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Aprendiz de madre

Posts tagged ‘Navidad’

La silla vacía

16 de diciembre de 2013 a las 18:25

Haciendo a un lado el consumismo desaforado y el exceso de ñoñerías que somos capaces de cometer en la época decembrina, la Navidad es sin duda una de las etapas más emotivas del año porque nos permite disfrutar de la familia y de los amigos.

Sé que hay mucho Grinch por ahí suelto que pese a su repudio público a tan señaladas fechas en el fondo también disfruta de la cercanía de las personas amadas durante las cenas y convites.

Y es precisamente en estas reuniones donde se encuentra el significado de la Navidad. Sí, sé que a muchos les parecerá un coñazo pero poder sentarte un par de horas con la gente que más quieres para cenar, conversar, reír, cantar e incluso bailar, es una de las experiencias más gratificantes que existen.

Sin embargo, no siempre tenemos la dicha de disfrutar de los que más amamos, no sólo porque muchas veces la familia no está tan a la mano como nos gustaría, sino porque hay personas significativas que se han marchado definitivamente de nuestro lado a las que extrañamos todos los días pero con mayor ahínco durante la Navidad.

Los que están lejos encuentran alguna manera de manifestarse en diciembre ya sea con una llamada, un correo electrónico o una videoconferencia. Pero los que ya no están, los que se han marchado para siempre, duelen profundamente en el corazón.

Esas lamentables ausencias nos sirven para rememorar algo que ya sabemos pero que muchas veces nos cuesta asumir: la muerte es irreversible.

Y esas sillas vacías alrededor de la mesa navideña nos recuerdan la importancia de vivir, de abrazar, de valorar a las personas que amamos porque no vamos a estar juntos siempre. Porque mañana puede ser demasiado tarde para pedir perdón. Así que si tienes la suerte de tener a la familia al completo, a los padres, los abuelos, los hermanos, los hijos, no dejes pasar la oportunidad de reunirte con ellos y  demostrarles que te importan.

Y si alguno ya no está, recuerda siempre que estuvo y en su memoria disfruta plenamente cada uno de los días que están por venir.

Feliz Navidad y gracias por estar…

 

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Escrito por Azucena Alfonsín 7 Comentarios
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Las mentiras navideñas

19 de diciembre de 2011 a las 14:03

– Mamá… ¿Papá Noel es chica?

– No, es un chico, no ves que lleva barba.

– Pero también lleva pendientes, y yo creo que es chica porque lleva el pelo largo y además lo tiene rubio.

– ¿Y tú como sabes eso?

– Porque le asoma el pelo debajo del gorro.

– Pero Montse, ¿no ves que si fuese chica se llamaría Mamá Noel?

– Pero si es chico… ¿por qué parece mujer?

– ¿Y si el que viste no era el verdadero Papá Noel sino una chica disfrazada?

– ¿Ah sí?

– Pues no sé, puede ser.

– Yo creo que no es Papá Noel ni Máma Noel, yo creo que es Abuelo Noel.

– ¿Abuelo Noel?

– Sí, porque lleva barba blanca y parece un poco viejo.

Esta conversación con mi hija sucedió cuando vio a uno de los falsos Papás Noel que visitan las escuelas y los centros comerciales. Desde el año pasado me preocupaba como sobrellevar esa sarta de mentiras que contamos a nuestros hijos cada Navidad sobre el bondadoso personaje que se encarga de los regalos. Por un lado les inculcamos valores como la honestidad pero por otro, les llenamos la cabeza de mitos e ilusiones para convertir diciembre en un mes idílico.

Pero es que claro, son años y años de tradiciones familiares que tampoco se pueden ir al carajo solo porque una señora olvidó quitarse los pendientes antes de ponerse el gorro.

Y es que yo estoy a favor de las costumbres navideñas y crecí con esa misma ilusión que veo en mi hija que cada día pregunta cuanto falta para poner al niñito Jesús en el Belén.

Así que por esta vez (y con esta vez me refiero a los próximos 10 diciembres, por lo menos) seguiré ensalzando su imaginación con esas pequeñas mentirijillas que no le hacen daño a nadie. Y disfrutaremos los bombones del calendario de adviento que la peque -con su inmensa generosidad- comparte conmigo en una proporción 90-10. El 10% es el mío, claro:

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Escrito por Azucena Alfonsín Comentar
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Un diciembre para recordar

9 de diciembre de 2011 a las 16:08

Diciembre suele ser un mes para dar, recibir y recordar. Y son esos recuerdos los que hacen que una familia permanezca unida aún cuando ya no estén todos juntos. Mi hija, de 3 años, solo pasó dos navidades con su abuelo materno, pero lo recuerda casi a diario. Estos días, en medio de la fiebre navideña que padece desde el pasado mes, le dedica mucho tiempo a su abu Toto. Le ha puesto una bota para que Santa le deje un regalo, le ha dibujado una flor de Navidad y suele dejar un caramelo junto a su foto.

Esos gestos que nacen de su absoluta inocencia me hacen valorar lo importante que es mantener viva la presencia de la gente que amamos. Y el corto «Semilla del recuerdo», de Renato Roldan, me ha hecho remembrar  algo que todos sabemos: «lo que nunca se olvida vive para siempre».

Disfrútenlo:

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Escrito por Azucena Alfonsín Comentar
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Esperando a Santa

29 de noviembre de 2011 a las 12:41

Todo comenzó con un anuncio de turrón. «Mamá… ¿ya casi es Navidad?», me preguntó mi hija mientras me apartaba los pelos de la frente. Debo confesar que la interrogante no me sorprendió puesto que la peque garabateó la primera versión de su carta a Los Reyes el pasado septiembre.

Desde entonces ha hecho tres versiones diferentes de la anhelada misiva y yo, que suelo hacer las compras compulsivamente en noviembre porque estoy convencida de que en diciembre me van a estafar con los precios, me doy de topes contra la pared cada vez que ella quita y pone un juguete nuevo.

Porque claro, la peque tiene tres años por lo que su lista se reduce a un dibujo en el que haciendo alarde de su arte interpreta subjetivamente sus deseos sin que yo me entere de nada. Ahí es donde empieza mi discreto interrogatorio:

-¿Y esto qué es?

– Son juguetes mamá, ¿no lo ves?

– Ya, pero ¿qué juguetes?

– Los que quiero que me traigan Santa y los Reyes.

– ¿Y cómo se llaman esos juguetes?

– ¡Ay mamá! Esta carta no es para ti, ¿por qué preguntas tanto?

Aunque no suelo comprarle a pie juntillas todo lo que su majestad solicita, sí que intento complacerla en un par de caprichos -los que permita la crisis-  aprovechando mis brotes de generosidad navideña. De ahí mi interés por saber lo que pide. El año pasado tuve suerte y me «leyó» toda la carta, pero en esta ocasión deduzco por lo que me cuenta cuando le apetece que aún no se decide entre un tren eléctrico, un dinosaurio que ruge, un robot con mando y una Barbie con piscina para perros incluida (?). Lo que ya tiene asegurado son los patines, porque esos los pidió el año pasado pero aún no tenía la edad suficiente.

Yo es que la Navidad me la tomó muy en serio, así que ya está puesto el arbolito y empecé a buscar un belén apropiado a su edad (o lo que es lo mismo, un belén anti niños, para que sobreviva este año y algunos más). Y ya tengo en casa el consabido calendario de adviento porque el año pasado por un despiste mental lo compramos a mediados de diciembre y la pobre tuvo que zamparse 15 bombones en cuatro tardes.

Así que ante la pregunta «Mamá… ¿ya casi es Navidad?», no me quedará más que responder con paciencia y una sonrisa o inventarme un calendario de pre-adviento para que ella lleve su cuenta y yo no me aburra con la cantaleta.

Y ya que estamos con el rollo navideño, han visto el nuevo anuncio de Loterías?

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Escrito por Azucena Alfonsín Comentar
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La magia del 6 de enero

7 de enero de 2011 a las 0:00

Todo salió perfecto, tal como estaba planeado. El día de Reyes es el más significativo de las fiestas navideñas. Montse lo tiene claro, porque el año pasado (con un añito cumplido) lo disfrutó en grande. Y con una experiencia tan grata guardada en su memoria selectiva era lógico que esperara el día con tanta ansiedad. En nuestra casa, como en muchísimos otros hogares, la víspera de Reyes fue una locura. La nena no podía conciliar el sueño por los nervios. Algunas horas antes intentó convencerme de que dejáramos leche en vez de agua en el cubo de los animales, porque, según su reflexión: «¿Cómo van a mojar las galletas en agua, mamá? Seguro que no les gusta».

Al final pusimos agua. Y a los Reyes leche y galletas. Dejamos la ventana medio abierta y nos fuimos a la cama… a conversar. Tardó mucho en dormirse. Estuvimos abrazadas hasta las cinco de la madrugada mientras el padre dormía como un bebé. Ella alumbraba la ventana de la habitación con su linterna, atenta a cualquier movimiento extraño. Y con el temporal de viento que hubo anoche, normal que escuchara ruidos cada dos minutos. «Ssshhttt calla mamá, ¿los oyes? Creo que ya están aquí… han llegado mamá!!! Anda, vamos al salón». Yo me mantuve despierta más por solidaridad que por falta de sueño. Finalmente se durmió minutos antes de las cinco, con la linterna en la mano y una sonrisa en la cara.

 Y claro, al otro día la pobre estaba rendida, por más que su emocionado padre intentó despertarla no hubo forma. Así que en casa abrimos los regalos hasta pasadas las dos de la tarde, cuando la peque abrió los ojos de golpe gritando: «Han venido, llegaron ya??? Vamos chicos, al salón». No les había contado que en ocasiones nos llama chicos, así, con esa familiaridad que solo tienen los niños.

Y allá fuimos todos corriendo al salón. Vio los regalos pero los ignoró al principio. Lo que más le importaba era confirmar si se habían tomado las galletas y la leche. Sonrió satisfecha mientras le pedía a su padre que la ayudara a asomarse a la ventana para ver el cubo que reposaba tirado sobre el césped, vacío. Después de eso saltó, gritó y bailó mientras abría los regalos, y yo con ella. Montse estaba feliz, no quiso ni pasar por el orinal aunque por sus saltitos nerviosos me di cuenta de que tenía que ir. Al final la lleve a la fuerza pero regresó corriendo. Nos quedamos jugando toda la tarde. Fue increíble ver la sorpresa en su carita y la felicidad en sus ojos. Más tarde, mientras tomaba la merienda me preguntó:

  • Mami… ¿cuando vuelven los Reyes Magos?
  • Falta mucho mi amor, mucho tiempo. ¿Por qué lo preguntas?
  • Es que quiero darles un beso
  • Anda peque, dámelo a mi, que no es lo mismo… pero es igual.

 

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La gran noche de los Reyes Magos

3 de enero de 2011 a las 14:34

El 6 de enero es mi festivo favorito porque mis padres hicieron que ese día fuera mágico e inolvidable. De hecho durante mucho tiempo callé  y les hice creer que aún creía para no dejar de recibir regalos. Y funcionó. Ahora me toca hacer el otro papel, el de los Reyes, y me divierto mucho. En América Latina lo usual es que sean los niños los que reciban los regalos, pero en España, por ejemplo, es habitual que se intercambien regalos entre todos, sin importar la edad.

La celebración de los Reyes Magos o los Santos Reyes como se les conoce también, se realiza en prácticamente todos los países hispanoparlantes y, con el objetivo de promoverla al resto del mundo, me gustaría hacerles una propuesta: llenar de niños nuestro Timeline (Twitter) y/o nuestro muro (Facebook).

El próximo día 6 de enero  podríamos cambiar el avatar o imagen de perfil por una foto de nuestra infancia o por una foto de nuestros hijos, de este modo seríamos muchos niños parlotenado en las redes sociales. ¿Qué les parece? Es una forma sencilla de inundarnos  de sonrisas infantiles, seguro que nos levanta el ánimo a todos. En Twitter podemos usar el hashtag #ReyesMagos que  posiblemente será Trending Topic ese día. Si se animan los espero en mi timeline con su mejor sonrisa infantil o con la foto de los pequeñajos de la casa. Feliz Día de Reyes a todos.

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Escrito por alfonsin 7 Comentarios
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Víspera navideña

22 de diciembre de 2010 a las 14:02

Este año me apetece poco celebrar la Navidad pero si tienes en casa a una niña de 2 años y medio que es fan de Los Reyes Magos, Papa Noel y el reno Rodolfo, es imposible ignorar la algarabía navideña. Así que contra todo pronóstico me he sorprendido cantando Adestes fideles en varias ocasiones. Mi pequeño torbellino no para en todo el día. La ilusión es tanta que desde hace tres semanas los cuentos, las canciones, los juegos y hasta los berrinches, giran en torno a la Navidad.

Lo de los regalos es un capítulo aparte. Asigné un día específico para realizar las consagradas compras, así que trepamos al coche a la pequeña Jingle Bells y allá nos fuimos, porque el domingo, salvo que me toque guardia laboral, ella y yo no nos separamos ni por confusión. Cinco horas viendo, probando y comparando juguetes en tres centros comerciales, fue realmente agotador y más con la peque a cuestas. Menos mal que aún es fácil despistarla y no se daba cuenta de que yo iba metiendo todo lo que llamara medianamente su atención en un carrito camuflajeado para poder decidir después. Ella nos lo puso fácil puesto que el día que le tocó «escribir» la carta para llevársela al cartero real, la peque pronunciaba su misiva en voz alta mientras dibujaba unos garabatos sobre un papel. No sé si es la lista definitiva porque hace dos meses que la está preparando y la cambia casi a diario, pero la carta le quedó preciosa. La decoró con el dibujo de un sol y de un Papá Noel, cosa que igual a los Reyes no les hace mucha gracia pero se tienen que aguantar, que la competencia es mucha y la crisis no está como para ofenderse.

El festival navideño de la guarde también la tiene emocionada, aunque la pilló en medio de un catarro con tos y fiebre. Disfruta tanto tocando su pandereta que, con todo y mocos, Montse ensaya incluso los días que no va al cole. Me ha dicho que me tiene una sorpresa y que la canción me va a gustar. Yo no tengo la menor duda, verla cantar y sonreír son cosas que aderezan cotidianamente mi vida. Mañana será el gran día para ella y sus compis del colegio, que podrán cantar frente a los embobados padres esa secreta canción que han preparado durante semanas.

En el fondo solo deseo que todo esto pase pronto y que el 2010  quede atrás. Pero mientras llega el esperado 1 de enero, seguiré secundando las locuras navideñas de la niña, que para eso soy su madre. Felices fiestas.

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