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Bobby Martínez, el hijo díscolo del surf

Escrito por Antón Bruquetas
23 de septiembre de 2011 a las 16:45h

Nunca se cansa de repetir lo mucho que el surf ha significado en su vida. Quizás si Bobby Martínez (Santa Bárbara, 1982) no se hubiese tropezado con el mar «ya habría muerto». Nació y se crió en un barrio pobre a orillas del Pacífico donde las bandas peleaban por ejercer su autoridad. El plomo frenó en seco el sueño de muchos de sus compañeros. Pero él encontró una tabla y, poco a poco, se alejó de las calles.

Allí, en el océano, a resguardo de los peligros del asfalto, desarrolló un backside portentoso que le ayudó a conquistar el título nacional americano hasta en siete ocasiones. Después de pasar por el WQS, en el 2006 saltó al WCT, pisó por fin el pequeño reducto de los 44 mejores surfistas del planeta. Y, como la polémica que protagoniza desde hace unos días, su entrada en la élite no pasó desapercibida. En el primer campeonato que disputó finalizó en la tercera posición y, más tarde, logró vencer en Tehaupoo y Mundaka. Con 24 años, abanderaba el relevo generacional en Estados Unidos. Lideraba la generación que debía recoger el testigo de Slater y discutirle el cetro mundial a los australianos Mick Fanning, Joel Parkinson y Taj Barrow.

Sin embargo, el paso del tiempo apagó el brillo de su estrella. Una decadencia que culminó esta temporada. Faltó a dos pruebas (Jeffreys Bay y Tehaupoo) y cuando reapareció en Nueva York, hace apenas quince días, dinamitó el tour con sus palabras. Había eliminado a Bede Durbidge en la segunda ronda y en la entrevista posterior a su manga explotó contra la ASP (la Asociación de Surfistas Profesionales, que organiza el circuito mundial). Cargó con ira hacia la remodelación del WCT que se concretó este año y que contempla, a través de un ránking único, ascensos y descensos de surfistas a mitad de campaña. Acusó a sus colegas de querer convertirse en tenistas y aseguró que no participaría en más campeonatos. La ASP lo expulsó de la competición y, posteriormente, del tour.

La semana pasada, Bobby Martínez ratificó durante una entrevista para su patrocinador (del que es accionista) todo lo que había dicho en Nueva York. Confirmó en nueve minutos que ya se trata del hijo díscolo del sistema edificado alrededor del surf. Incluso apuntó hacia Quiksilver como el culpable de su descalificación en Long Island, puesto que en la siguiente ronda se enfrentaría a Slater, «al número uno de la marca que respaldaba la prueba y, como ya sucedió en Brasil, lo iba a eliminar». «Esto es una gran farsa», exclamó.

Martínez destaca que todo lo que dice lo piensa de corazón. Y, de hecho, sus declaraciones seducen por el convencimiento con el que las pronuncia. No han dejado a nadie indiferente. Generan tantas críticas (hay quien ve sus frustraciones personales detrás de este ataque al sistema) como adhesiones. Tal vez, lo que provoca cierta lástima es que alguien que hablaba tan fuerte dentro del mar, ahora solo sobresalga desde la arena.

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2 respuestas a “Bobby Martínez, el hijo díscolo del surf”

  1. A dice:

    Tu post me hace pensar al Guardiàn del Centeno de JD Salinger. No sé si lo habràs leido. Es de esos libros que cada vez que lo lees ves una cosa distinta.

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    Antón Bruquetas Reply:

    No lo he leído, pero, por su resonancia, la comparación me parece un gran halago. Muchas gracias.

    [Reply]

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