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Entradas etiquetadas como ‘José Luis López Vázquez’

Los secundarios primero

Martes, octubre 12th, 2010

La palabra secundario tiene un matiz despectivo que no comparto. Ahora se dice más “actor de reparto”. Cuando en el cine, en el teatro, en la vida, los secundarios son algo así como cemento. Quita un pedacito, y a ver en qué se te quedan las paredes de la película, de la obra, de tu vida… ¿Qué pasaría en Muerte de un ciclista sin el ciclista que provoca el accidente? ¿Y sin el secretario en Bienvenido Mr. Marshall? ¿Y sin Mauro en Los jueves, milagro? ¿Habría Atraco a las 3 sin Benítez? ¿Tendría tantos problemas El Verdugo sin reo al que ajusticiar? ¿Que sería Amanece, que no es poco, sin el padre? 

Todas estas películas (hasta sumar 312) existirían, sí, ¿pero serían lo mismo sin Manuel Alexandre? Setenta años de carrera en las tablas, en pantalla grande, también en la pequeña (en Fortunata y Jacinta, en Los ladrones van a la oficina, en El Quijote….). 92 años que se han apagado esta mañana, muy temprano. Demasiado, a pesar de los 93 que estaba a punto de cumplir. Alexandre no solo era un experto en robar planos con una frase o un gesto… era también la prueba de se pueden haber cumplido los 90 y seguir currando, convertido en protagonista en algunos de sus últimos trabajos. Como Elsa y Fred. O ¿Y tú quién eres? O Los últimos días de Franco, su último gran trabajo para la televisión.  Berlanga y Cuerda se quedan un poco huérfanos de uno de sus habituales.

Se definía como hombre de teatro, y será en el Español, en Madrid, donde mañana se le rendirá homenaje. Y mientras, Alexandre estará sentado en alguna barra, sabe dios dónde, con su amigo Fernando Fernán Gómez. Con Agustín González. Con Pepe Isbert. Con José Luis López Vázquez. Con Luis Ciges. Con Cassen. Con toda esa generación de cómicos (cómo me gusta esta palabra…) que se pasaron una de las etapas más grises de este país enseñando a los españolitos que no tenían nada de lo que reírse que hasta de los más cutres de nuestros instintos se puede sacar punta.

(Y nosotros aquí, más solos que la una. Se nos ha puesto hoy la cara en blanco y negro, de repente…)

Nos vamos a los Goya

Viernes, febrero 12th, 2010

premiogoya   Escoge una de tus razones para no ver la Gala de los Goya este domingo:

a) son una imitación cutre de los Oscars

b) la alfombra roja es verde

c) todas las películas españolas son iguales (de malas).

                     d) me cae mal Buenafuente

En resumen, es un poco lo que me han ido contando esta semana previa a la gran fiesta del cine español (esta expresión tan cursi podría ser la quinta razón). Pero resulta que a mí estas galas me encantan, las alfombras verdes me parecen un pequeño festival del humor, de las películas candidatas a hacerse con el máximo premio, dos se encuentran entre lo mejor que he visto el pasado año, y me muero del humor con Buenafuente. Así que me pienso tragar la gala el domingo por la noche, minuto a minuto.

Y para los que no encontréis motivos para no enteraros de cuál es la película que más le gusta a los miembros de la Academia, para los que querías ver a Antonio Mercero recoger su Goya de honor, para los que queráis descubrir si finalmente aparece  Penélope Cruz de la mano de Bardem, para los que os emocionáis con el recuerdo de los que nos han dejado este año (un amigo, un servidor, un esclavo… entre otros), o si os queda lejos la tele ese día pero no os queréis perder detalle, os lo contaré desde aquí, minuto a minuto también, toda la noche.

Y me había propuesto no hacer una quiniela, pero no puedo evitarlo. Apuesto unas palomitas a que no son los premios que van a caer (alguno, por imposible), pero sí los que me gustaría ver. ¿Cuáles son los vuestros? ¡Se admiten apuestas!

Mejor película: Celda 211, de Daniel Monzón

Mejor película hispanoamericana: El secreto de sus ojos, de Juan José Campanella (y así queda repartido, más o menos…)

Mejor director: Daniel Monzón, por Celda 211

Mejor actor: que suban Tosar y Darín, por favor…

Mejor actriz: Soledad Villamil, por El secreto de sus ojos, ¡pero que la cambien de categoría! ¿qué hace en actriz revelación esta mujer?

Mejor película europea: La clase, de Laurent Cantet

Cosecha del 2009

Miércoles, diciembre 30th, 2009

Aunque no quiera, me paso la última semana del año en medio de un tsunami mental. En el bombardeo de ideas para tratar de cuadrar mi propio balance, me he ido encontrando con varios pantallazos que me ha dejado este año. De enero a diciembre, podría hacer una especie de crónica del 2009 a golpe de estrenos en el cine, compartidos y a solas, en salas viejas, en otras nuevas, en mi casa y en casa ajena, en pantalla grande y en mi diminuta pantalla propia. A golpe de clásicos revisitados, de películas vistas como si fuese la primera vez, de sorpresas en blanco y negro. Como dicen por ahí que no puedo ser más peliculera, en el fondo (esto es parte del tsunami), no puedo separar cada película que he visto de cada momento en el que la he visto. De por qué la he visto. De con quién la he visto. De quien me la ha regalado. De las que he regalado yo en estos doce meses.

Un 2009 en el que habría querido ver más películas, en el que me habría gustado que nombres consagrados me regalasen alguna joya que se quedó en baratillo, en el que sigo preguntándome en qué cementerio de cabinas descansa López Vázquez… En el año de la polémica de la Ley del cine, de la enésima revolución que cambiará este mundo (aún no he visto Avatar, ya os contaré), yo me he pasado horas muerta de risa, llorando a mares, aburrida, asustada y alucinada a partes iguales delante de una pantalla. Y esto es con lo que me quedo, de toda la cosecha, no necesariamente por este orden:

. La clase, de Laurent Cantet

. Revolutionary Road, de Sam Mendes

. El lector, de Stephen Daldry

.Up, de Peter Docter y Bob Peterson

. La ola, de Dennis Gansel

Y sobre todo, como tres inmensos regalos, tres películas para volver a ver una y otra vez… en cuanto las deje reposar y asimile la revolución que las tres me provocaron: Gran Torino, de Clint Eastwood, El secreto de sus ojos, de Juan José Campanella, y Celda 211, de Daniel Monzón.

Pero también ha habido platos agridulces, pequeñas o grandes decepciones, los “sí pero no” que fueron Los abrazos rotos de Almodóvar, Mapa de los sonidos de Tokyo de Coixet, Ágora de Amenábar, Tetro de Coppola, Slumdog Millionaire de Danny Boyle, el Che de Soderbergh… De las que no me queda ni una escena, ni una palabra en la memoria, mejor ni hablamos.

¿Y con qué os quedáis vosotros? ¿Cuál ha sido vuestra mejor película del año?

S (o censura, y III)

Martes, diciembre 1st, 2009

No sé si ha sido un ejercicio de autocensura, si ha sido el duelo por López Vázquez, o la tormenta continua en la que se convirtió noviembre… pero este cierre por derribo no tiene justificación, así que siento la huida. Estoy de vuelta, y tenía una S pendiente.

Una S que ya no existe, pero que entre finales de los 70 y principios de los 80, se encargó de acoger lo que conocemos como cine del destape, pero también el gore, y toda una fauna de subgéneros bastante inclasificables que no eran adecuados, según los cánones de la época, para todos los públicos.  En realidad, y por seguir con el abecedario, dentro de la S había mucha película de serie B, española o extranjera, pero también mucho supuesto escándalo erótico (algunas, vistas hoy, creo que no escandalizarían ni a los virginales Jonas Brothers) llegado de fuera de España. En teoría, englobaba todo aquello que podían “herir la sensibilidad del espectador”.

Y así, entre el 77 y el 82, se estrenaron en este país decenas de películas con esta categoría. Por salirnos del destape patrio, en la lista de la S de aquella época nos encontramos cosas tan dispares como Saló o los 120 días de Sodoma (Pier Paolo Pasolini, 1975), La matanza de Texas (Tobe Hooper, 1974), Salón Kitty (Tinto Brass, 1976), Holocausto Caníbal (Ruggero Deodato, 1980), Calígula (Tinto Brass, 1979), La gran comilona (Marco Ferreri, 1973), El imperio de los sentidos (Nagisa Oshima 1976), Mad Max (George Miller, 1979), Las colinas tienen ojos (Wes Craven, 1977)… ) o El crimen de Cuenca (Pilar Miró, rodada en el 79, estrenada con su flamante S en el 81).

La propia Pilar Miró no esperó ni dos años después de aquel estreno a cargarse la S. Nombrada Directora General de Cinematografía por el primer gobierno socialista, en el 83 su nueva ley del cine (que se conocía, de hecho, como Ley Miró), cambió el sistema de ayudas a la producción, y eliminó la S del diccionario del cine. Aquellas películas con alto contenido sexual o violento entraban en otra letra, la X, y esta letra tenía salas propias y producciones propias que se quedaron fuera de la red de ayudas. Aquella Ley Miró supuso el fin definitivo de la censura de las cuatro décadas anteriores… y volvemos a la pregunta del primer post de esta serie, ¿enviar una película a la decena escasa de salas X de este país es censura? El debate sigue abierto entre los lectores del blog.

Un cómico, un servidor, un amigo, un esclavo…

Lunes, noviembre 2nd, 2009

 Un tío bajito, calvo y feo. Una de esas caras que se cruzaría por la calle y saludaría como si lo conociese del portal de enfrente. Un actor capaz de hacer reír a todo un país cuando la risa era, probablemente, de lo poco que quedaba para dar luz a una sociedad en blanco y negro. Cuando en España no había ni ganas, una legión de cómicos (esa palabra mágica) se levantó para enseñarnos a reírnos hasta de la muerte. Y en ese ejército de genios disfrazados de personas normales y corrientes, apareció en los años 50 José Luis López Vázquez. Bajito, calvo, feo. Y uno de los mejores actores que ha parido este invento de los hermanos Lumière.

Busquemos tres películas de aquella época que cualquiera debería ver tres veces al año, como quien reza una novena. El pisito (Marco Ferreri, 1959). El verdugo (Luis García Berlanga, 1963). Plácido (más Berlanga, 1961). Ahí estaba él. En las tres. Midiendo cabezas de niños, conspirando para conseguir casa, repartiendo pobres en mesas ajenas.  Berlanga y su ojo clínico lo habían fichado en Esa pareja feliz, y el director lo aprovechó, de una manera u otra, a lo largo de toda su carrera. Pero no solo fue uno de los fetiches de Berlanga.  Su vis cómica explotó en los 60 a golpe de películas que hoy metemos en el saco de españoladas y que en su día fueron un filón para la taquilla. Se pasó la década rodando con Gracita Morales, descubriendo qué gran invento era el turismo, dirigido por Pedro Lazaga, Mariano Ozores o José María Forqué. (Con este, por cierto, dejó dicho eso de “un admirador, un amigo, un esclavo, un siervo”. Fernando Galindo, para servirles. En Atraco a las 3, claro…).

Y de repente llega Carlos Saura con Peppermint Frappé (1967). Y descubre al José Luis López Vázquez dramático. Saura permitió que otros viesen las capacidades que llevaba dentro. Y en los años siguientes, abre el abanico para seguir rodando comedias, pero también películas que de risa, más bien poco. Como la preciosa historia de Mi querida señorita (Jaime de Armiñán, 1972), una de sus interpretaciones más arriesgadas. O el terrible Benito Freire de El bosque del lobo (Pedro Olea, 1970). Sin dejar la comedia, claro, porque ya se sabe que, muchas veces, lo de hacer reír parece tan fácil que a un actor se le toma poco en serio hasta que se pone intenso… como si anduviésemos sobrados de cómicos. Y el talento de López Vázquez aún tenía mucho que decir en más cintas de Berlanga, como la estupenda La escopeta nacional (1978).

Ha sido casi 300 personajes. Y no me caben. Y no querría que se me olvidase  ni uno solo de sus rostros, ni siquiera los menos memorables. Porque nos quedan tan pocos cómicos… y los pocos que quedan, los hemos reducidos a pequeños cameos en los últimos años. A algún papel en la televisión. Al aplauso emocionado (menos mal) en los Goya de Honor. A las reposiciones. Sin pensar que una sola imagen de uno de estos genios encierra más cine que hora y media de metraje. Y dejo un ejemplo que quizás os parezca frívolo, pero olvidaos de la publicidad y quedaos con su cara. Sus manos. Sus gestos sin palabras.  Apenas un minuto para homenajear a  La cabina (Antonio Mercero, 1972). Apenas un minuto para imaginar que, tal vez, este mediodía a José Luis López Vázquez le han abierto la puerta de la cabina los Rafael Azcona, los José María Forque, los Pepe Isbert que ya no quedan. Los viejos amigos. Los cómicos…

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