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Entradas etiquetadas como ‘Premios Goya’

Cine pequeño, mediano y grande

Lunes, febrero 18th, 2013

Esto lo dijo Juan Antonio Bayona ayer al recoger el premio al mejor director. Que el cine español necesita películas pequeñas, medianas y grandes. A lo mejor al director de El muerto y ser feliz, pequeñísima película, le parece que no, que en realidad hay muy poco sitio para las que menos ocupan, porque las grandes arrasan con las pantallas, las taquillas y el cada vez menos lleno bolsillo de un público que se tiene que pensar mucho en qué se gasta el dineral que cuesta. Así que si la arrolladora campaña publicitaria de Lo imposible convence, pues te compras la entrada para la peli de Bayona, que además está en más salas, con más horarios y durante más días.

La discusión entre cine taquillero y cine “pequeño” (hoy en Radio Voz lo recordaba José Luis Losa, el director de Cineuropa) es como un callejón sin salida. Al final, después de una gala como la de ayer, me da una pereza inmensa volver a analizar exactamente lo mismo que escribí el año pasado al hilo de la gala y el discurso de González Macho (al que se le notaba un gramo de emoción contenida al citar a Unamuno, la libertad que hay que dar al pueblo es la cultura), como hoy me aburre (mañana seguro que no) discutir sobre lo que cuesta el cine, las subvenciones, las cuotas de pantalla, las plataformas digitales de alquiler legal de películas, las filiación política de los actores, y el contenido social de las galas, hoy me quedo con el cine. A pelo, que falta hace.

Que teniendo en cuenta que me quedan por ver Lo imposible y Grupo 7, me diréis que a ver qué cuento. Pues cuento que la gran triunfadora de la noche, Blancanieves, me parece un precioso ejercicio de salto al vacío, sin ningún tipo de red. La reconozco delicada, original, sensible, inteligente. Me parece que el mayor logro de la película es precisamente no rendir un homenaje al cine mudo, sino ser capaz de coger las técnicas del cine europeo de los años 20, de aquellas vanguardias, y trasladarlas como lenguaje para contar una historia universal pero con un hilo absolutamente diferente, en una madeja que se teje con olor a toros y peinetas y cortijos y coplas, enredada en la tradición de los feriantes y los freaks (tan de Tod Browning pero tan nuestros, también). Me gusta su cámara, su luz, los encuadres y la planificación, me gusta Maribel Verdú, a la que se nota que disfruta como una enana haciendo de mala, me gusta una barbaridad Josep María Pou, ese malo clásico hasta en el físico inmenso, me gusta Ángela Molina y esa cosa que no entiendo que llaman ser actor de raza. No me gusta la Blancanieves adulta, porque me rechina su sonrisa permanente y algo alelada, como si esa vida perra que ha llevado no la hubiese tocado a pesar de la amnesia. Y a mí que las historias de amor condenadas al fracaso me gustan con locura, esta me enternece y me duele por lo que tiene, además, de crueldad física. Me gusta el mimo y la paciencia de benedictino con la que Pablo Berger trata a su criatura.

Pero termina la película y me queda un poso amargo porque no me provoca, a pesar de todo lo que me gusta, ese latigazo de placer que me regala, por citar un blanco y negro, la maravillosa El artista y la modelo (que anoche se fue de vacío), o por citar una muda, The Artist. No son comparables en absoluto, más allá del color (o la ausencia del mismo) y por su silencio verbal. El resto, como un huevo y una castaña. Sin embargo, el cine que a una le gusta, sea pequeño, mediano o grande, solo comparte eso: ese latigazo, ese pellizco que te dan las películas que van un paso más allá. Blancanieves no me pellizca, por mucho que me guste. Reconozco, eso sí, que a pesar de lo injusto de unos premios que abandonan a Trueba y solo rozan Una pistola en cada mano (con la tremenda Candela Peña, tremenda en la película y al recoger su premio a la mejor secundaria), una película tan arriesgada, aunque no sea redonda, se merece este premio y muchos más, no solo por el riesgo sino por lo que logra, que es mucho.

Y cuando vea Lo imposible os contaré si me parece que el pez grande se ha comido a todos los chicos por méritos propios o si, como pasa otras veces, el vendaval de una buena campaña (contra la que no tengo nada, me molesta mucho que haya voces que critican una obra solo porque se publicita. Suerte que tienen pasta para hacerlo) se lleva por delante a todo el estanque de peces chicos.

(Por cierto, y como estoy picajosa con esta teoría digital políticamente correcta de que no hay modo de ver en Internet y legalmente películas actuales, buenas, taquilleras, de autor, de su padre y de su madre, por un precio razonable, con buena calidad y en calcetines, para quien no tenga un cine cerca,  Lo imposible se encuentra se estrenó hace dos días en wuaki.tv por 3,99)

El cine español no es un género

Lunes, febrero 20th, 2012

Supongamos (es un decir) que en una entrega de premios están nominadas a mejor película un thriller, una cinta que mezcla la ciencia ficción con el terror, una película histórica y una de vaqueros. Supongamos (es un decir) que no gana ni una película sobre la Guerra Civil ni Pedro Almodóvar. Supongamos (otro decir) que el mejor guión adaptado es el que convierte un cómic en una película de dibujos. Supongamos que este país no se llama España y la gente va a ver películas olvidando el término “españolada” y pensando solo en si una historia está bien hecha, transmite algo y merece la pena los más de 7 euros (ya) que cuesta la entrada.

¿Es mucho suponer que todo esto pase en Madrid, capital del reino, reino este que practica el deporte nacional de poner verde su propia cultura pero luego saca pecho cuando los franceses (qué mala gente) se ríen de nuestros deportistas, angelitos?

Anoche, cuatro películas cada una de su padre y de su madre optaban a un Goya. La historia de un científico que trama la más cruel de las venganzas. Firma Almodóvar. Una decepcionante adaptación de la maravillosa novela de Dulce Chacón iluminada tan solo por los ojos de una chiqueta que se lleva, claro, un premio de calle. Un thriller oscuro, castizo, milimétrico, duro. Y un western rodado en Bolivia que se atreve a recuperar el mito de Butch Cassidy. Tres muy buenas películas, una mediocre.

Pero nosotros a lo nuestro. Que es, por cierto, conseguir colar en una sola gala a varios espontáneos (la seguridad se nos da de miedo), y tener que escuchar, de nuevo, el mil veces repetido discurso sobre el cine e Internet. Un discurso tan manido, tan interesado (por todas partes), tan vacío en el fondo, que con lo que me quedo de las palabras de Enrique González Macho, presidente de la Academia, flanqueado por sus dos vices, es con una sola frase, y la pongo en mayúsculas porque creo que debería enseñarse en los colegios: EL CINE ESPAÑOL NO ES UN GÉNERO.

Algo tan obvio como decir que, aunque el cine lo parieron los franceses, es en Estados Unidos donde alcanza sus cotas más altas. Vale. Fantástico. Que me lo digan a mí que creo que John Ford, Billy Wilder y Orson Welles son la santísima trinidad. Como también creo que una industria como el gigante norteamericano tiene que parir mucha basura anual, por cuestión de probabilidades, y que entre toda esa basura, brillan cada año un número elevado de buenas películas. Puestos a decir perogrulladas, recuerdo, como ayer lo hacía la vice Marta Etura, que este año en los Oscars hay dos películas españolas y que otro español, el compositor Alberto Iglesias, opta a premio.

Pero nosotros a lo nuestro. Que es lanzar un mensaje victimista (el público no nos entiende, a veces es injusto, hay muchos prejucios…) o un discurso homicida (todas las películas españolas son sobre la Guerra Civil -claro, ¿alguien cuestiona la filmografía americana sobre la Segunda Guerra Mundial?- todos los actores españoles son malos, los cineastas españoles son unos jetas que viven de subvenciones, van de progres).

Nosotros a lo nuestro. O sea, a jugar a ver quién suelta el tópico más obvio, quién critica más a los Bardem, a Almodóvar o a la estupenda cantera de actores salida de la tele. O al revés: quien se pone más talibán con Internet, quién decide echar la culpa de todos nuestros males a los yanquis, otra mala gente, y quien reclama más ayudas en general para una industria que, señores, es cultural. Y la crisis es económica, claro. Pero también de contenidos. De aquí a Hollywood.

Y así nos va, claro. Nosotros a lo nuestro, o sea, a sumarnos a una de las dos Españas que ha de helarte el corazón (y no lo digo en clave política, me guarde Dios. Es que culturalmente se nos da de miedo. O estás conmigo, o contra mí. Y además, eres tonto). Los cines cierran, mientras tanto, las buenas ideas no encuentran quién las financie, sea pública la cosa o el ministro (¿por qué tenía cara de póker ayer el señor Wert? ¿pensaba que los de la ceja, más mala gente, lo iba a abuchear?) proponga la vuelta de los mecenas, y las malas y las buenas ideas, convertidas en películas, encuentran pocas salas para llegar al público. Y vuelve a empezar la rueda: si el público no llega a las películas (no ya porque compre pocas entradas: es que no las encuentra en las salas), si no sabe qué se hace en este país nuestro tan pintoresco, será mucho más fácil manipular la cabeza del respetable para que se sume a uno u otro de los bandos. Porque en eso hemos convertido el cine español. No es un género: es una batalla.

Menos mal que La piel que habito, Blackthorn, No habrá paz para los malvados, Midnight in Paris (sí, es una coproducción española), Arrugas pasan de guerras estériles y nos hacen poner los pies en el suelo. O soñar, que para eso sirve el cine.

                                   Coronado, Urbizu y dos de los goyas para el cine negro

(Por cierto, de los premios qué os voy a decir. Los que seguís el blog ya sabéis que tengo debilidad por la película de Enrique Urbizu. Que los premios para Blackthorn son una especie de justicia divina para una de las cintas más sorprendentes del año, regalo de Mateo Gil. A pesar de la injusticia de no nominar a Sam Shepard. Y que La piel que habito me parece un estupendo ejercicio de riesgo. Vamos, es que hasta The Artist se lleva premio. De La voz dormida creo que prefiero no hablar. Si esto es lo que Benito Zambrano entiende por rendir homenaje a Dulce Chacón… menos mal que contaba con la mirada luminosa de María León para darle un poco de sentido).

Maratón, joyas y descensos

Sábado, febrero 11th, 2012

1. A una semana de los Goya y dos de los Oscar, y en plena Berlinale, y después de casi dos meses de imperdonable inactividad bloguera, este mes de febrero vuelvo a calzarme las zapatillas para correr la maratón de cine con la que empiezo cada año. Tengo pendientes una decena de películas y los estrenos no paran, aunque me he prometido a mí misma pasar, al menos, de War Horse, última película de Spielberg, porque el tama animalitos en el cine me da un poco alergia. Una versión épica y equina de Lassie es más de lo que puedo soportar. O sea, que me quedan Hugo, Moneyball, Criadas y señoras y Extremely Loud & Incredible Close. Y La dama de hierro, El topo, Albert Nobbs, para saber qué puede hacer Gary Oldman contra Jean Dujardin (creo que ya he dejado bastante claro que si no le dan el Oscar al mejor actor por The Artist, una vez visto el Clooney de la decepcionante Los descendientes, yo me bajo), y el duelo entre Meryl Streep y Glenn Close… que podría desempatar Viola Davis por Criadas y señoras. Esto, en la parte estadounidense de los premios.

En la parte nacional, menos deberes: solo me queda La voz dormida, de Benito Zambrano. Y entre las otras tres candidatas, ando como los niños pequeños cuando les preguntas “¿a quién quieres más?”. Entre No habrá para los malvados y Blackthorn, ese thriller demoledor y ese western crepuscular que me despierta emociones que creía sepultadas, como esas que encierra Sam Shepard en su maravillosa interpretación. Como cuando una tiene que escoger entre lo que le conviene y lo que siente… el cine, como casi todo en la vida, no se compone solo de planos o de dirección de actores. Lo que una película, una historia, es capaz de regalarte, vale más que una secuencia perfecta. Tal vez este año crea más que nunca en el valor de las imperfecciones, propias y ajenas. Como si fuese una especie de reconciliación personal que Blackthorn se lleve el Goya a la mejor película y que Christoper Plummer recoja el Oscar al mejor secundario por Begginers, esa maravilla oculta entre la jungla de estrenos de 2011.

2. A la caza de películas pendientes, busco Nader y Simin, una separación. Sí, cine iraní. Es una de las revelaciones del pasado año, casi con toda seguridad el Oscar a la mejor película extranjera, y aún no la he visto, claro, porque las cintas iraníes y la taquilla, en este país que alerta en los carteles de que las películas “no tienen diálogos” (¿por qué no avisan de que otras son un insulto al respetable?), no es que se lleven muy bien. Pero afortunadamente, también en este país que se queja porque en Internet no hay una web que ofrezca un buen catálogo de cine, existe Filmin.  Antes de que alguien diga “es que son pelis iraníes”, os cuento que entre lo más visto estos días esta Midnight in Paris y Four Lions, y que están en pleno ciclo John Cassavetes. Y que se pueden recuperar películas del Neorrealismo italiano. O la propia Blackthorn. Vamos, que hasta quien prefiera las series puede engancharse a The Office o La víbora negra. Y 2,95 euros por ver una peli (tienes 72 horas desde que la compras), no parece mucho, ¿verdad? No, no voy a comisión… pero me parece una respuesta fantástica para los que creen que Internet se ha quedado vacío desde que detuvieron a Kim Dotcom.

3. Que yo sepa, no he perdido el sentido del humor. Así que me paso dos horas preguntándome dónde está la supuesta gracia de esa tragicomedia firmada por Alexander Payne, Los descendientes, en la que George Clooney descubre que la vida se puede ir a la mierda en dos segundos, entre camisas de flores, mai tais, y una fauna de personajes alucinante. Sigo dándole vueltas a lo que Payne pretendía contar, a lo que pretendía transmitir… y no me cuadra nada. Como si el punto de partida prometiese mucho, pero en el camino se hubiese quedado cualquier posibilidad de construir algo coherente. Descenso en picado, a pesar de Clooney, lo único, junto con algún ramalazo de gracia, que quedará de esta película. Los que esperen la versión hawaiana de Entre copas, que vayan preparados.

Ha llegado el trío

Miércoles, septiembre 14th, 2011

Me encanta la Academia del cine. De verdad. Con la de directores, guionistas, actores, técnicos… que la conforman, ¿un año de estos no podían hacer una reunión tipo tormenta de ideas y montárselo con un poquito de suspense para decidir las tres películas entre las que escogerá la que irá a los Oscar? Más que nada, porque a estas alturas, ¿quién no habría apostado por la de los Goya, la de Almodóvar y ¡hombre! una por estrenar?

1. Papeletas para Almodóvar: estreno de lujo en Cannes. Buena respuesta en taquilla. En Hollywood le adoran. Ya tiene dos, sería su quinta nominación y además sale Banderas. Hasta Tippi Hedren estará encantada. Y -vamos a ponernos serios-, La piel que habito está francamente bien. En mi molesta opinión, claro.

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2. En este país todo el mundo defiende algo. A su partido, a su equipo de fútbol, a su dios. Y cuando nos subimos a una burra, hacernos apear es casi un deporte de riesgo. Todos, menos la Academia. Así que después de haber tenido que aguantar todo tipo de pullitas alguno de estos años por esa extraña bipolaridad con la que le daba el Goya a la mejor película a una cinta que después no se mandaba a por el Oscar, este año parece que alguien ha decidido que la coherencia es un plus. A los académicos de Hollywood les gustan las películas históricas. Bueno, puede que Pa negre sea demasiado dura de roer… pero si sirve para que alguien vea esta película de Villaronga, yo no protestaría. Que llegar a estrenar al otro lado del charco sí que es un deporte de riesgo.

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3. Y para cerrar la terna… ¡una que no ha visto nadie! El clásico de la película sin estrenar se está convirtiendo en un jueguecito de lo más gracioso. Adivine qué director de reconocido prestigio estrena un poco fuera de plazo (nunca del todo) y decida quién se colará este año en el trío de elegidas. El boleto de este año es para Benito Zambrano. Y para su adaptación de La voz dormida, la novela de Dulce Chacón que arrasó hace casi diez años. Y que, con casi diez años de retraso, he empezado por fin (y me tiene enganchada como a una “friski” de Lost…) Yo a Zambrano le doy entre veinte y cuarenta votos de confianza si consigue que lo pase como con Solas y Habana Blues. Que ya es decir…

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Se admiten apuestas…

Pequeños monstruos

Domingo, febrero 20th, 2011

Para quien aún tenga dudas de por qué hay bofetadas (figuradas) por llevarse un Goya, un ejemplo práctico. Sábado, 20.30 horas, un centro comercial de tantos en A Coruña. Para la recién repuesta Pa Negre, flamante ganadora de 9 Goyas la semana pasada, solo quedan dos entradas contiguas en la fila 3 o en la 10. Hasta la bandera, vamos. Así que Agustí Villaronga puede dar las gracias a la Academia por la segunda vida que la (siempre) polémica gala de la semana pasada le ha dado a su durísima película.

Anécdotas de taquilla aparte, reconozco que me va a costar horrores sacarme de la cabeza la mirada del pequeño Francesc Colomer. Ese pequeño monstruo que reza el eslogan de la cinta (“las mentiras de los adultos crían pequeños monstruos”). Pan negro. Silencios. Fantasmas en los desvanes. Cuevas malditas. Manos quemadas. Familias rotas. Vencidos que no tienen sitio ni para un pie de página en la historia. Jaulas de pájaros. Ideales de saldo por un plato de comida para un hijo. Vencedores como una epidemia de podedumbre que todo lo cubre. Todo esto y mucho más esconde Pa Negre (Agustí Villaronga, 2010). ¿Redonda? ¿La mejor del año? Todo es subjetivo. ¿Una buena película? Desde luego… aunque esto también sea algo subjetivo. Pero desde mi punto de vista, una buena película, sin duda.

pa-negre

Un guión sólido (basado en varios textos de Emili Teixidor), lastrado a veces por un desarrollo un tanto lento, pero sobre todo unas interpretaciones extraordinarias (ya he citado a Francesc Colomer, pero atentos a los ojos descarados de Marina Comas, la prima Núria, y a los adultos: unos estupendos Nora Navas y Roger Casamajor, esos padres con esqueleto en el armario, Laia Marull que solo necesita cuatro planos para comerse la pantalla, Eduard Fernández y ese hombre al que tan bien se le da matarnos de miedo solo con parpardear, Sergi López, en una especie de papel suavizado -es un decir- de su interpretación en El laberinto del fauno).

No dejo de pensar en el niño de Secretos del Corazón, en las palabras a medio decir en Silencio roto, ambas de Montxo Armendáriz, pero sobre todo en el terrible crío de Alemania Año Cero. Y no, no estoy comparando Pa Negre con la obra maestra de Roberto Rossellini. Pero entre Andreu y Edmund hay muchos puntos en común. Fundamentalmente, el de las guerras y sus demoledoras consecuencias. Pa Negre es una película muy personal, muy íntima, sí, pero también, como la cinta de Rossellini, un aterrador alegato contra la guerra, la violencia, el ataque contra el diferente.

Pero ante todo, Villaronga crea en este Pa negre una atmósfera especial, mezcla de la realidad durísima y la irrealidad que se esconde en las mentiras de los adultos, que todo lo difumina, que va cambiando la mirada del pequeño Andreu a medida que descubre que nada ni nadie es lo que parece en su mundo, en su familia. Un pequeño capaz de los gestos más tiernos, de las lágrimas más reales, del amor más puro, pero también del desprecio más absoluto, del odio más atroz, de destrozar a hachazos la memoria de lo que ya no quiere ser. De lo que ya no podrá ser. Porque se lo han robado.

La conquista, el agua, Bollain (¡y Tosar!)

Miércoles, enero 12th, 2011

Bob Dylan se preguntaba cuántas veces puede alguien girar la cabeza y pretender que no ve. Algo parecido se pregunta una a medida que avanza También la lluvia, la última última película de Iciar Bollaín. ¿Puede un individuo, por cínico y práctico que sea, dejar de implicarse en lo que ocurre a su alrededor? “Esto no va conmigo”, dice Costa (Luis Tosar, comiéndose la pantalla). “Pero estás aquí”, le contesta María (Cassandra Ciangherotti).

“Aquí” es Cochabamba, Bolivia, en el año 2000. “Esto” es lo que se conoce como la guerra del agua, el violento pulso que la población matuvo por la privatización del suministro de agua. Y Costa es el productor de una película sobre Colón, Bartolomé de las Casas y el brutal sometimiento de los indios en la conquista española de América. Sobre estas tres historias (el rodaje, la revuelta, la película sobre Colón) pivota una cinta militante, dura, compleja. Probablemente el proyecto más ambicioso en el que se ha embarcado Bollain, y del que ha salido con nota. Aunque haya que darle una oportunidad al arranque, algo más plano, para dejar paso a una de esas películas que te van calando, que te arrastran como al personaje de Tosar, hacia el interior de las calles de Cochabamba (en una secuencia, por cierto, en la que es imposible no recordar a Jack Lemmon y Sissy Spacek en Missing, de Costa-Gavras). Una de esas películas con pocos blancos y negros y con muchos grises, con muchas palabras pero también con muchos silencios. Y fuera mitos de que el cine social se centra en el mensaje y olvida las formas. A pesar de la militancia, de la intención social, Bollain mima el estilo y no escoge, como sus personajes, entre su película o la vida, sino que consigue mezclarlas las dos. Como adelanta, en los títulos de crédito, con ese homenaje a La Dolce Vita de los créditos. Qué juego dan las cruces voladoras.

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Firma el guión Paul Laverty, guionista habitual de Ken Loach, y a quien se agradece que por el camino se haya dejado algunos -no todos- de los panfletarios tics de, por ejemplo, el guión de La canción de Carla. Mucho más depurado en el acercamiento a la población indígena, Laverty dibuja un puñado de personajes con doble personalidad. Y es que son actores interpretando a un actor y su papel (ese estupendo Karra Elejalde, que una no sabe si está mejor como el actor alcohólico o como Colón desmitificado; o Juan Carlos Aduviri, líder de la revuelta del agua y el jefe Hatuey en la película sobre Colón. A los dos los acaban de nominar a mejor actor de reparto y mejor actor revelación para los Goya, y no me extraña. Y a Tosar, claro, pero la capacidad de este tío para transmitir emociones se sale de los márgenes).

Nadie es quien parece ser, quien te hace creer Bollain habilmente que es… para luego darle la vuelta. Como a Bartolomé de las Casas y su actor. O a Colón y el suyo. O a ese tan comprometido director (Gael García Bernal) que se sienta en la cuneta sin saber muy bien qué defiende.

Bollain sí lo sabe. Y lo hace de una manera muy inteligente, cosa nada rara en su cine. Es sutil cuando quiere y más directa cuando le hace falta. Pero sobre todo, mima a sus personajes, desde el más cobarde al más ambiguo, con una sensibilidad capaz de crear una secuencia de pocas palabras y más de un nudo en la garganta, como el último diálogo entre Tosar y Aduviri. Solo por la mirada de ambos, por lo que callan y cómo lo hacen, vale la pena la entrada.

Doble (y triple) premio para el talento gallego

Miércoles, septiembre 15th, 2010

Celda 211 ya ha hecho todo lo que tenía que hacer”. Lo contaba esta mañana, para los micrófonos de Radio Voz, Emma Lustres, una de las responsables de Vaca Films, la productora gallega que ha sacado adelante no solo una, sino dos de las tres películas que ha seleccionado la Academia del Cine para optar a los Oscars. La otra, que no se estrenará hasta el 7 de enero, es También la lluvia, de Icíar Bollaín.

Doblete para Vaca Films (“esto es un éxito de todo el audiovisual gallego”, añade Lustres) y triple reconocimiento para Luís Tosar. Porque el protagonista de Celda 211 lo es también de También la lluvia y de Lope, de Andrucha Waddington, la tercera en discordia.

Nos cuentan desde Vaca Films que no se esperaban que la Academia optase por la película de Daniel Monzón. “No porque no se lo merezca, sino porque la mayor parte de su recorrido la hizo el año pasado”, dice Emma Lustres. Que reconoce que para la película (ocho Goyas, recordarán, y el respaldo de la taquilla) sería un broche perfecto llegar al Oscar. ¿Y habrá remake?, le preguntamos. Confirmado: “está prácticamente hecho, no anunciado, pero cerrado”. Se ríe cuando le pregunto si nos puede adelantar algo más, “yo creo que ya te he dado una primicia”, y reconoce que no sería prudente dar más datos.

De Celda 211 hay poco más que decir. De También la lluvia, que promete. No solo porque la dirige una de las directoras más interesantes de este país, sino porque el guión de esta película de cine dentro del cine ( y que se podrá ver en el Festival de Valladolid), lo firma Paul Laverty, el guionista de varias de las últimas cintas de Ken Loach (entre ellas, las estupendas El viento que agita la cebada y Mi nombre es Joe). De Lope no os digo nada, porque aún no he tenido tiempo para escaparme al cine a verla…

¿Y vosotros con cuál os quedáis? ¡Se admiten apuestas!

Nos vamos a los Goya

Viernes, febrero 12th, 2010

premiogoya   Escoge una de tus razones para no ver la Gala de los Goya este domingo:

a) son una imitación cutre de los Oscars

b) la alfombra roja es verde

c) todas las películas españolas son iguales (de malas).

                     d) me cae mal Buenafuente

En resumen, es un poco lo que me han ido contando esta semana previa a la gran fiesta del cine español (esta expresión tan cursi podría ser la quinta razón). Pero resulta que a mí estas galas me encantan, las alfombras verdes me parecen un pequeño festival del humor, de las películas candidatas a hacerse con el máximo premio, dos se encuentran entre lo mejor que he visto el pasado año, y me muero del humor con Buenafuente. Así que me pienso tragar la gala el domingo por la noche, minuto a minuto.

Y para los que no encontréis motivos para no enteraros de cuál es la película que más le gusta a los miembros de la Academia, para los que querías ver a Antonio Mercero recoger su Goya de honor, para los que queráis descubrir si finalmente aparece  Penélope Cruz de la mano de Bardem, para los que os emocionáis con el recuerdo de los que nos han dejado este año (un amigo, un servidor, un esclavo… entre otros), o si os queda lejos la tele ese día pero no os queréis perder detalle, os lo contaré desde aquí, minuto a minuto también, toda la noche.

Y me había propuesto no hacer una quiniela, pero no puedo evitarlo. Apuesto unas palomitas a que no son los premios que van a caer (alguno, por imposible), pero sí los que me gustaría ver. ¿Cuáles son los vuestros? ¡Se admiten apuestas!

Mejor película: Celda 211, de Daniel Monzón

Mejor película hispanoamericana: El secreto de sus ojos, de Juan José Campanella (y así queda repartido, más o menos…)

Mejor director: Daniel Monzón, por Celda 211

Mejor actor: que suban Tosar y Darín, por favor…

Mejor actriz: Soledad Villamil, por El secreto de sus ojos, ¡pero que la cambien de categoría! ¿qué hace en actriz revelación esta mujer?

Mejor película europea: La clase, de Laurent Cantet

Un cómico, un servidor, un amigo, un esclavo…

Lunes, noviembre 2nd, 2009

 Un tío bajito, calvo y feo. Una de esas caras que se cruzaría por la calle y saludaría como si lo conociese del portal de enfrente. Un actor capaz de hacer reír a todo un país cuando la risa era, probablemente, de lo poco que quedaba para dar luz a una sociedad en blanco y negro. Cuando en España no había ni ganas, una legión de cómicos (esa palabra mágica) se levantó para enseñarnos a reírnos hasta de la muerte. Y en ese ejército de genios disfrazados de personas normales y corrientes, apareció en los años 50 José Luis López Vázquez. Bajito, calvo, feo. Y uno de los mejores actores que ha parido este invento de los hermanos Lumière.

Busquemos tres películas de aquella época que cualquiera debería ver tres veces al año, como quien reza una novena. El pisito (Marco Ferreri, 1959). El verdugo (Luis García Berlanga, 1963). Plácido (más Berlanga, 1961). Ahí estaba él. En las tres. Midiendo cabezas de niños, conspirando para conseguir casa, repartiendo pobres en mesas ajenas.  Berlanga y su ojo clínico lo habían fichado en Esa pareja feliz, y el director lo aprovechó, de una manera u otra, a lo largo de toda su carrera. Pero no solo fue uno de los fetiches de Berlanga.  Su vis cómica explotó en los 60 a golpe de películas que hoy metemos en el saco de españoladas y que en su día fueron un filón para la taquilla. Se pasó la década rodando con Gracita Morales, descubriendo qué gran invento era el turismo, dirigido por Pedro Lazaga, Mariano Ozores o José María Forqué. (Con este, por cierto, dejó dicho eso de “un admirador, un amigo, un esclavo, un siervo”. Fernando Galindo, para servirles. En Atraco a las 3, claro…).

Y de repente llega Carlos Saura con Peppermint Frappé (1967). Y descubre al José Luis López Vázquez dramático. Saura permitió que otros viesen las capacidades que llevaba dentro. Y en los años siguientes, abre el abanico para seguir rodando comedias, pero también películas que de risa, más bien poco. Como la preciosa historia de Mi querida señorita (Jaime de Armiñán, 1972), una de sus interpretaciones más arriesgadas. O el terrible Benito Freire de El bosque del lobo (Pedro Olea, 1970). Sin dejar la comedia, claro, porque ya se sabe que, muchas veces, lo de hacer reír parece tan fácil que a un actor se le toma poco en serio hasta que se pone intenso… como si anduviésemos sobrados de cómicos. Y el talento de López Vázquez aún tenía mucho que decir en más cintas de Berlanga, como la estupenda La escopeta nacional (1978).

Ha sido casi 300 personajes. Y no me caben. Y no querría que se me olvidase  ni uno solo de sus rostros, ni siquiera los menos memorables. Porque nos quedan tan pocos cómicos… y los pocos que quedan, los hemos reducidos a pequeños cameos en los últimos años. A algún papel en la televisión. Al aplauso emocionado (menos mal) en los Goya de Honor. A las reposiciones. Sin pensar que una sola imagen de uno de estos genios encierra más cine que hora y media de metraje. Y dejo un ejemplo que quizás os parezca frívolo, pero olvidaos de la publicidad y quedaos con su cara. Sus manos. Sus gestos sin palabras.  Apenas un minuto para homenajear a  La cabina (Antonio Mercero, 1972). Apenas un minuto para imaginar que, tal vez, este mediodía a José Luis López Vázquez le han abierto la puerta de la cabina los Rafael Azcona, los José María Forque, los Pepe Isbert que ya no quedan. Los viejos amigos. Los cómicos…

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Cuatro vidas en Santiago (y una en Montevideo)

Lunes, mayo 18th, 2009

Andrés Wood me tuvo ayer casi dos horas masticando a duras penas cuatro vidas en Santiago de Chile, a golpe de La buena vida. Irregular, la última cinta del directo de Machuca se llevó en febrero el Goya a la mejor película hispanoamericana. Como todas las historias cruzadas, corre el riesgo de quedarse en nada más que pequeños episodios si el guión no nos lleva a algún tipo de clímax. (Las comparaciones son odiosas, ya, pero no puedo dejar de pensar en la fuerza que arrastran todos los personajes de Amores Perros. Por citar otra cinta de habla hispana, en otra gran ciudad, y con historias que se cruzan).

Pero sí que tiene calle, y se agradece, y una visión casi documental de una ciudad y sus múltiples vidas, atrapadas tras las ventanas, de esa vida que se oculta tras las puertas de los bares, en las oficinas de los bancos, entre las cuatro paredes de un piso… Es una vida más sucia y más triste, mucho más gris que la que suele aparecer en la pantalla, y se intuye que más rica también, pero por alguna razón, Wood se queda en la superficie, apenas nos asoma a lo que se esconde tras los cuatro protagonistas principales, que tan solo comparten un roce, una búsqueda de no sé sabe qué. Como todos.

(Pero es curioso… esa sensación de ahogo que provoca la visión de Santiago de Chile desde la última ventana nos persigue un rato, y no mejora al llegar a casa y descubrir que se ha muerto Benedetti. El hormiguero de la ciudad -de cualquiera, es lo mismo- es un poco más feo hoy, desde mi ventana también. )

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