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Los 40 en sesión continua

Domingo, mayo 6th, 2012

Porque hay cine que no sabe lo que es la crisis de los 40, esto es lo que cuento hoy en el Extra de La Voz de Galicia…

UNA COSECHA DE OBRAS MAESTRAS QUE NO ENVEJECEN

El 72 fue el año en el que Bob Fosse arrebató el Oscar al mejor director a Coppola. El año en el que “El Padrino” se convirtió en leyenda. A la cosecha cinematrográfica se suman los nuevos valores que vinieron al mundo y cumplen ya los 40.

¿Qué tienen en común El Padrino, Cabaret, El discreto encanto de la burguesía, La huella, La huida, La cabina, Jude Law, Alejandro Amenábar o Gwyneth Paltrow? Unos envejecen mejor que otros, pero todos son de la quinta del 72. ¿Era inevitable que se dedicasen al cine quienes vinieron al mundo año en el que Coppola dio el pistoletazo de salida a la madre de todas las trilogías? Tal vez no, pero la cosecha de aquel año dejó directores como Alejandro Amenábar,  actores como Law, Paltrow, Cameron Diaz, Vanessa Paradis, Adrià Collado o el matrimonio Ben Affleck-Jennifer Garner.

Algo tendría que haber en el aire hace cuatro décadas para que el Oscar a la mejor película extranjera se lo llevase El discreto encanto de la burguqesía, de Luis Buñuel para… Francia, claro. Para que Bertolucci escandalizar a medio planeta con El último tango en París. Para que Mankiewicz se marcase su última, macabra y genial vuelta de tuerca encerrando en una mansión a Michael Caine y Laurence Olivier en La huella. O para que Antonio Mercero y ese señor bajito con bigote revolucionasen desde España y desde una pequeña pantalla el panorama del cine fantástico con esa joya que es La cabina.

Clásicos como Buñuel y Makiewicz convivían en las carteleras con los moteros tranquilos y los toros salvajes, aquella generación que llevaba casi media década dándole la vuelta al calcetín del cine para crear, partiendo del viejo lenguaje, una manera completamente distinta de contar las cosas. Más salvaje, más seca, con el sello de directores como Peckinpah, que lanzaban a Steve McQueen y Ali MacGraw en carreras hacia ninguna parte.

Pero hasta los mayores de la clase seguían demostrando oficio. En 1972, ese señor gordo y macabro llamado Hitchcock estrenó Frenesí. Guardaba los mismos modos que 40 años antes… pero su penúltima película, como los tiempos, habían cambiado. Todas tienen 40 años. Pero apenas una arruga.

Y cuatro recomendaciones:

CABARET: Bienvenidos al KitKat Club

Más que un musical, más que una historia de amor, más que una cinta histórica… Bob Fosse borda en Cabaret la historia de Sally Bowles, convierte a Liza Minnelli en un mito y revoluciona la manera de rodar y montar los musicales. Sórdida, atípica, divertida y crítica, o cómo róbar a Coppola el Oscar al mejor director en el Berlín de entreguerras.

EL PADRINO: El apellido que marcó el cine

No es solo una de las mejores películas de la historia. Es una leyenda. Guión milimetrado, Marlon Brando fuera de catálogo, música de Nino Rota, el descenso al lado oscuro de Michael. La familia, la muerte, las ofertas que no se pueden rechazar. Nada sobra, nada falta. Y (casi) lo mejor: es el prólogo perfecto a una segunda parte antológica.

EL ÚLTIMO TANGO EN PARÍS: Sexo, mantequilla y Brando

Hay películas que merecen ser vistas solo por una secuencia. Marlon Brando gritando bajo un puente es una razón más que suficiente para dejarse envolver de nuevo por una cinta que es más que eso. Un escándalo firmado por Bertolucci que envejece mal pero que marcó a una generación que nunca volvió a ver la mantequilla de la misma manera.

LA CABINA: Angustia en 37 minutos

La puerta de una cabina que no se abre. Un guión firmado por Garci y Mercero para TVE. Y encerrado entre los cuatro cristales, el impagable José Luis López Vázquez convertido en la imagen del terror: el que nace del absurdo de las cosas cotidianas. Un icono de la televisión de otra época premiada con un Emmy al mejor programa de ficción.

 

 

Adiós a la gata

Miércoles, marzo 23rd, 2011

El sábado, desde el mostrador de una librería, la mirada felina y la cintura de avispa de Elizabeth Taylor me recordaban su brutal relación con Richard Burton… y solo unos días después, esos ojos violeta se han apagado en Los Ángeles, recién cumplidos los 79 años, superados problemas de corazón, tumores cerebrales, problemas respiratorios, ocho maridos…
La gata ha saltado ya del tejado de zinc… y apenas nos quedan ya mitos de la época dorada del cine.

Porque Elizabeth Taylor es una leyenda. Una actriz poderosa, dura, versátil, capaz de esconder debajo de esa belleza insultante una enorme fuerza interpretativa. Una cría que superó el sambenito de niña prodigio para meterse de lleno en papeles difíciles, crueles a veces, capaz de enfrentarse a otras leyendas como Paul Newman, Marlon Brando, el propio Richard Burton… en una época en la que las actrices eran poco más que caras preciosas, ella demostró que podía ser ambas cosas. ¿Cómo, si no, podría pasar alguien de acompañar a Lassie a engañar al propio Brando, o a gritar y humillar a Burton en medio siglo de carrera?

Tal vez por eso trabajó con los grandes (Mankiewiccz, Brooks, Minelli, John Huston, Edward Dmytryk, Mike Nichols…). Tal vez por eso duele pensar que, a veces, su propia leyenda, sus matrimonios, las joyas, sus últimas imágenes, el doblaje blandito de este país (por favor, buscad si podéis su voz…) esa decrepitud de las últimas décadas, hagan que hoy muchos -sobre todo los más jóvenes- se queden con la Liz Taylor de la peluca negra, la silla de ruedas, el maquillaje absurdo, las apariciones con Michael Jackson… para olvidar a la gran actriz que se ha ido a donde quiera que se van todos los fantasmas que deja el cine.

La gata se ha ido… ¿cómo olvidar esa combinación blanca ciñendo esas curvas, enfrentándose a un Paul Newman alcohólico y al terrible texto de Tennessee Williams? (es la última que he visto con ella, tal vez por eso la cito hoy tanto. Por los que -lo dudo- no la hayan visto, Richard Brooks, 1958).
Se ha ido también esa Catherine en blanco y negro de la cruel, oscurísima y devastadora joya que es De repente, el último verano (Mankiewicz, 1959). Enfrentada a la mismísima Katharine Hepburn, con su amigo Clift, dura, seria, en uno de sus mejores papeles.
Se ha ido Cleopatra (y no me van las megaproducciones en technicolor), pero todo sea por el escándalo que montó con Richard Burton, divorcios de ambos incluidos, dos matrimonios, cartas de amor en las que el actor británico juraba matarse si ella le dejaba.

Se ha ido la alcohólica Martha de ¿Quién teme a Virginia Woolf?, (Mike Nichols, 1966) enfrentada a su marido en la vida real, enloquecida, humillada, humillante, exagerada, salvaje…
Se ha ido la amoral Leonor casada con el comandante Marlon Brando en Reflejos de un ojo dorado (John Huston, 1967). Reconozco que siento debilidad por este papel, por el guión de Coppola, por la dirección sensacional de Huston, por la durísima imagen que de Taylor ofrece esta historia de represión, engaño, e historias a medio contar.

Se ha ido la inconformista Laura de Castillos en la arena (Vincente Minelli, 1965) ajena a cualquier convencionalismo, pintando en la playa. Se ha ido la hija del padre de la novia…

Porque lo se va con ella es medio siglo de cine. De otra manera (no sé si mejor o peor, pero diferente) de hacer películas. No sé ni cómo empezar un menú de homenaje a esta diva. ¿Con estas tres imágenes que os dejo hoy? Tal ves sea el guión ideal… bellísima, en color, en blanco y negro, borracha, con Burton, con Newman, con Clift. Una no cree más que en Wilder, como Trueba, pero quién pudiera creer que hay algún lugar donde los tres han recibido hoy los mejores ojos violeta de la historia de Hollywood.

Sangre, sudor y neurosis

Lunes, febrero 21st, 2011

Ingredientes: dos tazas de Las Zapatillas Rojas (Powell y Pressburger, 1948); una taza de Paso decisivo (Herbert Ross, 1977); otra de The Company (Robert Altman, 2003) media taza de Eva al desnudo (Mankiewicz), y tres cuartos de kilo de la tendencia de Darren Aronofsky de bucear en lo más complejo y enfermizo de la mente humana (desde Pi a El luchador pasando por la delirante y estupenda Requiem por un sueño, la verdad es que las cintas de este señor deberían ser analizadas por psiquiatras). Mezclar bien, añadir unos vistosos tutús diseñados por las chicas de Rodarte, incorporar a una actriz con ganas de sacarse el sambenito de niña mona y frágil, y ahí está Black Swan. Lo último de Aronofsky no es apto para todos los estómagos, y no porque sea especialmente dura visualmente (que también) sino, y sobre todo, porque no resulta nada sencillo dejarse llevar en el viaje a su propio infierno que se marca Natalie Portman (en una interpretación brutal que debería valerle algo así como tres Oscar, uno por cada una de los personajes que consigue transmitir su papel).

La historia no es nueva (sobre todo para quien conozca ese subgénero que son las películas de ballet): una prometedora bailarina (Portman) obsesionada con su primer papel protagonista, otra que ve cómo su carrera se acaba (Wynona Ryder), un director duro hasta la crueldad (Vincent Cassel), una madre-vampiro (estupenda Barbara Hershey), y una rival (Mila Kunis) que no se sabe muy bien si te va a lanzar escaleras abajo o solo disfruta de la vida. Y un Lago de los cisnes que cualquiera que conozca algo de ballet se sabrá de memoria y que, la verdad, no es que los guionistas hayan sido muy sutiles al trasladarlo a la vida real (por llamarlo de alguna manera…). Aparte del lado sexual del tema, que claro, sobre la escena y en tutú resulta mucho menos obvio que en el salvaje camino para dejar atrás la auto represesión de la protagonista.

blackswan

Pero encaja. Desde la visión (criticadísima, por cierto, en Estados Unidos), del funcionamiento interno de una compañía de danza y la dureza de un trabajo que destroza literalmente el cuerpo de los bailarines, a la transformación – incluso física, aunque a mí, qué queréis, esta parte con plumitas me sobra- de una mujer aparentemente normal en un ser obsesionado con un personaje, el del cisne negro que da nombre a la película, que la devora en una espiral de autodestrucción en la que nada es lo que parece. Ni en la cabeza de Nina ni en lo que el espectador percibe. ¿Qué hay de real, qué hay de imaginario? La cámara  neurótica de Aronofsky le va al pelo a esa transformación, volviendo las imágenes en algo cada vez más rápido, más abrumador, filtrado en rojo como los ojos de la nueva Nina, capaz de estresar al espectador como a quienes rodean a la bailarina en su camino hacia el dolor, el sacrificio, o, como ella dice, la perfección. Aunque la perfección te destruya.

(por cierto, para pillados con el tema del ballet, a ver a qué final de cine os recuerda la última escena de la película… ¡Juro que la respuesta no es difícil!)

En el laberinto de Shutter Island

Viernes, febrero 26th, 2010

A pesar de que muchos directores tienen fama de locos, a pesar de que muchos actores han perdido la razón, a pesar de esa curiosa relación entre el genio y la locura que atraviesa toda la historia del arte, hay quien dice que no se llevan bien la locura y el cine. Y sin embargo, la visión de las enfermedades mentales nos ha regalado joyas como Recuerda (Hitchcock, 1945), con la que comparte imágenes oníricas Shutter Island, Alguien voló sobre el nido del cuco (más allá del miedo en el cuerpo que provocan las cofias de las enfermeras por culpa de la película de Milos Forman, se abre de nuevo aquí la reflexión sobre la crueldad de determinados tratamientos que hoy nos parecen medievales y que, sin embargo, han estado ahí hasta hace dos días), o De repente el último verano (y de nuevo, el fantasma de la lobotomía, como en la cinta de Mankiewicz). Aunque en Shutter Island (Martin Scorsese, 2009), basada en la novela de Dennis Lehane, la psiquiatría no es una simple anécdota. Es también el ovillo en el que se enreda y se explica la trama de la última película  de Scorsese.

shutter-island

 Hay demasiadas cosas que no se deben decir de Shutter Island, para evitar descubrir los hilos que Scorsese lanza para escapar del laberinto de la isla donde se ubica este psiquiátrico angustioso al que llega Leonardo Di Caprio para investigar la desaparición de una paciente. Scorsese consigue de nuevo atrapar al espectador en los entresijos de un guión en el que nada es lo que parece, y en el que la locura y la cordura se mezclan para enredarnos, confundirnos y golpearnos. Y es una prueba más de la capacidad de este señor bajito de bucear en lo más oscuro de la naturaleza del ser humano. Cada vez más oscuro, desde hace unos años, en la filmografía de Scorsese.

Shutter Island es también un ejercicio de estilo. Impecable desde la niebla inicial en la que surge la isla, una roca en medio de la nada, hasta la tormenta que encierra a los protagonistas en esa casa de locos (y no me refiero a los pacientes), Scorsese dibuja una atmósfera insana, agobiante, atrapada en las mentes de quienes viven entre los muros de los pabellones del psiquiátrico, lleven el uniforme que lleven. Y el juego, cercano a veces al terror puro y duro, otras más próximo al suspense, encierra un drama, una intriga policíaca, en torno al brillante papel de Di Caprio, que sigue creciendo en cada película que le regala Scorsese. Arropado aquí por un ambiguo Ben Kingsley y el siempre inquietante Max Von Sydow. Y por la maravillosa Patricia Clarkson, que no necesita más que una secuencia para brillar.  

(Mención aparte, de nuevo, la colaboración con Robbie Robertson, culpable de la impecable selección musical de la cinta. De Mahler a Brian Eno, pasando por la maravillosa voz de Dinah Washington que acompaña el desolador final de Shutter Island.)

¿De qué están hechos los Oscar?

Lunes, febrero 23rd, 2009

Desde esta mañana, no se me va de la cabeza una secuencia de Eva al desnudo. Una jovencita desconocida acaricia una capa bordada, se la pone, coge con mucho respeto una figurilla y, mientras nadie la mira, ensaya reverencias y saludos ante el espejo. En esa ración de inteligencia y mala baba con la que nos sacude Mankiewicz, da igual cuantas veces hayas visto la película, esa maravillosa profesión de cómicos, actores, histriones o como queramos llamarlos queda tan bien reflejada, que hasta en la última gala de los Oscar, una se puede encontrar con nuevas versiones de la Eva Harrington de la película. Y no porque sean todos unos trepas sin alma, sino porque hasta las caras de póker que se les quedan a algunos al no llevarse el premio,  son reflejos casi exactos de esa estupenda mesa en la entrega de premios que abre Eva al desnudo

Resulta que Kate Winslet empezó a ensayar su discurso para cuando ganase el Oscar ¡a los 8 años! Lo dijo ayer de madrugada, mientras recogía (por fin) el premio a la mejor actriz por su papel en The reader. Y Penélope Cruz reconoció que en su Alcobendas natal, ganar la estatuilla no era un “sueño muy realista”… Solo un poco antes, en la alfombra roja del teatro Kodak de Los Ángeles, uno de los  niños-actores de Slumdog Millionaire aseguraba, con su pequeño traje de etiqueta, que “esto es increíble, es un sueño”… 

Y no puedo evitar que me persiga una legión de diminutas Evas, ensayando en el baño de sus casas de Reading, Alcobendas o Bombay discursos para cuando reciban un premio que ha alcanzado el rango de mito. Quizás no siempre mida con demasiado acierto la calidad de las películas que premia. Pero a ver quién pone en duda que está fabricado, como alguna otra figurita del cine, del material con el que están hechos los sueños…

Una lista con mucho sentido del humor (y mucho menos sentido común)

Viernes, noviembre 7th, 2008

Me ha llegado una lista con el poco pretencioso título de “Las mejores 500 películas de todos los tiempos” y la publica la revista Empire (está en inglés). En ella han colaborado lectores (muchos), gente del cine (unos pocos menos) y críticos (menos todavía).  Y además de ser muy, muy vistosa (se lee del 500 al 1, tiene fotos, críticas, comentarios, etc), es una de las listas más divertidas que he leído en años.  No sé si tendrá una intención más cómica que otra cosa…

La número uno, como viene siendo habitual, es El padrino. Pero las sorpresas aparecen enseguida. De entrada, en el puesto número 4 nos encontramos con Cadena Perpetua. Ocho posiciones por delante de El apartamento, y 24 puestos antes que Ciudadano Kane… Y a partir de esa premisa, todo es posible, claro. Que En busca del arca perdida sea la segunda mejor película jamás rodada, que El caballero oscuro (sí, sí, la última de las de Batman) ocupe el puesto 15, dos por delante de Taxi Driver, tres antes de Casablanca. Que Regreso al futuro esté entre las 25 mejores películas, por delante de Teléfono Rojo. Que en la misma lista aparezca Le llaman Bodhi o Dirty Dancing. ¡Y la segunda parte de Regreso al futuro!

¿Todas las listas son injustas? Sí, claro, pero unas más que otras, visto lo visto. ¿Todas se basan en opiniones subjetivas? De acuerdo. Pero claro, nunca será igual -ni parecida- la lista que realicen los lectores de una revista para adolescentes que la de los críticos de Cahiers du cinéma. Y Empire no es ni una cosa ni la otra. 

Pase que las listas habituales pequen de clásicas y olviden que en los últimos 30 años se ha rodado alguna película excelente. ¿Pero En busca del arca perdida, El imperio contrataca,  Cadena perpetua, Tiburón, Pulp Fiction, o El club de la lucha merecen ocupar seis de los diez primeros puestos?

No todo son peros. Es agradable descubrir que los lectores de Empire apuestan por el cine no anglosajón: hay casi un centenar de películas de otros países, y eso sí es una novedad. Son bastante surrealistas, pero están ahí. Otra cosa es que comulgue con que El espíritu de la colmena (que me emociona y me parece muy, muy buena) sea algo así como 70 puestos mejor que Viridiana (que no solo me emociona y no solo me parece muy, muy buena).

Y sí, a mí también me encanta Cuando Harry encontró a Sally. Y La princesa prometida. Y Alta Fidelidad. Y Pequeña Miss Sunshine. Y Mi amigo Totoro. Pero seamos serios…

Termino con una de las cosas más divertidas de la lista: ¡300 es mejor película que Eva al desnudo y que La quimera del oro!…. No sé quién se reirá más, si Bette Davis, Mankiewicz o Chaplin.

Más malas (que no peores)

Viernes, mayo 30th, 2008

Las malas (y los malos) siempre abren debate. Por culpa de Gene Tierney, estos días oigo opiniones para todos los gustos de malas favoritas. Que no, que no es que crea que la Ellen de Que el cielo la juzgue sea el único mal bicho del cine. Aunque yo me quedo con esta decena. Y no incluyo a las que han perdido la cabeza, porque no es lo mismo el modelo “mala porque me da la gana” que el modelo trastornada.

Por derecho propio, ahí están mis preferidas (y no pongo a Gene Tierney, que ya lo he contado):

 1. Bette Davis en La loba (William Wyler, 1941)

2. Barbara Stanwyck en Perdición (Billy Wilder, 1944)

3. Joan Bennett en Perversidad (Fritz Lang, 1945)

4. Judith Anderson en Rebeca (Alfred Hitchcock, 1940)

5. Olivia de Havilland en Canción de cuna para un cadáver (Robert Aldrich, 1964)

6. Kathleen Turner en El honor de los Prizzi (John Huston, 1985)

7. Nicole Kidman en Todo por un sueño (Gus Van Sant, 1995)

8. Anne Baxter en Eva al desnudo (Joseph L. Mankiewicz, 1950)

9. Mary Astor en El Halcón Maltés (John Huston, 1941)

10. Jessica Rabbit en ¿Quién engañó a Roger Rabbit? (Robert Zemeckis, 1988)… y eso que ella no tuvo la culpa: el dibujante la hizo así.

A vueltas con Marilyn

Martes, abril 15th, 2008

Me pregunto cuándo dejaremos descansar a la pobre Norma Jean. En los últimos meses, dos datos íntimos han ocupado portadas de revistas, titulares de periódicos y noticias en telediarios. El primer dato, la cicatriz de una operación de vesícula que nunca habíamos visto.  El segundo dato, que ayer se daba a conocer, una grabación de 15 minutos en la que una mujer, supuestamente Marilyn Monroe, practica una felación a un desconocido. Una grabación que ha costado un millón y medio de dólares al considerado empresario que la ha comprado para guardarla a buen recaudo. Porque la condición de la compra es precisamente que la copia no vea la luz.

Detrás de esa película en 16 mm, en blanco y negro, fechada en los años 50, toda una leyenda que incluye al FBI, a los Kennedy y Edgar Hoover, el que fue director de la oficina. Cuenta The New York Post, que es quien ha destapado la historia, que en los años 60 la película llegó al FBI, y Hoover, puso a sus chicos a investigar para averiguar si el beneficiario de la sesión de sexo oral podía ser JFK o su hermano Robert, ambos relacionados con la actriz.  Según Keya Morgan, coleccionista de artículos relacionados con Marilyn, la película fue confiscada por el FBI, pero un informante de la mafia sacó una copia, con la que su hijo se ha embolsado ahora el millón y medio de euros.

Hace casi 46 años que el mundo conocía la noticia de su muerte, y Marilyn sigue provocando un terremoto cada vez que aparece en una pantalla. O cuando una noticia como esta última sale a la luz. A la actriz se le han aplicado todo tipo de adjetivos calificativos… y descalificativos, y no creo que nadie haya sabido explicar qué era ese no-sé-qué que tenía y que sigue acelerando el pulso cada vez que asoma en una película vieja, en una fotografía inédita, en una imagen mil veces repetida. La bomba sexual que llevaba dentro no lo explica todo. Sus más que discutidas aptitudes como actriz, tampoco. Su belleza no sería suficiente razón. ¿La leyenda, quizás?

 marilyn2.jpgAsí la captó Eve Arnold. Concentrada, en el rodaje de Vidas rebeldes (The Misfits, John Huston, 1961)

No deja de ser una lástima que nos acordemos de ella con cada pequeño escándalo que ya no escandaliza a nadie, pudiendo disfrutarla en Eva al desnudo (Joseph L. Mankiewicz, 1950), Niágara (Henry Hatthaway, 1953), Río sin retorno (Otto Preminger, 1954), Bus Stop (Joshua Logan, 1956), Vidas rebeldes (John Huston, 1961), y sobre todo en Con faldas y a lo loco (Billy Wilder, 1959). Hizo del rodaje un infierno, ¿pero a quién le importa? ¿Quién querría a otra Sugar Kane? Wilder, que ya la había sufrido en La tentación vive arriba, lo tenía muy claro: “existen más libros sobre Marilyn que sobre la II Guerra Mundial. Hay una cierta semejanza entre ellas: era el infierno, pero valía la pena”.

Aunque tal vez el único que se acercó a definirla fue Truman Capote. Sin maquillaje, sin dinero en el bolsillo, libre de personajes secundarios, la adorable criatura escondida en medio de una Música para camaleones.

La loba cumple 100 años

Sábado, abril 5th, 2008

bette-davis-1.jpg

Bette Davis celebraría hoy su cumpleaños número 100. Dice su epitafio que lo hizo del modo difícil, y se podría añadir que, además, lo hizo bien. Fue una diva cuando las actrices de Hollywood eran tan guapas que asustaban, a pesar de su rostro difícil y su carácter… complicado. Una vez dijo que si no te consideraban un monstruo, es que no eras una estrella. Y a pesar de todo, se forjó una carrera cargada de papeles memorables, malas malísimas y películas perfectas para celebrar su centenario pegados a la pantalla. Ganó dos Oscar (por Peligrosa, en 1935, y por Jezabel, en 1939, ¡con aquel vestido rojo!), estuvo nominada en 10 ocasiones, y aquí en Europa se llevó una copa Volpi en Venecia (por Kid Galahad en el 27), un premio en Cannes (por Eva al desnudo en 1950), y a finales de los 80 el Festival de San Sebastián la devolvió a escena. Estaba enferma, y moriría poco después en Francia, pero no dudó en subir a por su premio, fumando, y explicar que no entendía por qué la gente, en la calle, decía a su paso “¡La loba, la loba!”.

Porque fue La loba (William Wyler, 1941), Gabrielle en El bosque petrificado (Archie Mayo, 1936), la emperatriz Carlota (en Juárez, William Dieterle, 1939) Baby Jane (¿Qué fue de Baby Jane?, de Robert Aldrich, 1962), Charlotte en Canción de cuna para un cadáver (Aldrich, 1964), Annie Manzanas en Un gangster para un milagro (Frank Capra, 1961) y un centenar de personajes más.

No, no me olvido de Margo Channing… la dejo para el final porque me las puede. Desmaquillándose en el camerino del teatro, con cara de póker mientras Eve Harrington recibe su premio, diciendo eso de “Abróchénse los cinturones” en plena fiesta… Soberbia, vulnerable, envejeciendo, perfecta en cada plano de esta película perfecta. Ver otra vez Eva al desnudo (prefiero el título original, All about Eve, Joseph L. Mankiewicz, 1950) es la mejor manera de celebrar el cumpleaños de la actriz.

Para quienes quieran más que películas, acaba de salir en España su última biografía, Amarga victoria, de Ed Sikov (edita T&B).

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