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Maratón, joyas y descensos

Sábado, febrero 11th, 2012

1. A una semana de los Goya y dos de los Oscar, y en plena Berlinale, y después de casi dos meses de imperdonable inactividad bloguera, este mes de febrero vuelvo a calzarme las zapatillas para correr la maratón de cine con la que empiezo cada año. Tengo pendientes una decena de películas y los estrenos no paran, aunque me he prometido a mí misma pasar, al menos, de War Horse, última película de Spielberg, porque el tama animalitos en el cine me da un poco alergia. Una versión épica y equina de Lassie es más de lo que puedo soportar. O sea, que me quedan Hugo, Moneyball, Criadas y señoras y Extremely Loud & Incredible Close. Y La dama de hierro, El topo, Albert Nobbs, para saber qué puede hacer Gary Oldman contra Jean Dujardin (creo que ya he dejado bastante claro que si no le dan el Oscar al mejor actor por The Artist, una vez visto el Clooney de la decepcionante Los descendientes, yo me bajo), y el duelo entre Meryl Streep y Glenn Close… que podría desempatar Viola Davis por Criadas y señoras. Esto, en la parte estadounidense de los premios.

En la parte nacional, menos deberes: solo me queda La voz dormida, de Benito Zambrano. Y entre las otras tres candidatas, ando como los niños pequeños cuando les preguntas “¿a quién quieres más?”. Entre No habrá para los malvados y Blackthorn, ese thriller demoledor y ese western crepuscular que me despierta emociones que creía sepultadas, como esas que encierra Sam Shepard en su maravillosa interpretación. Como cuando una tiene que escoger entre lo que le conviene y lo que siente… el cine, como casi todo en la vida, no se compone solo de planos o de dirección de actores. Lo que una película, una historia, es capaz de regalarte, vale más que una secuencia perfecta. Tal vez este año crea más que nunca en el valor de las imperfecciones, propias y ajenas. Como si fuese una especie de reconciliación personal que Blackthorn se lleve el Goya a la mejor película y que Christoper Plummer recoja el Oscar al mejor secundario por Begginers, esa maravilla oculta entre la jungla de estrenos de 2011.

2. A la caza de películas pendientes, busco Nader y Simin, una separación. Sí, cine iraní. Es una de las revelaciones del pasado año, casi con toda seguridad el Oscar a la mejor película extranjera, y aún no la he visto, claro, porque las cintas iraníes y la taquilla, en este país que alerta en los carteles de que las películas “no tienen diálogos” (¿por qué no avisan de que otras son un insulto al respetable?), no es que se lleven muy bien. Pero afortunadamente, también en este país que se queja porque en Internet no hay una web que ofrezca un buen catálogo de cine, existe Filmin.  Antes de que alguien diga “es que son pelis iraníes”, os cuento que entre lo más visto estos días esta Midnight in Paris y Four Lions, y que están en pleno ciclo John Cassavetes. Y que se pueden recuperar películas del Neorrealismo italiano. O la propia Blackthorn. Vamos, que hasta quien prefiera las series puede engancharse a The Office o La víbora negra. Y 2,95 euros por ver una peli (tienes 72 horas desde que la compras), no parece mucho, ¿verdad? No, no voy a comisión… pero me parece una respuesta fantástica para los que creen que Internet se ha quedado vacío desde que detuvieron a Kim Dotcom.

3. Que yo sepa, no he perdido el sentido del humor. Así que me paso dos horas preguntándome dónde está la supuesta gracia de esa tragicomedia firmada por Alexander Payne, Los descendientes, en la que George Clooney descubre que la vida se puede ir a la mierda en dos segundos, entre camisas de flores, mai tais, y una fauna de personajes alucinante. Sigo dándole vueltas a lo que Payne pretendía contar, a lo que pretendía transmitir… y no me cuadra nada. Como si el punto de partida prometiese mucho, pero en el camino se hubiese quedado cualquier posibilidad de construir algo coherente. Descenso en picado, a pesar de Clooney, lo único, junto con algún ramalazo de gracia, que quedará de esta película. Los que esperen la versión hawaiana de Entre copas, que vayan preparados.

ojd