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Entradas etiquetadas como ‘gallego’

Gallego

Viernes, abril 1st, 2011

Alfonso Tellado, Alfonso Alfonso para Buenafuente, es un gallego que triunfa en platós de televisión, estudios de radio y plataformas digitales por gallego. Sin embargo, Mariano Rajoy es, en opinión de su mentor Aznar, un gallego con dificultades para llegar a ser presidente del Gobierno por gallego. No hay quien los entienda. ¿Será que son ellos los gallegos? Esto ya no es como antes, cuando todo el mundo tenía claro de qué hablábamos cuando hablábamos de Xan das Bolas. No, ahora en el topicómetro del no gallego no está claro si ser de aquí cotiza al alza o a la baja.

El caso es que cuando ya casi ni recordábamos que fue Rosa Díez, la ex socialista lideresa de la UPyD, quien había desatado la tormenta por decir que Zapatero parece gallego «en el sentido más peyorativo del término», viene Aznar a matizar los méritos de Rajoy para las más altas tareas apelando a su origen gallego. Y no sabemos si es peor que le llamen gallego a uno de León o a uno de Pontevedra. E ignoramos por qué para algunos -del PP mayormente en este caso- el gentilicio puesto en boca de Rosa Díez es una ofensa y cuando lo utiliza Aznar es algo «totalmente positivo».

Llevamos los lugares comunes enroscados en la cadena del ADN. También los gallegos. Que en algunos diccionarios siga apareciendo el término como sinónimo de torpe, iletrado o tartamudo sería una anacrónica broma si no fuera porque tiene su traducción en desprecios y discriminaciones muy concretas. Por ejemplo, que alguien nos quiere dejar sin AVE porque nos considera congénitamente atrasados y resignados. Gallegos, vamos.

Las lenguas

Lunes, marzo 15th, 2010

Hacer régimen para adelgazar o dejar de fumar son dos buenos propósitos para comenzar el año o para reanudar la temporada después de las vacaciones. También aprender inglés. ¿Quién no se propuso alguna vez alguna de esas cosas? O las tres a la vez. Pero el caso es que los regímenes casi nunca duran y la tentación del estanco casi siempre es difícil de resistir. Pasar del verbo to be queda para los muy voluntariosos.

La Consellería de Educación sigue a vueltas con el decreto del gallego para salir de la forma más discreta posible del atolladero en el que se metió Feijoo por jugar tan fuerte en la campaña con el asunto de las lenguas, que ciertamente desde el bipartito se había tensado lo suficiente como para irritar a una parte grande de la sociedad. En un intento de superar la polémica del bilingüismo disparando por elevación, se prometió que en los colegios gallegos el 33 por ciento de la enseñanza se impartiría en inglés. En la última versión del decreto de los tres tercios (gallego, castellano e inglés) se ha ido difuminando la equiparación de la lengua extranjera y las oficiales. Por las dificultades técnicas y económicas para ponerlo en práctica, seguramente, pero en el fondo la postura de la consellería no difiere tanto de la del común de la ciudadanía.

Una encuesta del CIS, el mismo centro de investigación sociológica que evalúa las preocupaciones de los españoles, acaba de hacer público el resultado de un estudio que viene a decir que la inmensa mayoría de los ciudadanos defendemos la importancia de conocer idiomas. Sí, pero ni los dominamos ni los estudiamos. Y aún hay otro dato quizás más inquietante que la incongruencia de no hacer lo que consideramos importante: un 74% de los encuestados nunca se han sentido en desventaja por no conocer un idioma distinto al suyo. O somos demasiado soberbios o creemos que vivimos en un mundo que ya no existe.

Autoodio

Viernes, abril 24th, 2009
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El conselleiro Roberto Varela almuerza en su despacho, con una Coca-Cola y un sandwich. Foto: Vitor Mejuto

A un político no se le juzga por lo que dice; casi todos serían buenos. Se le valora por lo que hace. Y, como cuando afrontas una relación personal, la primera impresión puede ser un buen presagio, aunque no necesariamente. El nuevo conselleiro de Cultura, un diplomático con experiencia en la gestión cultural, tiene una ventaja que sería bueno que cultivase: no habla como un político.

Aunque eso le puede traer problemas, porque la perífrasis, la vacuidad y la impostación son las armas preferidas de los políticos que creen que lo mejor que se puede hacer con un problema es evitarlo. O envolverlo en un celofán de cinismo para endosárselo al primero que pase. Claro que después de hablar con claridad hay que ponerse a trabajar y acertar en las decisiones. Por eso se podrá juzgar a Roberto Varela, y a todos los demás, cuando empiece a actuar.

El conselleiro ha dicho ya algunas cosas que le van a costar la acusación de alentar el autoodio, un mal para el que quizás sus cosmopolitas antecedentes profesionales y personales le hayan aportado el antídoto. Está fuera de duda que la Xunta tiene la obligación de promover y difundir la cultura gallega. Pero tampoco ofrece discusión que, con frecuencia, se cuelan autores mediocres y obras insufribles (o viceversa) en los programas de subvenciones por la única virtud (que lo es) de estar hechas en galego. «No meu mandato proxectarei a cultura que se fai aquí, sexa quen sexa, na lingua que sexa». «Aquí hai músicos boísimos que, como son de fóra ou tocan o violín, non se lles está facendo caso». Son dos frases de alguien que se confiesa admirador del poeta Méndez Ferrín, que es amigo del pintor Francisco Leiro y mentor en Nueva York de la gaiteira Cristina Pato.

La proyección de la fuerza creadora de un país pequeño como Galicia es difícil. Pero desde luego se convierte en imposible con los dos modelos practicados hasta el momento: el rancio y el sectario.

Matar el idioma

Lunes, febrero 9th, 2009

A nadie se le puede negar el derecho a utilizar el gallego en Galicia. Quien lo hace comete una ilegalidad y contribuye al proceso de extinción de una lengua que ha llegado a estas alturas seriamente tocada. Es, además, una forma de humillar y despreciar a miles de personas que tienen ese idioma como vehículo para relacionarse con el mundo.

Pero tampoco nadie tiene derecho a poner trabas para que, quien lo desee, se exprese en castellano y defienda que sus hijos sean educados en ese idioma. Puede que haya algún argumento no del todo cimentado en la convocatoria de ayer de Galicia Bilingüe. Aunque se ha hecho mucho por la normalización del gallego, es discutible que hoy aquí no se pueda vivir en castellano. Pero quienes se sienten acosados por una legislación en ciertos aspectos demasiado impositiva tienen la misma legitimidad para manifestarse que los que en su día fueron perseguidos por defender el idioma de Galicia. Es un derecho ciudadano.

Si alguien sobra son los grupos que con violencia y sectarismo intentan tapar la boca a quienes defienden otras opciones. Son ellos, y quienes les dan aliento, los que están matando la posibilidad de que sigan conviviendo sin conflicto los hablantes de un idioma, de otro o de ambos.

Somalia: la consecuencia de no cooperar

Lunes, abril 21st, 2008

El secuestro en las costas de Somalia de un pesquero con ocho gallegos a bordo pone de manifiesto, una vez más, las consecuencias de una relación injusta entre el norte y el sur. Y sus explosivas consecuencias. La cooperación internacional sirve para socorrer a la población en situaciones extremas de hambre, para rescatarla del fuego cruzado en zonas de conflicto y para paliar efectos debastadores de enfermedades que en unos lugares son mortales y en otros se curan con sólo tres día de cama.

La cooperación internacional debería servir, sobre todo, para levantar los cimientos de estructuras que impidan que en territorios como Somalia se esfume cualquier intento de estructura administrativa. Allí, como en la inmensa mayoría del territorio africano alejado de las capitales, el Estado sencillamente no existe. Por tanto no existe modo de garantizar derechos a las personas ni establecer deberes para nadie. Ni existe con quién establecer contacto diplomático para resolver una crisis como la del Playa de Bakio.

La ayuda exterior no puede eximir de responsabilidad a los gobernantes locales. Al contrario, la cooperación debe estar ligada al desarrollo económico y democrático de los países que reciben ayuda. Ha de tener algún peso la ONU en los foros en los que se toman las decisiones y no regir las relaciones comerciales desde el nortecentrismo. Si no, el caos somalí se extenderá como una pandemia por el continente. Y cruzará el estrecho. Aunque sólo sea para defender nuestros intereses, desde Occidente deberíamos cambiar la forma de relacionarnos con el resto de mundo. El 0,7 no es una ñoñería de misioneros laicos.

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