¿Y si Steve Jobs no hubiese comprado Pixar?
Sábado, octubre 8th, 2011
En menos de 30 años, Pixar consiguió algo que parecía imposible: hacerse un nombre en la industria del cine (y en la cabeza de los espectadores, lo que es aún más difícil) capaz de hacer tambalear al mismísimo Disney. ¿Y por qué una pequeña división de diseño digital se convirtió en esa lamparita que garantiza que la película que viene después va a merecer la pena? Porque a mediados de los 80, un tal Steve Jobs se la compró a George Lucas. Y aquella empresa de diseño por ordenador comenzó a producir cortos que ganaban Oscar (si no lo habéis visto, os recomiendo que veais Tin Toy, una pequeña maravilla dirigida por John Lasseter en cuyos créditos, por cierto, aparecen unas “very, very special thnaks to Steve Jobs” ) y empezó a abrirse un hueco a golpe de la confianza – y el dinero, claro- que Jobs puso sobre la mesa.
Desde que murió el pasado miércoles, se han llenado pantallas y pantallas (de las que él mismo creó) recordando que Jobs era un visionario. También en el cine lo fue. No hace falta ser un creador de lenguaje para ayudar a que el cine evolucione. A veces solo hace falta apoyar a quien crea. A quién, si no, se le habría ocurrido empezar a negociar con el gigante Disney y producir la primera película de animación realizada por ordenador. Y que no solo es una joyita de la tecnología, sino que es una de esas películas que consiguen que nada -ni siquiera la técnica más puntera- se trague una buena historia. Porque eso es Toy Story: una estupenda historia, tecnología punta y una inversión de futuro. Los millones de dólares que recaudó el cuento de Woody y Buzz demostraron que la idea de Jobs funcionaba. Y que los dibujos animados no solo eran cosa de niños.
Y la lamparita de Pixar siguió alumbrando con Bichos, Monstruos SL, Buscando a Nemo, Los increíbles, Cars, Ratatouille, Wall-E, Up!, y la tercera parte de Toy Story, que el año pasado luchaba por el Oscar ya no a la mejor película de animación (que se llevó de calle), sino en la categoría de mayores… Steve Jobs ya no estaba allí, pero su capacidad para ver lo que se escondía detrás de las simples pantallas, y su genio para conseguir que cualquier ciudadano necesitase lo que él tocaba (de un reproductor de música a una película), fueron el empujón definitivo para una empresa que empezó perdiendo dólares y que acabó ayudando a quitar buena parte del olor a rancio que arrastraba Disney (seamos justos, la otra parte se la quitó Dreamworks).
Jobs vendió Pixar a Disney en 2006, pero la lamparita sigue ahí. Porque si algo se le daba bien a este chico era crear imagen. Tal vez los más pequeños no sepan quién era Steve Jobs. Ni sientan aún ese cosquilleo cuando se apaga la pantalla y ese flexo plateado se gira hacia el público. Pero saben quién es Buzz Ligthyear. Y Boo. Y Rayo McQueen. Y Nemo. Estos días, no encuentro mejor manera de recordar por qué Jobs también cambió mi manera de ver las pantallas que girando la ruedita de mi viejo Ipod. Y en la foto y el texto que abre la web de Pixar desde el miércoles.




