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El hombre descolocado

Viernes, diciembre 7th, 2012

A ver si os tomáis las cosas en serio y dejáis de hacer el ridículo, le espeta Cayetana Guillén Cuervo (más aburrida que cabreada) a Jordi Mollá. Y esa idea resume buena parte de la filosofía de Una pistola en cada mano. La última película de Cesc Gay es un manual de relaciones humanas, o mejor dicho, de relaciones masculinas. De esos hombres descolocados consigo mismos, con sus mecanismos y con esa entelequia a la que llaman mujeres. Una generación difusa que no sabe muy bien donde está ni a donde va ni, mucho menos, el camino que tiene que coger para llegar a donde sea que pretende ir. Pues sí que estamos buenos.

¿Compasión? Nula. Gay desnuda sin ninguna piedad a esta muestra del género masculino, con sus miserias, sus dudas, permanentemente perplejos ante lo que la vida les ha dado o sustraído. Nadie nos avisó de que esto iba a ser así, dice Leonardo Sbaraglia a Eduard Fernández en el primer retal de este collage. Primer episodio de un fresco pintado a golpe de parejas.  La primera, la de estos dos amigos que tratan de ponerse al día y abren la película marcando lo que nos vamos a encontrar en los noventa y tantos minutos siguientes.

Parejas. Amigos que se reencuentran, divorciados que no saben lo que quieren, padres  en busca de sexo rápido, maridos cornudos y amantes pillados, vidas paralelas de matrimonios en los que nada es lo que parece.

En cada capítulo, el denominador común no solo está en el fondo y en una línea que confluye en la última secuencia. También en la forma que toman los personajes encarnados por una docena de actores  que le deben a Cesc Gay el regalo de un puñado de personas  de carne y hueso en las que reconocernos. Sbaraglia, Fernández, Javier Cámara, Clara Segura, Ricardo Darín, Luis Tosar, Eduardo Noriega, Candela Peña, Alberto San Juan, Leonor Watling, Cayetana Guillén Cuervo, Jordi Mollá. Todos correctos, y algunos más que notables (Eduard Fernández, el duelo entre Ricardo Darín y Luis Tosar, Clara Segura, sorprendida estoy con Eduardo Noriega, para nada con Candela Peña), arropados por un guión tan de verdad que asusta un poco, en medio de la risa que provoca alguna de las situaciones ridículas que viven, darse cuenta de que no es tan raro. Que te puede pasar a ti. Que probablemente ya te haya pasado.

Pensaba (al salir de un cine, por cierto, repleto, a pesar de los ministros que se crecen como toros bravos y hacen crecer el IVA) que no siempre la vida cotidiana se convierte en una buena película. Como en esas conversaciones que no tienen los hombres de esta película (¿pero de qué habláis vosotros? le pregunta Leonor Watling a Alberto San Juan), no es lo mismo narrar hechos que comunicarse. Y no es lo mismo plantar una cámara sin intención ni guión ante un grupo de personas que dejar que la cámara se cuele como una extensión del espectador, que se convierte, así, en una parte activa de la historia.

 

 

El mal nuestro de cada día

Viernes, octubre 14th, 2011

La primera vez que vi Tesis, dormí con la puerta de la habitación cerrada con llave. Ayer, dormí a pierna suelta. Y sin mirar debajo de la cama. ¿Es esto una declaración de principios sobre lo que me provoca Mientras duermes (Jaume Balagueró, 2011)? En parte, pero solo en parte. Cuestión de expectativas, supongo. Y de la manía de vender una película de Balagueró como si todas fuesen REC. Y no. Pase que no me gusten las etiquetas. Pero el terror es una cosa y el suspense, otra.

¿Una más de Filmax que sigue encantada aterrando al personal? Tal vez. ¿Jaume Balagueró empeñado en demostrar que si haces bien una cosa, por qué vas a arriesgarte a cambiar? Es posible. ¿Luis Tosar que se luce sin esfuerzos? Pues sí.

Pero hay algo más inquietante en Mientras duermes. Y ese algo es una de las mejores aportaciones de Balagueró al género: atmósfera. Un ambiente cargado, gris, desasosegante, angustioso. Estupendamente rodado. Propio. Y tremendamente familiar. Más allá de los litros de sangre de REC, de los sustos y de los golpes de efecto, lo que provoca esa especie de malestar generalizado en el cuerpo del respetable es esa sensación de que César (Luis Tosar), el portero que protagoniza la película, es un tío como otro cualquiera. Que puede ser el portero de tu casa. El que te vende el pan. El que te ingresa el dinero en el banco. O tu tía, vamos. La encarnación del mal en el prójimo, cualquier persona que te cruzas cada día y que simplemente le da por destrozar vidas ajenas porque es un desgraciado. Un tío que, además, ni siquiera te cae mal. No está loco, no tiene razones, a veces parece hasta majo. Mete a un fulano así en un precioso edificio con un espectacular ascensor, añádele una vecina sonriente y bonita (Marta Etura) con un luminoso piso, y ahí está. La maldad escondida en el armarito del baño.

 
(en el armarito del baño, en el buzón, en la nevera...cuidado con lo que guardas)

Imposible no pensar en un Polanski descafeinado… porque no todos los terrores cotidianos son iguales, ni todo el mundo, por muy bien que se le dé el suspense, es capaz de generar la repulsión necesaria. Y a este Balagueró le falta garra. Aunque le sobra oficio para enganchar, aunque con cierto retraso, al espectador.

(Por cierto. El malo de la película, y no desvelo nada, no es el portero. Ojo a la vecina de enfrente. El Mal con mayúsculas se puede esconder en un cuerpo muy, muy pequeño…)

La conquista, el agua, Bollain (¡y Tosar!)

Miércoles, enero 12th, 2011

Bob Dylan se preguntaba cuántas veces puede alguien girar la cabeza y pretender que no ve. Algo parecido se pregunta una a medida que avanza También la lluvia, la última última película de Iciar Bollaín. ¿Puede un individuo, por cínico y práctico que sea, dejar de implicarse en lo que ocurre a su alrededor? “Esto no va conmigo”, dice Costa (Luis Tosar, comiéndose la pantalla). “Pero estás aquí”, le contesta María (Cassandra Ciangherotti).

“Aquí” es Cochabamba, Bolivia, en el año 2000. “Esto” es lo que se conoce como la guerra del agua, el violento pulso que la población matuvo por la privatización del suministro de agua. Y Costa es el productor de una película sobre Colón, Bartolomé de las Casas y el brutal sometimiento de los indios en la conquista española de América. Sobre estas tres historias (el rodaje, la revuelta, la película sobre Colón) pivota una cinta militante, dura, compleja. Probablemente el proyecto más ambicioso en el que se ha embarcado Bollain, y del que ha salido con nota. Aunque haya que darle una oportunidad al arranque, algo más plano, para dejar paso a una de esas películas que te van calando, que te arrastran como al personaje de Tosar, hacia el interior de las calles de Cochabamba (en una secuencia, por cierto, en la que es imposible no recordar a Jack Lemmon y Sissy Spacek en Missing, de Costa-Gavras). Una de esas películas con pocos blancos y negros y con muchos grises, con muchas palabras pero también con muchos silencios. Y fuera mitos de que el cine social se centra en el mensaje y olvida las formas. A pesar de la militancia, de la intención social, Bollain mima el estilo y no escoge, como sus personajes, entre su película o la vida, sino que consigue mezclarlas las dos. Como adelanta, en los títulos de crédito, con ese homenaje a La Dolce Vita de los créditos. Qué juego dan las cruces voladoras.

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Firma el guión Paul Laverty, guionista habitual de Ken Loach, y a quien se agradece que por el camino se haya dejado algunos -no todos- de los panfletarios tics de, por ejemplo, el guión de La canción de Carla. Mucho más depurado en el acercamiento a la población indígena, Laverty dibuja un puñado de personajes con doble personalidad. Y es que son actores interpretando a un actor y su papel (ese estupendo Karra Elejalde, que una no sabe si está mejor como el actor alcohólico o como Colón desmitificado; o Juan Carlos Aduviri, líder de la revuelta del agua y el jefe Hatuey en la película sobre Colón. A los dos los acaban de nominar a mejor actor de reparto y mejor actor revelación para los Goya, y no me extraña. Y a Tosar, claro, pero la capacidad de este tío para transmitir emociones se sale de los márgenes).

Nadie es quien parece ser, quien te hace creer Bollain habilmente que es… para luego darle la vuelta. Como a Bartolomé de las Casas y su actor. O a Colón y el suyo. O a ese tan comprometido director (Gael García Bernal) que se sienta en la cuneta sin saber muy bien qué defiende.

Bollain sí lo sabe. Y lo hace de una manera muy inteligente, cosa nada rara en su cine. Es sutil cuando quiere y más directa cuando le hace falta. Pero sobre todo, mima a sus personajes, desde el más cobarde al más ambiguo, con una sensibilidad capaz de crear una secuencia de pocas palabras y más de un nudo en la garganta, como el último diálogo entre Tosar y Aduviri. Solo por la mirada de ambos, por lo que callan y cómo lo hacen, vale la pena la entrada.

Doble (y triple) premio para el talento gallego

Miércoles, septiembre 15th, 2010

Celda 211 ya ha hecho todo lo que tenía que hacer”. Lo contaba esta mañana, para los micrófonos de Radio Voz, Emma Lustres, una de las responsables de Vaca Films, la productora gallega que ha sacado adelante no solo una, sino dos de las tres películas que ha seleccionado la Academia del Cine para optar a los Oscars. La otra, que no se estrenará hasta el 7 de enero, es También la lluvia, de Icíar Bollaín.

Doblete para Vaca Films (“esto es un éxito de todo el audiovisual gallego”, añade Lustres) y triple reconocimiento para Luís Tosar. Porque el protagonista de Celda 211 lo es también de También la lluvia y de Lope, de Andrucha Waddington, la tercera en discordia.

Nos cuentan desde Vaca Films que no se esperaban que la Academia optase por la película de Daniel Monzón. “No porque no se lo merezca, sino porque la mayor parte de su recorrido la hizo el año pasado”, dice Emma Lustres. Que reconoce que para la película (ocho Goyas, recordarán, y el respaldo de la taquilla) sería un broche perfecto llegar al Oscar. ¿Y habrá remake?, le preguntamos. Confirmado: “está prácticamente hecho, no anunciado, pero cerrado”. Se ríe cuando le pregunto si nos puede adelantar algo más, “yo creo que ya te he dado una primicia”, y reconoce que no sería prudente dar más datos.

De Celda 211 hay poco más que decir. De También la lluvia, que promete. No solo porque la dirige una de las directoras más interesantes de este país, sino porque el guión de esta película de cine dentro del cine ( y que se podrá ver en el Festival de Valladolid), lo firma Paul Laverty, el guionista de varias de las últimas cintas de Ken Loach (entre ellas, las estupendas El viento que agita la cebada y Mi nombre es Joe). De Lope no os digo nada, porque aún no he tenido tiempo para escaparme al cine a verla…

¿Y vosotros con cuál os quedáis? ¡Se admiten apuestas!

Nos vamos a los Goya

Viernes, febrero 12th, 2010

premiogoya   Escoge una de tus razones para no ver la Gala de los Goya este domingo:

a) son una imitación cutre de los Oscars

b) la alfombra roja es verde

c) todas las películas españolas son iguales (de malas).

                     d) me cae mal Buenafuente

En resumen, es un poco lo que me han ido contando esta semana previa a la gran fiesta del cine español (esta expresión tan cursi podría ser la quinta razón). Pero resulta que a mí estas galas me encantan, las alfombras verdes me parecen un pequeño festival del humor, de las películas candidatas a hacerse con el máximo premio, dos se encuentran entre lo mejor que he visto el pasado año, y me muero del humor con Buenafuente. Así que me pienso tragar la gala el domingo por la noche, minuto a minuto.

Y para los que no encontréis motivos para no enteraros de cuál es la película que más le gusta a los miembros de la Academia, para los que querías ver a Antonio Mercero recoger su Goya de honor, para los que queráis descubrir si finalmente aparece  Penélope Cruz de la mano de Bardem, para los que os emocionáis con el recuerdo de los que nos han dejado este año (un amigo, un servidor, un esclavo… entre otros), o si os queda lejos la tele ese día pero no os queréis perder detalle, os lo contaré desde aquí, minuto a minuto también, toda la noche.

Y me había propuesto no hacer una quiniela, pero no puedo evitarlo. Apuesto unas palomitas a que no son los premios que van a caer (alguno, por imposible), pero sí los que me gustaría ver. ¿Cuáles son los vuestros? ¡Se admiten apuestas!

Mejor película: Celda 211, de Daniel Monzón

Mejor película hispanoamericana: El secreto de sus ojos, de Juan José Campanella (y así queda repartido, más o menos…)

Mejor director: Daniel Monzón, por Celda 211

Mejor actor: que suban Tosar y Darín, por favor…

Mejor actriz: Soledad Villamil, por El secreto de sus ojos, ¡pero que la cambien de categoría! ¿qué hace en actriz revelación esta mujer?

Mejor película europea: La clase, de Laurent Cantet

La nuca de Luís Tosar

Sábado, diciembre 12th, 2009

He tardado una semana en escribir sobre Celda 211 porque, cuanto más la saboreo, más me gusta. La última película de Daniel Monzón es un puñetazo en plena cara, a traición y sin avisar. Un tiro por la espalda a sangre fría, y un ejercicio maravilloso de ritmo, tensión y violencia. De esos capaces de pegarte a la butaca del cine aunque querrías salir de la sala para poder respirar fuera de las cuatro sucias paredes de esa celda que da nombre a la película.

El sólido guión (del propio Monzón y Jorge Guerricaechevarría) mete de lleno a los protagonistas en una espiral de la que no se libra el público. A lo que ayuda, además del guión y las interpretaciones, un montaje modélico. Desde el minuto uno. La primera en la frente, Monzón no pierde el tiempo en explicarnos qué nos vamos a encontrar al entrar en la cárcel. El único engañado, tal vez, es ese pobre chico que entra en la prisión por primera vez, Alberto Ammann, actor argentino desconocido, y que aguanta el tipo ante un Luís Tosar que se merece una entrada aparte. Como una fiera enjaulada en ese corredor por el que camina sin rumbo, desde que aparece su nuca tatuada sabes que su Malamadre es de esos personajes que marcan una carrera (si es que le hacía falta), que consagran a un actor (si es que le hacía falta) y, sobre todo, que se quedan pegados en la retina del espectador (y en su cerebro) mucho tiempo después de que se enciendan las luces. Y anda que no era fácil pasarse de rosca, pero claro, estamos hablando de Tosar. Y cuando a un actor de este nivel se le brinda la posibilidad de recrearse en un personaje hecho a medida, pasan estas cosas.

tosar

La elección de Tosar es, probablemente, una de las más inteligentes de una historia en la que brillan Resines, Manuel Morón y Fernando Soto. En tres personajes ni blancos ni negros, y esta es otra de las elecciones más inteligentes de esta película. Puede parecer una obviedad, pero no lo es. No solo ocurre con el funcionario jefe, el negociador, el funcionario amable. También con Apache (Carlos Bardem), Tachuela (Vicente Romero), o el director de la prisión… En una película en la que nos encierran con un puñado de salvajes entre los muros de una cárcel, era más que sencillo caer en maniqueísmos, manipular al espectador y dejar que todo el mundo tuviese clarísimo dónde están los buenos y donde están los malos. Aquí no. Monzón nos lanza entre un puñado de personajes violentos, atrapados en un callejón sin salida, capaces de sacar lo peor de sí mismos para sobrevivir. Estén en el lado que estén. Y las dudas morales que plantea, que las resuelva lo poco que queda del espectador cuando la pantalla se apaga.

(Desde el estreno de Celda 211, he leído docenas de artículos en la que dicen que es lo mejor que ha parido el cine español en años. Quitadle lo de español. En la cosecha de esta década, habría que incluirla como una de las mejores cintas que se han estrenado, da igual su nacionalidad. Si aún no la habéis visto, aprovechad esta tarde de sábado. Si ya la habéis visto, tal vez sea el momento de repetir… si es que os ha dejado el cuerpo como para volver a la cárcel)

Maratón de trabajo (y de trabajadores)

Miércoles, abril 30th, 2008

Hoy medio mundo (o por lo menos mi medio mundo) se dedica a preparar las maletas para irse de puente. Como yo pertenezco a la otra mitad  que celebra el Día del Trabajo sin descansar, me he propuesto desconectar en ratos libres a golpe de películas. Aunque la desconexión es relativa, porque la lista sólo abarca eso que se llama cine social. Que por algo es 1 de mayo…

Ahí va mi propuesta de maratón de derechos de los trabajadores versión cinematográfica.

 . Tiempos modernos (Charles Chaplin, 1936). Charlot se hace operario, se enamora de Paulette Godard y rueda una de esas películas que llevarse a una isla desierta. Por recordarnos lo alienante que puede ser el trabajo cuando se olvida que el que curra es una persona, y no un tornillo en el engranaje.

. Las uvas de la ira (John Ford, 1940). Sí, Ford juega con ventaja al contar con la novela de Steinbeck. Pero si no existiese la última secuencia de esta película sobre los currantes, la gente normal, ese pueblo del que habla Ma Joad (una maravillosa Jane Darwell) en su destartalada camioneta, si esa secuencia no existiese, si no exitiese tampoco el ”estaré allí” de Tom Joad (Henry Fonda y sus cicatrices, las que se ven y las que no)  el cine sería un poco menos cine.

. Recursos humanos (Laurent Cantet, 1999). Porque a temas complejos, soluciones sencillas. Porque no hay buenos y malos. Porque ¿qué harías tú si trabajases en recursos humanos y la empresa quisiese despedir, por ejemplo, a tu padre? Y porque a todos los actores, excepto ese hijo (Jalil Lespert) los encontró Cantet en las colas del paro.

. Los lunes al sol (Fernando León de  Aranoa, 2002). Porque me toca más de cerca, por Javier Bardem y Luis Tosar, por las grúas de los astilleros, por Celso Bugallo, por lo mala gente que puede ser una hormiga. Por la de hormigas que nos rodean.

ojd