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Aprendiz de madre

Posts tagged ‘lecciones de vida’

Aferrándose a la vida desde el vientre de su madre

3 de enero de 2013 a las 19:49

Nevaeh Atkins es una pequeña originaria de Arizona que se ha convertido en un fenómeno viral aún antes de nacer.

La historia comenzó el pasado 9 de octubre cuando Alicia Atkins, la madre de la pequeña, se sometió a una cesárea. Durante el parto, la diminuta mano de Nevaeh se asomó por el vientre de su madre y se aferró con fuerza a la mano del doctor que la ayudaba a nacer.

El inolvidable momento fue oportunamente capturado por la cámara del emocionado padre.

Foto: A Classic Pin-Up Photography

«El médico me dijo que Nevaeh le estaba cogiendo el dedo así que saqué la fotografía. Estaba totalmente asombrado», aseguró Randy Atkins durante una entrevista a la cadena 3TV News.

A finales de diciembre los padres de Nevaeh decidieron compartir la foto en Facebook con sus amigos y familiares provocando una avalancha de visitas desde las redes sociales. Y no es para menos, la imagen de la diminuta mano aferrándose con fuerza a la vida es sencillamente impresionante.

Aquí la entrevista a los padres:

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Escrito por Azucena Alfonsín 10 Comentarios
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Año viejo, nuevos recuerdos

31 de diciembre de 2012 a las 12:02

Estamos a unas horas de comenzar el 2013 y, como es habitual, el mundo se prepara para recibir un año nuevo y todo lo que conlleva. Para muchos el recuento de fin de año es una oportunidad de repasar los sucesos más importantes haciendo hincapié en todo aquello que nos lastimó o nos hizo inmensamente felices. Ese último balance nos permite también revalorizar momentos memorables que se pierden en la inmensidad de los detalles. Acontecimientos cotidianos que aunque no están a la altura del nacimiento de un hijo, una boda o la firma de un contrato laboral, nos regalan momentos placenteros que vale la pena recordar… y repetir. Tal vez ese domingo en que te sentiste completamente feliz por tener dos horas libres para entregarte a la lectura con un café en la mano y en absoluto silencio. O el día que a causa de tu insomnio pudiste regalarte un amanecer de invierno. ¿Y qué me dices de ese momento irrepetible en el que hiciste sonreír a alguien que lloraba?

Queda poco tiempo por delante y seguramente miles de cosas por hacer antes de la fiesta de la Nochevieja, pero vale la pena intentarlo. Cerrar los ojos y revivir esa vez en que tu hijo te dijo «te quiero» o la mirada amorosa de tu madre mientras te sonreía cuando eras un niño. A medida que vamos envejeciendo los recuerdos se acumulan unos sobre otros y dejamos de lado todo aquello que nos ha hecho mejores personas. Muchos ya no tendremos nunca la oportunidad de darle un abrazo al viejo, a ese que nos crio y nos dedicó su vida con total entereza mientras nosotros perdíamos el tiempo jugando a ser mayores. Y ahora que somos mayores y necesitamos fervientemente cruzar unas palabras con ese padre ausente sólo nos queda el recuerdo.

De ahí la trascendencia de decir te quiero a las personas importantes que nos rodean. De ahí la necesidad de abrazar sin motivo, porque en cada abrazo regalamos un poco de nosotros y dejamos una sonrisa en las caras ajenas.

Lo único cierto de cara a este año que se vislumbra es que no sabemos si vamos a recorrerlo entero. Ante ese panorama es mejor entregarnos por completo a la devoción de la familia, de los amigos, de esas personas que hacen que vivir valga la pena. Así que ama, respeta, sonríe, disfruta, comparte, abraza… y serás un poco más feliz.

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Cuatro años de experiencia

11 de abril de 2012 a las 10:32

Hoy mi hija celebra su aniversario y yo sumo cuatro años de experiencia maternal, aunque en realidad deberían ser casi 5 años porque una comienza a pensar como madre justo cuando le confirman el embarazo. De repente y de la nada surgen mil dudas sin respuesta: ¿Será niño? ¿Será niña? ¿Nacerá sano? ¿Le gustaré? ¿Me gustará? ¿Podré con esto? ¿Me dolerá? ¿Seré buena madre? ¿Y si lo malcrío? ¿Le gustarán las ciencias? ¿O las letras? ¿Me escuchará? ¿Podremos ser amigos?  ¿Tendrá amigos? ¿Colegio público? ¿O concertado? ¿Lo educo en casa? ¿Y si lo mando a la guardería? ¿Lactancia exclusiva hasta los dos años? ¿O será muy exagerado? ¿Colecho sí? ¿Colecho no? ¿Tendremos otro? ¿O nos quedamos solo con uno? ¿Y el nombre? ¡EL NOMBRE!

Cuando recibí a Montserrat entre mis brazos  aquel viernes 11 de abril solo tuve tiempo de pensar en una cosa: lo haré siempre lo mejor que pueda. Y se lo prometí mientras miraba sus ojos recién nacidos que lo absorbían todo con su luz. Hasta  ahora he intentado no romper esa promesa. Lo hago lo mejor que puedo aunque eso no signifique que lo haga siempre bien. Me equivoco con frecuencia y suelo tomar malas decisiones de las que luego me arrepiento. Ser madre a veces duele. Sobre todo cuando se enferman, cuando los hijos experimentan esos momentos de debilidad que son también los tuyos. Cuando lo están pasando mal y sientes como crece tu impotencia ante el dolor de ese ser cuyo bienestar depende casi por completo de ti.

En lo que a maternidad se refiere la antigüedad no nos convierte en expertos. Porque los expertos en crianza no existen, al menos no en términos de generalidad. Seguro que puedes ser experto en la crianza de tus propios hijos pero eso no te hace apto para criar al resto. Cada niño es un pequeño universo y no podemos educarlos con el mismo librillo. Al niño se le guía con amor, con paciencia y con presencia. Porque estar ahí, a su lado, es la mejor forma de orientar.

Hoy entiendo que aún soy una aprendiz de madre que tal vez encontrará su maestría con el tiempo y con la cotidianidad. Pero ahora, mientras mi hija crece ante mis ojos, solo me queda estar ahí con ella, para ella. Eso sí, he tomado nota de mis errores para intentar no repetirlos. En este largo camino mi hija ha sido mi maestra y mi mejor lección. Es ella la que me orienta con su mirada, con sus reacciones. Es ella la que me hace entender que gritando no solucionamos nada. La que es capaz de arrancarme una sonrisa justo cuando estoy interpretando mi papel de bruja para conseguir que recoja los juguetes. Ella es solo una niña. Soy yo la que tengo que esperar y respirar.

He aprendido que no le puedo imponer todo, que tengo que dejar que ella también decida, que participe en las cosas que le atañen. Y me han criticado por ello porque muchos de los que me rodean piensan que la estoy malcriando. Yo creo que no, al contrario, la estoy bien criando porque sé que tomar sus propias decisiones –y asumir las consecuencias de las mismas- será una de las mejores enseñanzas que yo le pueda heredar.

He asimilado que la crianza debe ser respetuosa no solo para el niño sino también para la madre. Me he topado de frente con la intrusión, esa gran metomentodo que llega en forma de amigos, de familiares o de perfecta desconocida y empieza  a sugerirte lo que debes y no debes hacer respecto a tus hijos. Antes, cuando era aún más inexperta, solía dejarme influenciar e incluso les daba explicaciones.  Ahora, de forma educada pero tajante, los mando a tomar por saco. Porque la crianza de mi hija es asunto de familia y como tal debe tratarse. Y he aprendido también a respetar, a no ser yo la que va por la vida intentando convencer a otra madre para que se sume a la lactancia, por ejemplo, porque me pongo en su lugar y debe ser cansino estar escuchando una y otra vez la misma cantaleta, que sí el biberón mejor no, que no lo dejes dormir solo, que bésalo, que cuídalo. No, así no.

Una madre sabe, entiende e intuye lo que es mejor para sus hijos y toma las decisiones según su bagaje emocional, según las circunstancias y lo que necesitan ella y su bebé en cada momento. A una madre no hace falta convencerla para que quiera, para que abrace, para que acune, para que no haga llorar. Eso se sabe, se entiende, se intuye.

He vivido intensamente este último lustro de mi vida. He aprendido y he desaprendido. Me perdí y me encontré ya un par de veces. Por eso creo que estoy en el camino correcto. Porque voy despacio, sin pausa pero sin prisa, intentando cumplir día tras día el mismo objetivo: que mi hija sea feliz.

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Escrito por Azucena Alfonsín 12 Comentarios
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Un momento de meditación

27 de febrero de 2012 a las 15:12

Acabo de toparme en Facebook con un práctico vídeo de ejercicios de meditación y quiero compartirlo con todas esas madres que, como yo, carecen de tiempo suficiente para tomarse un respiro de vez en cuando.

A través de One-Moment Meditation, Martin Boroso nos enseña a concentrarnos aún en los momentos más difíciles y estresantes. Es una  forma de «auto resetearnos», sí, como los ordenadores que se quedan colgados cuando tienen demasiados datos para procesar.

Boroso descubrió una técnica práctica y rápida de remediar esos momentos de agobio. A mí me funcionó de maravilla, aunque claro, solo lo hice una vez… espero que no tenga fecha de caducidad.

 

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Un año más

31 de diciembre de 2011 a las 15:37

Si generalizamos -porque a veces viene bien- este año no ha sido precisamente uno de los mejores de la década. Definitivamente no ha sido un año de abundacias materiales. Esa amenaza latente llamada crisis de deuda se cierne sobre la tranquilidad de los españoles, de los italianos, de los griegos, de los portugueses…

Noticias que antes nos quedaban muy lejos se han convertido en una pesadilla constante de la mano de entidades como Standard & Poor, Fitch y Moody´s. Cada vez son más las personas que se sienten contra las cuerdas, víctimas de la desesperanza al contar los días que faltan para que se les termine una prestación económica.

Aquí, en Galicia, las imágenes de centenares de personas haciendo cola afuera de los comedores públicos  hicieron que se nos helara el corazón.

La crisis nos está golpeando fuerte. Muchos empleados salen de sus casas cada mañana con un solo deseo: no engrosar las listas del paro. Y el cambio de Gobierno no promete ser la solución a este desolador panorama que nos deja el 2011.

Los deseos para el nuevo año, esos a los que nos entregamos entre uva y uva, se convertirán esta última noche del año en una tabla a la que podremos aferrarnos en silencio, mientras cenamos junto a la familia intentando apartar los momentos negros del año viejo para centrarnos en los que nos hicieron sonreír.

Dicen que la esperanza nunca muere, así que recarguemos la energía positiva para enfrentar un 2012 que no promete ser mucho mejor que estos 12 meses que hoy se desvanecen para siempre.

Para terminar el año me quedo con estas frases de Xosé Carlos Caneiro, columnista de La Voz de Galicia

«Non sufras. Que non rouben a risa. Que o paxaro da felicidade poida aniñar no teu cabelo, dourado de sol, negro de chocolate, vermello, gris, invisible. Por favor, non sufras. Esteas onde esteas, encerrado, triste, túnel, han de acabar as sombras. Acariña 2012 coa punta dos dedos, reza comigo a oración dos días felices(…). Que non te abrumen os poderosos, líderes e lideresas, e as súas heroicidades: en realidade, os grandes heroes do noso tempo son os que soportan a enfermidade e non perden de vista a esperanza, nunca; os heroes son os que coidan aos enfermos; os heroes, os que están a carón dos necesitados, sempre. Oxalá 2012 escriba estas palabras que eu escribo cada xoves, cada desgarro, para ti. Non sufras, por favor».

¡Fuerza y mucho ánimo para el 2012!

 

 

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Volver sobre mis pasos

24 de septiembre de 2011 a las 15:58

A veces basta con parar un momento a tomar un café para evaluar en un santiamén tu vida. Y la mía ha sido un tanto caótica en los últimos años. Nada queda ya de la profesionista que se aferraba a una existencia sin hijos en pos de una supuesta libertad. Y muy poco queda de aquella mujer que fui, un tanto insensata, que apostaba todo a un solo número sin medir las consecuencias. Los reveses del destino -por llamarle de algún modo- me llevaron por un camino diferente, más modesto y alejado de mi caparazón mundano, pero mucho, mucho más enriquecedor.

Cuando dejas atrás toda una vida para estar con los tuyos en los momentos difíciles aprendes a revalorizarlo todo. Te das cuenta de que has perdido el tiempo poniéndole precio a cosas invaluables y desaprovechando esos momentos afectivos que, uno a uno, van tejiendo tu paso por el mundo.

Comienzo este otoño tomándome un mes sabático que me permitirá reencontrarme con mi pasado después de un lustro. Regreso atrás huérfana de padre pero con una hija. Porque la misma vida que suele quitarte las cosas que más amas, también te compensa con regalos maravillosos que trastornan tu existencia para bien. Hasta pronto.

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Madres e hijas

20 de agosto de 2011 a las 18:49

Desde que comencé a formarme empíricamente como mamá -justo después de saberme embarazada- he acumulado muchas lecciones que me permiten sobrellevar con dignidad hasta las situaciones mas inverosímiles de la maternidad. Claro que además de un poco de suerte he tenido la fortuna de contar con el apoyo de mi madre, una gran maestra en estos menesteres de la crianza. Ella pertenece a la escuela clásica y aunque a veces no estemos de acuerdo en algunos puntos clave, admito que aprendo mucho de su experiencia. Y una de las enseñanzas más importantes de los últimos tres años ha sido la complicidad que nace entre una madre-abuela, una hija-madre y una nieta-hija.

Pero no todas tienen la oportunidad de contar con esa proximidad materno filial ya sea porque son madres que han decidido abortar, o dar en adopción, o porque son hijas que no han podido crecer junto a sus madres. Cada vida, cada familia, es una historia distinta, colmada de risas y llantos. Captar en un guión cinematográfico todas esas emociones no resulta fácil, por eso he quedado gratamente sorprendida con la película Mother and child (2010), del director colombiano Rodrigo García (sí, el hijo de García Márquez) producida por Alejandro González Iñárritu.

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Naomi Watts, Annette Bening y Samuel L. Jackson, protagonizan esta historia de separaciones y desencuentros en la que la vida de tres mujeres se entrelazan alrededor de la maternidad. Encontré la cinta en el vídeoclub y aunque el encargado me aseguró que era un rollo, Bening y Jackson eran dos buenos motivos para arriesgarme. Y no que equivoqué.

Debo confesar que una de las cosas que más me gustó de la cinta fue el tema Little One interpretado magistralmente por Lucy Schwartz. Es de esas canciones que apenas oírlas se convierten en parte de tu historia. Esta es la versión completa…

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Escrito por Azucena Alfonsín 4 Comentarios
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Un equipo de soñadores que solo ha metido un gol

3 de agosto de 2011 a las 2:18

Lo importante no es ganar, sino competir. Aunque suena más bien a premio de consolación, un equipo mixto de fútbol infantil ha hecho de esta trillada frase su filosofía de vida. Se trata de un grupo de niños con una peculiaridad: nunca han ganado un partido. Me topé con este montón de sonrisas optimistas gracias a un documental catalán que me recomendó Paula (del blog Sin sentido), titulado L’equip petit.

A lo largo de los 9 minutos que dura el vídeo -que por cierto está arrasando en las redes sociales- los integrantes del Margatània F.C, un club infantil de la localidad de Vilanova i la Geltrú, en Barcelona, van narrando sus experiencias futbolísticas que siempre suelen tener el mismo final: la derrota. Y no son dos, ni tres, ni cinco, los goles que reciben en cada partido. Les han llegado a meter hasta 27 en un mismo encuentro. Pero ellos se lo toman con filosofía, sin enfadarse, sin sentirse mal. Porque aunque no lo demuestren en el marcador, en realidad son unos campeones.

«Si un día marco un gol estaría tan contento que saldría volando», asegura uno de los alevines dirigiendo su mirada esperanzada hacia la cámara. Pero si no lo consigue no pasa nada, porque como añade uno de sus compañeros de equipo: «Ya marcaremos el gol cuando seamos mayores».

En la última temporada consiguieron lo que nunca antes: lograron meter la pelota en la portería de sus adversarios y terminar  con 271 goles en contra pero uno a favor. Y ese único gol les ha permitido multiplicar su optimismo para seguir pateando el balón en busca de la portería.

Que gran ejemplo el de estos niños para esos progenitores pesados que en su afán por fomentar la competición presionan a sus hijos lo mismo en una cancha, que sobre un escenario. Los padres tenemos mucho que aprender de este equipo de triunfadores que hacen de cada partido un juego y de cada patada una aventura…

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Gracias a la vida

20 de junio de 2010 a las 13:37

«Mami… gracias por quererme» espetó Montse inesperadamente mientras le cubría con polvos de talco el cuello tras ponerle su pijama y echarle pomada en una pupa.

Tardé algunos segundos en reaccionar porque estaba sorprendida y encantada. ¿Era consciente mi hija de dos años del precioso valor de la gratitud? Desde hace un tiempo decidimos enseñar a la niña algunos valores importantes como la amabilidad, la cortesía, el agradecimiento. Empezamos, como se hace casi siempre, con el «por favor» y el «gracias». La niña suele dar las gracias si le das algo, si la ayudas con sus dibujos, si aceptas jugar con ella, en fin, las cosas cotidianas.

Pero cuando ayer por la noche me agradeció por quererla casi me voy de espaldas. El aprendiz de padre estaba presente y también vi sorpresa en su mirada. Es increíble las cosas que entienden los niños. Y es increíble también lo mucho que los adultos menospreciamos su inteligencia y su capacidad de absorción de conocimientos.

Mi hija me dio una lección de vida. Otra más de una larga lista que comenzó antes de que naciera. Ahora entiendo que ella sabe mucho de más de lo que aparenta. Conoce los sentimientos, los aprecia, los devuelve y es capaz de mostrarse agradecida ante la muestras de afecto de los demás. Yo simplemente la amo.

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En el bosque de las hadas

28 de mayo de 2010 a las 23:40

Hace varios meses comencé una estrategia para ayudar a Montse a que deje el tete de una vez y para siempre. Debo confesar que no ha resultado fácil pero tampoco me ha ido tan mal. Ahora la peque solo pide el anhelado chupón para dormir por las noches. Sin embargo, tanta fue mi insistencia para intentar convencerla de que no pidiera el tete todo el tiempo porque lo tenía la hada (La hada del tete que me inventé, claro) que un buen día llegó a mis brazos y me dijo con su melodiosa voz: «Mamá, quiero verlas, a las hadas, llévame al bosque».

«¡Trágame tierra!» pensó esta aprendiz de madre que se ha dado cuenta de que engañar a los niños con fantasías tal vez no sea una buena idea.

Para no decepcionar a mi princesa su padre, su abuela, su tía y yo la llevamos a un terreno boscoso que tenemos cerca de casa, pero antes, escondimos entre los árboles una cajita de música que en lugar de tener la clásica bailarina tiene un Winnie The Poo danzarín.

Montse, que estaba feliz, pletórica y acompañada de su inseparable «nenecito», gritaba mirando hacia los árboles: «Hada, dónde estás, ven aquí que quiero verteeeeee».

Mientras la super abu entrenía a la nena, me aparté un poco del grupo y fingiendo la voz grité: «Montse no puedes verme porque vivo en un mundo mágico que se llama imaginación, pero te he dejado un regalo oculto entre los árboles. Búscalo y acuérdate de que el tete es solo para dormir».

La nena abrió los ojos como platos  volteando para todos lados hasta que encontró la caja. Le encantó. Todos la mirábamos embobados mientras ella le daba cuerda a su cajita.

Son esos breves momentos de felicidad los que le dan sentido a la vida. Ver la cara de un niño recibiendo un regalo o creando una ilusión es el mejor alimento para el alma. Fue un día inolvidable y Montse lo disfrutó muchísimo. Sólo espero que mi idea surta efecto y la niña deje poco a poco su chupete.

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Escrito por alfonsin 6 Comentarios
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