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El racing de pescado

Escrito por Antón Bruquetas
25 de Mayo de 2011 a las 18:04h

Solo le encuentro una ventaja a hacerse mayor y es que, poco a poco, con el veloz paso del tiempo, descubro las múltiples aristas que componen lo que soy, que configuran mi personalidad. Me he dado cuenta, por ejemplo, de que desfiguro el pasado, de que lo edulcoro de tal forma que siempre me parece mejor que el presente. Sin embargo, ya sé que no es así y, por eso, he aprendido a desconfiar de los recuerdos.

Entre estos, hay uno que regresa con cierta frecuencia y siempre deja el olor amargo de la nostalgia. En él estoy sentado delante del Quemao. El sol, teñido de un naranja pálido, se desploma sobre la línea del horizonte. En la mano sostengo un racing de pescado. Me lo llevo a la boca y entonces, en algunas ocasiones, siento cómo el aire tibio cataliza la amistad; en otras, el viento susurra palabras de amor y veo mi felicidad en la felicidad de otra persona. El bocado sabe tan intenso como el mar. Es delicioso.

Hace unos días volví al mismo lugar e imité minuciosamente las imágenes que aparecían en ese recuerdo. En contra de lo que suponía, comprobé que es el único del que me puedo fiar.

«Comme un enfant»

Escrito por Antón Bruquetas
25 de Mayo de 2011 a las 18:04h

De vacaciones. Disfrutando como un niño…

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Je chante et je pleure comme un enfant (comme un enfant)
Je joue a me faire peur comme un enfant (comme un enfant)
Je pense tout et son contraire comme un enfant (comme un enfant)
Je danse, j’ai le c’ur a l’envers comme un enfant (comme une enfant)

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Dos incidentes desagradables

Escrito por Antón Bruquetas
22 de Mayo de 2011 a las 12:59h

Para cualquier surfista un viaje en avión encierra, al menos, un incidente desagradable: el momento de facturar la tabla. -¿Sabe que tiene que pagar una tasa por este tipo de equipaje?- te recuerdan. -Confiaba en que hoy se le hubiese olvidado- suelo responder. A Coruña-Madrid-Lanzarote, 50 euros con Spanair. Lanzarote-Madrid-A Coruña, 150 con AirEuropa. En dos desplazamientos aboné la mitad de lo que me costó la tabla. Desconozco hasta qué punto es legal, pero lo que sí tengo claro es que no es justo. De hecho, utilizando un término muy de moda, es indignante.

Como decía antes, para cualquier surfista un viaje en avión esconde al menos este incidente desagradable. Sin embargo, para mí siempre hay reservado uno más. Y es que cada persona posee cualidades que la hacen singular y yo tengo una facultad innata para atraer hacia donde me siento a bebés mosqueados y con ganas de llorar durante el tiempo que dure el vuelo. Así que cuando me subo a un avión ya lo hago resignado.

Aunque para lo que no guardo tanta paciencia es para padres maleducados que empeoran la situación, que desconocen qué hacer con su bebé. Padres como los que se sentaban en la fila de al lado del vuelo que el lunes pasado me llevó desde Arrecife hasta Madrid. Durante más de una hora y media, mientras no paraban de moverse, busqué las palabras adecuadas para, desde aquí, hacerles un traje en condiciones. A cada paso que daban me nutrían de argumentos. Pero de repente el niño dejó de llorar y cometí el error de girar la cabeza y mirarlo a los ojos. Entonces, el pequeño chantajista me dedicó una enorme sonrisa de bonachón que me ablandó hasta la médula espinal. Una preciosa sonrisa que ahora me impide hacerles a sus padres el traje que bien merecían.

Algo increíble

Escrito por Antón Bruquetas
19 de Mayo de 2011 a las 0:38h

Ya había estado antes en Lanzarote, pero nunca me había ocurrido lo del domingo pasado. Me levanté a las seis y media de la mañana. Sé que hay que madrugar si quieres disfrutar de La Santa. Más tarde el pico se emborrona y no merece la pena. No, por lo menos, si lo que deseas es pasar un momento agradable, un rato alejado de tensiones.

Entré en el agua con Miki. La marea estaba todavía bastante baja. Solo rompía la derecha. Cerca de diez surfistas locales llegaron al pico con nosotros, así que me lo tomé con calma. Era consciente de que iba a coger pocas olas. Cuando llevábamos casi una hora de baño, comenzó a romper la izquierda. Muchas cerraban, pero yo era el único que les prestaba atención, lo que me dio la oportunidad de arreglar el madrugón. A las nueve y media decidí que había llegado el momento de ir a desayunar.

Regresé a la izquierda con las pilas cargadas. Era mediodía y esperaba que el pico fuese un hervidero, un enjambre de cabezas remando sin parar. Es lo habitual. Sin embargo, para mi sorpresa, y la de quienes estaban conmigo en el aparcamiento, había menos gente que por la mañana. De hecho, solo quedaban tres personas en La Santa.

No me lo podía creer. Media marea, un metro pasado sin viento y nadie en el agua. ¡¡Esto es imposible!!, pensé. Saqué el traje corto de la mochila, le di parafina a la tabla y salí corriendo. En las dos horas siguientes no paré de coger olas. Hasta tal punto que en una ocasión, cuando estaba sentado esperando la serie, le dije a Mingo que ya no podía remar más, que me iba a salir por agotamiento. Y entonces él me respondió: «Chacho, hoy aquí, te tienes que morir. Mañana no sabes cómo estará esto». Cristian, que, junto a Marco, completaba la nómina de quienes estábamos surfeando aquella joya, subrayó: «Es que a quien se lo cuentes va a pensar que le mientes. Porque esto es… esto es… ¡Algo increíble!».

La izquierda. Más de un metro. Limpia y espectacular. Uno de los mejores baños de mi vida.

«Here is the news»

Escrito por Antón Bruquetas
18 de Mayo de 2011 a las 0:24h

Pequeña banda sonora de una escapada relámpago al reino de La Santa

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Here is the news
I wanna go home, I want my baby back
Here is the news
I wanna go back
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Lanzarote, en 18-55mm

Escrito por Antón Bruquetas
18 de Mayo de 2011 a las 0:22h

Estaba pasando un mono insoportable de aire caliente, agua templada y olas de verdad. Así que el fin de semana me marché a Lanzarote. El resultado: durante tres días lo silencié a conciencia, pero ahora me doy cuenta de que lejos de haberlo curado, siento que lo he multiplicado por dos.

Y, sobre todo, cuando reviso, como en estos instantes, algunas de las fotos del viaje…


Al amanecer, cuando las imágenes todavía emergen de los sueños, el Risco de Famara parece el fondo del mar.

La derecha de la izquierda. Corta y potente. Rompe cerca de la baja.

La izquierda de La Santa. Simplemente perfecta. Cada nueva ola es igual a la anterior.

El Quemao, en calma a la espera de que la fuerza del oeste quiebre su descanso.

El respaldo de un banco desde el que puedes consumir horas y horas del día observando el mayor parque de atracciones de olas de Europa.

Visto desde la ladera de Famara, el sol, en su descenso hacia el horizonte, ilumina otro de los picos legendarios de Lanzarote: San Juan.

Agredecimientos: A Mingo, por sus siempre animadas charlas en el pico; a Dani, por los consejos para que mi tabla, por fin, regresase a Galicia sin un rasguño; a Miki, por su impagable compañía; y a María, porque su sonrisa endulzó mi despedida.

La edad

Escrito por Antón Bruquetas
13 de Mayo de 2011 a las 23:43h

“… Otras personas, como era el caso de Manila, la dueña del local, tenían una relación casi patética con la edad, intentando disimular sus huellas, en un empeño vano pues sus paramentos, los trajes demasiado ceñidos y el exceso de alhajas no hacían más que acentuar el contraste. Pero solo conocía a una persona, y ésa era Herbal, que se mantenía más joven por fatalidad. No se sabía muy bien si sus ahogos eran por querer respirar o por no querer. Esa rabia contra el lento pasar del tiempo salía a relucir en los momentos difíciles de la noche…”

Manuel Rivas
El lápiz del carpintero

La ría

Escrito por Antón Bruquetas
12 de Mayo de 2011 a las 21:43h

La desembocadura de la ría de Ferrol. En un día de primavera, con el cielo despejado y el mar en calma, uno de los paisajes más espectaculares que conozco.

Lujos cercanos

Escrito por Antón Bruquetas
11 de Mayo de 2011 a las 22:38h

Pienso que lo hacemos de forma inconsciente, pero es cierto que casi nunca valoramos lo que tenemos más próximo. Somos capaces de coger un avión y entrar en un museo a miles de kilómetros de distancia, y, sin embargo, nos cuesta una eternidad acercarnos a lo que se encuentra al otro lado de la calle. Aunque sea un auténtico lujo; aunque desborde talento en cada línea; aunque solo por el retrato de Man Ray que preside la exposición, la visita ya merezca la pena.

«How come that blood»

Escrito por Antón Bruquetas
11 de Mayo de 2011 a las 22:37h

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And when you coming home?
My son come tellin’ to me
When the sun and the moon shine in the north hills and that will never be
When the sun and the moon shine in the north hills and that will never be