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Entradas etiquetadas como ‘truffaut’

Truffaut, segunda parte

Lunes, junio 20th, 2011

No sé a qué ando con Truffaut, pero últimamente me asalta en todas partes. La última, esta mañana, capítulo de compras, con el anuncio de la edición especial en DVD y Blu-ray, nivel aguillillas tecnológicos, de Jules et Jim (1962). Que mira tú por donde, está hasta en la sopa estos días, asomada desde una esquina de la librería recordándome que necesita un repaso. Aunque mi copia es vieja y no tan bonita como la del nuevo estuche, claro…

(corriendo por el puente, en dvd,  y más artística, en Blu-ray)

Formatos aparte, la salida (el día 22) de estas dos nuevas ediciones, es la excusa perfecta para recordar a Jules, Jim y la maravillosa Catherine. Una Jeanne Moreau que, por cierto, realiza varios comentarios en estas nuevas copias. Para los que ya la hayan visto, y para los que no hayan disfrutado de esta peculiar (la palabra se queda corta) historia de amor a tres bandas, inspirada, por cierto, en la vida de los padres de Stéphan Hessel.

El estupendo blanco y negro que fotografía Raoul Coutard, el manual de nuevas técnicas, más fluidas, más libres (en el fondo, como la relación de estos tres), que reclamaba Truffaut al frente de la Nouvelle Vague, esa voz en off pausada, la banda sonora… Todo para arropar un estupendo guión y un trío de personajes que se han convertido en un icono. Oskar Werner como el tímido Jules y Henri Serre como su amigo Jim, pero sobre todo una Jeanne Moreau fuera de catálogo, fresca, divertida, enigmática, dramática, intensa… que canta Le Tourbillon como quien no quiere la cosa. Como si su perfil y su sonrisa no fuesen más complicados de entender que los de La Gioconda, vamos…

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(Por cierto, el estuche en Blu-ray es el primero de una serie de clásicos y no tan clásicos inéditos hasta ahora en alta definición. Le seguirán Carretera Perdida, de David Lynch, Los 400 golpes, para seguir con Truffaut, La doble vida de Verónica, de Kieslowski, Noche en la tierra y Down by Law, ambas de Jim Jarmusch, y Vampyr, de Dreyer).

Golpes en blanco y negro

Martes, junio 7th, 2011

No se me ocurre mejor plan para cerrar este martes, y creo que decir esta frase me convierte en una friki. Pero encontrarme hoy en el periódico con la mirada de Antoine Doinel me ha provocado un pequeño escalofrío… como siempre que aparece Truffaut y sus 400 golpes (ya os lo conté cuando cumplió 50 años, aquí).

El CGAI inicia hoy en A Coruña un maratón de cine de Truffaut y este niño, Antoine, de Los 400 golpes a a Domicilio Conyugal, pasando  por Besos Robados y Antoine y Colette.  De aquí al jueves, cita doble, a las 18 y a las 20.45, en versión original subtitulada. Los que, como yo, hayan descubierto una parte del mundo gracias a los ojos de Doinel ante una playa, sabrán de lo que hablo…

30 años con Hitchcok

Jueves, abril 29th, 2010

“El hombre había muerto, pero no el cineasta, porque sus películas, realizadas con un cuidado extraordinario, una pasión exclusiva, una emotividad extrema enmascarada por una maestría técnica poco frecuente, no dejarían de circular, difundidas por todo el mundo, rivalizando con las producciones nuevas, desafiando el paso del tiempo, comprobando la imagen de Jean Cocteau cuando habla de Proust: ‘Su obra continuaba viviendo como los relojes de pulsera de los soldados muertos’.”

François Truffaut, en el prólogo a la edición definitva de El cine según Hitchcock.  

Hoy hace 30 años que murió Alfred Hitchcock. Y en tres décadas, toda mi generación ha tenido la suerte de disfrutar de cada una de las películas del genio británico valoradas como se merecen, gracias, entre otras cosas, al empeño que Truffaut, desde las páginas de Cahiers du Cinéma primero, y desde este maravilloso libro, después, puso en defender la obra de Hitchcock como mucho más que un director que encantaba al público, que tenía éxito, que rodaba taquillazos y que la crítica internacional destrozaba, tal vez por eso mismo.

 

hitchcockPor eso, y porque cada uno tendrá su Hitchcock preferido (hoy, el mío es Rebeca… pero tal vez mañana cambie de idea. ¿Cuál es la película de Hitchcock que más os gusta?), hoy os recomiendo que, si no lo tenéis en la estantería de casa, entre Los pájaros y 39 escalones, por ejemplo, celebréis todo lo que nos ha regalado este genio del suspense con El cine según Hitchcock. Que el cine también se lee. Y si lo escribe Truffaut, mucho mejor…

(Lo podéis encontrar en la edición de Alianza)

El medio siglo de Los cuatrocientos golpes

Lunes, mayo 4th, 2009

El 4 de mayo de 1959 también era lunes. Y en Cannes, una película dura, viva, oscura y fascinante, se estrenaba en el Palacio de Festivales. Lo hacía con una ovación para François Truffaut, un joven director de apenas 27 años. Y con su protagonista, un crío de 14 años, Jean-Pierre Leaud, saliendo de la proyección a hombros de Jean Cocteau.

 Hoy se cumplen 50 años de la primera ovación para Los cuatrocientos golpes… que es casi como decir que la Nouvelle Vague cumple medio siglo. Y no porque esta maravilla dirigida por François Truffaut fuese la primera película de aquella generación, sino por lo que supuso su éxito: el respaldo de la crítica, el apoyo del público (y no solo en Francia), provocaron un bum de nuevos directores: durante los tres años siguientes, cerca de 170 cineastas franceses estrenaron su primera película, cuenta Cyril Neyrat, de Cahiers du Cinéma. Y la culpa de aquella nueva ola la tuvo la vida de Antoine Doinel… que hoy estaría próximo a la edad de la jubilación (mañana, precisamente, Jean-Pierre Leaud cumple 65 años). Hace medio siglo, nos invitaban así a ir a verla al cine:

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No sé cuántas páginas habrá llenado esta película. Ni cuántas otras, después, se inspiraron en ella. Pero hay en Los cuatrocientos golpes tanto cine y tanta vida, que los 50 años no le pesan nada. Tal vez al contrario. En un artículo que revolvió a todo el cine francés, Truffaut había expuesto tres ideas básicas acerca de lo que las películas deberían ofrecer: salir a la calle, captar la vida, filmar con modestia y rapidez. (¿Os suena a las ideas de algún movimiento más moderno?… Resulta que ya estaba inventado)

Todo esto está en la hora y media que dura la película. La vida de Antoine Doinel, la calle,  la escuela, la casa, la madre, los amigos, el cine, París… la adolescencia del propio Truffaut trasladada a la pantalla, aquellas mismas salas donde, siendo un crío, se enamoró del cine americano, de Hitchcok y de Welles, pero también de Renoir y su mimo por los actores, o de Rossellini y su agilidad (y de quien hay tantas huellas en Los cuatrocientos golpes).

Pasando del colegio para ir al cine, Truffaut descubrió que “la vida auténtica era la pantalla”. Cincuenta años después, nada resume mejor esa manera de vivir, esa ética del cine, esa mirada única, que los ojos de Jean-Pierre Leaud a la orilla del mar.

Vestuario de lujo

Lunes, junio 2nd, 2008

Catherine Deneuve tenía 23 años. Bordaba en su burguesa casa, vestida con un monacal vestido negro, adornado con cuellos blancos. Salía a la calle con abrigos de doble botonadura, bajo los que llevaba camiseros o una sencilla petite robe noir, cubría su impecable melena rubia con pequeños casquetes… Una imagen perfecta, al servicio de la mujer de doble vida que nos contaba Luis Buñuel. Belle de Jour fue la primera colaboración entre ambos, y también la primera vez que un joven de enormes gafas y mayor gusto vestía a la Deneuve en el cine. Era el año 1967, y hoy, 41 años después, la película sigue inquietándome como imagino que hizo con el público que asistió al estreno. Es lo que pasa con las buenas películas. Pero dejando a un lado los valores cinematográficos de Belle de Jour, sigo pensando que podría haberme puesto esta mañana cualquiera de esos abrigos, esos vestidos, adoptar ese estilo. Es lo que pasa con los buenos diseños. Y aquellos estaban firmados por Yves Saint Laurent.

El maestro murió anoche en París. Y a muchos les parecerá una frivolidad que un señor dedicado a diseñar trapitos ocupe las primeras páginas de la prensa internacional. Es posible que para muchos la moda no sea más que tela sobre el cuerpo, aunque la exposición sobre el diálogo entre Yves Saint Laurent y el arte -que pudimos ver en A Coruña- deje claro que es mucho más. No me toca a mí discutir el valor o la importancia del traslado generalizado del pantalón del armario masculino al femenino; de la invención del esmoquin para mujeres… De lo poco que importa ser un genio, cuando se ha superado una edad y las leyes del mercado pesan más que las de la creatividad.

Más allá del significado de su legado, vuelvo a su relación con la Deneuve y por extensión, con el cine. Y me quedo con ese último desfile de Saint Laurent, hace ya seis años. Los dos habían dejado de ser promesas para ser mitos. Y nunca la fría francesa ha estado tan hermosa, casi emocionada de la mano del maestro, con ese esmoquin negro. ¿Lo ven? El cine, a veces, se convierte en realidad. Es una fantástica secuencia, tan de película, esa despedida…

(Y si el presupuesto no da para lucir sus diseños, siempre podemos disfrutarlos en la piel de los actores y actrices que los vistieron. Por ejemplo:

-Catherine Deneuve en La sirena del Mississipi (François Truffaut, 1969) y El ansia (Tony Scott, 1983)

-Sofía Loren en Arabesque (Stanley Donen, 1966)

-Claudia Cardinale y Capucine en La pantera rosa (Blake Edwards, 1963)

-Helmut Berger, en The romantic englishwoman (Joseph Losey, 1975) y Confidencias (Luchino Visconti, 1974)

Cannes empieza con c (de cine, claro)

Miércoles, mayo 14th, 2008

A las siete y cuarto comienza, de manera oficial, la edición número 61 del Festival de Cannes. El Grand Théâthre Lumière de la ciudad francesa acogerá glamour a puñados, trajes largos y muchas sonrisas, pero sobre todo, una película, Blindness, la última de Fernando Meirelles (que hace tres días volvía a dejarme helada con su Jardinero fiel).

Y a pesar de que hasta mañana no se abrirá el verdadero maratón de cine, Cannes ya empieza a dar noticias: ayer, las productoras Paramount Vantage y Overture Films anunciaron en la Costa Azul que van a financiar el nuevo documental de Michael Moore,  segunda parte de Fahrenheit 9/11, la película con la que el norteamericano consiguió la Palma de Oro en el 2004.

El año pasado, el festival celebró su sesenta cumpleaños. Este año no hay celebraciones, pero sí otro aniversario: hace cuarenta años (exactamente,  el día 18) que Louis Malle, François Truffaut, Jean-Luc Godard y compañía se plantaron ante la pantalla y pararon el festival. Apenas nos queda nada de aquel Mayo, pero si queréis escuchar (y ver) como se vivió aquella edición revolucionaria, pasaos por www.ina-festivaldecannes.com, que tiene un fantástico archivo de vídeo y antiguos cortes de radio de aquella época.

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