La Voz de Galicia lavozdegalicia.es - blogs | Inmobiliaria | Empleo | Mercadillo

Entradas etiquetadas como ‘Kate Winslet’

Cotidianas matanzas

Miércoles, diciembre 7th, 2011
Me gusta más el título original de la obra de Yasmina Reza, God of Carnage (El dios de la matanza, o algo parecido) e incluso el reducido Carnage con el que se ha quedado Polanski que el de Un dios salvaje con el que aquí en España se ha traducido tanto la fantástica obra de teatro como la estupenda película del veterano polaco. Carnage o Un dios salvaje, como más os guste (Roman Polanski,  2011) es un perfecto ejemplo de lo bien que le sientan los espacios cerrados al director. No solo para rodar, sino incluso para pensar (esta pequeña maravilla la desarrolló en su último encierro en Suiza. Claustrofobia por todas partes, vamos).
Cuatro personajes, un salón, una casa de la que parece que nadie puede salir por mucho que quiera, y un punto de partida muy simple: una discusión entre dos pre-adolescentes reúne a sus cuatro progenitores para, civilizada y poco adolescentemente, dar una solución al problemita de sus retoños. Claro que la pluma de Reza puede presumir de ser como un bisturí muy, muy afilado, que, en manos de un genio en la creación de ambientes inquietantes (precisamente por su cotidianeidad), convierte la pantalla en cualquier cosa menos en algo civilizado. Un duelo de humillación, crueldad, infantilismo y salvaje carnicería -muy propia del título- entre cuatro adultos que son de todo menos eso. ¿O tal vez sí lo son, y precisamente por eso nos asustan más? 
Vómitos verbales, reales, náuseas físicas y figuradas, actores que interpretan a personas que fingen ser otras… o sea, actores haciendo de actores. Y todo esto, en menos de hora y media de tiempo real en el que Kate Winslet, Christoph Waltz, Jodie Foster y John C. Reilly se marcan un duelo para tratar de demostrar:
a) a quién le ha tocado el personaje más odioso
b) quién es mejor actor/actriz
Y no es fácil decidirse… el guión firmado mano a mano por Polanski y Reza regala algunas frases gloriosas a los cuatro, soltadas con precisión milimétrica por esas dos mujeres capaces de lo que les pongan por delante (Winslet es una superdotada, Foster se prodiga menos, es cierto, pero aquí parece querer recordar que cuando tiene un buen guión, nadie puede aún robarle la silla) y por dos eternos secundarios que aquí también parecen (sólo parecen) secundarios de sus mujeres. No hay espacio para secundarios en esta película. Tal vez solo una BlackBerry y esos preciosos tulipanes. Pero ni siquiera las flores son secundarias aquí…
Ágil, dura, de esas que puedes discutir durante horas una vez encendidas las luces, maldita la gracia que tiene cuando te provoca una sonrisa casi permanente que en ocasiones puede acabar en carcajada, Polanski vuelve a demostrar quién es: uno de los mejores creadores de personajes cotidianos en situaciones que parecen cotidianas pero en las que siempre hay un cuarto oscuro, un quimérico inquilino, una pared oculta, una parte de sombra.

¿De qué están hechos los Oscar?

Lunes, febrero 23rd, 2009

Desde esta mañana, no se me va de la cabeza una secuencia de Eva al desnudo. Una jovencita desconocida acaricia una capa bordada, se la pone, coge con mucho respeto una figurilla y, mientras nadie la mira, ensaya reverencias y saludos ante el espejo. En esa ración de inteligencia y mala baba con la que nos sacude Mankiewicz, da igual cuantas veces hayas visto la película, esa maravillosa profesión de cómicos, actores, histriones o como queramos llamarlos queda tan bien reflejada, que hasta en la última gala de los Oscar, una se puede encontrar con nuevas versiones de la Eva Harrington de la película. Y no porque sean todos unos trepas sin alma, sino porque hasta las caras de póker que se les quedan a algunos al no llevarse el premio,  son reflejos casi exactos de esa estupenda mesa en la entrega de premios que abre Eva al desnudo

Resulta que Kate Winslet empezó a ensayar su discurso para cuando ganase el Oscar ¡a los 8 años! Lo dijo ayer de madrugada, mientras recogía (por fin) el premio a la mejor actriz por su papel en The reader. Y Penélope Cruz reconoció que en su Alcobendas natal, ganar la estatuilla no era un “sueño muy realista”… Solo un poco antes, en la alfombra roja del teatro Kodak de Los Ángeles, uno de los  niños-actores de Slumdog Millionaire aseguraba, con su pequeño traje de etiqueta, que “esto es increíble, es un sueño”… 

Y no puedo evitar que me persiga una legión de diminutas Evas, ensayando en el baño de sus casas de Reading, Alcobendas o Bombay discursos para cuando reciban un premio que ha alcanzado el rango de mito. Quizás no siempre mida con demasiado acierto la calidad de las películas que premia. Pero a ver quién pone en duda que está fabricado, como alguna otra figurita del cine, del material con el que están hechos los sueños…

Los mejores peores del año

Domingo, febrero 22nd, 2009

Para quienes están un pelín cansados de escuchar hablar de la gran noche del cine, de la primera actriz española que podría ganar hoy un Oscar, esta noche aún estamos a tiempo de quedarnos con las caras B. Y es que ya está bien de hablar de alfombras rojas, vestidos de Dior e interpretaciones memorables. ¿Por qué los bodrios, los grandes patinazos y los peores papeles no tienen hoy también su minuto de gloria? Todo el mundo hablando de Kate Winslet y sus dos estupendas películas de este año, y nadie había reparado en que otra rubia se podía hacer también con doblete de premios…

Y es que los Razzies (los premios a las mejores peores películas del año, si es que esto se puede premiar) no necesitan alfombra. Les llega con una especie de figurita de plástico pintada con aerosol dorado. Glamour, más bien poco. Será por eso por lo que la omnipresente Paris Hilton no recogió esta madrugada no solo el premio a la peor actriz del año, sino también la preciosa frambuesa de plástico a la peor actriz secundaria… Claro que no hay dos sin tres, y la rubia desheredada se ha llevado, además, el premio a la peor pareja del año. ¿Alguien da más? Del premio a la peor actriz y a la peor pareja tiene la culpa The Hottie and The Nottie, y el de secundaria se lo ha llevado por Repo!. The Genetic Opera.

Aunque quien ha arrasado en esta edición ha sido Mike Myers y su Love Guru: peor película, peor guión y peor actor (para el propio Myers, claro…). Una joya, vamos.

Ni Myers ni Hilton lo tenían fácil: competían con grandes actores en horas, ¿cómo decirlo?, un poco bajas. Al Pacino perseguía a Myers con apuesta doble, por ese fantástico tupé en 88 minutos y Asesinato Justo. Y Hilton tenían que librarse del plantel al completo de The Women (que una sigue pensando por qué se le hacen estas cosa a Cukor…). Más premios:  Pierce Brosnan ha sido galardonado como el peor secundario por su papel en Mamma Mia! Y como no se libra nadie, ni siquiera Indiana Jones se ha ido con las manos vacías: El reino de la calavera de cristal se ha llevado el premio a la peor secuela, precuela, remake o parodia.

Es una lástima que los Razzies no sirvan para poner un poco más de humor en la alfombra roja, con lo sano que es reírse de uno mismo, y que los premiados no acudan a recogerlos… Deberían aprender de Halle Berry, que no solo recogió su galardón a la peor actriz por Catwoman, sino que se río hasta de su sombra al hacerlo… Claro que cuando en la otra mano llevas un Oscar a la mejor actriz, debe resultar un poco más sencillo hacer gala de sentido del humor.

Leer, amar, olvidar

Miércoles, febrero 18th, 2009

Casi cuarenta años dura la historia que une a Hanna Schmitz y Michael Berg. Una relación que Stephen Daldry resume en El lector en  dos irregulares horas. Con un arranque que ha levantado ampollas entre los más puritanos,  marcado por el despertar al sexo de un adolescente en brazos de una misteriosa mujer que le dobla la edad, a la que lee un día tras otro, de la Odisea a El amante de Lady Chatterley, pasando por algún comic de Tintín. David Kross, el jovencísimo actor que da vida a Berg,  aguanta el tipo dando la réplica a la enorme Kate Winslet, asistiendo con los ojos como platos a la representación del amor que marcará su vida. No deja de sorprender, sin embargo, cierta frialdad en la manera en la que Daldry se acerca a esta tórrida historia de cama, libros y baños, en la que brilla por encima de todo la fuerza de Winslet en un papel complejo, muy complejo, nunca presente del todo, nunca del todo ausente…

(Como en este precioso cartel, que no es el oficial en España)

lector.jpg

 Y ese tono ligeramente desapasionado se mantiene cuando casi una década después Berg se encuentra con la voz de Hanna en un tribunal, acusada de asesinatos en masa en Auschwitz. Y cuando el rostro envejecido de Winslet haga caer sobre él el peso de aquel verano, de la culpa, del secreto guardado durante años…

Se abre de nuevo el debate sobre el proceso de cicatrización de las heridas dejadas por el nazismo y el Holocausto, y la curiosa capacidad que tienen las sociedades que se autodenominan como modernas para definir como inhumano, imposible o inconcebible el hecho de que miles de personas trabajasen durante años en los campos de concentración. Que los vecinos desapareciesen de sus casas, que miles de personas fuesen masacradas, sin que prácticamente nadie se rebelase contra el régimen que propiciaba el crimen.  El debate moral acerca de la responsabilidad, el olvido, la culpa y la redención del pueblo alemán se vive entre las cuatro paredes del tribunal donde se juzga a Hanna Schmitz, en los bancos del aula de la facultad. Más ampollas: las que ya levantó en su día el libro de Bernhard Schlink en el que se basa la cinta… no es fácil asumir que el terror es  humano (y no deja de ser curioso que Bruno Ganz forme parte de dos de las películas que más polémica han generado al respecto. Esta y, sobre todo, El hundimiento).

Y a pesar del dolor que debe seguir provocando, Daldry pasa de nuevo con cierta frialdad sobre las emociones de sus personajes. Sobre la mujer que no reniega de su pasado criminal, sino que lo asume con la naturalidad de un soldado que acata órdenes. Pero cuya dudosa moralidad se resume en una escena terrible, enfrentada a una libreta y un boli.  Y es la enorme capacidad de Winslet para mostrar matices la que permite captar, al menos en parte, la contradicción de una mujer que no discute su participación en crímenes contra la humanidad, pero que no es capaz de reconocer que no sabe leer…

Pero es desde este punto, cuando nos reencontremos con el Michael Berg adulto, melancólico y hermético (un fantástico Ralph Fiennes… lástima que el año Winslet haya hecho que todo el mundo se olvide de mencionar su actuación en El lector), cuando toda la emoción, la dureza y la tragedia de esta historia estalle sin ninguna barrera que proteja al espectador, cuando la película deje atrás esa cierta distancia de las dos anteriores épocas. El poder redentor de la lectura, el peso que sobre nosotros tienen los hechos del pasado, las preguntas que los personajes por fin se atreven a responder (aunque sea, en uno de los mejores diálogos que he visto en meses, sin decir una palabra, tan solo con dos miradas, la de Fiennes y la -durísima- de Lena Olin), los secretos guardados en una latita de té, unos pies llenos de callos, un cuento de Chéjov… Todo se queda, mucho después de que se enciendan las luces, enganchado en algún rincón de la mirada del público. Y no es fácil que esto lo logren muchas películas….

(Como tampoco es fácil leer en la pantalla que la cinta está producida -y dedicada- a otras dos personas que también consiguieron precisamente eso: Anthony Minghella y Sidney Pollack).

Jugando a las casitas

Domingo, enero 25th, 2009

¿En qué momento asume una persona que no vive la vida que había soñado? ¿En qué momento se da cuenta de que tal vez la persona que está a su lado no es la misma que creyó que era? ¿Y qué puede hacer para escapar? De todo esto habla, con una sinceridad aplastante y desnuda, Revolutionary Road. La última película de Sam Mendes, uno de los estrenos más esperados este mes de enero, es dolorosa, triste y profundamente incómoda. No resulta nada sencillo sentarse en la butaca de un cine cualquiera para descubrir en la pantalla un puñado de personajes que no solo diseccionan su propio día a día, sino el de cualquiera ser humano que se cuestiona su propia vida. Al fin y al cabo, cualquiera ha podido pasar por esas mismas dudas. Cualquiera se ha podido preguntar qué pasaría si decidiese algo tan sencillo como romper con la vida no soñada y empezar de cero para cumplir las expectativas que un día tuvo.

El texto de Richard Yates en el que se basa la película de Mendes nos enfrenta precisamente con esa duda… y con las posibles maneras de resolverla, si es que existen. A través de April (Kate Winslet) y Frank Wheeler (Leonardo DiCaprio), Yates y Mendes nos meten de lleno en un suburbio de colores pastel, cócteles a media tarde y césped cuidado. Un espacio tan modélico como falso, y que ya recogía el director en su más que ácida American Beauty (1999). Claro que el humor negro que atravesaba la primera película para la gran pantalla del director británico aquí ha quedado fuera. Tan solo una profunda tristeza habita en esta casa del número 115 de Revolutionary Road, donde se descompone de manera irremediable un matrimonio que se resiste a vivir bajo las normas de un entorno que consideran inferior, en cierto modo, a su especial manera de ser, pero en el que se han sumergido de lleno. Un entorno capaz de confundir esa búsqueda permanente de otras cosas, otros mundos, con la locura. Porque la línea de separación es muy fina. No en vano, y como dice April a su marido, solo un personaje que ha pasado por un psiquiátrico “entiende” el paso que el matrimonio quiere dar. El único personaje -privilegio de los locos- que no tiene miedo a decir lo que piensa, esas verdades que estallan en la pantalla como bofetadas: “para jugar a las casitas, hace falta un trabajo. Y para jugar a las casitas grandes y bonitas, hace falta un trabajo que no te guste”… Y todo lo que choca con esta máxima, todo lo que empaña la felicidad construida sobre los débiles pilares de los suburbios de los años 50, se oculta bajo la alfombra. Y se tilda de anormalidad o de desequilibrio mental. No se menciona nunca más, como si no hubiese existido, o se baja el volumen del aparato para sordos, para mantener nuestras insatisfacciones perfectamente silenciadas. Como si lo que omitimos, lo que no sabemos explicar, lo que nos entristece, lo que ensucia nuestros perfectos hogares, no existiese.

(Ojalá Mendes se prodigase un poco más y nos regalase sus películas más a menudo… Películas en las que confirmar que Leonardo DiCaprio no es una bonita cara aniñada, sino un estupendo actor, y que Kate Winslet es capaz de ir siempre un paso más allá, dejándose la piel en un papel durísimo y ambiguo. Su amigo DiCaprio dice que es una de las mejores actrices de su generación. Y se queda corto)

ojd