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Donde se fabrican los sueños

Sábado, febrero 25th, 2012

Tal vez no sea casualidad que dos de las películas que más me han emocionado estos últimos meses sean dos homenajes al cine. Una recuperación del cine mudo. Y una lección en imágenes de cómo las nuevas tecnologías pueden recuperar al primer mago del cine. Eso es La invención de Hugo, la última criatura de Martin Scorsese. Un cuento de hadas extraño, oscuro y emocionante, una máquina precisa y engrasada a la que, aunque le falten algunas piezas (vale, no es la mejor película de Scorsese, pero ya les gustaría a muchos haberla filmado), no le cuesta enredar al público, emocionarlo, atraparlo. No voy a decir que no parece una película de Scorsese, porque no es cierto: en todas sus películas hay un niño perdido. Desde Taxi Driver a Infiltrados, pasando por Uno de los nuestros o Casino, y si me apuran, hasta en el maravilloso canto de cisne de The Band en The Last Waltz.

 

Porque Scorsese parece mantener esa mirada del niño enfermizo que creció en las salas de cine, observando la vida desde las pantallas. Da la impresión de que esa infancia diferente a la de los otros niños (como su familia italo americana) marca todas sus cintas, por muy diferentes que sean Malas calles y esta invención de Hugo. Diferentes en forma y fondo, pero con cierta visión de la vida muy personal, una huella que no se puede dejar de percibir.

Tiene mucho de Peter Pan y Wendy la relación entre Hugo e Isabelle. Dos niños perdidos que se encuentran gracias a la magia de la estación de tren de Montparnasse. Todo un mundo encerrado entre los andenes, entre el humo de los trenes, en las entrañas donde se esconde la maquinaria de los relojes que hacen que nada se pare. Porque un crío obsesionado con las piezas que hacen falta para mover la vida se empeña en que nada falle. Hay hasta un villano en este cuento de hadas (un estupendo Sacha Baron Cohen), un misterioso anciano que tiene las claves para resolver un misterio (impagable Christopher Lee), un enigma por descubrir… Como en un truco de magia, Scorsese va desvelando las llaves que abren cada puerta, cada paso que da el pequeño Hugo para encontrar respuestas, de la mano de Ben Kingsley. Un niño hecho adulto demasiado pronto, demasiado triste, un niño que cree que cada persona es una pieza que da vida a la máquina del mundo. Pero que no entiende para qué sirven determinadas piezas. Y por qué resulta tan doloroso que una pieza se pierda.

Pero si algo resulta sobrecogedor en este pequeño regalo es la capacidad de Scorsese de recordarnos cómo nació el cine y por qué lo amamos. Quiénes eran los Lumière, Griffith, Buster Keaton, Charlie Chaplin, Harold Lloyd. Por qué cuando eres niño y ves El chico, El maquinista de la general, El hombre mosca… no puedes evitar reírte a carcajadas, contener la respiración, leer en voz alta los rótulos. Esa absoluta devoción que Scorsese tiene por el cine justifica por sí sola esta película. Un homenaje luminoso y oscuro a un tiempo, técnicamente precioso y preciso, pero sobre todo un viaje impagable para quienes podríamos vivir sin el cine, sí, pero seríamos mucho más grises. Peores. Este intento de recuperar al creador de sueños que fue Georges Mèlies. Sus fotogramas retocados, el ilusionismo que permitía que un cohete se estrellase en el ojo de la luna, un cine que pertenece a otra época. Mèlies era un creador de sueños. Y Scorsese, tan apegado a la realidad en toda su filmografía, decide dar un salto más y crear otro mundo.

 

Un mundo en el que demuestra una visión del uso de la tecnología 3D que va más allá de la virguería y los efectos especiales. El lenguaje cinematográfico se renueva constantemente, parece decir, y para explicar cómo se fabricaban los sueños hace más de 100 años, ¿por qué no usar la última máquina que nos hemos inventado?

Máquinas. Relojes, autómatas, juguetes, cinematógrafos. Piezas que hacen que el mundo marche. Que los niños perdidos encuentren su lugar en el mundo. Máquinas que se mueven para que los dibujos, las ideas, las historias de los ilusionistas del cine estallen en una pantalla. Bienvenidos al lugar donde se fabricam los sueños…

 

Para leer a los niños

Domingo, mayo 3rd, 2009

En la última excursión en busca de un regalo, me acabo de encontrar dos maravillas para que los más pequeños descubran a Charlot… Y no, no es en la planta de deuvedés, sino en la sección infantil de una librería. Las edita Combel, y recogen la historia de El chico y La Quimera del oro con unas preciosas ilustraciones de Olivier Balez. El texto es de Laurence Guillot, traducido al castellano por Jordi Martín Lloret.

elchico                     laquimera

Están pensados para niños de 6 años en adelante, y para que acabe de picarles el gusanillo de conocer a Charlot, cada libro se cierra con una pequeña historia sobre cada película. No es mala idea, ¿verdad?

(por cierto, si tenéis niños más pequeños en casa, la misma editorial tiene un rompezacabezas- libro que recrea algunas de las imágenes más conocidas de las películas de Chaplin. Y para los que no son tan niños, Charles Chaplin, de Sam Stourdzé, que recoge toda la trayectoria de este genio.)

Los 120 años de Chaplin

Jueves, abril 16th, 2009

Había una carpa, y una hermosa amazona, y un señor de bigote y bombín en medio de todo aquello.  No sé si fue la primera vez que vi a Charlot… pero sí es la primera que recuerdo. Sé que era fin de semana, y sé que a la televisión pública de este país aún le gustaba el cine. Y sé que aprendí a boxear, a comer sopa en un barco, a cocinar unas botas, a ser policía y ladrón, a apretar tuercas y a ir a la huelga, a levantar los ojos, y a descubrir que detrás del personaje había mucho más. Como en una caja china de cine.

Estaba el actor, el director, el guionista, el compositor, el productor, el seductor de jovencitas, el exiliado de la caza de brujas, el hombre rico que nació pobre hace hoy 120 años. Charles Chaplin es como una especie de hombre orquesta del cine.  Y un icono cultural que va más allá de sus películas. Aunque a mí, con Chaplin en general y con Charlot en particular, me  pasa que me sobran un poco las teorías. Supongo que, en el fondo, cada cual tiene su Chaplin. Y hoy, el mío es este…

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Una lista con mucho sentido del humor (y mucho menos sentido común)

Viernes, noviembre 7th, 2008

Me ha llegado una lista con el poco pretencioso título de “Las mejores 500 películas de todos los tiempos” y la publica la revista Empire (está en inglés). En ella han colaborado lectores (muchos), gente del cine (unos pocos menos) y críticos (menos todavía).  Y además de ser muy, muy vistosa (se lee del 500 al 1, tiene fotos, críticas, comentarios, etc), es una de las listas más divertidas que he leído en años.  No sé si tendrá una intención más cómica que otra cosa…

La número uno, como viene siendo habitual, es El padrino. Pero las sorpresas aparecen enseguida. De entrada, en el puesto número 4 nos encontramos con Cadena Perpetua. Ocho posiciones por delante de El apartamento, y 24 puestos antes que Ciudadano Kane… Y a partir de esa premisa, todo es posible, claro. Que En busca del arca perdida sea la segunda mejor película jamás rodada, que El caballero oscuro (sí, sí, la última de las de Batman) ocupe el puesto 15, dos por delante de Taxi Driver, tres antes de Casablanca. Que Regreso al futuro esté entre las 25 mejores películas, por delante de Teléfono Rojo. Que en la misma lista aparezca Le llaman Bodhi o Dirty Dancing. ¡Y la segunda parte de Regreso al futuro!

¿Todas las listas son injustas? Sí, claro, pero unas más que otras, visto lo visto. ¿Todas se basan en opiniones subjetivas? De acuerdo. Pero claro, nunca será igual -ni parecida- la lista que realicen los lectores de una revista para adolescentes que la de los críticos de Cahiers du cinéma. Y Empire no es ni una cosa ni la otra. 

Pase que las listas habituales pequen de clásicas y olviden que en los últimos 30 años se ha rodado alguna película excelente. ¿Pero En busca del arca perdida, El imperio contrataca,  Cadena perpetua, Tiburón, Pulp Fiction, o El club de la lucha merecen ocupar seis de los diez primeros puestos?

No todo son peros. Es agradable descubrir que los lectores de Empire apuestan por el cine no anglosajón: hay casi un centenar de películas de otros países, y eso sí es una novedad. Son bastante surrealistas, pero están ahí. Otra cosa es que comulgue con que El espíritu de la colmena (que me emociona y me parece muy, muy buena) sea algo así como 70 puestos mejor que Viridiana (que no solo me emociona y no solo me parece muy, muy buena).

Y sí, a mí también me encanta Cuando Harry encontró a Sally. Y La princesa prometida. Y Alta Fidelidad. Y Pequeña Miss Sunshine. Y Mi amigo Totoro. Pero seamos serios…

Termino con una de las cosas más divertidas de la lista: ¡300 es mejor película que Eva al desnudo y que La quimera del oro!…. No sé quién se reirá más, si Bette Davis, Mankiewicz o Chaplin.

Diez de diez

Viernes, junio 27th, 2008

Como no participé en la encuesta del AFI, no me ha tocado ni un céntimo del premio al más listo haciendo listas (en El tocino y la velocidad os cuento de qué va todo esto). Aunque dudo que hubiese ganado ni medio penique, porque me resulta complicadísimo decidir qué película es el mejor ejemplo de nada. En su género y en general, no me van las clasificaciones.

Con esto por delante, reconozco que la lista de las diez mejores películas de diez (surrealistas) géneros que han decidido en el American Film Institute no es tan descabellada. Más que nada, porque cada una de las diez cintas escogidas me parecen más que recomendables, incluso para tardes de verano como la de hoy… Ahí va la lista:

. La mejor película de animación: Blancanieves y los siete enanitos (factoría Disney, 1938)

. Comedia romántica: Luces de la ciudad (Charles Chaplin, 1931)

. La mejor película del oeste: Centauros del desierto (John Ford, 1956)

. La mejor historia deportiva: Toro salvaje (Martin Scorsese, 1980)

. Misterio: Vértigo (Alfred Hitchcock, 1958)

. Fantasía: El mago de Oz  (Víctor Fleming y King Vidor, 1939)

. Ciencia-ficción: 2001, una odisea del espacio (Stanley Kubrick, 1968)

. La mejor película de gangsters: El padrino (Francis Ford Coppola, 1972)

. El mejor drama judicial: Matar a un ruiseñor (Robert Mulligan, 1963)

. La mejor película épica: Lawrence de Arabia (David Lean, 1962)

(¿A que no suena mal? Los “peros” aparecen cuando profundizamos en cada serie y nos encontramos con que Rocky es mejor, en su género -si es que las historias deportivas son un género- que El buscavidas. O que Algo para recordar figura en la misma lista que Historias de Filadelfia. ¿Y por qué- siento insistir- se empeñan en incluir Big entre las diez mejores películas fantásticas? Aunque debería dejar de tomarme en serio una lista que sitúa Algunos hombres buenos por delante de Testigo de cargo y Anatomía de un asesinato…)

Maratón de trabajo (y de trabajadores)

Miércoles, abril 30th, 2008

Hoy medio mundo (o por lo menos mi medio mundo) se dedica a preparar las maletas para irse de puente. Como yo pertenezco a la otra mitad  que celebra el Día del Trabajo sin descansar, me he propuesto desconectar en ratos libres a golpe de películas. Aunque la desconexión es relativa, porque la lista sólo abarca eso que se llama cine social. Que por algo es 1 de mayo…

Ahí va mi propuesta de maratón de derechos de los trabajadores versión cinematográfica.

 . Tiempos modernos (Charles Chaplin, 1936). Charlot se hace operario, se enamora de Paulette Godard y rueda una de esas películas que llevarse a una isla desierta. Por recordarnos lo alienante que puede ser el trabajo cuando se olvida que el que curra es una persona, y no un tornillo en el engranaje.

. Las uvas de la ira (John Ford, 1940). Sí, Ford juega con ventaja al contar con la novela de Steinbeck. Pero si no existiese la última secuencia de esta película sobre los currantes, la gente normal, ese pueblo del que habla Ma Joad (una maravillosa Jane Darwell) en su destartalada camioneta, si esa secuencia no existiese, si no exitiese tampoco el ”estaré allí” de Tom Joad (Henry Fonda y sus cicatrices, las que se ven y las que no)  el cine sería un poco menos cine.

. Recursos humanos (Laurent Cantet, 1999). Porque a temas complejos, soluciones sencillas. Porque no hay buenos y malos. Porque ¿qué harías tú si trabajases en recursos humanos y la empresa quisiese despedir, por ejemplo, a tu padre? Y porque a todos los actores, excepto ese hijo (Jalil Lespert) los encontró Cantet en las colas del paro.

. Los lunes al sol (Fernando León de  Aranoa, 2002). Porque me toca más de cerca, por Javier Bardem y Luis Tosar, por las grúas de los astilleros, por Celso Bugallo, por lo mala gente que puede ser una hormiga. Por la de hormigas que nos rodean.

ojd