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El infierno

Escrito por Antón Bruquetas
22 de julio de 2011 a las 11:32h

Durante el verano la frecuencia de las series se congela hasta tal punto que en ocasiones permanezco sentado encima de la tabla más de un cuarto de hora esperando a que una ola decente, una pendiente de agua lo suficientemente grande como para ser surfeada, alcance la costa. Es un ejercicio de paciencia que supero gracias a la imaginación. La mayor parte del tiempo lo consumo soñando con que, de repente, un impulso de mar tropieza en el banco de arena que reposa bajo mis pies y se produce ese fenómeno mágico que me ha desvelado en tantas madrugadas.

Como explicaba en el post anterior, me gusta estar en el agua durante el último tramo del día, cuando ya se acerca la noche. Porque de esta forma, casi siempre puedo mojarme en soledad, sin que nadie arruine los últimos minutos de luz. Desgraciadamente no siempre es posible y entonces ese compás de espera acaba alumbrando conversaciones delirantes. Así ocurrió la semana pasada.

Cuando llegó al pico, el sol ya se había ocultado, pero en el cielo todavía quedaba la estela de su lento caminar. No lo había visto nunca por la playa. Mayor. Rozaba los cincuenta.

-Hombre, a ti te conozco. Eres al que le gusta escribir, el aspirante a trovador- me dijo con un tono de voz arrogante.

No le contesté. Miré para otro lado. Odio discutir.

-¿Por qué no escribes sobre el infierno? ¿Has estado alguna vez en el infierno? Claro que no. Tú eres un niño bien al que solo le interesa hablar del amor y esas cosas tan sensibles… No veas cómo me echo a llorar cuando te leo…

-Dicen que la guerra es el infierno y jamás he ido a la guerra.- le contesté, al fin.

-Te equivocas, chaval. El infierno está más cerca de lo que piensas. Lo que pasa es que no te fijas. Si prestases más atención lo podrías visitar casi a diario, porque aparece en cualquier lugar donde la condición humana queda reducida al instinto de supervivencia, donde las personas han perdido su verdadera libertad. Efectivamente la guerra es uno de esos vertederos del raciocinio, pero también lo es, si se dan las circunstancias, la barra de un bar, los clubes que adornan los márgenes de las carreteras o esos campamentos que rodean las grandes ciudades y donde se despacha droga como detergente en un supermercado. ¿A qué nunca has estado allí?

-No.

-Claro que no, pero yo te voy a contar lo que habrías visto si hubieses tenido valor. Un pedazo de asfalto por donde caminan cuerpos cuyas almas se han escurrido a través de cada agujero de sus venas acribilladas a pinchazos, un sitio donde Popeye, Olivia y Vilma no son personajes de dibujos animados, un punto del mapa donde hombres pisan a otros hombres por una micra de polvo, una cloaca en la que se disfrazan todas las miserias de la sociedad.

De pronto, con la oscuridad de la noche ya sobre nuestras cabezas, apareció una ola. Una derecha de medio metro sólida y potente. La cogió y le dio tres giros propios de un adolescente. Desde detrás podía ver cómo se asomaban las quillas en cada maniobra. Después de unos segundos regresó al pico.

-Así que ya sabes, Cervantes. Si alguna vez quieres escribir sobre el infierno, ahí tienes material. Y a ver si dejas de ser tan empalagoso, aunque eso, mucho me temo que no lo puedes evitar.

La luz

Escrito por Antón Bruquetas
10 de julio de 2011 a las 9:58h

Si hay algo que adoro del verano en Galicia es que ofrece la posibilidad de poder salir del agua cuando los dígitos del reloj indican que son más de las diez de la noche. Me gusta estar en el mar cuando a esas horas el sol todavía no ha iniciado el último trecho de su aproximación al horizonte. Y me gustan especialmente los días como el de la foto en los que las nubes salpican el atardecer y liberan en el aire esa luz tan limpia y blanca que, en ocasiones, me recuerda a la que ideó Vermeer para, a través de aquella ventana enrejada, iluminar a una lechera.

A Frouxeira, durante el mes de junio. Poco antes de que una botella de Don Julio catalizase una conversación entre amigos

Menorca

Escrito por Antón Bruquetas
8 de julio de 2011 a las 16:20h

Conserva espacios realmente paradisíacos, me sorprendió la calidad de sus olas y que pudiese surfear en pleno mes de junio. Menorca me pareció un lugar especial. De esa clase de sitios que consiguen que mire al Mediterráneo con una mayor simpatía.


Binibeca Vell, un pueblo de pescadores en donde puedes perderte por sus calles estrechas


El color del mar alcanza una tonalidad que recuerda al verde de las esmeraldas


Cala Mitjana, protegida por un frondoso bosque mediterráneo


Durante la noche de San Juan, los caballos toman el centro de Ciutadella


En las primera horas de la madrugada, justo antes de bajar a la zona del puerto, las arterias de Ciutadella fluyen repletas de gente


El Cap de Cavalleria esconde varios picos en los que se puede disfrutar con una tabla incluso en verano


El cielo, recortado entre los tejados de las casas de planta baja, se tiñe de violeta cuando el sol cae por el oeste

P.D. Gracias a Álvaro, Natalia, Isma, Javi, Eva, Mauri, Esther y, sobre todo, a Lorenzo, por los buenos momentos vividos.

El lodo que amenaza al mito

Escrito por Antón Bruquetas
5 de julio de 2011 a las 20:24h

«…Después de someter el cadáver a su atroz ceremonial, cuyos detalles tanto conviene que ignoren las familias de las víctimas, determinó como causa del fallecimiento un paro cardíaco. Así dicho, no era más que una circunstancia obvia y común a cualquier otra defunción. Pero al combinarlo con la lectura del formidable arsenal de sustancias tóxicas que espesaban la sangre del muerto, desde cocaína hasta bromazepam, pasando por un generoso aporte etílico, el dato se volvía más elocuente. A los efectos que a Chamorro y a mí nos interesaban, sin embargo, esta revelación dificultaba más que allanaba el camino. Comprobar que alguien se ha muerto chorreando porquería por los cuatro costados no sirve de mucho…»
Lorenzo Silva
El alquimista impaciente

El 2 de noviembre del año pasado, en una habitación de un hotel de Dallas, con la única compañía del deseo de regresar a casa, fallecía Andy Irons. La autopsia, que la familia del tricampeón mundial hizo pública a comienzos de junio, reveló que se le había parado de golpe el corazón. Por sus entrañas, los forenses hallaron una mezcla de ansiolíticos, metadona, cocaína y metaanfetaminas. Un cóctel que terminó por detener un órgano dañado genéticamente y que vivió de la misma forma que surfeaba Andy: a un ritmo excesivo.

A nadie en el mundo del surf le sorprendió la noticia de que habían encontrado drogas en el cuerpo del mayor de los hermanos Irons. De hecho, en un principio, a poca gente le interesaban los detalles de su muerte. Lo único que importaba es que jamás volverían a ver a Andy atacar el labio de una ola con su combinación magistral de elegancia y violencia.

Sin embargo, algo comenzó a chirriar. Las primeras informaciones hablaban de que, probablemente, había fallecido víctima de la enfermedad del dengue. La habría contraido en Puerto Rico durante la celebración de la prueba del campeonato del mundo en la que ni tan siquiera pudo participar. De pronto, los plazos de incubación no cuadraban y entonces se apuntó hacia Portugal como posible foco de la infección. Quizás en Estados Unidos esta afirmación no sonase ridícula, pero en Europa desafinaba como una guitarra con las cuerdas a punto de romper.

Este carrusel de especulaciones, en ocasiones, alimentado desde canales oficiales, provocó que lo secundario, la manera en la que había muerto el campeón, pasase a ser un tema principal. En torno a uno de los mejores surfistas de todos los tiempos empezaba a crecer un lodo que amenazaba su leyenda. Un fango pestilente que nublaba lo trascendente: todo lo que Andy Irons nos había hecho disfrutar gracias a su talento.

Y en ese instante tuve la amarga sensación de que alguien se había olvidado de un principio básico de la comunicación: si quieres que de un tema no se hable durante meses, cuenta la verdad una sola vez. Con todos los detalles, pero de forma escueta. Porque la verdad es tozuda y tiene la manía de empeñarse en salir a flote. Y cuando lo hace, también deja al descubierto que esa verdad se quería camuflar.

Pienso que en todo esto se me escapan detalles. Puede que la intención fuese noble, puede que lo único que estuviesen buscando era proteger a corazones tan frágiles como el del campeón. De lo que no estoy seguro es de que lo hayan conseguido.

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El Matadero

Escrito por Antón Bruquetas
5 de julio de 2011 a las 20:23h

Madrid. Janelle Monae brilla sobre el escenario. Para quienes no la habían visto nunca resplandecía de un modo sorprendente.

Aires nuevos en el surf

Escrito por Antón Bruquetas
15 de junio de 2011 a las 10:30h

Recuerdo la primera vez que jugué al Kelly Slater en la Playstation. Fue hace bastantes años en la casa de mi amigo Javi. Él y Pablo, su hermano, llevaban semanas puliendo la técnica, así que, cuando me senté en el sofá a verlos desplegar todo el arsenal de maniobras sobre una ola virtual, ya lograban puntuaciones exageradas. Sin embargo, me molestaba que para conseguir esos registros no surfeasen de verdad. Estaban todo el tiempo ejecutando aéreos a lo Superman y rollos donde la tabla parecía que se había transformado en un bodyboard. ¡Esto es irreal!, pensaba. Por eso, cuando me dejaron el mando, lo primero que intenté fue un cutback redondo como los de Taylor Knox. Y me salió. ¡Precioso!, dije. Pero cuando volví la cabeza para mirar triunfante a mis compañeros de partida, solo pude encontrar caras de desaprobación. ¡Con eso no vas a ninguna parte!, me reprochó Javi. ¡Esto es surf y no lo que vosotros hacéis!, repliqué algo enfadado.

Desde aquella partida hasta hoy el surf profesional ha cambiado mucho. Y los nuevos aires que se imponen en este deporte se asemejan más a lo que Javi y su hermano exhibían en la Playstation que a lo que traté de hacer yo. Aquellas maniobras que entonces parecían de ciencia-ficción hoy las ejecuta cualquier aspirante a pro de 16 años. Es cierto que siempre es complicado adaptarse a la evolución, porque en ese proceso brota la nostalgia por las cosas con las que uno se sentía identificado. Pero considero que el camino que ha emprendido el surf quiebra su primer mandamiento: la armonía del surfista con la ola, con el mar. ¿Por qué si no el tubo ha sido y es el sueño que perseguimos todos nosotros?

Ganas de aprender

Escrito por Antón Bruquetas
14 de junio de 2011 a las 2:55h

Terminada la Guerra Civil, la familia de Jorge Semprún, como tantas otras españolas, se exilió en Francia. Buscaba allí la libertad que se le negaba en su país, un rincón oscuro donde era preferible que las ideas discordantes nunca abandonasen la cabeza. Algo más de veinte años después de que Semprún comenzase a vivir en París, los hijos de la posguerra iniciaban desde las aulas de las universidades una batalla, en muchos casos silenciosa, para conquistar dos sueños: eliminar la falta de libertad que había desangrado intelectualmente España y alcanzar una capacitación que les garantizaba un futuro mejor.

Transcurrido casi medio siglo desde que arrancase aquella lucha, la generación nacida al amparo de la Constitución camina desorientada, no encuentra una luz que la guíe, un enemigo claro al que derrotar. Recobró la libertad de expresión deseada por sus padres, pero añora aquella ecuación de la que disfrutaban sus progenitores en la que el conocimiento equivalía a prosperidad. Quienes la componen ya han dejado de creer en los centros de enseñanza. Y del mismo modo que el suelo se empapa cuando las gotas de lluvia se derraman sobre él, su formación corre el riesgo de convertirse en involuntaria. La sociedad a la que deben salvar se empeña una y otra vez en arrebatarles las ganas de aprender. Esta generación se siente estrangulada por la falta de esperanza y, aunque trate de disimularlo, ni siquiera sabe hacia dónde huir.

«Trace a line»

Escrito por Antón Bruquetas
14 de junio de 2011 a las 2:08h

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…..
Getting drunk in taxi cabs
and writing names on backs of hands
Figuring how to get to you
We’re making room for alibis
when something tells me telling lies
is only out of trying to be true
Will we never ever learn
that things can go from bad to worse
And worst of all we’d love it if they did
Knowing what you said to me
Beneath your breast so plain to me
be careful now, we’re camping in a corner of the room

You’ll be the end of me
You’ll be the end of me

El Fantasma

Escrito por Antón Bruquetas
13 de junio de 2011 a las 10:44h

En Doniños. Un pico mítico, enigmático y oculto. Pero si aparece, siempre ofrece olas de calidad.

Los genios actúan en silencio

Escrito por Antón Bruquetas
10 de junio de 2011 a las 7:54h

Sentados al sol, con una cerveza fresca en la mano, Maik y yo empezamos a hablar de los estereotipos en el surf. Rápidamente aparecen los clásicos: el paquete que cree que es buenísimo porque su tabla va forrada de pegatinas, el maquinilla de andar por casa que agacha las orejas cuando llega a la playa un pro de verdad, el que solo va a pasear la tabla desde la ciudad hasta la arena y siempre logra una excusa para no darse un baño,… Pero entre todos ellos, el que realmente nos fascina es al que pertenece una clase de surfista que se deja ver con cuentagotas.

Supera los 30 años, aparca solo y con prisa, probablemente porque está de viaje y su mujer se ha quedado un rato con los niños o quizás porque ha ido a esa zona a trabajar y es el único hueco que ha encontrado para desconectar en el mar de la rutina. Su tabla es blanca, sin estridencias, y casi nunca de un shaper famoso. No está moreno y en su silueta se distinguen algunas curvas que delatan las horas de oficina. Rema con calma y espera tranquilo la serie. Pero no en el pico, un poco más abajo para no pelear demasiado. Si nunca has visto a esa clase de surfista en el agua, en ese preciso momento creerás que otro más del montón acaba de hacer acto de presencia. Pero de pronto se pone de pie y… tras, tras, tras,… Cose la ola a giros. Sin hacer ruido ofrece un recital soberbio, como nos gusta a Maik y a mí… los genios siempre actúan en silencio.