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¿Son unos premios previsibles menos merecidos?

Lunes, febrero 27th, 2012

Pase que detrás de la tremenda campaña de promoción de The Artist esté la todopoderosa mano de Harvey Wenstein. Pase que, aunque sea francesa, hable de una tierra que se llamaba Hollywooland. Pase que detrás de la maquinaria de las grandes empresas se hayan quedado una docena de excelentes películas. Las que no han llegado ni a estar nominadas. O las que han sido nominadas por rellenar la papeleta. Como El árbol de la vida. Pase que sea incomprensible que La gran ilusión no ganase el Oscar en los años 30 y que esta haya sido la primera cinta francesa que lo hace. Vale. Pero las injusticias cometidas por este club de amables millonarios, dinosaurios del cine, ¿es suficiente para criticar ahora a la misma película que durante los últimos diez meses ha estado en boca de todo el mundo? ¿La que consiguió colarse en salas de medio planeta a pesar del “¡pero si es es muda!”?

 (todo el equipo de The Artist… incluido el chucho, empeñado en que George Valentine le haga caso)

Es cierto. La gala estaba cantada. Desde el Oscar para Christopher Plummer al de Meryl Streep. Como los premios al preciosismo técnico de La invención de Hugo. Pero vamos… ¿no es arriesgado que una película muda se haga con un Oscar en el 2012? Es clásica, en blanco y negro, recupera la banda sonora de Vértigo, ¿y? Las grandes historias no necesitan ser la innovación al cuadrado para ser mejores. Que se lo digan a Kathryn Bigelow y su “sencilla” cinta bélica frente a la virguería vacía de su ex marido…

La Academia de Hollywood NO es transgresora. Dar un premio a una película muda a estas alturas debe ser un subidón de adrenalina para alguno de sus socios, que hoy estarán con el oxígeno puesto después del exceso. Claro que lo valiente habría sido darle el premio a Michael Fassbender por hacer de adicto al sexo en Shame (la semana pasada leí una crítica que literalmente decía: “excelente, no creo que pueda volver a verla”…). Que lo osado sería nominar a mejor cinta a la iraní Nader y Simin. Que es una obra maestra. Pero seamos serios: no lo permiten las normas. Y además, que Hollywood le dé el premio mayor a una película iraní es tan absurdo como pensar que Barack Obama se va a reunir pasado mañana con Ahmadineyad para hablar del tiempo.

Sigo sin entender por qué Meryl Streep se ha llevado su tercer Oscar por imitar a Margaret Tatcher. Pero dado que algún productor pensó que era mejor dejar a Jessica Chastain en la categoría de mejor secundaria en vez de en la de mejor actriz por su sutil, inteliegente y preciosa interpretación en El árbol de la vida, ¿a quién le sorprende el premio para Streep? Por cierto, si alguien quiere hacer un capítulo de injusticias oscarizables, que eche la cuenta de cuántas actrices han conseguido más Oscar que ella. Solo una. Y se llamaba Katharine Hepburn. Bette Davis ganó dos… en fin. Que la gala es muy bonita, muy lucida, muy larga y muy aburrida. Que la alfombra roja es como un teatrillo de espaldas a una crisis que afecta al cine como a todo lo demás, aunque los brillantes de Natalie Portman y la sonrisa de Billy Cristal (¿qué le pasa en la boca?) parezcan negarlo. Pero la Industria (así, con mayúscula) sabe cómo montar un espectáculo. Aunque no lo demuestre en el escenario, claro… Pero nos tiene a todos hablando una semana de películas, de modelitos, para quejarnos, para aplaudir… y con algo de suerte, devuelve a alguna de las “tapadas” a las salas.

Lentejuelas con olor a rancio

Miércoles, marzo 2nd, 2011

En ocasiones, creo que pierdo el criterio. En otras, me da la impresión de que si de diez películas tan solo dos te permiten salir del cine sin ganas de acudir al psiquiatra o de llorar durante una semana, tal vez sea preferible darle premios a la única película (no de dibujos) que te levanta un poco la moral. Que no está el horno para bollos y a ver si tanto drama y tanta locura y tanta familia desestructurada van a ahuyentar (aún más) a la gente de las salas de cine. Que hay que hacer caja.

Digo todo esto porque El discurso del rey (ya os lo había contado aquí) me parece una película estupenda, sobre todo muy bien interpretada, y, como siempre en el cine británico, muy bien ambientada. Fin.
Pero después del maratón (que terminó ayer, con The Fighter. Esto del cine va a ser mi ruina) que me marqué para poder ver antes de los Oscar todas las películas nominadas menos una (luego os cuento cuál), la verdad es que cada vez entiendo menos a los ilustres académicos de Hollywood. La verdad, no me extraña que se hable más de los modelitos de las actrices que de los premios.

Todo me huele a rancio. Desde el Oscar a la mejor película para El Discurso del Rey, compitiendo con una obra maestra, Valor de Ley -será que ya no se lleva el western, otra vez- pero también con dos opciones realmente interesantes, The Fighter, sobre todo, pero también Cisne Negro, y con otra tal vez menos redonda pero buena, de verdad, Winter’s Bone) al de mejor secundario.
Insisto en que me ha encantado The Fighter. ¿Pero es que para que te den un Oscar tienes que interpretar a un tartamudo, una psicótica o un drogadicto? ¿Un simple papel de profesor de logopedia, aunque sustente una película y lo firme Geoffrey Rush, no vale? Parece ser que no. Y que conste que me parece que Christian Bale está estupendo en The Fighter. Y que Colin Firth lo borda. Y que Natalie Portman se merece todos los premios que puedan darle por Cisne Negro. Pero nos hemos olvidado de Jeff Bridges, con permiso de Firth. Y de la cría de Valor de ley, Hailee Steinfeld. Por muy bien que esté Melissa Leo en su papel, otra vez, en The Fighter. Pero es que la niña se come en dos bocados a Jeff Bridges, a Matt Damon (esto no es muy difícil, lo sé) y a James Brolin.

Cuatro grandes actores…¿puedo discutir al menos a dos?

Nada que objetar a los premios técnicos que se ha llevado Origen, que son, sin duda, lo mejor de esta estupenda ida de cabeza de Christopher Nolan. Ni a los premios a la creatividad de la Alicia de Tim Burton, porque aunque la idea de la película no acabe de convencerme, el universo visual de Burton se merece premios, de vez en cuando. Como el estilo de su señora.

De La Red Social creo que prefiero no hablar. Resulta que no he visto 127 horas porque, la verdad, Danny Boyle empezó a aburrirme en algún momento entre la brutal Trainspotting y esa bomba sobrevalorada de Slumdog Millionaire. ¿Pero mejor guión adaptado? ¿Para otra bomba sobrevalorada, bien contada, y poco más, que no está ni a la altura del zapato de cualquiera de las anteriores películas de David Fincher? Una lástima… será que ningún académico se había leído True Grit, la novela en la que se basa esa obra maestra rodada por los Coen.

Y ya que hablamos de guiones, vamos con los originales. Yo trato de centrarme y de que no me deslumbren los estupendos diálogos entre Colin Firth y Geoffrey Rush, o ese cruce de frases entre la futura reina madre y el futuro primer ministro Churchill acerca de las dotes adquiridas por la señora Wallis Simpson en ciertos locales de Shanghai… Del resto de candidatas, salvo Another Year, de Mike Leigh, que aún no se ha estrenado en España, y después de ver ayer The Fighter… no sé si me explico. Pase que Los chicos están bien no me parece nada de dar saltos. Y que Origen no es lo mejor de Nolan. Pero nada, puestos a dar premios, pues tal y como en España le dimos el Goya a la mejor película extranjera (¡frente a La cinta blanca! y sé que me repito), le damos el de guión. Y de mejor director a Tom Hooper. Los Coen, total, solo pasaban por allí, y además ya se han llevado alguno. Qué más da que hayan logrado una joya, es que hay que repartir…

Eso sí, todo muy bonito. La gala, como siempre (vista en diferido, estos horarios son una pesadilla), aburrida y larga. Menos mal que existe Kirk Douglas (o la máscara que queda de él… parece que el botox no solo lo usan algunas actrices) y los tuxedos de Lanvin. Que es, prácticamente, lo único que se salva de la pareja de presentadores…. A ver si alguien de la organización entiende que lo de bajar la edad de los chicos no basta para agilizar una retransmisión demasiado larga. Que lo único que sirve es contar con un buen guión. Ya que al presentador de los Globos de Oro lo han vetado por pasarse de sarcástico, ¿qué os parece si les mandamos a la Sardá, para el año que viene, o a los chicos de Animalario? No sé, tal vez algo de ironía, de autocrítica, ¿de ingenio? le vendría bien a la sacrosanta Academia de Hollywood, que solo cambia de modelo a los actores y actrices, que tiene un brillo que no veas, pero que cada vez huele más a naftalina. Cómo se echa de menos, a veces, que alguien arriesgue. Ah, es verdad, qué boba. Yo hablaba de cine… ellos tal vez piensan en dólares.

Sangre, sudor y neurosis

Lunes, febrero 21st, 2011

Ingredientes: dos tazas de Las Zapatillas Rojas (Powell y Pressburger, 1948); una taza de Paso decisivo (Herbert Ross, 1977); otra de The Company (Robert Altman, 2003) media taza de Eva al desnudo (Mankiewicz), y tres cuartos de kilo de la tendencia de Darren Aronofsky de bucear en lo más complejo y enfermizo de la mente humana (desde Pi a El luchador pasando por la delirante y estupenda Requiem por un sueño, la verdad es que las cintas de este señor deberían ser analizadas por psiquiatras). Mezclar bien, añadir unos vistosos tutús diseñados por las chicas de Rodarte, incorporar a una actriz con ganas de sacarse el sambenito de niña mona y frágil, y ahí está Black Swan. Lo último de Aronofsky no es apto para todos los estómagos, y no porque sea especialmente dura visualmente (que también) sino, y sobre todo, porque no resulta nada sencillo dejarse llevar en el viaje a su propio infierno que se marca Natalie Portman (en una interpretación brutal que debería valerle algo así como tres Oscar, uno por cada una de los personajes que consigue transmitir su papel).

La historia no es nueva (sobre todo para quien conozca ese subgénero que son las películas de ballet): una prometedora bailarina (Portman) obsesionada con su primer papel protagonista, otra que ve cómo su carrera se acaba (Wynona Ryder), un director duro hasta la crueldad (Vincent Cassel), una madre-vampiro (estupenda Barbara Hershey), y una rival (Mila Kunis) que no se sabe muy bien si te va a lanzar escaleras abajo o solo disfruta de la vida. Y un Lago de los cisnes que cualquiera que conozca algo de ballet se sabrá de memoria y que, la verdad, no es que los guionistas hayan sido muy sutiles al trasladarlo a la vida real (por llamarlo de alguna manera…). Aparte del lado sexual del tema, que claro, sobre la escena y en tutú resulta mucho menos obvio que en el salvaje camino para dejar atrás la auto represesión de la protagonista.

blackswan

Pero encaja. Desde la visión (criticadísima, por cierto, en Estados Unidos), del funcionamiento interno de una compañía de danza y la dureza de un trabajo que destroza literalmente el cuerpo de los bailarines, a la transformación – incluso física, aunque a mí, qué queréis, esta parte con plumitas me sobra- de una mujer aparentemente normal en un ser obsesionado con un personaje, el del cisne negro que da nombre a la película, que la devora en una espiral de autodestrucción en la que nada es lo que parece. Ni en la cabeza de Nina ni en lo que el espectador percibe. ¿Qué hay de real, qué hay de imaginario? La cámara  neurótica de Aronofsky le va al pelo a esa transformación, volviendo las imágenes en algo cada vez más rápido, más abrumador, filtrado en rojo como los ojos de la nueva Nina, capaz de estresar al espectador como a quienes rodean a la bailarina en su camino hacia el dolor, el sacrificio, o, como ella dice, la perfección. Aunque la perfección te destruya.

(por cierto, para pillados con el tema del ballet, a ver a qué final de cine os recuerda la última escena de la película… ¡Juro que la respuesta no es difícil!)

De puntillas

Miércoles, septiembre 1st, 2010

No me subo a unas puntas desde hace… bueno, para qué echar cuentas. No veo una buena película ambientada en el mundo del ballet desde hace… bueno, sí, un poco menos, gracias a Robert Altman y la curiosa The Company. Y hace un instante, de la pequeña pantalla han salido estas imágenes de puntas, tutús y cisnes para recordarme que hoy empieza el Festival de Venecia, y que Darren Aronfosky le ha puesto a Natalie Portman un tutú… pelín inquietante, este Black Swan.

Imagen de previsualización de YouTube

…y es que la mezcla de tules, puntas de raso y música de Tchaikovsky, agitada por Aronofsky, no podía ser muy suave. Que al director de las estupendas Requiem por un sueño y El luchador le gusta darle bien al espectador, así de cara.

Aquí, bien lejos de Venecia, donde hoy ha comenzado la edición número 67 del viejo festival, a una le entran unas tremendas ganas de películas de esas que suman dos de las cosas que más le gustan del mundo. Al Lido ya no llego esta noche, y a Black Swan no llegaremos en España hasta el año próximo. Así que me propongo un minimaratón de pasos a dos, buenos actores, enormes bailarines y algunos protagonistas tan preocupantes como la Nina de este cisne estrenado hoy en Venecia. Ahí van mis tres recomendaciones, hoy por este orden… mañana tal vez no.

1. Las zapatillas rojas (The Red Shoes, Michael Powell y Emeric Pressburger, 1948). Un monumento al technicolor, al ballet, al cine como creación. Hace dos años, Scorsese presentó la versión restaurada en Cannes y recordó que la había visto cuando era un niño, alucinado, claro. Hoy he encontrado algo de esos primeros planos de Moira Shearer en las imágenes de Black Swan. Espero que quede también algo de la magia que desprende esta fábula, porque como el resto de las maravillas de Powell y Pressburger, esto es lo que es esta joyita. Por cierto, si alguien que no la haya visto se acuerda de  Tetro (Coppola, 2009), os sonorá el estilo de estos dos por el homenaje que le brinda a Los cuentos de Hoffmann.

2. Paso decisivo (The Turning Point, Herbert Ross, 1977). Qué difícil de encontrar… y de resumir. Shirley McLaine, Anne Bancroft y Baryshnikov, así, en tres patadas. Una declaración de amor a la danza, y a dos actrices que de verdad  no sé cómo definir en esta película. Subidas a un escenario, tirándose del pelo, sirviendo un té, con una frase, una mirada… se montan entre las dos un recital (las nominaron a las dos al Oscar por la película, que no se llevó nada pero tiene ocho nominaciones en total) que no entiendo por qué no aparece en ningún lado, por mucho que busque una copia decente.  La mía está gastada, con eso os digo todo. Da igual que uno no sepa de ballet más que lo que yo sé de fútbol. A Herbert Ross habría que darle una calle solo por la secuencia de Bancroft y MacLaine en la barra… del bar, quiero decir.

3. Billy Elliot (Stephen Daldry, 2000). Vale, nada que ver con las dos anteriores. Mucho menos ballet, sí, pero idéntica pasión por el baile. Y ese algo innato que tienen los ingleses para conseguir que el peor drama se convierta en la mejor comedia. Para fanáticos de la danza, la coreografía de la última escena es otro Lago de los cisnes… bastante curioso, con un montón de tíos con plumas y sin tutús, y en vez de princesas, príncipes, claro. Lo firma Matthew Bourne. Pero esta es otra historia…

Por los amigos ausentes (y II)

Martes, mayo 26th, 2009

Podría hacer hasta un capítulo 3, porque, en realidad, todas las películas son buenas para ver con amigos. Hasta las que te pillan con sueño acumulado y pocas ganas… será porque no hay nada como hacer esfuerzos sobrehumanos al lado de una persona que, como tú, no es capaz de mantener los párpados abiertos a pesar de los esfuerzos de Clive Owen, por ejemplo.

Pero solo quería completar mi lista con tres o cuatro películas más.  Ahí van:

 au_revoir_les_enfants. Adiós, muchachos (Au revoir les enfants, Louis Malle, 1987). Un internado católico, un puñado de adolescentes,  y la Francia ocupada. Y en este ambiente, Malle hace amigos a un chico católico y otro judío. Hace mucho más que esto: borda una historia triste y durísima, a través de los ojos de Julien y Jean, con un final muy, muy difícil de olvidar.

. Juegos prohibidos (Jeux interdits, René Clément, 1952). Alguien juegosque tuvo la suerte de ver esta película cuando era muy pequeña, en uno de esos cines que ya no existen, me cuenta lo impresionada que salió de ver aquella historia con niños, pero no apta para menores. Otra película de amistades extremas en tiempo de guerra, con los pequeñísimos Michel y Paulette creando su propio cementerio en un mundo incomprensible mientras Clément nos regala una maravilla.

 et20aniversario. ET  (Steven Spielberg, 1982).  Sí, lo siento, pero pertenezco a la generación que descubrió con esta película lo que quiere decir “estaré aquí mismo”. Y las extrañas conexiones que te unen con tus amigos y te hacen sufrir lo que ellos sufren y celebrar lo que ellos celebran. Tan sencillo como esto, solo que a través de la particular óptica de Spielberg, y con un extraterrestre cabezón.

. Beautiful Girls (Ted Demme, 1996). Nunca una reunión de instituto  beautifulgirls1había dado para tanto. Para descubrir que los amigos de toda la vida crecen a ritmos diferentes, y que a pesar de eso, encajan. Para recordar por qué una vez nos hicimos amigos de alguien… y por qué nos alejamos. Más allá de la sorprendente presencia de Natalie Portman, me quedo con Timothy Hutton (y me pregunto qué ha sido de él), con ese guión ácido que juega a ser ligero… y con una conversación en una cabaña sobre el hielo. Martinis helados, Van Morrison, y los periódicos del domingo.

PD. Se me quedan otra media docena por el camino. Los amigos musicales y frikis de Alta Fidelidad (Stephen Frears, 2000); los niños y  el cadáver de Cuenta conmigo (Rob Reiner, 1986); las amigas desesperadas y fugitivas de Thelma y Louise (Ridley Scott, 1991)… ¿cuáles son las vuestras?

Camino de la Palma de Oro

Sábado, abril 26th, 2008

El 14 de mayo arranca el Festival de Cannes, y ya conocemos la lista de películas que participan en la sección oficial. Sean Penn preside el jurado (lo acompañan las actrices Natalie Portman y Alexandra Maria Lara, el director Alfonso Cuarón, el actor y director italiano Sergio Castellitto, el realizador tailandés Apichatpong Weerasethakul, y el director francés Rachid Bouchared), que este año tendrá que decidir entre pesos pesados (Win Wenders, Atom Egoyan, Clint Eastwood…), la necesaria dosis de cine oriental (y alguien debería explicarnos a los humildes espectadores por qué cinematografías tan premiadas las que llegan del lejano Oriente acaparan premios y titulares pero en nuestros cines de cada día apenas se huelen), y una nutrida representación de cine europeo. Para algo estamos en la Costa Azul.

Ahí va la lista completa. Y no, no hay nada hecho en España.

 . Nuri Bilge Ceylan (Turquía; recibió en Cannes el premio de la crítica en el 2006) presenta Üç Maymun.

.  A los hermanos belgas Jean-Pierre y Luc Dardenne Cannes se les da especialmente bien: tienen dos Palmas de oro, por Rosetta en el 99 - que se llevó además el premio a la mejor actriz- y por L’enfant, en el 2005. Además, en el 2002 su película Le fils recibió un premio por la mejor interpretación masculina. Este año, compiten con Le silence de Lorna.

.  El francés Arnaud Desplechin presenta Un conte de Nöel, con Catherine Deneuve. Sus tres primeras películas también lucharon por la Palma de Oro.

. Clint Eastwood trae a concurso con Changeling, protagonizada por Angelina Jolie y John Malkovich. Eastwood es un viejo conocido en La Croisette: presidió el jurado del festival en el 94, y sus cuatro de sus películas han partipado en la competición.

. El canadiense Atom Egoyam compite con Adoration. Su última película, Where the truth lies, también compitió en Cannes. Otro de los platos fuertes.

. De Israel llega Ari Folman con Waltz With Bashir, una de dibujos. Ahora se dice de animación, que queda más serio. Van dos años seguidos en que los dibujos compiten por el máximo galardón en Cannes. El año pasado aquí se presentó la preciosa Persépolis de Marjane Satrapi y Vincent Paronnaud y se llevó el premio del Jurado.

. El italiano Mateo Garrone presenta Gomorra, y su compatriota Paolo Sorrentino compite con Il divo. 

. Otra muestra de cine europeo llegará desde Hungría con el jovencísimo actor, escritor y director Kornél Mundurczó, que presenta Delta.

. El guionista estadounidense Charlie Kaufman se estrena como director por la puerta grande, compitiendo en Cannes con Synecdoche, New York. Veremos cómo se pasa de escribir Cómo ser John Malkowich, Eternal Sunshine of The Spotless Mind  (¡Olvídate de mí!, en España), o Adaptation, a ponerse detrás de la cámara.

. Erik Khoo presenta, desde Singapur, My magic.

. El director filipino Brillante Mendoza compite con Serbis.

. El chino Jia Zhangke presenta 24 City.

. De Asia a Latinoamérica: dos representantes argentinos luchan por conseguir premio. Son Pablo Trapero y su Leonera, y  Lucrecia Martel con La mujer sin cabeza. Repite en Cannes: estuvo hace cuatro años con La niña santa.

. Y sin salir de América del Sur, llega Walter Salles con Daniela Thomas para presentar Linha de passe. Salles ya compitió en el 2004 por Diarios de motocicleta, y presidió el jurado en el 2002.

. También compite Che, la película de 4 horas que ha dirigido Steven Soderbergh sobre Ernesto Guevara, una coproducción EEUU-España,  con Benicio del Toro en el papel principal. En realidad, son dos cintas, El argentino y Guerrilla.

. Y se cierra la competición con otra de las vacas sagradas: el alemán Win Wenders vuelve a Cannes para presentar The Palermo Shooting. Tiene dos premios de la crítica, una Palma de Oro y un gran premio del Jurado. Que se anden con ojo los demás…

ojd