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La segunda vida de Butch Cassidy

Martes, julio 5th, 2011

¿Es una herejía repescar una imagen pegada a la retina de miles de espectadores, y ponerle otro rostro, otros ojos azules, otra vida, otra historia? Porque Butch Cassidy no solo es un nombre en el imaginario de la historia de los bandidos de los Estados Unidos, un Billy el Niño, un Jesse James, su amigo Sundance, esa Wild Bunch que da nombre a la maravilla de Peckinpah. Butch Cassidy es también el cuerpo de Paul Newman, la mirada irónica, la desesperanza, las risas compartidas con Robert Redford, ese final congelado en Bolivia. Dos hombres y un destino no es, probablemente, el mejor western de la historia, pero una lo mira como a esa gente que se cuela en la vida como sin querer, con sus defectos, con sus historias, destilando vida.
Que me resuciten a Butch Cassidy 20 años después de su muerte no sé si me parece una barbaridad o me emociona. Porque ya os había contado en alguna ocasión que lo mío con Newman seguro que tiene una definición médica nada sana. Así que me confieso algo asustada al sentarme en el cine, emocionada, como si volviese a ver a un amigo perdido hace años, al enfrentarme a otros ojos azules, los de Sam Shepard, gracias a la osadía que Mateo Gil ha tenido en Blackthorn. Sin destino (2011).

¿Una película española sobre Butch Cassidy, rodada en Bolivia? Asusta el punto de partida, ¿eh? Pero la verdad es que, sin ser tampoco una película redonda, ofrece tanto desencanto y tanta vida al mismo tiempo como Dos hombres y un destino (George Roy Hill, 1969). El cine debe ser honesto. Y Blackthorn lo es.
Un honesto homenaje a una manera de ver cine, de entender el Oeste. El Oeste de los grandes, el de Ford en Centauros del Desierto, el Oeste sin héroes que se suele llamar crepuscular (el de Peckinpah, sobre todo, pero también ese western de viejos recuperado por Eastwood en Sin Perdón). No hay mitos (y si los hay, se hunden), no hay ganadores, solo perdedores, ni siquiera hay justicia (o tal vez sí), en esta película de perseguidores y perseguidos, cargada de guiños, a la que le sobran tal vez esos flashbacks (o puede que yo sea una romántica y tenga demasiado grabados los rostros de Redford y Newman como para querer explicaciones). Lo que no se cuenta, a veces, es igual de eficaz. O más.

Un homenaje en el fondo (en la historia de los personajes) pero también en la forma, en la manera en la que Gil rueda los paisajes surrealistas de Bolivia, en la que utiliza, casi de manera irónica, el zoom (entre el ejercicio de estilo de Peckinpah y el desbarre del spaghetti western) en la manera de abordar la violencia y la muerte.
Pero Blackthorn es también una película de arrugas, las de Sam Shepard canoso, listo como una se imagina a Cassidy si Cassidy envejeciese. Tremenda elección la de Shepard. Blackthorn perdería interés sin él, sin su interpretación, tal vez no hace falta decir más de un actor. Estupendo Eduardo Noriega, enorme Stephen Rea, al que nadie deja descansar. Es lo que tiene el pasado, sobre todo cuando el pasado se llama Butch. Y en las buenas películas de vaqueros, es mucho más que eso. El guión de Miguel Barros encierra una preciosa reflexión sobre la nostalgia. Sobre el pasado, los amigos.

La libertad.

Vencida por KO

Lunes, marzo 7th, 2011

Ya os lo había dejado entrever en la anterior entrada… pero tengo que reconocer que The Fighter (David O.Russell, 2010) me ha dejado en la lona, completamente derrotada… emocionada incluso en el último combate. Yo no sé qué me pasa con el boxeo, que es una cosa que me espanta, pero luego en el cine, aparecen Marcado por el odio (Robert Wise, 1956), Más dura será la caída (Mark Robson, 1956), Toro Salvaje (Martin Scorsese, 1980) o Million Dollar Baby (Clint Eastwood, 2004) y me pego a la pantalla como una adicta

Más allá de vicios raros, la última pélícula de David O. Russell (Tres reyes) no es completamente redonda, pero en su estructura circular caben dos hermanos opuestos, una madre aterradora, una familia más aterradora todavía, una curiosa historia de amor, y una de esas vueltas de tuerca a la redención y el perdón que tan bien les salen a los americanos cuando se ponen.

Christian Bale, como siempre, borda su papel de tío problemático y adicto al crack (de ahí el Oscar), Mark Whalberg me sigue produciendo la misma grima que habitualmente, aunque compadezco tanto a su personaje que no puedo menos que sentirlo algo más cercano de lo habitual (y mientras, no sé si mandarle flores o botellas de whiskey de contrabando por producir esa maravillosa serie que es Boardwalk Empire, que no se merece más que aplausos, premios, y un par de temporadas más, por favor); Amy Adams sigue intentando (va cada vez mejor) intentado quitarse de encima esa horterada de Encantada, y Melissa Leo da verdadero miedo (de ahí el otro Oscar) como madre opresiva, manager dictatorial y mujer desequilibrada, así en general.

Bien rodada, muy bien montada, se resiente en algunos puntos de la narración que sobran, como si añadir más crack al asunto, o más discusiones familiares, o más subrayados sobre el carácter de cada uno de los (reales) hermanos fuese a aportar algo que no hubiésemos entendido ya sin necesidad de palabras y de planos ya escuchados, ya vistos. Le falta garra, tal vez la que podría haberle regalado, desde la producción, el Aronofsky de The Wrestler.

Lo curioso es que, a pesar de los peros, consigue su objetivo: mantenerte, durante dos horas, metido en el ring. De lleno. Como si tú también intentases rescatar a Dicky Eklund y aupar a Micky Ward.

Cosecha del 2009

Miércoles, diciembre 30th, 2009

Aunque no quiera, me paso la última semana del año en medio de un tsunami mental. En el bombardeo de ideas para tratar de cuadrar mi propio balance, me he ido encontrando con varios pantallazos que me ha dejado este año. De enero a diciembre, podría hacer una especie de crónica del 2009 a golpe de estrenos en el cine, compartidos y a solas, en salas viejas, en otras nuevas, en mi casa y en casa ajena, en pantalla grande y en mi diminuta pantalla propia. A golpe de clásicos revisitados, de películas vistas como si fuese la primera vez, de sorpresas en blanco y negro. Como dicen por ahí que no puedo ser más peliculera, en el fondo (esto es parte del tsunami), no puedo separar cada película que he visto de cada momento en el que la he visto. De por qué la he visto. De con quién la he visto. De quien me la ha regalado. De las que he regalado yo en estos doce meses.

Un 2009 en el que habría querido ver más películas, en el que me habría gustado que nombres consagrados me regalasen alguna joya que se quedó en baratillo, en el que sigo preguntándome en qué cementerio de cabinas descansa López Vázquez… En el año de la polémica de la Ley del cine, de la enésima revolución que cambiará este mundo (aún no he visto Avatar, ya os contaré), yo me he pasado horas muerta de risa, llorando a mares, aburrida, asustada y alucinada a partes iguales delante de una pantalla. Y esto es con lo que me quedo, de toda la cosecha, no necesariamente por este orden:

. La clase, de Laurent Cantet

. Revolutionary Road, de Sam Mendes

. El lector, de Stephen Daldry

.Up, de Peter Docter y Bob Peterson

. La ola, de Dennis Gansel

Y sobre todo, como tres inmensos regalos, tres películas para volver a ver una y otra vez… en cuanto las deje reposar y asimile la revolución que las tres me provocaron: Gran Torino, de Clint Eastwood, El secreto de sus ojos, de Juan José Campanella, y Celda 211, de Daniel Monzón.

Pero también ha habido platos agridulces, pequeñas o grandes decepciones, los “sí pero no” que fueron Los abrazos rotos de Almodóvar, Mapa de los sonidos de Tokyo de Coixet, Ágora de Amenábar, Tetro de Coppola, Slumdog Millionaire de Danny Boyle, el Che de Soderbergh… De las que no me queda ni una escena, ni una palabra en la memoria, mejor ni hablamos.

¿Y con qué os quedáis vosotros? ¿Cuál ha sido vuestra mejor película del año?

Eastwood al cuadrado

Lunes, marzo 9th, 2009

¿Puede una buena acción suplir un error del pasado? ¿Nos convierten las huellas de los errores cometidos en seres mutilados, incompletos? Preguntas como estas, el perdón, la redención y la muerte se dan la mano en la última película de Clint Eastwood. Gran Torino se cuela en los cines como un soplo de aire fresco con olor a clásico… aunque esto pueda parecer un contrasentido. Las últimas cintas dirigidas por Eastwood depuran un estilo narrativo más que eficaz para contar historias cada vez más duras, menos complacientes. Como la de este anciano racista, desagradable y huraño, a veces caricatura de sí mismo (una tiene la sensación de encontrarse con una especie de Harry el sucio pasado por el túnel del tiempo), tronzado en lo más hondo por un pasado que, a pesar de todo, cacarea cada vez que puede, y encerrado en un presente que no comprende, que no le gusta, en el que no le queda nada a lo que agarrarse más que un perro tan viejo como él y a un pequeño pedazo de césped perfectamente cortado.

gran-torino_cartel_peli.jpg Nada es nunca blanco o negro en las películas de Eastwood, nada es gratuito en un desenlace de los que dejan sin aliento, una historia en la que los silencios comunican mucho más que las palabras, en las que los gestos de un porche al porche del vecino, las latas de cerveza vacía, las miradas a un coche que es algo más que una chapa del 72 con cuatro ruedas, construyen una historia desesperanzada y difícil, en la que dos adolescentes de origen asiático, cada uno a su manera, consiguen romper la coraza de hombre solitario y duro que se ha construido el personaje de Walt Kowalski, al que da vida el propio Eastwood.

 Dice que se plantea no volver a ponerse delante de la cámara… y yo me quedo con un impresionante plano del rostro a machetazos de este viejo actor, sentado en la oscuridad, con los nudillos manchados de sangre, completamente roto. Delante y detrás de la cámara, en ese plano se resume una carrera, media docena de personajes memorables, y una ética del cine que vende poco últimamente… menos mal que el señor Eastwood ya está preparando la siguiente.

(iba a mencionar el doblaje, pero no sé si merece la pena… No sé si la palabra disparate es suficiente para definirlo)

La mirada de Eastwood

Jueves, enero 8th, 2009

Una de las cosas que más aprecio en el cine de Clint Eastwood es el mimo con el trata a sus personajes. Hay una especie de cariño en la mirada que lanza a sus protagonistas, presente en los pistoleros crepusculares de Sin perdón, en el hombre deshecho de Bird, en el ama de casa de Los puentes de Madison, en el (buen) ladrón de Un mundo perfecto, en la aspirante a boxeadora de Million Dollar Baby… Esa visión tan personal (que afortunadamente no cae en paternalismos sensibleros) empapa todo su último trabajo. Y no es solo la inevitable empatía que provoca en el espectador la madre protagonista de El intercambio. Es algo más. Algo que permite que Angelina Jolie no se quede en un mohín o en unos ojos llorosos. Algo que consigue que no se nos atragante un John Malkovich que, gracias a Eastwood, quiero pensar, se contiene. Ese algo se llama respirar cine.

Se le podrá achacar a este Intercambio una cierta falta de alma (la misma alma que inunda cada minuto de la enorme Mystic River), que probablemente tenga que ver con que la historia real no da para más. Pero Eastwood mantiene el ritmo impecablemente durante más de dos horas, planifica con una visión clásica que no suena rancia ni antigua, y atraviesa todo con esa mirada trágica que envuelve hasta la música que él mismo firma, y que nos avisa de lo que vamos a ver, de lo que vamos a sentir, desde la primera secuencia.

Le falta muy poco para llegar a los 79 años, y en esta última etapa de su carrera nos tiene acostumbrados a estrenar dos películas por año. Aún está El Intercambio en salas, y en Estados Unidos se ha estrenado ya Gran Torino. Dice Eastwood que será su último trabajo como actor (como director, ya está preparando la próxima), y se juega un Globo de Oro (a la mejor canción), además de tener a la crítica encantada con el guión y su actuación. A España llegará en menos de dos meses.

Telegramas

Jueves, diciembre 11th, 2008

Telegrama 1

Hoy los titulares de medio país anuncian que dos actores españoles, Penélope Cruz y Javier Bardem, pueden ganar un Globo de Oro cada uno. Mejor actriz secundaria y mejor actor de comedia. Como no somos capaces de decidir si nos encanta que nuestros cómicos triunfen o se den batacazos en Estados Unidos (por alguna razón que se me escapa, ilusa de mí, nos importan un poco menos los reconocimientos o críticas de la vieja Europa…), aplaudimos todos, criticamos también, y estaremos muy pendientes de que se cumplan todos los clichés habituales (la antesala de los Oscar, los premios serios- los da la crítica-, la fiesta del cine, y todas esas cosas con las que calificamos los premios). Fuera de los tópicos, que están muy gastados, insisto en que la María Elena de Penélope Cruz me parece lo mejor, con diferencia, de la última película de Woody Allen. Y si es cruzando ingenio con Bardem, más todavía.

Telegrama 2

Hoy cumple años Manoel de Oliveira. Lo cual no sería tan sorprendente si no fuese porque cumple un siglo. 100 añitos. Y además, lo hace currando. O sea, detrás de una cámara. Estos días rueda Singularidades de uma rapariga loira, con sus gafas oscuras y su sombrero a cuestas. Con un siglo a su espalda, el director portugués ha situado a su país en el mapa de los festivales cinematográficos, y mucho menos en el de las salas de cine de sus vecinos españoles. No es un cine fácil, el suyo. Y distribuir cine minoritario en España, el más difícil todavía. Pero con la visión que dan los muchos años, Oliveira es de los pocos que pueden decir que empezó en el cine mudo, que asistió al nacimiento del sonoro, que ha visto pasar a generaciones completas de actores y directores, y ahí sigue, fiel a su estilo y a su visión del cine, cita obligada en los festivales europeos, invitado en proyectos internacionales, admirando a realizadores tan distintos en apariencia al suyo. Como a Buñuel, a quien rindió homenaje hace dos años con Belle Toujours, una secuela de Belle de Jour ¡38 años después! Desde que arrancó su carrera cinematográfica en los años 20, el director de Oporto no ha parado, y sin embargo, el público lo conoce poco.

Telegrama 3

Mañana llega a las salas españolas My Blueberry Nights, la última de Wong Kar Wai. No la ha tratado demasiado bien la crítica, aterriza en España un año después de su estreno internacional, y demasiado tiempo después de 2046 y (sobre todo) In The Mood For Love. Norah Jones, Jude Law, David Strathairn y Rachel Weisz en una historia sobre la búsqueda del amor. Y ojo con las búsquedas, porque comienzan unas semanas de no parar de buscar: a los niños perdidos (en una semana llega El intercambio, con Clint Eastwood dirigiendo a Angelina Jolie) o a la tierra prometida (Baz Luhrmann aterriza con Australia, otra producción modesta… añadid una buena dosis de ironía, por favor).

Cantet se lleva la Palma

Lunes, mayo 26th, 2008

Entre les murs, de Laurent Cantet, se ha llevado la Palma de Oro. Y todo el mundo, entre críticos y público, parece contento. No es de extrañar que con un jurado presidido por el comprometido Sean Penn, una cinta que precisamente relata lo que pasa entre los muros de un colegio público francés y multicultural se haya alzado con el premio. Todo el jurado ha hecho en piña en torno a la película, y Cantet, recibido con una ovación al recoger el premio.  Lo que llama más la atención es que la Palma se quede en Francia: hacia más de 20 años que Cannes no daba su máximo galardón a una película francesa.

¿Y para qué sirve el premio? Primero, para que la cinta pueda verse en más países. El logo de la Palma de Oro luce muy bien en los carteles de las películas, y garantiza una mejor distribución internacional. Segundo, para recuperar obras pasadas de este director. Hacia el sur, El empleo del tiempo, y la más que recomendable Recursos Humanos, por citar las más recientes.

Dos premios para Italia: el Grand Prix, para Gomorra, de Matteo Garrone, y el del Jurado, para Il divo, de Paolo Sorrentino.

Y dos cuestiones curiosas: como Clint Eastwood se iba de vacío, le han dado un premio especial ex-aequo con Catherine Deneuve. No sabemos si es de consolación o por la perseverancia de toda una (dos, en este caso) carrera. Pero como siempre, los premios a quienes pasan de cierta edad, suenan a retirada forzosa.

Más premios: el del guión para los hermanos Dardenne, que parece que no pueden pasar por Cannes sin llevarse algo. El turco Nuri Bilge Ceylan se lleva el de mejor director por Los tres monos; Benicio del Toro, mejor actor por su Ernesto Guevara en el Che de Soderbergh; Sandra Corveloni, mejor actriz  por Linha de Passe, de Walter Salles y Daniela Thomas.

(Consulta aquí todos los premios)

Camino de la Palma de Oro

Sábado, abril 26th, 2008

El 14 de mayo arranca el Festival de Cannes, y ya conocemos la lista de películas que participan en la sección oficial. Sean Penn preside el jurado (lo acompañan las actrices Natalie Portman y Alexandra Maria Lara, el director Alfonso Cuarón, el actor y director italiano Sergio Castellitto, el realizador tailandés Apichatpong Weerasethakul, y el director francés Rachid Bouchared), que este año tendrá que decidir entre pesos pesados (Win Wenders, Atom Egoyan, Clint Eastwood…), la necesaria dosis de cine oriental (y alguien debería explicarnos a los humildes espectadores por qué cinematografías tan premiadas las que llegan del lejano Oriente acaparan premios y titulares pero en nuestros cines de cada día apenas se huelen), y una nutrida representación de cine europeo. Para algo estamos en la Costa Azul.

Ahí va la lista completa. Y no, no hay nada hecho en España.

 . Nuri Bilge Ceylan (Turquía; recibió en Cannes el premio de la crítica en el 2006) presenta Üç Maymun.

.  A los hermanos belgas Jean-Pierre y Luc Dardenne Cannes se les da especialmente bien: tienen dos Palmas de oro, por Rosetta en el 99 - que se llevó además el premio a la mejor actriz- y por L’enfant, en el 2005. Además, en el 2002 su película Le fils recibió un premio por la mejor interpretación masculina. Este año, compiten con Le silence de Lorna.

.  El francés Arnaud Desplechin presenta Un conte de Nöel, con Catherine Deneuve. Sus tres primeras películas también lucharon por la Palma de Oro.

. Clint Eastwood trae a concurso con Changeling, protagonizada por Angelina Jolie y John Malkovich. Eastwood es un viejo conocido en La Croisette: presidió el jurado del festival en el 94, y sus cuatro de sus películas han partipado en la competición.

. El canadiense Atom Egoyam compite con Adoration. Su última película, Where the truth lies, también compitió en Cannes. Otro de los platos fuertes.

. De Israel llega Ari Folman con Waltz With Bashir, una de dibujos. Ahora se dice de animación, que queda más serio. Van dos años seguidos en que los dibujos compiten por el máximo galardón en Cannes. El año pasado aquí se presentó la preciosa Persépolis de Marjane Satrapi y Vincent Paronnaud y se llevó el premio del Jurado.

. El italiano Mateo Garrone presenta Gomorra, y su compatriota Paolo Sorrentino compite con Il divo

. Otra muestra de cine europeo llegará desde Hungría con el jovencísimo actor, escritor y director Kornél Mundurczó, que presenta Delta.

. El guionista estadounidense Charlie Kaufman se estrena como director por la puerta grande, compitiendo en Cannes con Synecdoche, New York. Veremos cómo se pasa de escribir Cómo ser John Malkowich, Eternal Sunshine of The Spotless Mind  (¡Olvídate de mí!, en España), o Adaptation, a ponerse detrás de la cámara.

. Erik Khoo presenta, desde Singapur, My magic.

. El director filipino Brillante Mendoza compite con Serbis.

. El chino Jia Zhangke presenta 24 City.

. De Asia a Latinoamérica: dos representantes argentinos luchan por conseguir premio. Son Pablo Trapero y su Leonera, y  Lucrecia Martel con La mujer sin cabeza. Repite en Cannes: estuvo hace cuatro años con La niña santa.

. Y sin salir de América del Sur, llega Walter Salles con Daniela Thomas para presentar Linha de passe. Salles ya compitió en el 2004 por Diarios de motocicleta, y presidió el jurado en el 2002.

. También compite Che, la película de 4 horas que ha dirigido Steven Soderbergh sobre Ernesto Guevara, una coproducción EEUU-España,  con Benicio del Toro en el papel principal. En realidad, son dos cintas, El argentino y Guerrilla.

. Y se cierra la competición con otra de las vacas sagradas: el alemán Win Wenders vuelve a Cannes para presentar The Palermo Shooting. Tiene dos premios de la crítica, una Palma de Oro y un gran premio del Jurado. Que se anden con ojo los demás…

ojd