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Un ridículo para la historia

Escrito por Antón Bruquetas
4 de Noviembre de 2011 a las 22:17h

Estaba sentado delante del ordenador. Ojeaba el twitter. Y de repente veo un twit de Kelly Slater. Dice que todavía no es campeón del mundo. ¡Qué? Pienso que está de broma. Pero no. Es cierto. La ASP lo confirma. Alguien hizo mal las cuentas y si Slater no pasa ni una sola manga más y Owen Wright vence en las dos pruebas que faltan (San Francisco y Hawai), empatarán. Y en caso de igualdad se disputaría una manga de desempate entre los dos. Cierto que el supuesto es improbable, casi imposible, pero otorgar un título a alguien antes de conseguirlo no lo había visto jamás. Es un ridículo para la historia. Un bochorno que hace mucho daño al surf. A un deporte que pelea por desprenderse de la imagen poco profesional que siempre le ha perseguido.

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El vídeo de una celebración que nunca debió suceder.

@antonbruquetas

Josh Kerr: A un paso del cielo

Escrito por Antón Bruquetas
19 de Octubre de 2011 a las 17:03h


Foto: wavesmaga.com.au

Existen ciertos pasajes en la historia de una persona que cambian para siempre el curso de la vida. La muerte prematura y repentina de su padre Greg, que sufrió un ataque al corazón mientras practicaba windsurf, moldeó la visión que Josh Kerr (Tweed Heads, Australia, 1984), de tan solo 11 años, había adquirido sobre el tiempo. Aprendió el áspero valor relativo de su magnitud y decidió que desde entonces el camino que le quedase por delante lo recorrería al sprint.

Las llagas de aquel niño, cuyo dolor trató poco después de amortiguar con salitre y cerveza, alumbraron un surf desesperadamente eléctrico, generaron un estilo que en cada maniobra desafiaba los límites de la Física. Kerr maravilló al mundo gracias a su pasión por flotar en el aire y sentir el océano lejos de sus pies.

Sin embargo, en tierra firme, aquellas heridas del pasado no brillaban como en el mar. Durante el 2002, tras una fiesta en el North Shore, Josh Kerr amaneció al borde de la muerte. Se emborrachó hasta que prácticamente no se aguantaba en pie y abrigado por la oscuridad de la noche comenzó a caminar en soledad. Entonces un conductor se lo llevó por delante. Cuando los primeros rayos del sol iluminaban Hawái y mientras buscaba un sitio para aparcar, Kelly Slater se lo encontró tirado sobre el asfalto. Rápidamente llamó a una ambulancia que lo trasladó a un hospital. Allí se recuperó de sus lesiones en pocos días.

A pesar de este accidente, su ritmo apresurado no se detuvo. Solo lo ralentizó cuando, un año más tarde, conoció a Nikki, quien hoy es su mujer y la madre de su hija Sierra. A partir de ese momento empezó a centrarse en la competición y en el 2006 alcanzó el objetivo de entrar en el World Champioship Tour (WCT), consiguió acceder a la lucha por el campeonato del mundo.

Pero en el 2007, después de una temporada de debut frustrante, decidió abandonar la élite para centrarse en el free surf. «Siento que estoy frenando la progresión de mi surf por tratar de asegurar maniobras que me dan puntos en la competición y todavía soy muy joven para que esto suceda», comentaba después de anunciar que dejaba el WCT. «Josh es la clase de persona que debe vivir en libertad», explicaba el también australiano Joel Parkinson, quien añadía: «Seguro que le vendrá bien respirar aire fresco».

Hoy, después de aparecer y desaparecer, Josh Kerr ha acabado por instalarse en la élite del surf mundial. «Tengo -subraya- una familia que mantener». Sus espectaculares aéreos adornan ahora las mangas de los mejores eventos. Su clave para volar tan alto es «estar seguro» de que lo va a lograr. Pero quizás su secreto resida en que se ha convencido de que, tal y como le sucedió a su padre, él vive más cerca del cielo.

@antonbruquetas

Los cambios

Escrito por Antón Bruquetas
8 de Octubre de 2011 a las 12:49h

Un fondo azul donde el cielo gris encuentra el mar en el horizonte. Por la izquierda el verde se suspende sobre el Atlántico. La arena agota el resto de la composición.

Entoces el reloj comienza a devorar el tiempo. Consume los minutos, las horas, los días, … Entro en el encuadre. Sostengo una tabla amarilla, piso la arena, corro hacia el agua,… desaparezco. El reloj no se detiene. Ahora el cielo ya no es gris, sino azul. Luce el sol. Y vuelvo a aparecer. Parezco el mismo, pero no lo soy. Incluso me ha mudado el alma. Hasta la música que ambienta la escena es diferente. Los cambios me recuerdan que vivo, que existo.

Sin embargo, de pronto, me doy cuenta de que en la imagen hay dos cosas inmutables: una es el mar y la otra, que, a pesar de todo este tiempo, todavía me acuerdo de ti. Claro que, probablemente, ya no seas tú.

@antonbruquetas

La injusticia alcanza al estilo

Escrito por Antón Bruquetas
6 de Octubre de 2011 a las 12:54h

En la vida, me ocurre que admiro a quienes poseen todas las cualidades que no tengo. Es, como se suele comentar en estos casos, una envidia sana. Una envidia que, por ejemplo, me empuja a idolatrar a las personas que llevan integrado el estilo en su ADN, que ejecutan todo con la fluidez suficiente como para que siempre parezcan increíblemente brillantes. En el surf actual, en el circuito mundial, lo anterior es lo mismo que decir que disfruto como un enano cuando veo a Joel Parkinson en acción.

La carrera del australiano enfila ya su ocaso. Y en una trayectoria tan envidiable como la suya considero injusto que falte el premio de lo que en muchas ocasiones sí demostró dentro del mar, es injusto que nunca haya sido reconocido como el mejor surfista del mundo.

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Bobby Martínez, el hijo díscolo del surf

Escrito por Antón Bruquetas
23 de Septiembre de 2011 a las 16:45h

Nunca se cansa de repetir lo mucho que el surf ha significado en su vida. Quizás si Bobby Martínez (Santa Bárbara, 1982) no se hubiese tropezado con el mar «ya habría muerto». Nació y se crió en un barrio pobre a orillas del Pacífico donde las bandas peleaban por ejercer su autoridad. El plomo frenó en seco el sueño de muchos de sus compañeros. Pero él encontró una tabla y, poco a poco, se alejó de las calles.

Allí, en el océano, a resguardo de los peligros del asfalto, desarrolló un backside portentoso que le ayudó a conquistar el título nacional americano hasta en siete ocasiones. Después de pasar por el WQS, en el 2006 saltó al WCT, pisó por fin el pequeño reducto de los 44 mejores surfistas del planeta. Y, como la polémica que protagoniza desde hace unos días, su entrada en la élite no pasó desapercibida. En el primer campeonato que disputó finalizó en la tercera posición y, más tarde, logró vencer en Tehaupoo y Mundaka. Con 24 años, abanderaba el relevo generacional en Estados Unidos. Lideraba la generación que debía recoger el testigo de Slater y discutirle el cetro mundial a los australianos Mick Fanning, Joel Parkinson y Taj Barrow.

Sin embargo, el paso del tiempo apagó el brillo de su estrella. Una decadencia que culminó esta temporada. Faltó a dos pruebas (Jeffreys Bay y Tehaupoo) y cuando reapareció en Nueva York, hace apenas quince días, dinamitó el tour con sus palabras. Había eliminado a Bede Durbidge en la segunda ronda y en la entrevista posterior a su manga explotó contra la ASP (la Asociación de Surfistas Profesionales, que organiza el circuito mundial). Cargó con ira hacia la remodelación del WCT que se concretó este año y que contempla, a través de un ránking único, ascensos y descensos de surfistas a mitad de campaña. Acusó a sus colegas de querer convertirse en tenistas y aseguró que no participaría en más campeonatos. La ASP lo expulsó de la competición y, posteriormente, del tour.

La semana pasada, Bobby Martínez ratificó durante una entrevista para su patrocinador (del que es accionista) todo lo que había dicho en Nueva York. Confirmó en nueve minutos que ya se trata del hijo díscolo del sistema edificado alrededor del surf. Incluso apuntó hacia Quiksilver como el culpable de su descalificación en Long Island, puesto que en la siguiente ronda se enfrentaría a Slater, «al número uno de la marca que respaldaba la prueba y, como ya sucedió en Brasil, lo iba a eliminar». «Esto es una gran farsa», exclamó.

Martínez destaca que todo lo que dice lo piensa de corazón. Y, de hecho, sus declaraciones seducen por el convencimiento con el que las pronuncia. No han dejado a nadie indiferente. Generan tantas críticas (hay quien ve sus frustraciones personales detrás de este ataque al sistema) como adhesiones. Tal vez, lo que provoca cierta lástima es que alguien que hablaba tan fuerte dentro del mar, ahora solo sobresalga desde la arena.

Septiembre

Escrito por Antón Bruquetas
20 de Septiembre de 2011 a las 16:11h

Cuando era un niño y llegaba septiembre tenía la costumbre de tumbarme boca arriba sobre el césped durante una tarde entera para contemplar el cielo de un verano que exhalaba ya los últimos suspiros. Me divertía ver cómo las nubes de entretiempo comenzaban a tupir el lienzo azul que había decorado el jardín de la casa de mis padres a lo largo de casi dos meses.

El domingo pasado recuperé aquella vieja costumbre. Y una de las nubes me recordó a ti. Con su magnética silueta navegaba contra el viento que la empujaba hacia el sol y, después de unos minutos, acabó por ocultar la luz que iluminaba la escena. Entonces bajé la vista hacia el campo. Camufladas en una voz melancólica y envolvente, los auriculares reproducían estrofas de Nick Cave. Volví a mirar al cielo. Quería saber si seguías allí.

El esfuerzo

Escrito por Antón Bruquetas
19 de Septiembre de 2011 a las 13:09h

Hay algo en el surf de Aritz Aranburu, reciente ganador del Pantín Classic, que me provoca sensaciones contradictorias. No lo termino de ver redondo, no me acaba de convencer. Y al mismo tiempo me impresiona. Porque en cada movimiento, en cada maniobra, por encima del talento, sobresalen el esfuerzo, la capacidad de sacrificio y las ganas de superación. Como el perro que ladra en el margen inferior de la imagen y que se afana para que lo escuchen a pesar del barullo que crece alrededor, que lucha para derrotar a sus circunstancias.


Foto: César Toimil

El Classic crece en septiembre

Escrito por Antón Bruquetas
13 de Septiembre de 2011 a las 23:42h

Comenzó una nueva edición del Pantín Classic, que ya roza el cuarto de siglo. Otra vez en septiembre después de que el año pasado visitase agosto. Me alegra el regreso. Menos público, pero más real. Con olas de verdad, el cielo pesado y el agua fría. Exhibe lo que suele ser Galicia durante la mayor parte del año. Enseña cómo se surfea en condiciones incómodas, en un mar revuelto y desapacible. Terriblemente feo para ser tan bonito. El mismo mar que cuando te deslizas sobre su manto arrugado resulta deslumbrante.

Imágenes que me provocan

Escrito por Antón Bruquetas
5 de Septiembre de 2011 a las 22:34h

En los días de cierre, cuando a las once y media de la noche ya no queda casi nadie en la redacción y los teléfonos comienzan a guardar silencio, tengo la manía de revisar todas las fotografías que se han ido almacenando en el sistema a lo largo de la jornada. De todo ese material acumulado, solo unas pocas consiguen que continúe pensando en ellas horas más tarde. No están cortadas por el mismo patrón. No siempre son las mejores. Pero encierran algo que me provoca, que me invita a escribir. Así me ocurrió la semana pasada con esta imagen que realizó Manuel Arroyo. Tan pronto la vi supe que esa noche no iba a poder dormir tranquilo.

La espalda reposada sobre la pared. El gesto de cansancio que se desliza delante de la cámara. La luz decadente que entra por el ventanal. El desprecio al qué dirán.

Podría ser un fragmento de una película de Ken Loach. Podría ser una casa de un barrio industrial británico. Sin embargo, es una okupa de la casas baratas de Ferrol. El realismo social también se rueda en Galicia.

La arena y el tiempo

Escrito por Antón Bruquetas
5 de Septiembre de 2011 a las 22:33h

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