Cine pequeño, mediano y grande
Lunes, febrero 18th, 2013Esto lo dijo Juan Antonio Bayona ayer al recoger el premio al mejor director. Que el cine español necesita películas pequeñas, medianas y grandes. A lo mejor al director de El muerto y ser feliz, pequeñísima película, le parece que no, que en realidad hay muy poco sitio para las que menos ocupan, porque las grandes arrasan con las pantallas, las taquillas y el cada vez menos lleno bolsillo de un público que se tiene que pensar mucho en qué se gasta el dineral que cuesta. Así que si la arrolladora campaña publicitaria de Lo imposible convence, pues te compras la entrada para la peli de Bayona, que además está en más salas, con más horarios y durante más días.
La discusión entre cine taquillero y cine “pequeño” (hoy en Radio Voz lo recordaba José Luis Losa, el director de Cineuropa) es como un callejón sin salida. Al final, después de una gala como la de ayer, me da una pereza inmensa volver a analizar exactamente lo mismo que escribí el año pasado al hilo de la gala y el discurso de González Macho (al que se le notaba un gramo de emoción contenida al citar a Unamuno, la libertad que hay que dar al pueblo es la cultura), como hoy me aburre (mañana seguro que no) discutir sobre lo que cuesta el cine, las subvenciones, las cuotas de pantalla, las plataformas digitales de alquiler legal de películas, las filiación política de los actores, y el contenido social de las galas, hoy me quedo con el cine. A pelo, que falta hace.
Que teniendo en cuenta que me quedan por ver Lo imposible y Grupo 7, me diréis que a ver qué cuento. Pues cuento que la gran triunfadora de la noche, Blancanieves, me parece un precioso ejercicio de salto al vacío, sin ningún tipo de red. La reconozco delicada, original, sensible, inteligente. Me parece que el mayor logro de la película es precisamente no rendir un homenaje al cine mudo, sino ser capaz de coger las técnicas del cine europeo de los años 20, de aquellas vanguardias, y trasladarlas como lenguaje para contar una historia universal pero con un hilo absolutamente diferente, en una madeja que se teje con olor a toros y peinetas y cortijos y coplas, enredada en la tradición de los feriantes y los freaks (tan de Tod Browning pero tan nuestros, también). Me gusta su cámara, su luz, los encuadres y la planificación, me gusta Maribel Verdú, a la que se nota que disfruta como una enana haciendo de mala, me gusta una barbaridad Josep María Pou, ese malo clásico hasta en el físico inmenso, me gusta Ángela Molina y esa cosa que no entiendo que llaman ser actor de raza. No me gusta la Blancanieves adulta, porque me rechina su sonrisa permanente y algo alelada, como si esa vida perra que ha llevado no la hubiese tocado a pesar de la amnesia. Y a mí que las historias de amor condenadas al fracaso me gustan con locura, esta me enternece y me duele por lo que tiene, además, de crueldad física. Me gusta el mimo y la paciencia de benedictino con la que Pablo Berger trata a su criatura.
Pero termina la película y me queda un poso amargo porque no me provoca, a pesar de todo lo que me gusta, ese latigazo de placer que me regala, por citar un blanco y negro, la maravillosa El artista y la modelo (que anoche se fue de vacío), o por citar una muda, The Artist. No son comparables en absoluto, más allá del color (o la ausencia del mismo) y por su silencio verbal. El resto, como un huevo y una castaña. Sin embargo, el cine que a una le gusta, sea pequeño, mediano o grande, solo comparte eso: ese latigazo, ese pellizco que te dan las películas que van un paso más allá. Blancanieves no me pellizca, por mucho que me guste. Reconozco, eso sí, que a pesar de lo injusto de unos premios que abandonan a Trueba y solo rozan Una pistola en cada mano (con la tremenda Candela Peña, tremenda en la película y al recoger su premio a la mejor secundaria), una película tan arriesgada, aunque no sea redonda, se merece este premio y muchos más, no solo por el riesgo sino por lo que logra, que es mucho.
Y cuando vea Lo imposible os contaré si me parece que el pez grande se ha comido a todos los chicos por méritos propios o si, como pasa otras veces, el vendaval de una buena campaña (contra la que no tengo nada, me molesta mucho que haya voces que critican una obra solo porque se publicita. Suerte que tienen pasta para hacerlo) se lleva por delante a todo el estanque de peces chicos.
(Por cierto, y como estoy picajosa con esta teoría digital políticamente correcta de que no hay modo de ver en Internet y legalmente películas actuales, buenas, taquilleras, de autor, de su padre y de su madre, por un precio razonable, con buena calidad y en calcetines, para quien no tenga un cine cerca, Lo imposible se encuentra se estrenó hace dos días en wuaki.tv por 3,99)






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