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La edad dorada

Escrito por Antón Bruquetas
30 de Agosto de 2011 a las 13:17h

El olor del café que acompaña los primeros rayos de sol despierta tus ganas de cambiar el mundo. Todavía conservas la suficiente ilusión como para pensar que el mañana será diferente. Acabas de maldecir al amor y crees que la solución para todo es vivir en libertad. Quieres salir a la carretera a devorar kilómetros y no te apetece parar. Te sientes solo, aunque camines acompañado. Afrontas cada problema como una tragedia. Sí. No lo dudes. Es la edad dorada. No la dejes escapar.

Surfusiom

Escrito por Antón Bruquetas
30 de Agosto de 2011 a las 13:17h

Desde el jueves, el mejor bodyboard, en Galicia.

Surf extremo

Escrito por Antón Bruquetas
29 de Agosto de 2011 a las 9:56h

Olas de más de cinco metros obligaron el sábado a suspender la competición del campeonato del mundo que se está disputando en Tahiti. Tehaupoo, el legendario pico que acoge la prueba, no podía surfearse remando, era inalcanzable con la fuerza de los brazos. Sin embargo, desde el instante en el que la competición quedó aplazada, los surfistas decidieron disfrutar de una sesión de tow-in (modalidad en la que llegan hasta la pared de la ola impulsados por una moto de agua) que dejó imágenes inolvidables. Surf extremo del de verdad.

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Wipeout

Escrito por Antón Bruquetas
27 de Agosto de 2011 a las 18:54h

Matt Wilkinson, a punto de desplomarse sobre el arrecife de Teahupoo. FOTOS: ASP

Los partes meteorológicos acertaron y ayer los surfistas que participan en el Billabong Pro Tahití ofrecieron un espectáculo memorable, simplemente demostraron que son deportistas de otra galaxia.

El viento ligeramente cruzado añadía un grado más de dificultad a las olas que, en ocasiones, superaban los tres metros de altura. De hecho, en las primeras mangas del día, la enorme masa de agua que se forma al colisionar el Pacífico contra el arrecife de Tehaupoo rozaba lo insurfeable. Nunca había visto a los pros presentar una colección de wipeouts (término que se utiliza para definir una caída cuando el surfista todavía no se ha puesto de pie) tan extensa y variada como la que exhibieron durante la jornada de ayer.

Con cada nuevo repaso a las imágenes, me quedo más asombrado. No entiendo cómo ninguno acabó estampado contra el coral (lo de Jeremy Flores rozó la locura). Y me pregunto qué se sentirá en un wipeout de esas dimensiones. Qué se te pasará por la cabeza cuando estás allí arriba, remando con fuerza para intentar que la ola te empuje hacia abajo, para tratar de que te permita deslizarte por su interior y entonces te das cuenta de que es demasiado tarde, eres consciente de que no lo lograrás, de que irremediablemente te precipitarás al vacío y que serás golpeado con una violencia extrema por el enrabietado océano.

Mientras, a tu lado, en un canal con la profundidad suficiente como para que no rompan las olas, tus compañeros contemplan la caída. Poco pueden hacer por ti. Tan solo desearte buena suerte.

Cuando la oscuridad no es suficiente

Escrito por Antón Bruquetas
25 de Agosto de 2011 a las 21:41h

Quizás al final no alcance la cota de otras ediciones legendarias, pero todo apunta a que este año el Billabong Pro Tahiti, la prueba que se celebra en la ya mítica ola de Tehaupoo, recuperará, en lo que a tamaño se refiere, el brillo que la encumbró en el pasado. Si las previsiones que maneja la organización no fallan, a lo largo del día de hoy el mar de fondo, con dirección sur-suroeste, debería empezar a golpear ese mágico arrecife que, cuando las condiciones son propicias, se convierte en la mejor máquina de diseñar tubos perfectos.

En los días grandes, cuando Tehaupoo está gigante, el miedo penetra hasta en los huesos de los más valientes. Creo que ya escribí esta historia en alguna ocasión. Nunca le pregunté a Paul Canning si es cierta, porque me fío de quien me la transmitió.

A Paul, que compitió en el circuito mundial y que consiguió un diez en esa ola, le tocó vivir esos baños tan propios del Pacífico donde el océano parece un animal desbocado. Y hace años contaba que cuando el mar alcanza más de cuatro metros en Tehaupoo es complicado dormir por las noches. Durante esas horas, como en las grandes ciudades, la oscuridad no es suficiente para conciliar el sueño. Porque dentro de las cabañas instaladas cerca del arrecife el ruido de la rompiente alcanza tal intensidad que sacude el corazón.

Ficción

Escrito por Antón Bruquetas
19 de Agosto de 2011 a las 10:15h

Está allí, entre los árboles. Una derecha que recorre cincuenta metros de la playa de Doniños. El mar bombea series sin parar. Corro hasta la arena. Y abajo ya no es lo mismo. No empuja. La masa de agua se desgarra contra una corriente. Entonces me doy cuenta de que lo que había visto minutos antes era una falsa realidad, era pura ficción.

Dulce

Escrito por Antón Bruquetas
19 de Agosto de 2011 a las 10:15h

Una tarde de comienzos del verano. El termómetro roza los 30 grados y a cada lado de la carretera huele a mediterráneo. De repente, la radio escupe una canción dulce como un refresco…

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Miedo

Escrito por Antón Bruquetas
19 de Agosto de 2011 a las 10:15h

Miedo a la noche, a quedarme dormido y no despertar, a despertarme y no volver a soñar;
Miedo a perderme, a ser uno más, a rendirme sin ganar;
Miedo a no tener nada que decir, a no querer hablar, a vivir en soledad.

Miedo a la mente, a que no le importe a nadie, a que me importe demasiada gente.

La nostalgia dulce

Escrito por Antón Bruquetas
27 de Julio de 2011 a las 16:24h

«Don’t look back». Quizás haya sido el mejor consejo que he recibido. Porque la mayor parte de las veces en las que por casualidad me asomo al pasado se me acaban revolviendo las entrañas. Bien, porque recuerdo capítulos felices de mi vida que se han cerrado para siempre, o bien, porque refresco heridas que, con el paso del tiempo, habían cicatrizado.

Pero afortunadamente hay otra clase de recuerdos que me provocan una nostalgia amable, que consiguen arrancarme una sonrisa. Suelen aparecer de improvisto, suelen esperar apostados en el rincón más insospechado para alegrarme el día.

Como el domingo, cuando en la dulcería de La Santa (Australian Surf Café), estaba sentado en una mesa esperando por un Cola Cao que me aliviase el madrugón. Entonces giré la cabeza hacia el mueble donde se apilaban un montón de revistas. Entre ellas, una Surfer Rule que parecía antigua. Me llamó la atención y la agarré. Número 63. 650 Pesetas. Los ojos como platos.

Más de 220 páginas. Anuncios dobles para las figuras españolas del momento: Lucas García, Pablo Gutiérrez,… En la sección Gotas de Galicia, los textos de Pablo Martínez hablan de un viaje de Gony, Milo Castelo y Jaji Iglesias a Francia, y de un buen resultado del júnior Luis Rodríguez, creo -cito de memoria-, en el mundial de Brasil. Finales de verano del 2000. Once años que parecen poco, pero que son una eternidad; que parecen una eternidad, pero que, en realidad, no son nada.

Continúo leyendo. El mar ha estado prácticamente plato en toda Galicia, salvo en Doniños, que ha sido, como siempre, la excepción. Y aparece una foto de la mítica izquierda rompiendo perfecta. Era otra época. Hasta en eso era difirente. Sin embargo, acercarla al presente me dejó un buen sabor de boca.

En el salvaje oeste

Escrito por Antón Bruquetas
26 de Julio de 2011 a las 15:48h

Nunca deja de sorprenderme. Desde la primera vez que puse un pie en Lanzarote hasta la última, el pasado fin de semana, siempre encontré motivos que me alejan de la rutina, que me invitan a volver. A veces me ocurren cosas tan fascinantes como que una mañana en busca de olas termine dentro del escenario de una película de Sergio Leone, que acabe en el salvaje oeste.

Un giro en la dirección equivocada y de pronto, al final de un camino de tierra, aparecen Clint Eastwood, Lee Van Cleef y Eli Wallach. Bajo un sol de justicia, la figura de los tres jinetes se dibuja sobre el terreno árido. Detengo el coche y empiezo a observar el espectáculo. Cabalgan con el gesto duro y elegante como solo saben hacerlo los vaqueros de verdad. Emboscan su rostro en la oscuridad que les proporciona su sombrero. Y poco a poco se acercan hasta donde estoy. Y, de repente, uno de ellos (creo que es Clint) levanta la mirada y fija sus ojos en mi cara. Entonces, rápidamente, abro la puerta del maletero. Rezo para que alguien haya cambiado mi tabla por un revólver.