El placer de descubrir
La boca se inunda de un ligero escozor y los pulmones sufren un ataque repentino de claustrofobia. Es una sensación especial. No la he experimentado en otra circunstancia de la vida. Solo surge cuando delante de màrompe una ola nueva y solitaria. Una ondulación que conserva la magia de lo exclusivo, de lo diferente. Estimula, emociona y, a la vez, tranquiliza. Sabes que acabas de lograr lo que habÃas perseguido.Â
Por eso, el verano pasado me lancé a descubrir. Galicia todavÃa lo permite. Hay rincones de la costa en los que seguro que no fui el primero en entrar al agua, pero que sà permanecen lo suficientemente alejados como para que continúen vacÃos. Vistos a través de mis ojos aún encerraban el atractivo de un territorio sin explorar. Las primeras veces son maravillosas. Incluso desfiguras la realidad. De pronto, el mar no para de brillar. Te apetece contárselo a todo el mundo, quieres compartir la ilusión y que los demás se ilusionen contigo. Aunque también eres consciente de que, tarde o temprano, se terminará y volverá la anestesia de la rutina.Â
Y ahora pienso que quizás el final no sea lo importante, quizás lo realmente trascendente sea plagar el camino de instantes que guarden el placer de descubrir. Ese, al menos, es mi consuelo.
@antonbruquetas
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