Harry, Sally…
Miércoles, junio 27th, 2012Con esta costumbre insana de abrir el twitter a las cinco de la mañana, hoy desayuné con la noticia de la muerte de Nora Ephron. Detesto Algo para recordar. Detesto aún más Tienes un e-mail. Intentar enmendarle la plana a Lubitsch solo puede demostrar dos cosas: que una tiene un ego del tamaño del agujero de Bankia o que es una pobre ignorante. No le presupongo tal cosa a Ephron, así que deduzco que su ego andaba servidito, o que alguien la engañó. Hay pocas películas que me obliguen a apagar la pantalla, y esta es una de ellas.
Pero no se habla mal de los muertos. La carrera de Ephron podría haber empezado y terminado con un solo guión. El de Cuando Harry encontró a Sally. Harry y Sally, Billy Crystal y Meg Ryan (antes de que el botox y de la sobredosis de comedias románticas acabasen con ella), son una de las mejores parejas/no parejas de los últimos 30 años. Y el guión, un homenaje redondo, sencillo, ágil y delicioso a las comedias de toda la vida. Ácida cuando tiene que serlo, dulce cuando tiene que serlo, fresca 23 años después. Aunque cuando una escribe sobre cine, parece que queda más lucido decir que prefiere el cine vietnamita que las comedias románticas, yo paso: confieso que me las pueden. Adoro El bazar de las sorpresas (The shop around the corner, Lubitsch, 1940), adoro La fiera de mi niña (Bringing Up Baby, Howard Hawks, 1938), adoro Historias de Filadelfia (The Philadelphia Story, Cukor, 1940), adoro ¿Qué me pasa doctor? (What’s Up Doc?, Peter Bogdanovich, 1972). ESO es una comedia romántica. Si alguien pensaba que iba a citar a Jennifer Aniston y Sandra Bullock, la lleva clara. Esas cosas probablemente no sean ni películas.
Qué más da. Nora Ephron escribió el guión de su vida cuando firmó Cuando Harry encontró a Sally. En una estupenda entrada en su blog, Luis Pousa se queda hoy con la lección que Sally dio a Harry sentada frente a un sándwich. Ephron tenía esa capacidad: romper cualquier momento aparentemente tópico con un arranque como ese orgasmo improvisado. O el final de la película (supongo que todo el mundo lo habrá visto, pero por si acaso, solo diré que un beso no siempre tiene que ser el mejor final. Afortunadamente).
Aunque Ephron, antes de que le subiese el azúcar, antes incluso de Harry y Sally, había escrito – con Alice Arden- uno de esos ejemplos del cine social norteamericano que coleaba aún en los primeros años 80. Silkwood, con una maravillosa Meryl Streep, es una película dura, cuidadísima (dirige Mike Nichols), basada en hechos reales y repleta de personajes reales. Porque tal vez esa sea la mayor virtud de Nora Ephron: sus personajes no son una línea en el papel. Tienen vida. Como Karen Silkwood. Como Harry. Como Sally.



