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Regalar

Escrito por Antón Bruquetas
9 de Junio de 2011 a las 23:29h

«ARCHIE (Con un gesto.) ¡Claro! No van a ser toros, porque los toros no dan leche. Once vacas deben dar un montón de leche. ¿Por qué dan leche las vacas?
RICHARD (Le coge de la mano.) ¿Quién sabe? ¿Tú entiendes lo que es dar algo?
ARCHIE. ¿Dar? Sí.
RICHARD. Siempre que tengas una cosa, te la pueden quitar.
ARCHIE. Los ladrones, ¿no?
RICHARD. Pero si la das, ya está. No hay ladrón que pueda quitártela. (Inclina la cabeza y aprieta la mano de su hijo contra su mejilla.) Es tuya para siempre, en cuanto la regalas… tuya para siempre. Eso es dar.»

James Joyce
Exiliados

La verdad del surf

Escrito por Antón Bruquetas
7 de Junio de 2011 a las 0:16h

¿Qué parte de verdad hay en el surf? Es una cuestión que aparece habitualmente en las entrevistas a personajes conocidos de este deporte y, sin embargo, nunca me la había planteado. Al menos, no hasta el fin de semana pasado. Cuando viajas en un coche con la única compañía de la radio, la cabeza tiene tiempo para dar muchas vueltas. Y después de reflexionar durante unos kilómetros sobre esta pregunta, encontré una respuesta que no es original, porque juraría que la había visto en alguna revista. La parte de verdad del surf es que la mayoría de nosotros empezó en esto porque molaba, porque estaba de moda.

¿Y qué parte hay de mentira? Que el surf ha estado de moda alguna vez y que se puede dejar. Porque desnudo de todo artificio, estirpados los edulcorantes industriales, el surf es el mar. Y no he conocido a nadie que haya conseguido apartar de su vida la inigualable sensación que provocan el tacto del agua fresca resbalando por el cuerpo, el olor del océano estancado en la nariz y el sabor del salitre anclado en los labios. Quizás sí geográficamente, pero jamás en el alma. Esto sí que es verdad.

Julián, «El Queima»

Escrito por Antón Bruquetas
6 de Junio de 2011 a las 16:16h

Yo no lo conocía. De Vigo, de otra generación, la de quienes ya tienen 40 primaveras en el saco. Nos cruzamos alguna vez antes de entrar al agua en la Machacona y en Doniños. Pero era la clase de persona de la que con cierta frecuencia oyes hablar en este mundillo. Y siempre bien, con respeto y admiración. La admiración hacia alguien a quien nunca le importó hacer el petate y cruzar medio mundo para surfear una buena ola. Sé que es sencillo decirlo ahora, que ya no está, pero es la verdad. O por lo menos, la verdad de lo que me han contado.

La última vez que su nombre salió en una conversación en la que yo estaba presente fue hace pocos días en Lanzarote. Iba en el coche con Miki Garrido y nos encontramos a su novia, que vive en La Santa, a pocos metros de donde Julián perdió la vida el sábado practicando pesca submarina. Y, como ocurre en estas ocasiones, te preguntas por qué se van los mejores. Desgraciadamente jamás hay respuesta y lo único que queda es continuar adelante.

Para su familia y para todos sus amigos, un fuerte abrazo y todo el ánimo del mundo.

Ribadesella

Escrito por Antón Bruquetas
4 de Junio de 2011 a las 21:27h

Durante unos días cambié el Atlántico por el Cantábrico. Las olas, muy diferentes a las que estoy acostumbrado. Con menos fuerza, pero los baños fueron divertidos. El escaso tamaño, la temperatura del agua agradable y la ausencia de viento me dejaron el sabor de agosto en el paladar.


La playa de Santa Marina. Todavía un lugar tranquilo, alejado de las aglomeraciones de los próximos meses.


El sol envuelve con su manto cítrico el arenal de Vega, que siempre merece una visita.


Después de surfear hay tiempo para comentar los mejores momentos de la jornada y compartir viejas historias. Marta y Miguel, a punto de refrescarse con un trago de cerveza.


La ría. Un espejo donde el agua dulce se encuentra con el mar.

La felicidad

Escrito por Antón Bruquetas
4 de Junio de 2011 a las 21:27h

«-¡Bernard!- protestó, dolida y asombrada-. ¿Cómo puedes hablar así?

-¿Que cómo puedo?-repitió Bernard en tono meditabundo-. No, el verdadero problema es: ‘¿Por qué no puedo hablar?’ O, ya que en realidad sé perfectamente por qué, la pregunta adecuada es ¿qué sensación experimentaría si pudiera, si fuese libre, si no me hallara esclavizado por mi condicionamiento?

-Pero, Bernard, dices unas cosas horribles.

-¿Es que tú no deseas ser libre, Lenina?

-No sé que quieres decir. Yo soy libre, libre de divertirme cuanto quiera. Hoy día todo el mundo es feliz.

Bernard rió.

-Sí, ‘hoy todo el mundo es feliz’. Eso es lo que ya les decimos a los niños a los cinco años. Pero ¿no te gustaría tener la libertad de ser feliz… de otra manera? A tu modo, por ejemplo; no a la manera de todos».

Aldous Huxley
Brave New World (Un mundo feliz)

La conjura

Escrito por Antón Bruquetas
3 de Junio de 2011 a las 17:30h

Nota: Este breve relato es un modesto homenaje a John Kennedy Toole

No me gusta la playa. Odio la arena y me parece repulsiva la manera que tiene la gente de mostrar su cuerpo sin el mínimo pudor. Debería haber leyes que prohibiesen este tipo de exhibiciones tan alejadas del buen gusto. Si no me apasionase el surf, jamás pisaría una playa. Pero mis padres me lo enseñaron desde pequeño y ahora, para mi desgracia, no puedo dejarlo.

Ayer empecé las vacaciones de verano. Mi novia, con la que llevo pocos meses saliendo, también. Hace unos días me confesó que le encanta tumbarse al sol sobre la arena, que le gusta broncearse. En aquella ocasión no tuve la fuerza suficiente para explicarle lo vulgar que me parecía esa apetencia. Acababa de rechazar una entrevista de trabajo. Me había costado una eternidad convencer a la señorita que me llamó de que su empresa no tenía el perfil deseado por mí. Le rogué encarecidamente que no volviese a contactar conmigo.

-¿Por qué no vamos a la playa? Tú puedes hacer surf y yo me tumbo al sol- me dijo mi novia esta mañana

No estaba seguro de que fuese una buena idea, sin embargo el parte de olas era inmejorable, por lo que acepté.

-Está bien, pero nos volvemos pronto que debo elaborar unos documentos importantes- le advertí

Mi primera decepción llegó cuando mi novia me recogió en casa de mis padres. Me subí al coche y comprobé que vestía una blusa holgada por la que se le podía ver el sujetador y llevaba puesto un pantalón cortísimo que le dejaba las piernas al aire.

-¿A dónde vas así?- Le dije

-¿Así cómo?-contestó

-Pues como una desvergonzada

-Qué gracioso eres

Y se empezó a reír. Yo no le veía la gracia, pero ya que me iba a llevar a surfear, decidí aguantar las ganas de empezar una profunda discusión sobre los valores morales. Una discusión que había pospuesto en demasiadas ocasiones. Ahora ya estaba convencido de que debíamos afrontarla de manera urgente.

La segunda decepción apareció cuando observé que en el aparcamiento de la playa no cabía un alma. Detesto las aglomeraciones. Me producen contracciones en el estómago. Definitivamente, el día no marchaba.

-¿Qué te pasa?- me preguntó mi novia al ver mi cara de angustia

-No, nada- contesté

Y de repente aparecieron sus amigas, que son lo más parecido que conozco a un grupo de cotorras. La angustia empezaba a crecer. Y terminó por desbordarse cuando desde la parte alta del aparcamiento constaté que no había olas, que las infalibles páginas de predicciones meteorológicas habían infravalorado la intensidad del nordeste.

-Esto es una conjura- grité

Mi novia no entendía muy bien mi reacción.

– ¿Cómo? ¡Qué dices? – exclamó

Y en ese preciso instante tiré al suelo la tabla y el traje de neopreno. La angustia ya no me permitía ver lo que tenía a escasos metros delante de mí.

-Llévame a casa- supliqué

-¿Ahora? ¿Pero qué te pasa?

-Es la angustia

-¿Qué angustia? Yo no voy a ningún lado. Me quedo en la playa con mis amigas

Sus palabras estaban cargadas de odio y desconsideración. No podía creer que mi novia fuese tan poco comprensiva con mis problemas.

-Llama a un taxi. Es urgente. Necesito irme de aquí

Accedió a mi petición y se quedó junto a mí los cinco minutos que tardó el taxi en venir a buscarme. Durante ese tiempo no nos dirigimos la palabra. Yo realizaba los ejercicios respiratorios que me había recomendado el médico para disminuir la angustia. Y cuando iba a montarme en el coche recordé que no tenía dinero. Se lo pedí.

-Solo tengo 20 euros para la comida- replicó

-¡Por Dios, esto es una emergencia!

Los gritos atrajeron la mirada de los veraneantes que abarrotaban el chiringuito del parking. Pienso que me dio el dinero para librarse de mí. Ya en la parte de atrás del coche, de regreso a casa de mis padres, todavía era incapaz de comprender lo egoísta que había sido mi novia. Y entonces decidí que no la volvería a ver.

Fuga

Escrito por Antón Bruquetas
1 de Junio de 2011 a las 0:24h

El obturador abierto. Encierra la luz. Miro al reloj. Es demasiado tarde.

Estaba en lo cierto. Ya nada es azul. Debo ser veloz. No deseo pararme.

«Don’t think twice, It’s all right»

Escrito por Antón Bruquetas
1 de Junio de 2011 a las 0:23h

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It ain’t no use to sit and wonder why, girl
If you don’t know by now
An’ it ain’t no use to sit and wonder why, girl
I can’t hear you anyhow

When your rooster crows at the break of dawn
Look out your window and I’ll be gone
You’re the reason I’m travelin’ along
Don’t think twice, it’s all right
…..

Barcelona

Escrito por Antón Bruquetas
31 de Mayo de 2011 a las 15:39h

Vanguardista, inquieta, intensa, divertida, cultural, mediterránea,… Barcelona, en dos golpes de Iphone.

De festival

Escrito por Antón Bruquetas
30 de Mayo de 2011 a las 0:03h

Juro que no miento cuando digo que esa mañana el chaval de la foto intentó llamar a su chica que se había quedado en Sheffield. Acababa de amanecer en Barcelona y quería contarle que durante la noche Pulp había agigantado su leyenda, que el regreso a los escenarios de la banda liderada por Jarvis Cocker ya había provocado tanto ruido como su retirada, que había sido sencillamente estratosférico. Y necesitaba preguntarle si se acordaba de la primera vez e iba a decirle que a partir de ese momento pretendía vivir como la gente común. Lo intentó, pero no pudo. Terminó de marcar el número y su mano se posó en el césped. Y mientras un sentimiento llamado amor le atravesaba el cuerpo, se le fueron cerrando los ojos.