De puntillas
Miércoles, septiembre 1st, 2010No me subo a unas puntas desde hace… bueno, para qué echar cuentas. No veo una buena pelÃcula ambientada en el mundo del ballet desde hace… bueno, sÃ, un poco menos, gracias a Robert Altman y la curiosa The Company. Y hace un instante, de la pequeña pantalla han salido estas imágenes de puntas, tutús y cisnes para recordarme que hoy empieza el Festival de Venecia, y que Darren Aronfosky le ha puesto a Natalie Portman un tutú… pelÃn inquietante, este Black Swan.
…y es que la mezcla de tules, puntas de raso y música de Tchaikovsky, agitada por Aronofsky, no podÃa ser muy suave. Que al director de las estupendas Requiem por un sueño y El luchador le gusta darle bien al espectador, asà de cara.
AquÃ, bien lejos de Venecia, donde hoy ha comenzado la edición número 67 del viejo festival, a una le entran unas tremendas ganas de pelÃculas de esas que suman dos de las cosas que más le gustan del mundo. Al Lido ya no llego esta noche, y a Black Swan no llegaremos en España hasta el año próximo. Asà que me propongo un minimaratón de pasos a dos, buenos actores, enormes bailarines y algunos protagonistas tan preocupantes como la Nina de este cisne estrenado hoy en Venecia. Ahà van mis tres recomendaciones, hoy por este orden… mañana tal vez no.
1. Las zapatillas rojas (The Red Shoes, Michael Powell y Emeric Pressburger, 1948). Un monumento al technicolor, al ballet, al cine como creación. Hace dos años, Scorsese presentó la versión restaurada en Cannes y recordó que la habÃa visto cuando era un niño, alucinado, claro. Hoy he encontrado algo de esos primeros planos de Moira Shearer en las imágenes de Black Swan. Espero que quede también algo de la magia que desprende esta fábula, porque como el resto de las maravillas de Powell y Pressburger, esto es lo que es esta joyita. Por cierto, si alguien que no la haya visto se acuerda de  Tetro (Coppola, 2009), os sonorá el estilo de estos dos por el homenaje que le brinda a Los cuentos de Hoffmann.
2. Paso decisivo (The Turning Point, Herbert Ross, 1977). Qué difÃcil de encontrar… y de resumir. Shirley McLaine, Anne Bancroft y Baryshnikov, asÃ, en tres patadas. Una declaración de amor a la danza, y a dos actrices que de verdad no sé cómo definir en esta pelÃcula. Subidas a un escenario, tirándose del pelo, sirviendo un té, con una frase, una mirada… se montan entre las dos un recital (las nominaron a las dos al Oscar por la pelÃcula, que no se llevó nada pero tiene ocho nominaciones en total) que no entiendo por qué no aparece en ningún lado, por mucho que busque una copia decente. La mÃa está gastada, con eso os digo todo. Da igual que uno no sepa de ballet más que lo que yo sé de fútbol. A Herbert Ross habrÃa que darle una calle solo por la secuencia de Bancroft y MacLaine en la barra… del bar, quiero decir.
3. Billy Elliot (Stephen Daldry, 2000). Vale, nada que ver con las dos anteriores. Mucho menos ballet, sÃ, pero idéntica pasión por el baile. Y ese algo innato que tienen los ingleses para conseguir que el peor drama se convierta en la mejor comedia. Para fanáticos de la danza, la coreografÃa de la última escena es otro Lago de los cisnes… bastante curioso, con un montón de tÃos con plumas y sin tutús, y en vez de princesas, prÃncipes, claro. Lo firma Matthew Bourne. Pero esta es otra historia…