Un sábado de Premier League y FA Cup
Es un fin de semana festivo en Inglaterra. El sábado, más concretamente. Un día en el que el Manchester United hará historia en la Premier League, salvo sorpresa mayúscula, y en el que el Manchester City o el Stoke acabará con su larguísima sequía de títulos. Solo uno de estos dos últimos puede llevarse el inesperado desenlace de la FA Cup, la competición más antigua del mundo.
Aunque primero es el turno de los Red Devils. En la penúltima jornada del campeonato visitan Ewood Park, terreno hostil del Blackburn Rovers. Un equipo que en su día fue rival acérrimo del United en lo alto de la tabla y que ahora pelea en el polo opuesto. Los de Míchel Salgado están a solo tres puntos del descenso y presentarán batalla con toda probabilidad, pero a los visitantes les basta una igualada para ser campeones. Es difícil imaginar que no consigan ese pequeño botín.
El club que más va a atragantarse con el éxito de Sir Alex Ferguson y sus muchachos es el Liverpool. Porque este es el año del desempate. Old Trafford y Anfield cuentan, en estos momentos, con dieciocho ligas en sus vitrinas. Un equilibrio que está a punto de quebrarse y que no lo hace precisamente por la trayectoria más reciente. Cuando el escocés aterrizó en Manchester, el United solo había ganado siete ligas. Los de Merseyside ya llevaban dieciséis. Por eso, esta Premier sabe aún mejor. Por eso, el veterano de Glasgow está y estará en el Olimpo de los técnicos británicos. Para siempre.
Muy poco después dará comienzo la segunda cita destacada de la tarde, la final de la FA Cup. Una contienda en la que participan todos los equipos del país y que se celebra desde 1871. De ahí su extraordinario prestigio, superior en la inmensa mayoría de los casos al resto de copas del continente. Es un torneo mágico, en el que un conjunto de la más baja división llega a medirse con el más poderoso enemigo. Y lo que es más apasionante, plantarle cara.
En este 2011 el premio será para el Manchester City o el Stoke. Los primeros llevan sin saborear un trofeo desde 1976; los segundos, desde 1972, cuando lograron el único importante de su larguísima existencia: una League Cup, la actual Carling, frente al Chelsea. La comparecencia de los Citizens puede extrañar por su juego aunque no por su plantilla, dada la gigantesca inversión realizada estos últimos años por el jeque Mansour bin Zayed Al Nayhan. La de los Potters es, ciertamente, para quitarse el sombrero.
Es obvio sobre qué equipo recae el papel de favorito. Sobre el papel, el bloque de Roberto Mancini es muy superior, con enorme equilibrio en todas las líneas y estrellas mundiales como David Silva, Yaya Touré o Carlos Tévez (duda hasta última hora). Sin embargo, la ideología de su técnico es un serio riesgo para el City. Además, si por algo llaman la atención los hombres de Tony Pulis es por su agresividad. Saldrán a morder desde el pitido inicial. Es su estilo, quizás arcaico para muchos en la actualidad, pero cuya eficacia está fuera de toda duda.
Desde su regreso a la máxima categoría en 2008, el Stoke jamás ha sufrido para salvarse. Ha convertido su estadio, el Britannia, en uno de los campos más complicados de la Premier. Y su poderío aéreo es una verdadera pesadilla para el rival. Que le pregunten a Arsène Wenger, entrenador brillante aunque mal perdedor en ciertas ocasiones. En una, se atrevió a calificar a los Potters como ‘un equipo de rugbi’. Pues hace nada, su vistoso Arsenal cayó en la fortaleza de Pulis por 3-1. Una demostración de que en el fútbol no hay nada escrito sobre formas de jugar y que nadie tiene potestad para decir cómo debe hacerlo cada uno.
Y ojo, que la Carling Cup ya rompió quinielas.
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