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Una borrasca

Escrito por Antón Bruquetas
29 de julio de 2007 a las 23:00h

Me gustaría comenzar el post agradeciendo el esfuerzo a quienes han escrito comentarios en este blog. Para el arriba firmante contar cosas representa una forma de vida, pero saber que alguien les presta atención es un placer. Comprobar que no estoy solo da fuerzas para seguir trabajando. Así que, me encuentro en deuda con ustedes.
Con los deberes hechos y el fin de semana finiquitado llegó el momento de mirar atrás ¿No les ha ocurrido alguna vez que querían que llegase algo con impaciencia y al final no es lo que esperaban? Pues este es el caso. Como les decía en el post anterior, llevaba semanas observando los partes con la esperanza de que, por fin, apareciese el buen tiempo. Me apetecía tumbarme en la playa cerca de un pico y pasar todo el día matando las horas. En principio las condiciones se presentaban inmejorables: cielo despejado, algo de mar, nordeste (perfecto para Doniños que es la playa que tengo más a mano) y los fondos colocados.
Sin embargo, y aunque el fin de semana dejó algún baño sobresaliente, el del sábado al mediodía en especial, siento el regusto amargo de la insatisfacción. El mal sabor de quien se queda con el calor, pero ya no quiere el sol de justicia, la playa llena de gente y medio metro en barra. Mientras escribo desde el palacio, con la noche en calma, sólo deseo que en la costa de irlanda se empiece a cocinar una buena borrasca que devuelva las nubes a su hogar; y que el Atlántico recupere la personalidad; y que la gente recoja la toalla y regrese a la ciudad. ¿Alguien me entiende?

Levanta la persiana

Escrito por Antón Bruquetas
27 de julio de 2007 a las 23:00h

Ya era hora. Llevaba toda la semana echándole un vistazo a los partes meteorológicos (www.windguru.cz y www.inm.es, con estas páginas puede ser suficiente, de todas formas pronto dedicaré un post sobre este tema) y todo hacía presagiar que volvería el buen tiempo a Galicia. Por fin los dioses (o los chinos haciendo pruebas para los Juegos Olímpicos), restauran, aunque sea por pocos días, el orden natural del verano: los termómetros rozando los treinta grados, el sol bajo un cielo azul despejado y el nordeste soplando sin coger aliento. Esto sí que parece verano. Y es que nunca un huevo frito sobre Galicia estuvo más justificado que en este mes de julio.
Pero claro, como en todo en la vida, la risa va por barrios. Por ejemplo, en el mes de julio tanto en la costa de Lugo como en la de Pontevedra disfrutaron de algunos baños a los que no están acostumbrados en esta época del año: Patos con un metro, los picos de Foz, ? ¡Y qué decir de la temperatura del agua? Yo que, se lo garantizo, soy el hombre más friolero del mundo, al agua con un 3/2 pijamilla. Sin embargo, las playas de verano por excelencia, es decir, aquéllas que reciben mucho mar y aguantan el nordeste (Doniños, Esmelle, Esteiro de Bares, Campelo, Castro de Baroña, ? )han pasado una temporada bastante inconsistente. Alguna perla, entre mucha mediocridad.
Quizás la playa de Doniños, por la frecuencia y calidad de sus olas, sea la referencia entre los meses de abril y septiembre. Pero Doniños atraviesa un bache que dura ya años donde no funciona como en el pasado. La izquierda de antes aparece en contadas ocasiones. Sobre este tema se ha hablado largo y tendido de manera informal y siempre se encuentra el mismo culpable: el espigón del Puerto Exterior de Ferrol que, según argumentan, quienes llevan más años en esto que un servidor, ha variado las corrientes de la playa. Pero, que yo conozca, no existe ningún informe técnico que avale esta teoría. Sea como fuere, la izquierda es menos izquierda.
Aunque el pálpito para este fin de semana parece bueno. Los fondos tienen una pinta excelente e incluso con el viento tocado han salido algunos tubos. Tal vez la única pega es que la ola va muy rápida por lo que hay que estar vivo, sobre todo, en el takeoff. Algunas bombas se convierten en auténticos ascensores. Otro aspecto a tener en cuenta es que es fin de semana y de verano, es decir, mucha gente en la playa y en los picos. Ante esto, dos recomendaciones: en Galicia sigue funcionando el A quien madruga Dios le ayuda y es siempre mejor un mal pico con cinco personas que uno bueno con 30.

¡Ahora sí! ¡Por fin! ¡PURA VIDA!

Maldita página

Escrito por Antón Bruquetas
25 de julio de 2007 a las 23:00h

Les prometí que ibamos a pasar un rato agradable, pero a veces la vida se vuelve traicionera y suelta esa clase de golpes que van directos al hígado y añaden una marca en el corazón. Y ayer tocó la china.
Estaba en la redacción, metido en faena, y oía un continuo rum rum sobre dos jóvenes que habían perdido la vida en un accidente. No le presté atención, pero al final la maldita página, que vio la luz esta mañana, se deslizó entre mis manos. Entonces me picó la curiosidad. Porque cuando vives en un sitio pequeño como Ferrol siempre cabe la posibilidad de que conozcas de quien se trata, o que conozcas a su familia, o que tengas amigos comunes.
Pero en este caso la cabeza no tuvo que hacer cuentas. En un instante se reveló nítida la imagen del día anterior. Mario remontando en Doniños con la misma cara de buen chaval que tenía siempre. 14 años y, como es lógico a su edad, desbordaba ganas de vivir.
Yo no hablaba mucho con él. No teníamos confianza. Pertenecemos a generaciones diferentes. Sin embargo, era la clase de persona con la que coincides día tras día en el agua y que la ves crecer a tu lado, o mejor dicho, os hacéis mayores juntos. Y a un chico, aunque no hayas conversado durante horas con él, le coges mucho cariño.
Me cuenta mi amigo Kako García, que era su entrenador y que se encuentra echo un trapo, que Mario estaba como loco por un viaje a Canarias la próxima semana. Y entonces llega el momento cuando te preguntas ¿por qué? Y no sabes qué decir. Aunque es un tópico, sólo pienso que Mario no se lo merecía. Y que ahora hay que levantarse porque el camino es largo y ésta no será la última china.
A Raquel apenas la conocía. Me sonaba de verla por la playa, pero yo ya no voy tanto como solía. Aún así, puedo decir que, a buen seguro, es más de lo anterior. Para las dos familias, todo el ánimo del mundo. Para Marito, hasta siempre compañero.

Un momento agradable

Escrito por Antón Bruquetas
22 de julio de 2007 a las 23:00h

Hace pocas semanas me lo preguntaron por última vez: «¿qué os pasa con el surf? Parece una droga. ¡Como que no podáis vivir sin él?» Para mí que di los primeros pasos en este mundillo ya con casi veinte años, quizás la respuesta sea más sencilla. Quizás yo soy consciente de lo mucho que me aporta este deporte. Alguien que lleva toda la vida conviviendo con el traje, la tabla(o el corcho) y el neopreno, lo tiene más asimilado. Forma parte de su esquema vital.
En mi caso el surf supuso la conquista de un espacio de libertad. Un sitio donde poder olvidar todo, dejar los problemas aparcados y disfrutar. No hay nada comparable a compartir un baño perfecto al amanecer con dos buenos amigos o llegar a la playa a última hora, después de trabajar, y exprimir lo que queda del día encima de la tabla. Sales del agua extasiado, con la sonrisa de oreja a oreja y sólo piensas en volver.
Pero está claro que el surf es más: momentos menos idílicos como los picos abarrotados de gente, el viento girado y el frío invierno; el surf de competición, un negocio que mueve al año miles de millones de dólares; y la aventura, retratada de una manera inigualable en el documental de los años sesenta The Endless Summer.
Bajo el título de aquella mítica película, donde dos amigos se marcaban como reto recorrer el mundo buscando nuevas olas, El verano interminable se presenta para mí como un desafío en el que pretendo informar, compartir experiencias y, sobre todo, con el surf como pretexto, pasar un rato agradable. Espero que lo disfruten.