Los 40 en sesión continua
Domingo, mayo 6th, 2012Porque hay cine que no sabe lo que es la crisis de los 40, esto es lo que cuento hoy en el Extra de La Voz de Galicia…
UNA COSECHA DE OBRAS MAESTRAS QUE NO ENVEJECEN
El 72 fue el año en el que Bob Fosse arrebató el Oscar al mejor director a Coppola. El año en el que “El Padrino” se convirtió en leyenda. A la cosecha cinematrográfica se suman los nuevos valores que vinieron al mundo y cumplen ya los 40.
¿Qué tienen en común El Padrino, Cabaret, El discreto encanto de la burguesía, La huella, La huida, La cabina, Jude Law, Alejandro Amenábar o Gwyneth Paltrow? Unos envejecen mejor que otros, pero todos son de la quinta del 72. ¿Era inevitable que se dedicasen al cine quienes vinieron al mundo año en el que Coppola dio el pistoletazo de salida a la madre de todas las trilogías? Tal vez no, pero la cosecha de aquel año dejó directores como Alejandro Amenábar, actores como Law, Paltrow, Cameron Diaz, Vanessa Paradis, Adrià Collado o el matrimonio Ben Affleck-Jennifer Garner.
Algo tendría que haber en el aire hace cuatro décadas para que el Oscar a la mejor película extranjera se lo llevase El discreto encanto de la burguqesía, de Luis Buñuel para… Francia, claro. Para que Bertolucci escandalizar a medio planeta con El último tango en París. Para que Mankiewicz se marcase su última, macabra y genial vuelta de tuerca encerrando en una mansión a Michael Caine y Laurence Olivier en La huella. O para que Antonio Mercero y ese señor bajito con bigote revolucionasen desde España y desde una pequeña pantalla el panorama del cine fantástico con esa joya que es La cabina.
Clásicos como Buñuel y Makiewicz convivían en las carteleras con los moteros tranquilos y los toros salvajes, aquella generación que llevaba casi media década dándole la vuelta al calcetín del cine para crear, partiendo del viejo lenguaje, una manera completamente distinta de contar las cosas. Más salvaje, más seca, con el sello de directores como Peckinpah, que lanzaban a Steve McQueen y Ali MacGraw en carreras hacia ninguna parte.
Pero hasta los mayores de la clase seguían demostrando oficio. En 1972, ese señor gordo y macabro llamado Hitchcock estrenó Frenesí. Guardaba los mismos modos que 40 años antes… pero su penúltima película, como los tiempos, habían cambiado. Todas tienen 40 años. Pero apenas una arruga.
Y cuatro recomendaciones:
CABARET: Bienvenidos al KitKat Club
Más que un musical, más que una historia de amor, más que una cinta histórica… Bob Fosse borda en Cabaret la historia de Sally Bowles, convierte a Liza Minnelli en un mito y revoluciona la manera de rodar y montar los musicales. Sórdida, atípica, divertida y crítica, o cómo róbar a Coppola el Oscar al mejor director en el Berlín de entreguerras.
EL PADRINO: El apellido que marcó el cine
No es solo una de las mejores películas de la historia. Es una leyenda. Guión milimetrado, Marlon Brando fuera de catálogo, música de Nino Rota, el descenso al lado oscuro de Michael. La familia, la muerte, las ofertas que no se pueden rechazar. Nada sobra, nada falta. Y (casi) lo mejor: es el prólogo perfecto a una segunda parte antológica.
EL ÚLTIMO TANGO EN PARÍS: Sexo, mantequilla y Brando
Hay películas que merecen ser vistas solo por una secuencia. Marlon Brando gritando bajo un puente es una razón más que suficiente para dejarse envolver de nuevo por una cinta que es más que eso. Un escándalo firmado por Bertolucci que envejece mal pero que marcó a una generación que nunca volvió a ver la mantequilla de la misma manera.
LA CABINA: Angustia en 37 minutos
La puerta de una cabina que no se abre. Un guión firmado por Garci y Mercero para TVE. Y encerrado entre los cuatro cristales, el impagable José Luis López Vázquez convertido en la imagen del terror: el que nace del absurdo de las cosas cotidianas. Un icono de la televisión de otra época premiada con un Emmy al mejor programa de ficción.







Por eso, y porque cada uno tendrá su Hitchcock preferido (hoy, el mío es Rebeca… pero tal vez mañana cambie de idea. ¿Cuál es la película de Hitchcock que más os gusta?), hoy os recomiendo que, si no lo tenéis en la estantería de casa, entre Los pájaros y 39 escalones, por ejemplo, celebréis todo lo que nos ha regalado este genio del suspense con El cine según Hitchcock. Que el cine también se lee. Y si lo escribe Truffaut, mucho mejor…
La piel, evidentemente, era un problema. Y en el año 60, la de Janet Leigh se mostraba demasiado, para los sensibles ojos de los censores españoles. La censura destrozó ese ejercicio de montaje que es la secuencia de la ducha en Psicosis (Alfred Hitchcock, 1960), para evitar que pensásemos que la pobre Leigh se duchaba desnuda… Pero también habían sido un problema las piernas de Silvana Mangano en Arroz amargo (Giuseppe de Santis, 1949) y los brazos de Rita Hayworth en Gilda (Charles Vidor, 1946).
Afortunadamente, cuando uno tiene la mente bien cerrada, sus propias armas se le pueden volver en contra. A principios de los 60, al régimen no se le ocurrió mejor idea para promocionarse en el exterior que pedirle a Buñuel que volviese a España. Y rodó Viridiana. Y cambió el final, demasiado explícito para el régimen… ¡por uno mucho peor! Coló, claro. De nuevo la inteligencia de los funcionarios de Franco. Pero como en este país todo puede convertirse en un circo de tres pistas, al director general de Cinematografía se le ocurrió mandar la película a Cannes. Y ganó la Palma de Oro, pero esta obra maestra blasfema, irónica y brutal no se pudo ver en los cines españoles hasta el 77. Simplemente, dejó de existir durante 16 años. Con la Iglesia hemos topado: L’Osservatore Romano puso el grito en el cielo, la película se prohibió y el director de Cinematografía, claro, tuvo que vaciar su despacho.
¿Cambió todo tras la muerte de Franco? Vamos a dejarlo en un más o menos: en plena democracia, dos años después de las primeras elecciones libres tras la dictadura, y con la Constitución apenas caminando, el Gobierno retiró de la circulación una película que aún hoy cuesta ver, por lo dura, explícita y violenta que resulta. El crimen de Cuenca (Pilar Miró, 1979) estuvo secuestrada durante más de un año, y su directora tuvo que someterse a un tribunal militar. Puede que la democracia fuese demasiado joven para asumir esta historia (real) ambientada en la España de principios del siglo XX en la que el verdadero crimen son las salvajes torturas que protagoniza la Guardia Civil. La cinta no se estrenó hasta el 81, y fue un éxito a pesar de la bonita “S” que lucía en su clasificación. Fue el último ataque directo de la censura.

