Además de pagar religiosamente el precio de la entrada en un cine cualquiera, los que esta tarde estén en A Coruña o Ferrol pueden ir a ver una pelÃcula por la cara… y en tren. En Caixa Galicia llevan varias semanas con un ciclo que se llama precisamente asÃ, Trens de cine, y que repasa el interés que esto del cine ha mostrado, a lo largo de toda su historia, por las cosas que pasan en los trenes. Esta tarde la cita es en las sedes de la Fundación Caixa Galicia, en A Coruña o Ferrol, a las 18 horas (doblada al castellano), o las 20.30 (versión original con subtÃtulos en castellano)
Si estáis en A Coruña, es el turno de Fritz Lang y Deseos Humanos (1954), con Gloria Grahame, Glenn Ford y Broderick Crawford. Cine negro puro y duro, basado en una novela de Émile Zola, La bête humaine, que por cierto ya adaptó Jean Renoir (en el 38, como La bestia humana). Lo de los remakes, está visto, no es nada nuevo. Claro que no es lo mismo si quien revisita la historia es Fritz Lang.
 Los amantes y el tren, en Breve encuentro
En Ferrol, toca David Lean con Breve encuentro (1945), la adaptación al cine de una obra de Noël Coward, una preciosa historia de amor con Celia Johnson y Trevor Howard, con la música de Rachmaninov de fondo (y no digo más, que no me gusta destripar los finales de las pelÃculas). Pero vamos, que todos aquellos que tengan en la cabeza a un David Lean que no baja de los 120 minutos de metraje con pelÃculas épicas (léase Lawrence de Arabia o Doctor Zhivago), tienen la oportunidad de ver una de esas pequeñas historias que dejan huella. Tanta, que si no existiese Breve encuentro, Wilder no habrÃa rodado El apartamento. Otro dÃa os cuento esa historia.
Para los que estén en Lugo, Ourense, Santiago, Pontevedra y Vigo, los trenes pasarán por las sedes de la Fundación mañana. Vamos por orden: en Lugo, a las ocho de la tarde, podeis ver Trenes rigurosamente vigilados, del director checo Jirà Menzel, rodada en 1966, Oscar a la mejor pelÃcula extranjera, y uno de los ejemplos más representativos del cine que llegaba de la antigua Checoslovaquia en los sesenta.
En Ourense, el martes a las ocho, la historia real de una legendaria locomotora uruguaya, en El último tren (Diego Arsuaga, 2002), con Federico Luppi y Héctor Alterio boicoteando la venta de la máquina a un estudio de Hollywood.
En Pontevedra, a las ocho, Alarma en el expreso, la penúltima pelÃcula inglesa de Alfred Hitchcock, rodada en el 38, con todas las claves del maestro del suspense concentradas en un viaje en tren. Y confieso mi debilidad por esta etapa de Hitchcock, cargada de misterio y de un sentido del humor más que particular.
En Santiago, a las seis en versión doblada y a las ocho y media en inglés y con subtÃtulos, otra joya del cine negro: Billy Wilder nos regala Perdición (Double Indemnity, 1944), con Fred MacMurray y Barbara Stanwyck en uno de los papeles de mujeres fatales de manual. Tremenda (ella y la pelÃcula, ¡que también está Edward G. Robinson!) En el guión, con Wilder, está Raymond Chandler, lo cual explica muchas cosas. Entre otras, que nunca deje de sorprender al respetable, aunque la hayas visto una docena de veces.
Y terminamos en Vigo, también el martes en sesión doble (a las seis y a las ocho), con VÃas cruzadas, única pelÃcula dirigida, en el 2003, por el actor Tom McCarthy, en una cinta premiada en Sundance y San Sebastián. Un hombre que mide 1,35, apasionado de los trenes, se refugia en una estación abandonada. Y ya se sabe que las vÃas -y las vidas- tienden a cruzarse …
¿Por qué será que los trenes quedan tan bien en el cine?