Pep Guardiola y la asignatura de alemán
Las especulaciones sobre el futuro de Pep Guardiola se habían convertido en semejante baile de destinos que uno tenía que dudar sí o sí de las primeras informaciones que lo acomodaban en Múnich a partir del próximo verano. Sin embargo, esta vez era cierto. Curiosamente, fueron periodistas italianos los que destaparon el desembarco de un entrenador catalán en Alemania, con mérito especial para Gianluca Di Marzio, uno de los más conocidos rostros del canal Sky en Italia. Una vez evaporada la sorpresa inicial, reflexiones.
En líneas generales, la elección de Guardiola se ha definido como un gran acierto, tanto en los medios de comunicación como en la calle. Esta opinión se sostiene en muy diversos factores, desde la categoría de la institución bávara, de su potencial económico, del nivel de su plantilla y de la imagen que el club, el otro FCB, tiene alrededor del planeta. Por supuesto, también juega su papel la emergencia de la Bundesliga, una competición saneada, con dirigentes responsables, unas gradas a rebosar de público (la comparación de precios con otras ligas es humillante) y un futuro todavía más brillante que su presente.
De otras voces se desprendía una cierta decepción. Consideraba esta minoría que el ex técnico del Barcelona se había decidido por una carta menos atrevida que la feroz Premier League, la de un Bayern que solo encuentra rival en el joven Borussia Dortmund. Se añadía que el torneo alemán caminaba hacia un dualismo similar al español, y donde Pep se encontraría protegido por la historia y estabilidad del club más poderoso del país. Es indiscutible que el Hamburgo o el Werder Bremen hubieran significado retos aún mayores, pero Guardiola tampoco verá una alfombra roja allá por donde pase.
En primer lugar, los niveles de exigencia del Bayern se hallan entre los más altos del continente. Es ganar o morir. Y para ejemplo, Louis van Gaal, conquistador de un doblete en su primera temporada y despedido de forma cruel menos de un año después. Cierto es que las relaciones del holandés con los dirigentes bávaros se habían deteriorado demasiado, en especial con el temible Uli Hoeness, actual presidente y cabeza visible de una directiva a la que no le tiembla el pulso lo más mínimo. Mención aparte, desde luego, merece el trabajo con su plantilla de futbolistas.
Tras su llegada al banquillo del Camp Nou, Guardiola ordenó buscar una salida para algunos de sus grandes egos, como Ronaldinho, Deco o Samuel Eto’o. Años después, las tuvo tiesas con otro genio de difícil temperamento como Zlatan Ibrahimovic. En Múnich tendrá a su disposición otro vestuario repleto de cracks, aunque no tan manso como el último que lideraba en España. Franck Ribèry o Arjen Robben son dos fabulosos extremos, aunque también difíciles de llevar: el holandés puede echarse a perder un tiempo con sus lesiones o sus caprichos y el francés por el exceso de revoluciones en su cabeza. En todo caso, el catalán dispondrá de una buena base de canteranos, como Philipp Lahm, Bastian Schweinsteiger, Toni Kroos, David Alaba o Thomas Müller y un nutrido grupo de jóvenes muy talentosos, como Javi Martínez, Xherdan Shaqiri, Emre Can o Mitchell Weiser. Y los que llegarán.
El éxito o fracaso de Pep Guardiola en el Bayern de Múnich es una incógnita, y también uno de los máximos atractivos para la próxima temporada en Europa. El fútbol alemán camina hacia la excelencia y sus protagonistas son jugadores disciplinados, trabajadores, como siempre lo han sido, aunque cada vez más técnicos y volcados en el toque y la combinación, como se aprecia en la selección nacional. Y en medio de ese panorama, el artífice del sextete encaja mejor incluso que uno de sus famosos trajes ajustados.
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