerme el tatuaje. Mis amigas me dijeron que estaba loca. Y yo les contesté:
-SÃ, loca por él…
(Continuará)
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