
A medio camino entre Zagreb y Zadar se encuentra el Parque Nacional de los Lagos de Plitvice, Patrimonio de la Humanidad desde 1979. Esta fue una de las primeras zonas en conflicto durante la guerra de la antigua Yugoslavia. Después de que Croacia hubiese declarado su independencia, los serbios dentro del paÃs, mayorÃa dentro de la región, apoyados por Serbia, declararon también su independencia de Croacia. Durante los combates, la mayor parte de los hoteles que habÃan edificado en torno al parque resultaron dañados, pero, milagrosamente, la naturaleza permaneció prácticamente inalterada.
Para llegar a Plitvice es necesario salir de la autopista en la población de Karlovac, donde cada casa muestra en las paredes las heridas de una batalla entre vecinos. Empezamos a ser conscientes de que hacÃa pocos años que Croacia era un territorio abonado para la muerte. Una realidad que hasta ese momento habÃa pasado inadvertida.
En el margen de la carretera nacional, colindando con el patio trasero de un grupo de casas, encontramos un pequeño museo de la guerra. No sé muy bien por qué estaban en aquel lugar varios tanques, piezas de artillerÃa y un Mig derribado. Pienso que, o bien, servÃan para honrar a los soldados que un dÃa tuvieron que usarlos, o bien, formaban parte de las bajas que causaron en el ejército Serbio. De todas formas, cuando un hombre entró en su casa con las bolsas de la compra y nos dirigió una mirada indiferente, me quedó claro que la única utilidad de aquel pequeño museo ha sido adornar las fotografÃas de turistas como nosotros, que nunca hemos visto en acción la irracionalidad del hombre y nos acercamos a ella con curiosidad.
Llegamos a las proximidades de Plitvice cuando estaba anocheciendo. Decidimos dormir en una de las muchas casas que ofrecen apartamentos y habitaciones de alquiler. El precio es muy razonable y suelen ser limpios y acogedores. Además, están en un entorno privilegiado. Me recordaron a las urbanizaciones de Estados Unidos, donde las casas se funden con los bosques. De hecho, la primera vez que asomé la cabeza por la ventana, con la luna desperezándose, asusté a un grupo de ciervos que salieron corriendo en todas direcciones.
A la mañana siguiente, nos despertamos temprano para recorrer con tiempo el parque. Reconozco que no iba especialmente entusiasmado, porque si alguien acuñó la frase: correr es de cobardes, yo soy de los que piensan que andar más de 20 minutos sin descansar es de viejos, y nos esperaba una buena pateada. Pero mis reticencias se diluyeron en la superficie de los lagos. Nunca vi agua dulce estancada tan cristalina. ParecÃa el Caribe. Los troncos de los árboles caÃdos imitaban a los arrecifes de coral, donde se refugiaban las grandes carpas. El fondo adquirÃa distintas tonalidades, en algunos casos, un verde chillón realmente espectacular. Lo único que eché de menos fue poder observar cómo la fauna que se protege entre las hayas de los montes se aproxima a beber en aquella fuente de vida. Aunque con la avalancha de visitantes que rodean la zona, es lógico que prefieran esperar hasta que se hayan ido.
Por la tarde ya estábamos de nuevo en la carretera. QuerÃamos llegar a Splitz antes de que oscureciese.

Los lagos se encuentran en un cañón natural

La transparencia es, quizás, lo más sorprendente

El fondo adquiere en algunas partes tonalidades verdes muy vistosas

El agua brota por cada endidura de la tierra

La caminata se hace a través de pasarelas de madera

La frondosidad de los bosques le dan a los lagos un aspecto selvático