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Entradas etiquetadas como ‘James Stewart’

Censura (I)

Lunes, octubre 26th, 2009

Kim Novak corre acantilado abajo. James Stewart la sigue, la abraza, y en el colmo de la antimoralidad de la gris sociedad franquista, ¡la besa! Terrible, ya que la rubia está casada. Tijera. Hoy, en versión restaurada, en las ediciones de Vértigo (Hitchcock, 1958) que se pueden encontrar en España, esa breve escena se puede ver… pero en inglés. Y susurrado, claro, para eso están concentrados los dos en sus cosas,  así que poco se entiende. El tema es tan absurdo que unos minutos después, James Stewart insiste en besar a Novak, que se aparta de sus brazos con un “es demasiado tarde, es demasiado tarde…” también en inglés. El problema desaparece si se ve la película en versión original, pero tiene su gracia el viaje en el tiempo que supone imaginarse al censor de la época haciendo encaje de bolillos para que a las mentes de los españoles de mediados de los 50 no se les ocurriese actuar por imitación. Qué inmoralidad.

Hoy lo de meter tijera al fotograma ya no se estila. Y sin embargo, desde el pasado jueves la palabra “censura” sobrevuela otra vez el Ministerio de Cultura, los blogs de los seguidores del cine de terror y las salas de cine. Porque existe una letra, la X, que limita la exhibición de determinadas películas a la escasa decena de salas para mayores de 18 que existen en España (el porno en sala grande, parece, también está de capa caída). Y la semana pasada, Cultura decidió poner una enorme X al lado de Saw VI (Kevin Greutert, Estados Unidos, 2009) ¿La razón? Puesto que no es pornografía, la segunda de las que obligan a prohibir una película a los menores de 18: la apología de la violencia.  Resultado: Buena Vista (o sea, la Disney, tiene gracia) ha decidido que o le quitan la X, o la sexta parte de Saw no se verá en España más que en deuvedé.

Los seguidores de la saga (que yo no he visto, ni la primera: el gore, lo siento, me provoca arcadas) están que trinan. Así que han iniciado una campaña de recogida de firmas para que se retire la X y la película pase a ser, simplemente “no recomendada a menores de 18 años”. De momento, todo sigue igual. Pero si nos fiamos de los precedentes, la película no tardará en volver a los cines normales. Hace unos años, Cultura también calificó como X a la francesa Fóllame (Baise-moi, Virginie Despentes y Coralie Trihn Thi, 2000). La distribuidora protestó, y la película finalmente se estrenó en salas convencionales.

¿Y vosotros qué decís? ¿Es esto censura? ¿Protege el Ministerio la sensibilidad del espectador? ¿O el público, incluidos los menores, es mayorcito para saber lo que va a ver y lo que no? ¿Y por qué no nos planteamos que el cine porno no se estrene en salas convencionales? ¿O es que acaso a los menores de 18 años que pueden entrar en cualquier cine, el sexo explícito les hace daño y la violencia salvaje no?

John Ford que estás en los cielos…

Sábado, junio 6th, 2009

Acabo de recordar un libro de Ray Loriga, Días aún más extraños, y una frase. “Cuando mi hijo me pregunte por qué carajo venimos al mundo, tendré muy clara la respuesta: para escuchar discos de Bob Dylan”. Ningún crío me ha preguntado semejante cosa, y no tengo tan clara la respuesta, a pesar de mi devoción incondicional por Dylan.

Pero esta semana, una llamada de teléfono me pone a hacer memoria de golpe, y en medio de la redacción, la montaña de trabajo acumulado desaparece a golpe de dos palabras: John Ford. Y de tres películas. La diligencia, Las uvas de la ira, El hombre tranquilo. Y tres más. Centauros del desierto, El delator, El hombre que mató a Liberty Valance. En cinco minutos de teléfono, John Wayne, Maureen O’Hara, James Stewart, Henry Fonda, Victor McLagen y sobre todo el genio de Ford consiguen que no haya más que seis momentos perfectos. Seis ejemplos de economía de planos, de diálogos redondos, de personajes acabados y ambiguos que se presentan en dos patadas, sin zarandajas ni vueltas, porque a Ford no le hacían falta más que un par de secuencias para definir a un personaje. Y descubro que no soy capaz de explicar por teléfono por qué estas seis películas son imprescindibles. Solo sé recomendarlas. Una y otra vez. Hasta que el que aún no las haya visto, lo entienda. Y no sea capaz de explicarlas. Como yo. Solo sé verlas. Una y otra vez. Sin cansarme.

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(Yo tampoco sé por qué carajo venimos al mundo. Pero qué gris sería sin John Ford…)

Una campaña de cine

Martes, noviembre 4th, 2008

Si algo tienen los estadounidenses, es un marcado sentido del espectáculo. Como lo llevan en la sangre, les salen las campañas electorales así de bonitas. Aparte de la ligera vergüenza ajena que provocan algunas de los tinglados que este año han montado los candidatos, y sin analizar los mensajes, si es que existen, hay que reconocer que nos han regalado una de las promociones más vistosas y cinematográficas del poco vistoso y cinematográfico mundo de la política internacional.

Alguna cadena temática nos regala hoy jornada completa dedicada a la política (estadounidense) en el cine (estadounidense). Con la diferencia horaria, no es mala opción darse un maratón de cine para esperar los resultados. No siempre se han llevado bien el cine y la política, ni los políticos. Pero cuando se llevan bien, consiguen algunas pequeñas maravillas. Ahí va mi lista particular:

- Caballero sin espada (me gusta más el original Mr. Smith Goes To Washington). Sí, es un tanto ingenuo este Capra del 39, pero todos hemos querido, alguna vez, que nos represente un político como este James Stewart dispuesto a luchar contra todo corrupto que se le ponga por delante.

- Ciudadano Kane (Orson Welles, 1941). Es que vale para todo. Para dar una clase teórica de cine. O de prensa amarilla. O de cómo llegar al poder… Por no hablar de la iconografía del mitin que se marca Welles.

- El político (All The King’s Men, Robert Rossen, 1949).  O la antítesis de nuestro caballero sin espada, es decir, un maravilloso Broderick Crawford caminito a la perdición política. Hace un par de años, un tal Steven Zaillian dirigió una nueva versión, con Sean Penn como protagonista. No hay color.

- El mensajero del miedo (The Manchurian Candidate, John Frankenheimer, 1962). La guerra, la política, la manipulación, el miedo… Para todos los que piensen que Angela Lansbury no puede dar miedo, esta es su película.

- Todos los hombres del presidente (All The President’s Men, Alan J. Pakula, 1976) . Cine político de los setenta en estado puro – y una de las mejores cintas de periodistas-, Robert Redford y Dustin Hoffman creando dos iconos, ¡y Jason Robards!. Es que ni sobra ni falta nada. La biblioteca del Congreso. El aparcamiento. El cigarro de Garganta Profunda. El sonido de las teclas mientras conocemos el final de la era Nixon…

- Buenas noches, y buena suerte (George Clooney, 2005), estupendo reflejo de la era MacCarthy en clave (casi) documental, y homenaje particular a la generación de periodistas (y en general, a la de cineastas) que lucharon por seguir abriendo la boca a pesar de las fobias anticomunistas de uno de los elementos que más daño han hecho al cine.

Y las que se quedan en el tintero. Al margen de biopics, que suelen quedarse en las ganas, me quedo con dos para reírse de la política. Que a veces es de lo más graciosa. Sobre todo si Billy Wilder se ríe de la Guerra Fría en Uno, dos, tres. ¿Puede uno reírse a carcajadas de la política de bloques, el Muro de Berlín, la coca cola y James Cagney? Puede, puede… ¿Más risas? Las de ¿Teléfono rojo? Volamos hacia Moscú. Que si Stanley Kubrick se burla de la bomba atómica y Peter Sellers se dedica a triplicarse, la cosa no puede ser mala.

(¿Se puede incluir en una lista de películas El ala oeste de la Casa Blanca?)

100% Suspense

Martes, julio 22nd, 2008

Las respuestas aparecen cuando menos te lo esperas. Llevaba una semana pensando en una cuestión planteada por Manuel (uno de los habituales del blog), que preguntaba por las mejores películas de suspense. Y tuvo que llegar una película como caída del cielo para dar con la respuesta. Porque lo bueno de las buenas películas de suspense es que da igual cuántas veces las veas: te mantienen en tensión durante toda la historia, aunque sepas qué va a pasar en el momento exacto en el que Tippi Hedren enciende un cigarrillo frente a la escuela de Bodega Bay.

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Cae de nuevo en mis manos Los Pájaros, y mientras la veo por enésima vez, pienso que “cualquiera de Hitchcok” es una buena respuesta. Lo del mago del suspense suena a tópico, pero hay pocos tópicos tan veraces. Porque de lo que se trata es de que la película te atrape, te mantenga alerta de principio a fin. Y pocos directores han logrado semejante reto prácticamente en todas sus cintas. Pero él sí.  Que levante la mano el que no haya sufrido con el pobre Cary Grant en Con la muerte en los talones. El que no haya querido advertir a Janet Leigh de que no se meta en la ducha del motel Bates. Quien no haya subido al campanario pegado a las paredes como James Stewart, presa del Vértigo. El que no haya querido gritar a Grace Kelly que salga del apartamento de enfrente. En el diccionario de peliculeros, al lado de la palabra suspense, debería aparecer Hitchcock. Sin más.

Feliz cumpleaños, Sr. Stewart

Martes, mayo 20th, 2008

Me confieso devota de James Stewart. Me gusta cuando es torturado por una rubia ambigua. Cuando apoya la cámara de fotos en la pierna escayolada. Me gusta cuando se enamora de mujeres alocadas. Cuando descubre lo que sería la vida si él no existiese. Cuando se convierte en asesino incierto de algún forajido. Y es que con él pasa algo que ocurre poco, en el cine: da igual su papel, porque siempre te lo crees. 

Héroe en la II Guerra Mundial, el yerno perfecto, padre perfecto, marido perfecto, amigo perfecto, americano medio perfecto… Tanta perfección, en vez de provocar rechazo, lo hace incluso más cercano. Porque con esa cara de ingenuo permanente, sus personajes se tiñen de cierta vulnerabilidad que los vuelve más humanos, lejos de la frialdad de la pantalla del cine.                                             

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Hoy, James Stewart cumpliría 100 años

Y no sabría por qué película empezar a rendirle homenaje… A pesar de lo gastada que está por tantas Navidades en televisión, apuesto como aperitivo por ver ¡Qué bello es vivir! (Frank Capra, 1946), para disfrutarla como si fuese la primera vez y libres de prejuicios. Para compensar tanto optimismo, el primer plato perfecto podría ser Vértigo (Alfred Hitchcock, 1958), para acompañar a nuestro pobre hombre detrás de sus pesadillas en forma de rubia. Como segundo plato, El hombre que mató a Liberty Valance (John Ford, 1962), por razones tan peregrinas como el delantal de Stewart, los disparos desde las sombras, el pasado, que siempre vuelve, John Wayne, John Ford, las películas de vaqueros… ¿se puede repetir el segundo plato? De postre, propongo Anatomía de un asesinato (Otto Preminger, 1959). Porque si la película no fuese suficiente, la guinda del pastel la pone la maravillosa música de Duke Ellington.

Y todas las que dejo en el tintero, quedan recomendadas para picotear entre horas. A media mañana y a media tarde, por ejemplo, dos más de Hitchcock: La ventana indiscreta y La soga. Y para soplar las 100 velas que hoy tocan, Historias de Filadelfia (George Cukor, 1940). Y para brindar a su salud, El bazar de las sorpresas (Ernst Lubitsch, 1940)… y creo que nos hemos saltado todas las dietas, ¿pero a quién le importa?

ojd