Pasadoble Lugo-Ferrol
Como cada 7 de enero, las corporaciones de Ferrol y de Lugo se reunieron para comer arroz con leche -un dulce seguramente importado de ultramar, como las habaneras- y para escuchar el pasodoble que el músico Gregorio Baudot bautizó con el nombre de las dos ciudades. La tradición se oficializó con un hermanamiento en el año 2000, pero se remonta, como mínimo, a principios del siglo pasado, cuando Lugo y Ferrol quedaron unidas por ferrocarril. En la cita de ayer de nuevo se le dio fuelle a una cita del folclore local, pero también sirvió para poner en evidencia las brechas territoriales de un país pequeño como Galicia y la función vertebradora de las infraestructuras.
Si el origen de esta especie de eje sentimental Lugo-Ferrol está en la inauguración del tren, ayer se premio al puerto de Ferrol como motor de actividad. Y se saludó la inminente entrada en servicio de toda la autovía hasta Vilalba, una carretera de alta capacidad que acercará físicamente ambas urbes, cabeceras de algunas de las comarcas más aisladas y peor tratadas de Galicia. Una mejor conexión de Ferrol con el interior de la provincia lucense y con la Meseta a través de As Pontes -pujante enclave en el que ahora mismo se están instalando siete nuevas empresas- y de la Terra Chá aportará oxígeno a las dos mayores concentraciones urbanas del tercio norte.
Pero no es suficiente. Entre el nuevo vial y el Cantábrico hay una gran franja de territorio que sigue marginada: A Mariña, el Ortegal y Ferrolterra no tendrán una salida rápida por el norte hacia la cornisa cantábrica y Europa hasta el 2017. El nuevo puerto exterior de Ferrol, destino y partida de mercancías también para todo el norte de A Coruña y Lugo, estará incompleto mientras no llegue el tren hasta sus muelles y no se construya la plataforma logística e industrial que, desde hace varios lustros, es solo un proyecto. Sin inversión, rápida y suficiente, el alegre pasodoble Lugo-Ferrol acabaría sonando a marcha fúnebre.
Etiquetas: Ferrol, infraestructuras














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