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Aquellos ojos tristes

Escrito por Antón Bruquetas
9 de febrero de 2012 a las 14:34h

Sí, es cierto. Ha pasado demasiado tiempo desde la última vez que escribí. Y tú me dirás, al igual que ya lo han hecho Raúl, Ton o Miguel, que no es de recibo, que voy a perder los pocos seguidores que me quedan. Y sabes qué, que tienes toda la razón. Pero, en ocasiones, las cosas no salen como uno quiere. Otras ocupaciones, demasiados tableros de ajedrez en los que estudiar el próximo movimiento, el ritmo de la vida que ahora vuela a lomos de un pájaro al que no se le puede perder la pista ni para ir al baño,… Y, en realidad, poco alimento para trazar un relato que merezca la pena ser contado. Pero, afortunadamente, cuando tú no encuentras una historia, la historia te encuentra a ti.

Los charcos poco profundos anunciaban la fina lluvia que había caído durante la noche. Sin embargo, la mañana lucía despejada. El viento del norte enfriaba el aire sobre el que se derramaba el azul del cielo. El Atlántico rompía pequeño y ordenado. Peinado ligeramente desde tierra. Un baño tranquilo con caras conocidas, los pocos que quedamos cuando se marcha el calor. Y al salir, ya sin el traje de neopreno, mientras me abrochaba el último botón de la camisa y los pies trataban de recuperar el aliento, aparecieron los dos.

Se acercaron con esos pequeños saltitos que dan los perros cuando se desplazan agitados desde un punto a otro. Todavía conservaban el pelo húmedo, pero el primero aún lo mantenía cuidado, como si fuese el primer día que se le alborotaba. De hecho, me recibió como un excursionista perdido a su rescatador. El que caminaba a su lado ya estaba curtido. Cruzamos un par de miradas y entendió al instante que yo tampoco los iba a salvar. Y entonces le murmuró algo a su compañero para que me dejase tranquilo, pero no le quiso escuchar. Y me vi obligado a cerrar la puerta del coche para terminar de vestirme.

Con toda la ropa encima estuve a punto de salir. Quería despedirme. Desearles suerte. Sin embargo, me pareció casi más cruel que lo que hice. Lo único que, por otra parte, podía hacer. Di marcha atrás, salí del aparcamiento, puse primera y aceleré al máximo. A los pocos segundos levanté la vista hacia el espejo retrovisor y allí estaban los dos corriendo detrás del coche. Al primero lo recuerdo aún con aquellos ojos rotos, los de quien se siente abandonado por primera vez. Unos ojos tan tristes que se me clavaron en el corazón.

@antonbruquetas

3 respuestas a “Aquellos ojos tristes”

  1. Raül dice:

    Puff algo fuerte eso de que salieron corriendo cuando aceleraste :S “puse primera y aceleré al máximo. A los pocos segundos levanté la vista hacia el espejo retrovisor y allí estaban los dos corriendo detrás del coche” aunque se sosiega con el “Al primero lo recuerdo ahora con aquellos ojos de quien se siente abandonado, unos ojos tan tristes que se me clavaron en el corazón.”

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  2. carlota dice:

    Estoy de acuerdo con “Raul ,Ton,Miguel”…..y muchos otros que piesan como ellos.Seria una pena dejar de leerte!!.

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  3. Cantimploro dice:

    Alegrámonos da túa volta ás letras. Non tardes tanto para a próxima.

    Saúdos

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